Defensores y defensoras de los derechos sexuales y reproductivos

10 noviembre 2007

Uno de los frentes más importantes en la lucha por los derechos humanos de las mujeres es el de la autonomía sexual y reproductiva y las formas coactivas y a menudo violentas en las que se reprime.

Gran parte de la violencia de género infligida por hombres a mujeres tiene como finalidad restringir y controlar la sexualidad y la capacidad reproductora de éstas: desde los homicidios por motivos de “honor” de mujeres que han tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio hasta la violación conyugal o los ataques contra mujeres embarazadas del bando “enemigo” como estrategia en un conflicto. Estas y otras violaciones de los derechos sexuales y reproductivos ocurren en el mundo en una escala masiva y están claramente proscritas por el derecho internacional. Sin embargo, se encuentran entre las cuestiones más acuciantes sobre las que trabajan los defensores y defensoras de los derechos humanos.

Una de las razones fundamentales es la deferencia generalizada hacia los valores culturales y religiosos cuando se trata de sexualidad y del control de las mujeres sobre sus opciones reproductivas. Se alega que lo que se considera socialmente aceptable en las relaciones sexuales y la planificación familiar depende hasta tal punto de las actitudes culturales y religiosas de cada contexto, que es imposible reivindicar como derecho universal el derecho a la autonomía sexual y reproductiva.

Estos argumentos se basan con frecuencia en una visión fija y estereotipada de la “cultura” o la “tradición”, que niega la diversidad y heterogeneidad de opiniones que pueden existir dentro de un contexto religioso o cultural. También pasan por alto el hecho de que sociedades de todos los credos religiosos, y sin credo alguno, han atacado la sexualidad y la autonomía reproductiva de las mujeres como medio fundamental de mantenerlas en una posición de subordinación social, y han hecho oídos sordos incluso a las manifestaciones más violentas de esta forma de discriminación.

Cambio de actitud

A lo largo de los dos últimos decenios, estas actitudes han empezado a cambiar, gracias al incansable trabajo de campaña, captación de apoyos y activismo de las defensoras de los derechos humanos. Sus esfuerzos por mostrar los vínculos entre sexualidad, reproducción, violencia de género y discriminación se han complementado con el trabajo de:

  • los defensores y defensoras que combaten los abusos contra lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero;
  • las personas que trabajan para poner fin a los abusos relacionados con el VIH/sida;
  • los activistas que exponen las consecuencias que para la salud y el desarrollo tienen cuestiones como la mortalidad materna o la falta de acceso a la contracepción.


Un gran logro de esta coalición de defensores y defensoras ha sido que la comunidad internacional haya reconocido los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos en declaraciones de la ONU y en documentos de consenso, por ejemplo:

  • el Programa de Acción adoptado en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo celebrada en El Cairo en 1994;
  • la Plataforma de Acción de Beijing, adoptada en la Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer celebrada en 1995.


Estos instrumentos exponen con más detalle lo que los Estados deben hacer para respetar, proteger y hacer realidad los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, y desde su adopción se han complementado con el trabajo de los órganos de expertos pertinentes de la ONU.

Además, estos logros han tenido su equivalente en los ámbitos regional y nacional. Por ejemplo, en diciembre de 2006 los defensores y defensoras celebraron la inclusión de disposiciones que reconocían la salud y los derechos reproductivos como derechos fundamentales en la Constitución provisional de Nepal, un país en el que, según los informes, en los últimos diez años han muerto más mujeres por problemas del embarazo que hombres y mujeres por el conflicto armado.

Sin embargo, los defensores y defensoras que trabajan en el ámbito nacional se han enfrentado a menudo con una resistencia feroz, no sólo de las instancias oficiales, sino también de poderosas instituciones políticas o religiosas, de los medios de comunicación e incluso de otros sectores del movimiento de derechos humanos.

Además de buscar el fin de la brutalidad policial, la violencia de género y otros abusos, las personas que defienden los derechos sexuales y reproductivos propugnan una visión emancipativa de los derechos humanos, una que considera que la integridad física y sexual es una parte tan integrante del florecimiento humano, el bienestar y la dignidad como la libertad de conciencia u opinión.

 

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