Documento - Defending the rights of refugee women: defending women defending rights: Women's Human Rights Defenders (Refugees) Leaflet

Folletos sobre defensoras de los derechos humanos (refugiadas)

15 de noviembre de 2005

Índice AI: ACT 77/032/2005



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Defendiendo los derechos de las refugiadas

Defendiendo a las defensoras

(pic) © UNHCR / N. Tsinonis (end pic)

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El derecho a defender… los derechos humanos

La Declaración sobre los Defensores de los Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de la ONU en 1998, afirma el derecho a defender los derechos humanos y exhorta a los Estados a proteger la labor de defensa de estos derechos y a quienes la desempeñan. En abril de 2000 se creó el cargo de representante especial del secretario general de la ONU sobre la situación de los defensores de los derechos humanos con el objetivo de reforzar la aplicación de la Declaración.


La representante especial, Hina Jilani, ha destacado el papel que desempeñan las mujeres que defienden los derechos humanos y los desafíos que éstas enfrentan como consecuencia de su labor. En su informe de 2002 a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, la Sra. Jilani afirmaba: «aun cuando las defensoras de los derechos humanos trabajan con el mismo tesón que sus homólogos masculinos en la protección de los derechos humanos y de los derechos de las víctimas de las violaciones de los derechos humanos, existen determinadas características que les son propias en cuanto mujeres que participan en la defensa de los derechos humanos», y «corren los riesgos propios de su género, amén de los riesgos a los que se enfrentan los hombres».

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Las mujeres, en primera línea

Las mujeres marchan al frente del movimiento global de defensores y defensoras de los derechos humanos, trabajando activamente para promover, proteger y defender estos derechos en todo el mundo. Entre las defensoras de los derechos humanos hay activistas, profesionales, y víctimas y sobrevivientes de abusos contra los derechos humanos y sus familiares. Las defensoras han echado los cimientos del movimiento de derechos humanos en muchas partes del mundo. Han documentado y sacado a la luz violaciones de los derechos civiles y políticos y de los derechos económicos, sociales y culturales, y han puesto de relieve sus manifestaciones, causas y consecuencias específicamente relacionadas con el género.


A menudo, las defensoras de los derechos humanos son el eje central de movimientos en favor de los derechos de las mujeres y las niñas, las minorías étnicas y religiosas, las personas refugiadas y desplazadas, el colectivo de sindicalistas, las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero y otros sectores. Las defensoras protestan por la impunidad generalizada de todas las formas de violencia contra las mujeres y promueven el derecho de las mujeres a no ser objeto de violencia por motivos de género. Las defensoras brindan apoyo a las innumerables víctimas de violaciones de derechos humanos que exigen justicia. En especial, gestionan proyectos dedicados a apoyar a las víctimas de la discriminación basada en el género, de abusos sexuales y de otras formas de violencia contra las mujeres.


Las defensoras de los derechos humanos se enfrentan a la marginación, los prejuicios, la violencia y las amenazas a su seguridad y bienestar a muchos niveles: como defensoras, como mujeres y como personas que cuestionan los estereotipos de género que impregnan la sociedad. Sus agresores pueden ser el Estado, los grupos políticos, la comunidad, e incluso sus parejas o sus familiares.


Es frecuente que ni los gobiernos ni los movimientos sociales den prioridad a los derechos por los que luchan las defensoras, socavando así la credibilidad y legitimidad de su lucha. Como consecuencia de su labor, las han matado, secuestrado y hecho «desaparecer», y sufren repercusiones específicamente relacionadas con su género, como el acoso sexual y la violación.


En ocasiones, las defensoras de los derechos humanos se ven obligadas a abandonar su país para tratar de obtener una protección efectiva de sus derechos, y en su camino a menudo tienen que salvar frecuentes obstáculos directamente relacionados con su género.


(Pic) abajo: Las mujeres protestan por las violaciones en grupo en complejos de viviendas subvencionadas por el Estado en ciudades de Francia, 7 de marzo de 2003. La experiencia de la violencia, o la amenaza de la violencia, afecta la vida de las mujeres en todas partes del mundo, cruzando las fronteras de la raza, la cultura y la situación económica. © Gamma/Katz (end Pic)

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Viviendo de acuerdo con sus convicciones

Layla Mohammed


De la huida al exilio

Finalmente, tras nueve años en el exilio, Layla Mohammed ha regresado a casa. «Siempre supe que regresaría a Bagdad y continuaría trabajando por los derechos de las mujeres», dice. Fue precisamente ese trabajo lo que la obligó a abandonar Irak.


