Document - Amnesty International News, November 1993. Vol.23, No.8.

Amnistía Internacional - Boletín Noviembre de 1993

Noticias


PAPÚA NUEVA GUI­NEA: El ejér­ci­to retor­nó a las Islas Salomón con el claro pro­pó­si­to de cap­tu­rar a los sol­da­dos rebel­des. Jacinta Popo (en el cen­tro) esta­ba encin­ta de cinco meses cuan­do las tro­pas del gobier­no la mata­ron a tiros e hirie­ron a su hiji­ta de tres años (dere­cha). Pese a las pro­me­sas del gobier­no, las auto­ri­da­des no han abier­to una inves­ti­ga­ción ofi­cial ni han paga­do com­pen­sa­ción a la fami­lia.

Véase artí­cu­lo pági­na 8.


Hernán López Echagüe

Mohammed Shawkat

Faisal Al-Sane'

Samira Ma'rafi

Maysar Oghali




ARABIA SAUDITA

Persecución religiosa


Durante los últi­mos tres años, cien­tos de hom­bres, muje­res y niños han sido dete­ni­dos por las fuer­zas de segu­ri­dad y las auto­ri­da­des reli­gio­sas de Arabia Saudita úni­ca­men­te por expre­sar pací­fi­ca­men­te sus con­vic­cio­nes reli­gio­sas y polí­ti­cas. Muchos han sido some­ti­dos a tor­tu­ras, fla­ge­la­ción u otros tra­tos crue­les, inhu­ma­nos o degra­dan­tes mien­tras esta­ban dete­ni­dos. Un infor­me de AI* des­cri­be el pano­ra­ma de deten­cio­nes, encar­ce­la­mien­tos y tor­tu­ras de cris­tia­nos y musul­ma­nes chii­tas en Arabia Saudita.

En su gran mayo­ría, los ciu­da­da­nos sau­di­tas son musul­ma­nes suni­tas, y la reli­gión ofi­cial del Estado es la doc­tri­na Wahabi del Islam. Los cul­tos reli­gio­sos no musul­ma­nes están, en la prác­ti­ca, pro­hi­bi­dos, ya sea en públi­co como en pri­va­do. Ni las fes­ti­vi­da­des ni los ritos no musul­ma­nes pue­den ser obser­va­dos públi­ca­men­te, y la pose­sión de mate­rial reli­gio­so no islá­mi­co, tal como ico­nos o cru­ces, está pro­hi­bi­da. Es fre­cuen­te que la poli­cía reli­gio­sa esco­ja como blan­co a cris­tia­nos que se reú­nen para ofi­ciar sus cul­tos. Desde agos­to de 1990, se cono­cen 329 casos de cris­tia­nos que han sido dete­ni­dos en el Reino; 325 de ellos eran ciu­da­da­nos de paí­ses en vías de des­arro­llo.

Los musul­ma­nes chii­tas, que repre­sen­tan apro­xi­ma­da­men­te el 10 por cien­to de la pobla­ción del país, tam­bién son blan­co de dis­cri­mi­na­ción y per­se­cu­ción que goza de la apro­ba­ción de las auto­ri­da­des. El ofi­cio públi­co de los ritos reli­gio­sos de la fe musul­ma­na chii­ta está estre­cha­men­te vigi­la­do y, por lo gene­ral, se pro­hí­be. Los musul­ma­nes chii­tas ­corren el ries­go de ser dete­ni­dos y tor­tu­ra­dos por pro­pug­nar la liber­tad de reli­gión y pen­sa­mien­to y la igual­dad de dere­chos para su comu­ni­dad.

AI ha exhor­ta­do al gobier­no saudí a que ponga fin a la cons­tan­te de deten­cio­nes arbi­tra­rias, encar­ce­la­mien­tos y tor­tu­ras de las mino­rí­as reli­gio­sas y a que pro­mul­gue leyes que garan­ti­cen el dere­cho a la liber­tad de pen­sa­mien­to, con­cien­cia y reli­gión.


