Disminuye el apoyo a la pena de muerte

En todo el mundo, personas de toda condición han alzado su voz para condenar la pena de muerte. En 2011 se les unieron, una vez más, profesionales de la política, la abogacía y la docencia universitaria, que pidieron el fin de esta pena cruel, inhumana y degradante.

En marzo, el gobernador Pat Quinn anunció su intención de poner fin a la pena de muerte en Illinois, Estados Unidos: “La información que me han facilitado ex fiscales y jueces con decenios de experiencia en el sistema de justicia penal me ha convencido de que es imposible diseñar un sistema que sea coherente, que no discrimine por razón de raza, ubicación geográfica o situación económica, y que acierte siempre”. Illinois se convirtió en el 16º estado en abolir la pena de muerte en Estados Unidos.

En la otra punta del planeta, el ministro de Justicia de Malaisia, Nazri Aziz, intervino en un foro público para conmemorar el Día Mundial contra la Pena de Muerte en octubre. Allí afirmó que, en su opinión, las peticiones del movimiento abolicionista en Malaisia coincidían con las iniciativas que estaba llevando a cabo el gobierno para revisar la legislación y adecuarla a los principios de derechos humanos. Aunque Malaisia conserva la pena de muerte, las palabras de Aziz apuntaron a que es posible que se produzca un cambio más amplio en la postura sobre este tema.

Una firme tendencia
En China –en donde se cree que se ha ejecutado a miles de personas– también se oyeron voces discrepantes. Zhang Qianfan, profesor de derecho de la Universidad de Pekín, aboga por que China publique las cifras sobre ejecuciones. Afirma que sólo entonces “puede comenzar en China un debate racional sobre la abolición de la pena de muerte”.

Hubo indicios de avances en Japón, en donde, por primera vez en 19 años, no se tuvo noticias de ejecuciones. En diciembre de 2011, la Federación de Colegios de Abogados de Japón decidió apoyar la abolición y manifestó que “la abolición de la pena de muerte se ha convertido en una firme tendencia internacional, y ha llegado la hora de iniciar un debate social sobre el fin de la pena capital”. En Corea del Sur y Taiwán se desarrollaron debates similares sobre la pena de muerte y su potencial abolición.

El “fin de las ejecuciones”
En Oriente Medio y el Norte de África se registró una disminución en la aplicación de la pena de muerte en la Autoridad Palestina, Líbano y Túnez. La nueva Constitución marroquí adoptada en 2011 consagra el derecho a la vida en su artículo 20. En junio, el diario francés Le Figaro citó declaraciones de Abdelatif Mennouni, presidente de la comisión de reforma de la Constitución, en las que afirmaba: “Con este artículo se pretende poner fin a las ejecuciones”.
Estos avances, modestos pero significativos, también se repitieron en otras regiones. En el África subsahariana, Sierra Leona declaró, y Nigeria confirmó, la suspensión oficial de las ejecuciones. Y, en Europa, el 1 de enero de 2012 Letonia se convirtió en el 97º país del mundo que ha abolido la pena de muerte para todos los delitos.

Estos avances reflejan el creciente impulso hacia la abolición; en 2011, el 70 por ciento de todos los países había eliminado la pena de muerte en la ley o en la práctica. Se tuvo conocimiento de que 20 países llevaron a cabo ejecuciones en 2011, la segunda cifra más baja hasta la fecha y un tercio inferior a la registrada hace 10 años. Todo ello indica que, aunque aún queda camino por andar, el camino hacia un mundo sin ejecuciones quizás no sea tan largo como se podría pensar.