Annual Report 2013
The state of the world's human rights

25 January 2011

"Quiero que el mundo se entere."

"Quiero que el mundo se entere."

Concepción Empeño es directora de una escuela de enseñanza primaria. Raymond Manalo es agricultor. Los dos son víctimas de desapariciones forzadas en Filipinas: la hija de Concepción fue secuestrada por miembros de las fuerzas armadas; Raymond consiguió huir tras meses de reclusión y tortura. Quieren que conozcas sus historias. 

Han pasado cinco años desde la última vez que Concepción Empeño vio a su hija Karen o tuvo noticias sobre ella. Personas que presenciaron el secuestro de Karen han contado a Concepción que una mañana de enero de 2006, a primera hora, hombres uniformados y armados con rifles de asalto sacaron a rastras a su hija y a una amiga de la casa en la que se alojaban. Los hombres rasgaron las blusas de las mujeres y utilizaron la tela para vendarles los ojos. Les ataron las manos a la espalda, las obligaron a subirse a un todoterreno y se alejaron en dirección a un campamento militar que se encontraba a varios kilómetros de distancia. También se llevaron a un vecino agricultor que intentó intervenir.

Karen Empeño tenía 22 años cuando desapareció, y Sherlyn Cadapan tenía 29; ambas se alojaban con una familia de la zona, en la provincia de Bulacán, cerca de la capital, Manila. Karen estaba investigando las condiciones de vida de las comunidades agrícolas para la obtención de su título de Sociología en la Universidad de Filipinas. Las dos mujeres eran estudiantes activistas: “En mi país”, afirma Concepción, “si eres activista o participas en una protesta te conviertes en enemigo del Estado”.

Contando únicamente con estos fragmentos de información, Concepción Empeño y Erlinda Cadapan, la madre de Sherlyn, buscaron a sus hijas en campamentos militares y depósitos de cadáveres. Concedieron entrevistas a los medios de comunicación, con la esperanza de presionar a los secuestradores para que dejasen en libertad a Sherlyn y Karen. Pero la presión no ha sido suficiente.

DESAPARICIÓN DE DISIDENTES

Durante los últimos 10 años, centenares de activistas y disidentes políticos han desaparecido en Filipinas a medida que las fuerzas armadas intentan localizar a miembros del Nuevo Ejército del Pueblo, el ala militar del Partido Comunista de Filipinas. Al intentar “aplastar” la insurgencia comunista, las fuerzas armadas no diferencian entre combatientes del Nuevo Ejército del Pueblo y el colectivo de activistas y defensores y defensoras de los derechos humanos en zonas rurales. Las escasas investigaciones sobre denuncias de secuestros, tortura y homicidios crean una cultura de impunidad en la que prácticamente no hay procesamientos por estos crímenes.

Raymond Manalo tiene 29 años y es una de las pocas personas secuestradas que ha vivido para contar su historia. En febrero de 2006, hombres armados secuestraron a Raymond y a su hermano Reynaldo en su domicilio familiar. Las fuerzas de seguridad filipinas acusaron a los hermanos de pertenecer al Nuevo Ejército del Pueblo, acusación que los dos han negado.

Durante su reclusión, Raymond y Reynaldo fueron torturados reiteradamente por los militares que los custodiaban. “Vivíamos como esclavos”, afirma Raymond, “todavía tengo cicatrices en donde me marcaron la piel con latas al rojo vivo. Me daban patadas, me pegaban con palos de madera, me golpeaban mientras me vertían agua por la nariz”.

Los hermanos ya habían sido trasladados en varias ocasiones desde un lugar secreto de detención a otro cuando los llevaron a la granja que poseía un oficial en la provincia de Pangasinan, en el norte de Filipinas. Durante este tiempo intentaron ganarse la confianza de sus captores diciendo que ellos también querían convertirse en soldados. Un día, 18 meses después del secuestro de Raymond, los soldados que lo custodiaban se quedaron dormidos, borrachos. Raymond despertó a su hermano: “Había llegado el momento de salir y escapar […]. Mi hermano y yo huimos y conseguimos llegar a la carretera. Tuvimos la suerte de que en ese momento pasara un autobús; le hicimos señas para que se detuviese y nos subimos”.