* Saudi Arabia - Religious Intolerance: The ­arrest, deten­tion and tor­tu­re of Christian wors­hip­pers and Shi’a Muslims (Índice de AI: MDE 23/06/93).




BRASIL

Tercera matanza policial


Tras la ter­ce­ra matan­za atri­bui­da a la poli­cía mili­tar en el curso de un año, y en vista de la exis­ten­cia de una cons­tan­te de vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos por parte de las fuer­zas poli­cia­les en la mayo­ría de los esta­dos del Brasil, AI ha pedi­do se rea­li­ce una inves­ti­ga­ción a fondo de las fuer­zas poli­cia­les en todo el país.

Veintiún veci­nos per­die­ron la vida el 30 de agos­to, cuan­do unos 30 hom­bres enca­pu­cha­dos y fuer­te­men­te arma­dos lan­za­ron un ata­que con­tra el ­barrio mar­gi­nal de Vigário Geral, en Río de Janeiro. El grupo abrió fuego indis­cri­mi­na­da­men­te con­tra los resi­den­tes, dando muer­te a siete hom­bres que juga­ban a los nai­pes en un bar, ocho miem­bros de una fami­lia de 13 y otros seis hom­bres en la calle. Una de las víc­ti­mas había dado a luz el mes ante­rior y otra hubie­se cum­pli­do 16 años al día siguien­te. El gober­na­dor del esta­do cen­su­ró la matan­za, cali­fi­cán­do­la de acto de repre­sa­lia por el ase­si­na­to de cua­tro agen­tes de la poli­cía mili­tar, ocu­rri­do el 28 de agos­to en las cer­ca­ní­as del ­barrio, en cir­cuns­tan­cias sin acla­rar. Posteriores inves­ti­ga­cio­nes han des­cu­bier­to que las fuer­zas de la poli­cía civil y mili­tar par­ti­ci­pa­ron en el inci­den­te.

Brasil cuen­ta con una fuer­za de poli­cía fede­ral y fuer­zas poli­cia­les a nivel esta­tal, divi­di­das en una rama civil y una rama mili­tar. Helio Bicudo, miem­bro del Congreso Federal, que ha pro­pues­to la des­mi­li­ta­ri­za­ción de esta últi­ma rama, ha reci­bi­do ame­na­zas de muer­te.



ETIOPÍA

Compesación para las mujeres torturadas


Un tri­bu­nal de dis­tri­to de Atlanta, Georgia (Estados Unidos), ha otor­ga­do com­pen­sa­ción a tres refu­gia­das etí­o­pes que entablaron juicio contra un hombre que las había torturado, al que encontraron tra­ba­jan­do en el mismo hotel que ellas.

En un jui­cio civil que contó con el ase­so­ra­mien­to de gru­pos de dere­chos civi­les de EE UU, Kelbesso Negewo, tam­bién refu­gia­do, fue decla­ra­do res­pon­sa­ble de dete­ner y tor­tu­rar a las tres muje­res. Lo con­de­na­ron a pagar­les medio ­millón de dóla­res a cada una, si bien no dis­po­ne de dine­ro sufi­cien­te.

El gobier­no etí­o­pe envió al tri­bu­nal docu­men­tos que apo­ya­ban los car­gos con­tra el acu­sa­do, y ha soli­ci­ta­do su extra­di­ción con miras a some­ter­lo a jui­cio en Etiopía. Negewo había sido pre­si­den­te de un kebe­lle (aso­cia­ción de resi­den­tes urba­nos) de Addis Abeba, duran­te el “Terror Rojo”, la san­grien­ta cam­pa­ña que lanzó el gobier­no ante­rior a fina­les de los años 70 con­tra pre­sun­tos anti­rre­vo­lu­cio­na­rios.

