Una vida sin servicios ni seguridad

Más de la mitad de la población de Nairobi –alrededor de dos millones de personas– vive en asentamientos precarios e informales. Hacinadas en chabolas provisionales que ocupan sólo un 1 por ciento de todo el término municipal, esas personas viven sin acceso a agua, hospitales, escuelas u otros servicios públicos esenciales, además de bajo la constante amenaza del desalojo forzoso.

Esta situación de privaciones afecta con especial crudeza a las mujeres y las niñas. Ellas necesitan mayor privacidad que los hombres cuando van al baño o cuando se lavan. Muchas mujeres tienen que recorres largas distancias para llegar a los aseos, circunstancia que resulta peligrosa una vez se ha hecho oscuro. La violencia contra las mujeres es generalizada en los asentamientos precarios e informales de Nairobi, donde la ineficacia de la actuación policial tiene como consecuencia que se produzcan violaciones y otros actos de violencia contra mujeres que quedan sin castigo. La violencia de género empuja a las mujeres a la pobreza e impide que salgan de ella.

La mayoría de las personas que residen en los asentamientos precarios utiliza letrinas de pozo seco (letrinas excavadas), que comparten entre 50 y 150 personas. Hay algunos retretes comunitarios de uso público, pero normalmente hay que pagar por utilizarlos y están cerrados por la noche. En ocasiones puede ser necesario andar 10 minutos para llegar a un retrete, y el trayecto es tan peligroso que la mayoría de las mujeres y niñas no se atreven a salir de sus casas después de oscurecido. En estas circunstancias, muchas personas recurren a los “retretes volantes” (pequeñas bolsas de plástico en las que se defeca y que luego se arrojan a la calle).

Los callejones embarrados están cubiertos de basura y bolsas de excrementos. Regueros de agua de color marrón, contaminada por las aguas residuales, atraviesan los caminos. En estas condiciones, la incidencia de enfermedades como el cólera y la disentería, especialmente entre los niños y niñas, es elevada.

Las personas que residen en los asentamientos precarios de Nairobi viven con un miedo permanente. Miedo al desalojo forzoso y la indigencia. Miedo a la violencia. Miedo a las enfermedades. Miedo a vivir atrapados para siempre en asentamientos infectos porque sus voces nunca son escuchadas y porque se les excluye de las sendas para salir de la pobreza.

La negación de su derecho humano a una vivienda adecuada es la consecuencia directa de las políticas gubernamentales y la indiferencia oficial hacia los pobres de zonas urbanas. Los asentamientos informales, que siguen proliferando, han sido excluidos de los procesos de planificación urbanística y elaboración de presupuestos de Nairobi, que los tratan como si no existieran.

La provisión estatal de viviendas decentes de bajo coste ha sido sacrificada para primar la obtención de mayores beneficios con la construcción de viviendas de calidad superior. El resultado es una escasez de viviendas a precios asequibles que se traduce en la negación de los derechos de millones de personas de Nairobi.