Amenazada con la cárcel, Layla huyó con su esposo en 1991 –primeramente a la zona controlada por los kurdos, en el norte de Irak, y después a Turquía; al final, recibió asilo en Australia. Allí continuó su trabajo, fundando la Asociación de Mujeres Iraquíes. Su amiga y colega, Yanar Mohammad, estableció un grupo gemelo en Canadá, país en el que estaba exiliada. «Considerábamos que era nuestro deber defender a las mujeres de Irak y presionar al gobierno para que protegiera los derechos de las mujeres», dice Layla.


Trabajando para el futuro

En 2003, Layla, Yanar y otras mujeres exiliadas regresaron a la región kurda del norte iraquí para ayudar a planificar la reconstrucción de su país. Sabían que la caída del régimen baasista iba a desencadenar el caos. Pero no habían previsto la degradante situación en que se verían sumergidas las mujeres debido a la inestabilidad civil y política que aflige al país.


Junto con Yanar y otras mujeres, Layla ha fundado la Organización de Mujeres por la Libertad. Todos los días encuentra mujeres necesitadas de protección o ayuda de emergencia. Layla gestiona todas estas solicitudes, trabajando siempre en pro de un futuro en el que los derechos de las mujeres estén consagrados en la nueva Constitución y otras leyes de Irak.


(pic) arriba: Layla Mohammed, Bagdad, Irak, 29 de septiembre de 2003. © Rick McDowell/Mary Trotochaud, AFSC (end pic)


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Siempre supe que regresaría a Bagdad y continuaría trabajando por los derechos de las mujeres. [end pull quote]

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Contra viento y marea

Las activistas exiliadas luchan por los derechos humanos

En todo el mundo, las mujeres que defienden los derechos humanos se ven obligadas a abandonar sus comunidades, e incluso sus países, simplemente porque actúan en nombre de personas victimizadas y maltratadas.


Arrancadas de sus hogares por circunstancias hostiles, se convierten en refugiadas o desplazadas internas. Pero no cesan de luchar por los derechos humanos, una lucha que puede comprometer o poner en peligro su situación aún más.


En su búsqueda de protección, las defensoras de los derechos humanos pueden enfrentar múltiples obstáculos. A algunas las encarcelan, las torturan y hasta las matan antes de que puedan encontrar un lugar seguro. Otras se ven imposibilitadas de huir debido a las leyes que discriminan por motivos de género, la falta de medios económicos o los controles restrictivos de la emigración, y se ven condenadas a una vida de amenazas del Estado, de grupos políticos armados o incluso de sus propias familias.


Las mujeres que consiguen abandonar su país de origen, en la mayoría de los casos pagando dinero a contrabandistas o tratantes de personas, se enfrentan a la posibilidad de resultar heridas o incluso perder la vida viajando en condiciones de hacinamiento en embarcaciones o camiones que las llevan a un lugar «seguro». También pueden estar expuestas a la violación y a la explotación sexual o económica, tanto en los países de tránsito como una vez que se hallan en los países de destino.


Enfrentadas a las penurias socioeconómicas y los atentados contra su derecho a la integridad física y mental, muchas defensoras de los derechos humanos refugiadas tienen que hacer frente, además, a lagunas legales. Ni la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados ni otros instrumentos internacionales de derechos humanos reconocen explícitamente que estas mujeres necesitan la protección internacional. La falta de sensibilidad de género de las leyes, políticas y prácticas en materia de asilo puede tener como resultado que los Estados nieguen el reconocimiento de la condición de refugiada u otra condición de protección a las defensoras de los derechos humanos en situación de riesgo. También puede ocurrir que las autoridades de los países de destino subestimen el peligro de persecución que se cierne sobre las defensoras que han abandonado su país de origen tras transgredir normas sociales que discriminan a las mujeres.