Actualmente, más de 1.500 ex fun­cio­na­rios están dete­ni­dos en Etiopía por su pre­sun­ta par­ti­ci­pa­ción en eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les, tor­tu­ras y otras vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos duran­te el gobier­no de Mengistu Haile-Mariam, pero hasta el momen­to nin­gu­no de ellos ha sido acu­sa­do for­mal­men­te o some­ti­do a jui­cio.



CAMBOYA

El Jemer Rojo redobla la campaña de terror


El Jemer Rojo ha redo­bla­do su cam­pa­ña de ­terror con­tra las per­so­nas de ori­gen étni­co viet­na­mi­ta; la cam­pa­ña inclu­ye emi­sio­nes radia­les inci­tan­do a la vio­len­cia ­racial.

Unos 130 civi­les de ori­gen viet­na­mi­ta —niños inclu­si­ve— han sido ase­si­na­dos y otros 75 han resul­ta­do heri­dos duran­te los últi­mos 18 meses por las fuer­zas del Jemer Rojo. Otros han “des­apa­re­ci­do”, y se cree que han sido ase­si­na­dos.

Estas muer­tes se han pro­du­ci­do en un con­tex­to de vio­len­cia gene­ra­li­za­da, bajo un sis­te­ma judi­cial inca­paz de hacer cum­plir nin­gún códi­go legal exis­ten­te.

La Autoridad Provisional de la ONU en Camboya (UNTAC) ha impu­ta­do los ata­ques, en casi todos los casos, a las fuer­zas del Partido de Kampuchea Demo-crática (PKD), o Jemer Rojo. La UNTAC fue cre­a­da para lle­var a la prác­ti­ca el Acuerdo de Paz de París de 1991 y super­vi­sar las elec­cio­nes de mayo de 1993. Se espe­ra su com­ple­ta reti­ra­da para media­dos de noviem­bre.

Dada la con­fu­sión exis­ten­te res­pec­to al papel del PKD en las futu­ras estruc­tu­ras nacio­na­les y la posi­bi­li­dad de un con­flic­to con­ti­nuo entre las fuer­zas del gobier­no y del PKD, AI teme que, duran­te los meses pró­xi­mos, los actos de vio­len­cia mili­tar ­entren a for­mar parte del manio­brar polí­ti­co.

La comu­ni­dad étni­ca viet­na­mi­ta resi­den­te en Camboya es el blan­co más fre­cuen­te y vul­ne­ra­ble de dicha vio­len­cia, y se ha con­ver­ti­do en un ins­tru­men­to para man­te­ner un esta­do de ­terror y de vio­len­cia endé­mi­ca en ­muchas par­tes del país. AI con­de­na, por prin­ci­pio, el ase­si­na­to de pri­sio­ne­ros sean quie­nes sean sus auto­res, inclu­yen­do gru­pos arma­dos de opo­si­ción como el PKD.



ARGENTINA

Advierten a los perio­dis­tas que dejen de cri­ti­car al gobier­no


En un resur­gi­mien­to de la vio­len­cia con­tra los miem­bros de la pren­sa en Argentina, más de 100 perio­dis­tas han reci­bi­do ame­na­zas de muer­te anó­ni­mas con­tra sus per­so­nas o las de sus fami­lia­res y han sido víc­ti­mas de hos­ti­ga­mien­to o ata­ques.

En un caso recien­te, el 25 de agos­to, Hernán López Echagüe, perio­dis­ta del dia­rio bonae­ren­se Página 12, fue agre­di­do vio­len­ta­men­te por hom­bres no iden­ti­fi­ca­dos que lo gol­pe­a­ron y le cor­ta­ron la cara con una nava­ja. El 8 de sep­tiem­bre lo vol­vie­ron a ata­car. En ambas oca­sio­nes le advir­tie­ron que lo mata­rí­an si no deja­ba de publi­car sus artí­cu­los. Los inci­den­tes ocu­rrie­ron des-pués de que Hernán López sa-cara a la luz los vín­cu­los de impor­tan­tes miem­bros del par­ti­do pero­nis­ta —el par­ti­do gober­nan­te— con los male­an­tes que ata­ca­ron a los perio­dis­tas en la feria de la Sociedad Rural, el 14 de agos­to, en la que el pre­si­den­te Carlos Menem hacía uso de la pala­bra.

