El pueblo beduino de Al Araqib, situado en el Néguev, al sur de Israel, ha sido arrasado a fin de dejar espacio para un bosque. Pese a las reclamaciones sobre las tierras que vienen haciendo desde hace tiempo, los más de 250 hombres, mujeres, niños y niñas pueden sufrir desalojo forzoso permanente de sus hogares. Además, se les niega el acceso a las tierras que utilizan para cultivar cosechas y criar ganado.
Cada vez que los habitantes vuelven a levantar sus viviendas improvisadas, son destruidas por las excavadoras de la Admnistración de Tierras de Israel, organismo gubernamental encargado de la gestión del territorio israelí.
Las demoliciones comenzaron sin previo aviso el 27 de julio de 2010, cuando los habitantes fueron desalojados por más de 1.000 policías antidisturbios, que destruyeron al menos 46 viviendas y otras construcciones, como corrales, arrancaron miles de olivos y otros árboles y se incautaron de los bienes de los habitantes. Desde ese día, Al Araqib ha sido demolido al menos 20 veces.
El Fondo Nacional Judío —organización ecologista semigubernamental— ya ha acondicionado toda la zona perteneciente al pueblo y continúa con los preparativos para forestar el terreno. Se ha asegurado de sacar de la zona todos los escombros que los habitantes del pueblo han utilizado para reconstruir sus viviendas tras demoliciones anteriores.
Mientras tanto, al menos 50 hombres, mujeres, niños y niñas continúan viviendo en el pequeño cemeterio situado a las afueras del pueblo, ya que es la única zona que no ha sido destruida todavía.
En los últimos meses, las autoridades israelíes han recurrido al uso injustificado de la fuerza contra los habitantes y sus partidarios. Desde enero, varias personas, entre las que había niños, han necesitado atención hospitalaria debido a la violencia empleada por la policía durante las demoliciones.
El 16 de febrero, máquinas excavadoras y unos 40 policías antidisturbios israelíes obligaron a las familias de la localidad a refugiarse en el cementerio. Cuando las excavadoras se aproximaron a la entrada del cementerio y la policía disparó repetidas veces balas de punta de esponja y gases lacrimógenos, los habitantes del pueblo temieron que pudiesen demoler también esta zona. Tres mujeres y dos niños requirieron atención hospitalaria.
Después, el 17 de febrero, al menos 60 personas procedentes de la cercana población beduina de Rahat intentaron llegar al pueblo para mostrar su apoyo a sus habitantes y rezar en la mezquita del cementerio. La policía los detuvo en el cruce que conduce al pueblo y disparó munición “menos que letal” para dispersar a la multitud. Una de estas personas, el Dr. Awad Abu Freih, miembro del Comité Popular de Al Araqib, fue detenida después de que tratase de negociar su entrada. Otras cinco personas detenidas al mismo tiempo fueron puestas en libertad el mismo día, mientras que el Dr. Abu Freih fue puesto en libertad al día siguiente, cuando un juez del tribunal de primera instancia de Beer Sheva determinó que no existían motivos para que continuase detenido mientras espera a ser juzgado acusado, según los informes, entre otros delitos, de “incitación a la violencia y al terror”.
Desde mediados de enero, según la ONG local Adalah, 25 residentes y sus partidarios han sido detenidos y permanecen recluidos por protestar y resistirse a las demoliciones. Por ejemplo, en enero, se detuvo al director del Foro de Coexistencia del Néguev y se lo acusó de invadir a la fuerza y apoderarse de bienes estatales, y desobedecer la orden judicial de no volver a construir en Al Araqib.
Al Araqib es uno de los más de 40 “pueblos no reconocidos” que existen en Israel, cuyos habitantes carecen de seguridad de tenencia y servicios públicos. En contra de lo que afirma la Administración de Tierras de Israel, que los habitantes de estos pueblos “invadieron” las tierras, los residentes de Al Araqib pueden documentar que sus antepasados ya vivían en estas tierras en la época del Imperio Otomano. Han iniciado procedimientos judiciales con objeto de que se reconozcan sus reclamaciones sobre sus tierras tradicionales. Algunos de sus recursos se encuentran pendientes de resolución y la población quiere quedarse en sus tierras tradicionales y reconstruir sus medios de vida a toda costa.
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