Pese a las enormes privaciones que sufren antes, durante y después de su huida, muchas mujeres continúan impugnando valientemente la injusticia, y otras comienzan a trabajar en favor de los derechos humanos después de abandonar su tierra natal. Algunas viven en campos para personas refugiadas o internamente desplazadas. Otras fundan organizaciones en el exilio. Aunque los obstáculos pueden ser muchos, mayor aún es su resolución de vencerlos. Sólo se darán por satisfechas cuando se haga justicia.


(pic) arriba: Una familia comparte un colchón en un refugio temporal de Algo Agrio, Ecuador, tras huir del conflicto armado en Colombia, julio de 1999.

© Scott Dalton/Network



cover: Marguerite Marankitse, conocida como “El ángel de Burundi”. A lo largo de los últimos 12 años ha ayudado a más de 10.000 niños y niñas cuyas vidas han resultado destrozadas por la guerra civil en Burundi y en otros conflictos de la región, entre ellos muchos menores refugiados afectados por el VIH/Sida.


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Arriesgándolo todo

Sarah


Reclusión y palizas

Sarah (nombre ficticio), activista estudiantil de Sudán, organizó reuniones y manifestaciones pacíficas y escribió boletines informativos de tendencia antigubernamental. Ayudó a llevar convoyes de personal de la salud a zonas rurales pobres y organizó debates estudiantiles sobre la censura de libros en las bibliotecas universitarias. Mediante su labor, se resistió a las violentas presiones que ejercía el Frente Islámico Nacional para que se acataran las restricciones impuestas a las mujeres.


Debido a su trabajo en favor de los derechos humanos, Sarah fue recluida en una «casa fantasma» –casa particular utilizada como centro secreto de detención y tortura– en tres ocasiones. Allí la hicieron objeto de violencia sexual, palizas y amenazas. La obligaron a beber agua de un recipiente colocado en el suelo y a presenciar las torturas que se infligían a otras personas detenidas.


Pese al riesgo de que volvieran a detenerla, Sarah continuó sus actividades pero finalmente, al correr grave peligro su vida, abandonó Sudán.


La lucha por el asilo

Una vez en el Reino Unido, Sarah se enfrentó a un procedimiento jurídico arduo y prolongado para conseguir que se le reconociera la condición de refugiada. Sin desistir de su propósito, continuó sus esfuerzos, trabajando infatigablemente con organizaciones sudanesas de defensa de los derechos humanos y los derechos de las mujeres para mejorar la vida de las mujeres en el Reino Unido y Sudán. También ha realizado labores de respuesta a las crisis y recaudación de fondos para países africanos, y colabora con una conocida organización de defensa de la infancia.


Finalmente, el Reino Unido le ha concedido asilo. Su lucha por los derechos de las mujeres sudanesas continúa.


(pic) arriba: Azotadas por la guerra y las actitudes tradicionales discriminatorias, las mujeres constituyen el sector social más carenciado de Sudán. © Evelyn Hockstein/Polaris

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[pull quote] La obligaron a beber agua de un recipiente colocado en el suelo y a presenciar las torturas que se infligían a otros detenidos. [end pull quote]


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Actúa para lograr el cambio

Insta a tu gobierno a que reconozca los derechos de las activistas refugiadas y desplazadas. Pídele que:


Garantice que todas las defensoras de los derechos humanos que solicitan asilo tienen acceso a un procedimiento de concesión de asilo justo y satisfactorio, que incluya el acceso a representación letrada adecuada y a servicios de interpretación competentes. Recuerda a las autoridades que todas las personas tienen derecho a pedir asilo y a disfrutar de él, y que ninguna defensora de los derechos humanos debe ser devuelta a un país en el que pueda correr peligro de convertirse en víctima de abusos graves contra los derechos humanos.


 Aclare cuáles son las medidas que ha tomado para asegurar que las leyes, políticas y prácticas de asilo nacionales tienen en cuenta las necesidades específicas de las defensoras de los derechos humanos.


Para más información sobre la labor de Amnistía Internacional en esta esfera, visita http://web.amnesty.org/pages/refugees-index-esl.


Tú puedes hacer algo

Deseo participar en la Campaña para Combatir la Violencia contra las Mujeres. Me interesaría recibir más información.

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Envía este formulario a la dirección que aparece en el recuadro o a:

Amnistía Internacional, Secretariado Internacional,

Peter Benenson House, 1 Easton Street,

London, WC1X 0DW, Reino Unido

o visita www.amnesty.org/actforwomen



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