Pese a que se ini­ció una inves­ti­ga­ción sobre el pri­mer ata­que con­tra Hernán López y a que, según los infor­mes, las auto­ri­da­des han ofre­ci­do pro­tec­ción a algu­nos de los perio­dis­tas ame­na­za­dos, AI ve con alar­ma la serie de actos inti­mi­da­to­rios que vienen sufriendo los miem­bros de la pren­sa, y que parecen deberse a las inves­ti­ga­cio­nes que rea­li­zan en el curso de su labor perio­dís­ti­ca o a sus crí­ti­cas al gobier­no. AI con­si­de­ra que las auto­ri­da­des tie­nen el deber de pro­te­ger la liber­tad de expre­sión inves­ti­gan­do exhaus­ti­va­men­te todas estas denun­cias, cas­ti­gan­do a los res­pon­sa­bles y garan­ti­zan­do efec­ti­va­men­te la segu­ri­dad de los perio­dis­tas y sus fami­lias.

La Federación Argentina de Trabajadores de Prensa ha pre­sen­ta­do una denun­cia for­mal sobre los ata­ques y ha mani­fes­ta­do que la liber­tad de expre­sión y la inte­gri­dad físi­ca de los perio­dis­tas argen­ti­nos ­corren grave peli­gro.

BANGLADESH

Un niño vio­la­do: dos poli­cí­as sus­pen­di­dos


Dos agen­tes de la poli­cía han sido sus­pen­di­dos de sus fun­cio­nes tras la vio­la­ción de un niño de 13 años en las ­calles de Dhaka. El niño ha des­apa­re­ci­do, y no se han for­mu­la­do car­gos.

Mohammed Shawkat fue agre­di­do sexual­men­te por pri­me­ra vez en julio en la calle, cerca del lugar donde dor­mía a la intem­pe­rie, y nue­va­men­te en la comi­sa­ría de poli­cía de Azimapur.

Fue pues­to en liber­tad a la maña­na siguien­te, pero tras pasar tres días hos­pi­ta­li­za­do reci­bien­do tra­ta­mien­to para las lesio­nes oca­sio­na­das por un ata­que ­sexual vio­len­to, Mohammed des­apa­re­ció sin dejar ras­tro.

Mohammed puede haber­se escon­di­do por temor a las repre­sa­lias. AI ha pedido al gobier­no que ave­ri­güe su para­de­ro y pro­te­ja su inte­gri­dad físi­ca, y que le pro­cu­re reha­bi­li­ta­ción y adecuada com­pen­sa­ción. La vio­la­ción de este menor debe ser inves­ti­ga­da sin dila­ción, y sus auto­res deben ser lle­va­dos ante la jus­ti­cia.

Los abu­sos denun­cia­dos en Bangladesh con­tra los dere­chos huma­nos de los niños, como la deten­ción ile­gal, la tor­tu­ra —incluyendo la vio­la­ción ­sexual y el ­empleo de gri­lle­tes— y la impo­si­ción de la pena de muer­te, violan la Convención sobre los Derechos del Niño, que Bangla-desh rati­fi­có en 1990.



TRINIDAD Y TOBAGO

Piden que se rea­nu­den los ahor­ca­mien­tos

Amnistía Internacional ve con alar­ma los cre­cien­tes inten­tos de rea­nu­dar las eje­cu­cio­nes en Trinidad y Tobago tras un perio­do de 14 años, y ha cri­ti­ca­do las decla­ra­cio­nes del minis­tro de Seguridad Nacional cen­su­ran­do a los abo­ga­dos que inter­vie­nen en casos capi­ta­les.

