02 febrero 2011
No más desapariciones, torturas y homicidios políticos en Filipinas

Según se informa, en la última década más de 200 ciudadanos y ciudadanas filipinos han sido víctimas de desaparición forzada. En todos los casos, a las víctimas se les priva de su libertad y por lo general también de su vida. Son pocas las investigaciones que se llevan a cabo sobre las denuncias de secuestros, torturas y homicidios, y casi nadie es llevado ante la justicia por estos abusos, lo que conlleva una cultura de la impunidad. 

Raymond Manalo, de 29 años, es uno de los pocos secuestrados que ha sobrevivido para contar su historia. En febrero de 2006, un grupo de hombres armados se llevaron a Raymond y a su hermano Reynaldo de su casa familiar. Las fuerzas de seguridad de Filipinas acusaron a los hermanos de pertenecer al Nuevo Ejército del Pueblo, el ala militar del Partido Comunista de Filipinas. Ambos negaron la acusación.

Tras ser secuestrados por las fuerzas de seguridad, los hermanos estuvieron recluidos en una celda en un campamento militar con otras 12 personas secuestradas; la comida que les daban era escasa y eran torturados con frecuencia. "Vivíamos como esclavos", dice Raymond. "Todavía tengo cicatrices donde me marcaron la piel con latas al rojo vivo. Me daban patadas, me pegaban con palos de madera, me golpeaban mientras me vertían agua por la nariz. [...] Pero no quería morir. Sabía que mis padres me estarían buscando y ese pensamiento me mantenía con vida. Tanto mi hermano como yo —fuera lo que fuese que quisieran hacernos, lo soportábamos—."

Durante las siguientes semanas, los hermanos fueron trasladados a la granja de un oficial en la provincia de Pangasinan, en el norte de Filipinas, donde trabajaron la tierra en calidad de peones sin sueldo.

Un día, 18 meses después de que Raymond fuera secuestrado de su casa, los soldados que le vigilaban en la granja se quedaron dormidos, ebrios. Raymond despertó a su hermano: "Era el momento de irnos y escapar [...], mi hermano y yo huimos por el lado de la granja en el que no había casas y conseguimos llegar hasta la carretera. La suerte quiso que precisamente cuando salimos pasara un autobús. Lo paramos y nos montamos en él."

Tras su huida, Raymond empezó a narrar su terrible experiencia. "Quería presentar una demanda. Quería pelear y demostrar que era una víctima que además había sido testigo de delitos —secuestros y homicidios— cometidos por el ejército. Necesito sacar a la luz pública las violaciones de derechos humanos que ocurren en Filipinas y ayudar a otras personas que han sido víctimas de desaparición forzada [...]. He vivido una pesadilla que me perseguirá para siempre y la vida de mi familia ha quedado destrozada, pero el gobierno no ha hecho nada para ayudarme. Estoy en libertad, pero no soy realmente libre. Voy por la vida con miedo. Quiero que se haga justicia por los abusos que sufrí y por aquellos sufridos por otras personas desaparecidas."

La forma más rápida de contactar con el presidente de Filipinas es hacer clic en el siguiente enlace: http://www.president.gov.ph/government/default.aspx y rellenar el formulario de contacto utilizando el modelo de carta que aparece abajo. Te tomará menos de 3 minutos. También puedes enviar una carta a través de correo postal.

© Amnistía Internacional

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