DICIEMBRE 09 - ENERO 10

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La Revista nº 100 

SUMARIO

3 EDITORIAL

Otros muros
Condenados por la "guerra contra el terror"

EN ACCIÓN

4 Sierra Leona. Reducir la mortalidad materna

7 Noticias

12 En positivo

14 Cambia sus vidas. !Actua!

16 Para profundizár

CAMPAÑA EXIGE DIGNIDAD

17 Más derechos, menos pobreza

18 The Unheard Truth. Un libro que Exige Dignidad

20 ¡Desalojados! Hogares convertidos en escombros

23 Sed de justicia en los Territorios Palestinos Ocupados

26 "Exigimos respeto". La lucha de los pilagá por sus derechos

28 Derechos económicos, sociales y culturales. Avance histórico

29 Más allá del horizonte

DENUNCIAMOS

30 España. Sal en la herida. Impunidad policial dos años después

CAMPAÑA

32 Tratado sobre Comercio de Armas. Más cerca

ENTREVISTAS

34 Brasil. Desactivar la milicias de Río

HABLAMOS DE

36 Nuestra revista. Cumplimos 100

37 Asamblea seccion española

38 Colabora

Otros muros

Al cumplirse, el pasado 9 de noviembre, 20 años de la caída del muro de Berlín, Amnistía Internacional reclamó a los gobiernos europeos que actúen con urgencia para hacer frente a los abusos contra los derechos humanos que se infligen a migrantes, solicitantes de asilo, personas detenidas y minorías.

Aunque la caída del muro de Berlín simbolizó la apertura de las fronteras, la respuesta habitual de la Europa actual ante los desafíos de la migración es convertir el continente en una fortaleza. Personas que huyen de la pobreza, la violencia o la persecución en otras partes del mundo han sido empujadas literalmente al mar.
Los gobiernos europeos también deben hacer más para investigar las denuncias de tortura, malos tratos y detención ilícita durante la guerra contra el terror liderada por Estados Unidos. Los derechos humanos son víctima de la pretensión de los Estados de que es preciso sacrificar incluso los derechos más básicos, como el de no ser sometido a tortura, para poder contrarrestar las amenazas terroristas.
Los gobiernos europeos también deben hacer más para investigar las denuncias de tortura, malos tratos y detención ilícita durante la guerra contra el terror liderada por Estados Unidos. Los derechos humanos son víctima de la pretensión de los Estados de que es preciso sacrificar incluso los derechos más básicos, como el de no ser sometido a tortura, para poder contrarrestar las amenazas terroristas.
Pero no todos los desafíos son nuevos. Es vergonzoso que los frutos de 20 años de crecimiento económico y mayor unidad política desde la caída del muro de Berlín no hayan sido compartidos en plano de igualdad por todas las personas. Sigue habiendo problemas de racismo y discriminación graves y profundamente arraigados en el corazón de la moderna Europa.
Una de las ilustraciones más profundas de la discriminación sistémica en Europa es la que se produce contra las comunidades romaníes, que en gran medida continúan excluidas de la vida pública en todos los países.
Y 20 años después de la caída del muro de Berlín, Amnistía Internacional sigue reconociendo como presos de conciencia a periodistas y activistas de los derechos humanos detenidos por tratar de ejercer su derecho fundamental a la libertad de expresión, asociación y religión en Azerbaiyán, Bielorrusia, Moldavia, Rusia, Uzbekistán y Turkmenistán.
En el Berlín actual queda poco del muro físico que hace 20 años era un símbolo de la división y la represión. Pero sigue habiendo muros que hacen que unas personas sean más iguales que otras en lo relativo al disfrute del espectro completo de los derechos humanos.

Condenados por la "guerra contra el terror"

Las sentencias condenatorias impuestas en Italia el pasado noviembre a varios agentes de los servicios de inteligencia estadounidenses e italianos por su intervención en el secuestro de Usama Mostafa Hassan Nasr (más conocido como Abu Omar) representan un paso hacia delante en la rendición de cuentas por delitos cometidos en el programa de “entregas” de la llamada “guerra sucia contra el terrorismo”.
Lo que ocurrió en este caso fue, lisa y llanamente, que un hombre fue secuestrado a plena luz del día y trasladado después a Egipto, donde según dice fue torturado.
Los fiscales de Milán habían dictado órdenes de detención contra los encausados estadounidenses en 2005 y 2006, pero los sucesivos ministros de Justicia italianos se negaron a remitirlas al gobierno de Estados Unidos.
El gobierno de Bush erigió un muro de silencio, negándose a reconocer el caso de Abu Omar y el papel que desempeñaron en él los agentes de sus propios servicios de inteligencia.
Es hora de que el gobierno de Obama corrija ese error.
El gobierno estadounidense no debe ofrecer refugio a ninguna persona sospechosa de estar implicada en desapariciones forzadas o torturas.
Entre las personas declaradas culpables figuran 22 agentes o funcionarios de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y un oficial del ejército estadounidense. Otros tres nacionales estadounidenses, entre ellos el entonces jefe de la oficina de la CIA en Roma, recibieron inmunidad diplomática y se retiraron las acusaciones formuladas contra ellos.
Dos agentes de los servicios de información militar italianos (del entonces llamado Servicio para la Información y la Seguridad Militares, SISMI) fueron asimismo declarados culpables y condenados a tres años de prisión.
Las acusaciones formuladas contra el ex director del SISMI, Nicolò Pollari, y su adjunto, Marco Mancini, se retiraron en virtud del privilegio de "secretos de Estado", al igual que en los casos de otros tres italianos.

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