La indig­na­ción públi­ca ante el ase­si­na­to de Michael Hercules, jefe del Servicio Penitenciario, en agos­to, y el incre­men­to del índi­ce delic­ti­vo en el país han producido enér­gi­cos lla­ma­mien­tos para el retorno de la horca: unos días des­pués se expedían órde­nes de eje­cu­ción con­tra Irvin Phillips y Michael Bullock, con­de­na­dos por homi­ci­dio en 1983 y 1988 res­pec­ti­va­men­te. AI pidió la conmutación de las con­de­nas.

AI tam­bién escri­bió al pri­mer minis­tro Patrick Manning, expre­san­do honda pre­o­cu­pa­ción ante las decla­ra­cio­nes de Russell Huggins, minis­tro de Seguridad Nacional, encar­ga­do de hacer reco­men­da­cio­nes al gobier­no sobre cues­tio­nes de cle­men­cia.

El minis­tro alen­ta­ba al públi­co a pro­tes­tar «con­tra cier­tas per­so­nas... exce­si­va­men­te inte­re­sa­das en los dere­chos del delin­cuen­te», clara refe­ren­cia a los abo­ga­dos que defienden casos capi­ta­les. Y agre­ga­ba: «Cuando pre­sen­ten sus mocio­nes para dete­ner los ahor­ca­mien­tos, leván­ten­se y hagan oir sus voces».

Como con­se­cuen­cia de este inten­to disi­mu­la­do de inti­mi­dar a los abo­ga­dos, se vol­vió más difí­cil con­se­guir repre­sen­ta­ción letra­da para dete­ner las eje­cu­cio­nes de Phillips y Bullock. Finalmente, cua­tro abo­ga­dos pre­sen­ta­ron una ­moción cons­ti­tu­cio­nal ante la Corte Superior, obte­nien­do apla­za­mien­tos de las eje­cu­cio­nes pocas horas antes de la hora fija­da para su rea­li­za­ción.

En su carta al pri­mer minis­tro, AI calificaba las decla­ra­cio­nes del minis­tro de «indig­nan­tes, ya que pue­den poner en peli­gro a los abo­ga­dos» y que «su con­duc­ta era deci­di­da­men­te impro­pia de su rango en el gobier­no».



IRAQ

Centenares siguen sin aparecer


Sigue sin cono­cer­se la suer­te de cen­te­na­res de kuwai­tí­es y otras per­so­nas des­apa­re­ci­das desde el final de la Guerra del Golfo. Se cree que ­muchos de ellos están reclui­dos en cen­tros de deten­ción secre­tos en Iraq. AI ha exhor­ta­do al gobier­no ira­quí a que acla­re su suer­te y para­de­ro.

AI ha des­ta­ca­do 140 casos de este tipo: 129 son kuwai­tí­es y 11, ciu­da­da­nos de otros paí­ses, entre ellos Bahrein, Arabia Saudita, Siria, Líbano e Irán.

En 1990 y 1991, duran­te la ocu­pa­ción de Kuwait, las fuer­zas ira­quíes detu­vie­ron a milla­res de kuwai­tí­es y ciu­da­da­nos de otros paí­ses. Muchos ­siguen des­apa­re­ci­dos, pese a la repa­tria­ción de más de 7.000 pri­sio­ne­ros de gue­rra y dete­ni­dos civi­les tras el cese del fuego. El gobier­no ira­quí ha nega­do tener a su dis­po­si­ción per­so­nas dete­ni­das duran­te la gue­rra; el gobier­no kuwai­tí, por su parte, afir­ma que al menos 650 ­siguen bajo cus­to­dia en Iraq.