Desde su huida, Raymond no sólo ha hablado abiertamente sobre su pesadilla, sino que ha contado que vio a otras personas recluidas. Entre ellas se encontraban Karen y Sherlyn. “Vi a una mujer encadenada. Dijo que era Sherlyn Cadapan, y que la habían secuestrado en Bucalán. También conocimos a Karen Empeño.”

Raymond cuenta que vio cómo las torturaban: 

“Oí a una mujer que gritaba pidiendo clemencia. Me preocupé. No podía hacer nada, así que fingí que dormía, pero estuve despierto todo el tiempo. Uno de los guardianes me despertó y me dijo que les preparase comida. Salí de la cabaña y fui a la cocina, en donde vi a Sherlyn Cadapan. Estaba casi desnuda, colgada boca abajo. Los soldados la golpeaban en el estómago. Le echaban agua y jugaban con sus genitales. Le metieron un palo de madera allí y siguieron empujándolo. Vi a Karen echa un ovillo cerca de Sherlyn. Estaba casi desnuda, y tenía la piel cubierta de quemaduras de cigarrillos.”

“Al día siguiente me ordenaron que lavase ropa ensangrentada. Lavé ropa interior de mujer llena de sangre. Le dijeron a mi hermano Reynaldo que enjuagase cubos de orina de las muchachas, que también estaba mezclada con sangre. Cuando nos llevaron de vuelta al campamento, Karen y Sherlyn no estaban. Nunca volví a verlas.”

El relato de Raymond hizo añicos la esperanza que tenía Concepción de encontrar a su hija sana y salva. “La única esperanza que me queda es que siga viva”, dice. “Aunque llevo más de cuatro años buscándola, en mi fuero interno sigo creyendo que mi hija aún vive y aparecerá en cualquier momento.”

LUCHANDO PARA QUE SE HAGA JUSTICIA

Tres años después de su huida, Raymond sigue intentando que se haga justicia: “Me enfurece, porque sufrí abusos y ni siquiera sé por qué. He sacado fuerzas para alzar mi voz porque quiero que se haga justicia por los abusos que sufrí y por los que han sufrido otras personas que han desaparecido”. Los tribunales han retrasado o rechazado sus intentos por interponer una demanda penal contra los soldados que lo secuestraron y torturaron. Mientras, vive atemorizado: “Estoy en libertad, pero en realidad no soy libre. Los soldados pueden volver a secuestrarme en cualquier momento, lo único que tienen que hacer es sacarse los uniformes y hacerlo de forma anónima”.

Concepción también se dedica ahora a hacer todo lo que está en su mano para hablar en nombre de Karen y de otras víctimas de desaparición forzada en Filipinas.

“Pasé de ser simplemente madre y directora de una escuela de primaria a convertirme en la portavoz de mi hija desaparecida”, afirma. “Aprendí a hablar ante los medios de comunicación y me encontré pronunciando discursos en concentraciones y manifestándome con otras familias de personas desaparecidas y a las que habían matado”. Ahora es la vicepresidenta de Desaparecidos, un grupo formado por familiares de víctimas de desaparición forzada.

“Quiero que el mundo se entere de las violaciones de derechos humanos que se cometen en Filipinas”, dice Concepción. “Mi esposo y yo no nos cansamos, aún no estamos cansados. Lo que esto ha hecho no es más que darnos mayor fuerza para recoger el testigo que dejó Karen y convertirnos en unos padres de los que ella estaría orgullosa.”

Issue

Disappearances And Abductions 

Country

Philippines 

Region

Asia And The Pacific 

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