Víctimas y supervivientes de delitos

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Quizás los argumentos más convincentes y vehementes contra la pena de muerte sean los que expresan las propias víctimas de delitos. Algunas de las personas que han perdido a sus seres queridos o han sido víctimas de delitos violentos han hallado puntos en común con ex condenados a muerte en la lucha a favor de la abolición.


Rais Bhuiyan recibió un disparo a quemarropa de Mark Stroman en Texas, en una serie de delitos violentos cometidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Rais sobrevivió al disparo, que lo dejó ciego de un ojo, y se embarcó en una infructuosa campaña contra la ejecución de su agresor, llevada a cabo en julio de 2011. “Después de lo sucedido, sólo luché por sobrevivir en este país”, afirmó Rais en una entrevista concedida al New York Times. “Decidí que el perdón no bastaba. Que lo que hizo nació de la ignorancia. Decidí que tenía que hacer algo para salvar la vida de esa persona. Para hacer ver que matar a alguien en Dallas no es respuesta para lo que sucedió el 11 de septiembre”.


Al padre de Renny Cushing lo mataron a tiros delante de su madre en New Hampshire, Estados Unidos, en una noche del verano de 1998. Este espantoso acto de violencia alentó a Renny a convertirse en un destacado defensor de los derechos de las víctimas y a luchar contra la pena de muerte. “Si dejamos que quienes matan nos conviertan en asesinos, el mal triunfa y todos somos acabamos peor”, declaró a Amnistía Internacional en una reciente entrevista.



La perspectiva de un condenado a muerte
Chiou Ho-shun fue condenado a muerte en Taiwán en 1989 y corre peligro inminente de ejecución. Su declaración de culpabilidad se basó en una confesión que, según afirma, fue obtenida bajo tortura, y de la que posteriormente se retractó. La suya es la causa penal que más tiempo lleva abierta en Taiwán.