Leila escribiendo una carta para el Maratón de Envío de Cartas que Amnistía Internacional organiza en todo el mundo el Día Internacional de los Derechos Humanos, Ottawa, Canadá, 2004.
© Amnistía Internacional
”Dejaremos de bloquear los aparatos de fax cuando los gobiernos dejen de bloquear los derechos humanos.”
Amnistía Internacional, 1993
Con el simple envío de una carta, cualquier persona corriente puede cambiar vidas y a veces incluso salvarlas.
La membresía de Amnistía Internacional ha cambiado la vida de muchas personas durante los últimos 50 años. Lo consiguen con el simple envío de cartas y faxes con motivo de acciones urgentes. El volumen de la correspondencia es tal que incluso ha obligado a algunos funcionarios a pedir que se apiaden de ellos.
En 1989, un abogado colombiano fue detenido en su casa por fuerzas de seguridad. Consiguió gritar “¡Llamen a Amnistía! ¡Llamen a Amnistía!” antes de que se lo llevaran. Las personas que estaban en la casa se pusieron inmediatamente en contacto con Amnistía Internacional. Entonces, los miembros de nuestra Red de Acciones Urgentes reaccionaron con tanta rapidez que sus faxes de protesta por la detención del abogado llegaron a la prisión antes que él. El personal de Amnistía Internacional recibió el agradecimiento personal del abogado tras su liberación.
En Indonesia, un preso de conciencia, Tri Agus Susanto, le dio un uso singular a las cartas que recibió de la membresía de Amnistía Internacional:
“Los presos con dinero e influencia sobre los guardias tenían más libertad. Yo tenía influencia gracias a las 5.000 cartas que se escribieron sobre mi caso, de las cuales recibí 1.000. ¡Contaba los sellos en vez de los días! Anuncié los sellos en una publicación filatélica de Indonesia y un coleccionista de sellos me visitó para recogerlos. Acordamos que me cambiaría los sellos por volantes, porque en la cárcel jugábamos al bádminton y los volantes siempre escaseaban.”
En 1993, miembros de Amnistía Internacional montaron un stand de acciones urgentes, equipado con cinco aparatos de fax, en el exterior de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos organizada por la ONU. El stand atrajo la atención de muchas personas, y al tercer día ya hubo motivos de celebración al ser excarcelado un periodista en Perú. Durante las dos semanas que duró la conferencia se enviaron más de 25.000 faxes desde el stand.
Mientras, en las oficinas centrales de Amnistía Internacional en Londres se recibió un mensaje de la Embajada egipcia. Decía así: “La Embajada de la República Árabe de Egipto se hace cargo de su preocupación por los asuntos de derechos humanos y de sus actividades en ese ámbito. Sin embargo, como empleados, tenemos una petición que hacerles: ¿Sería posible que NO bloquearan nuestro fax? Les rogamos que envíen sus cartas por correo ordinario o cualquier otra vía. No podemos utilizar el aparato de fax debido a que ustedes lo ocupan continuamente.”
La respuesta de Amnistía Internacional fue muy sencilla: “Dejaremos de bloquear los aparatos de fax cuando los gobiernos dejen de bloquear los derechos humanos.”
(Hemos perdido contacto con algunas de las personas mencionadas. Hemos omitido sus nombres para proteger su identidad.)
Los archivos del Secretariado Internacional de Amnistía Internacional están depositados en el Instituto Internacional de Historia Social, en Ámsterdam, Países Bajos.
La aplicación para iPhone de Amnistía Internacional es la forma más rápida de actuar en favor de los derechos humanos.
Amnistía Internacional es un movimiento global de más de 3 millones de simpatizantes, miembros y activistas en más de 150 países y territorios.