AI con­si­de­ra que la con­ti­nua­ción del encar­ce­la­mien­to de estas per­so­nas más de dos años des­pués de fina­li­za­do el con­flic­to, cua­les­quie­ra fue­sen los moti­vos ori­gi­na­les de su apre­hen­sión, cons­ti­tu­ye un acto de deten­ción arbi­tra­ria. La orga­ni­za­ción ha pedi­do al gobier­no de Iraq que ponga en liber­tad inme­dia­ta a estos reclu­sos, ya que se trata de pre­sos de con­cien­cia, encar­ce­la­dos úni­ca­men­te debi­do a su ori­gen étni­co o por ser ciu­da­da­nos de Estados que Iraq con­si­de­ra ene­mi­gos. AI ha ins­ta­do al gobier­no a que acla­re el para­de­ro de los pre­sos, que les per­mi­ta poner­se en con­tac­to con orga­ni­za­cio­nes huma­ni­ta­rias inter­na­cio­na­les, y que ofrez­ca veri­fi­ca­ción cada vez que man­tie­ne que un dete­ni­do ha sido pues­to en liber­tad.

En ­muchos de los casos pre­sen­ta­dos en el infor­me de AI, las deten­cio­nes fue­ron pre­sen­cia­das por tes­ti­gos y, en otros, las per­so­nas fue­ron vis­tas, mien­tras esta­ban reclui­das, por otros pre­sos que pos­te­rior­men­te fue­ron repa­tria­dos. Entre los que ­siguen “des­apa­re­ci­dos” figu­ran: Faisal al-Sane', empre­sa­rio y ex par­la­men­ta­rio, y Samira Ma'rafi, estu­dian­te uni­ver­si­ta­ria, ambos kuwai­tí­es; y Maysar Oghali, sirio, ex fun­cio­na­rio del Ministerio del Interior de Kuwait.


* Iraq: Secret deten­tion of Kuwaitis and third-­country natio­nals (Índice de AI: MDE 14/05/93).



TOGO

El ejército goza de inmunidad procesal


Durante los últi­mos años se ha pro­du­ci­do un mar­ca­do incre­men­to de las vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos come­ti­das por las fuer­zas arma­das de Togo. Éstas han con­ta­do con el apoyo incon­di­cio­nal del jefe de Estado y, en la prác­ti­ca, han dis­fru­ta­do de inmu­ni­dad pro­ce­sal, pese a ser auto­ras, en enero de 1933, de la muer­te de mani­fes­tan­tes des­ar­ma­dos y, en marzo del mismo año, de eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les de pre­sos.

El gene­ral Eyadéma fue ree­le­gi­do en agos­to en comicios que ­muchos decla­ra­ron frau­du­len­tos. El ejér­ci­to, aunque en teo­ría con­fi­na­do en sus cuar­te­les bajo super­vi­sión inter­na­cio­nal duran­te el perio­do elec­to­ral, participó sin embar­go, al día siguien­te de los comi­cios, en la deten­ción de 40 per­so­nas tras un esta­lli­do de vio­len­cia en el pue­blo de Agbandi o alre­de­do­res, en la zona cen­tral de Togo. El inci­den­te se pro­dujo el día de las elec­cio­nes, cuan­do sim­pa­ti­zan­tes de la opo­si­ción des­tru­ye­ron las urnas elec­to­ra­les en la zona de Agbandi. Los había enfu­re­ci­do des­cu­brir que se habían lle­na­do antes del comien­zo del acto elec­to­ral con pape­le­tas fal­sas en favor del gene­ral Eyadéma.

Los 40 dete­ni­dos fue­ron ence­rra­dos en la Gendarmería, en la veci­na Blitta, donde 21 de ellos murie­ron duran­te los días siguien­tes. No se ha rea­li­za­do una inves­ti­ga­ción inde­pen­dien­te de estas muer­tes. Las auto­ri­da­des afir­man que los pre­sos murieron enve­ne­na­dos por ali­men­tos que les ha-bí­an tra­í­do sus fami­lia­res. También ha trascendido que los agredieron después de detenerlos y los metie­ron en una celda muy peque­ña, donde probablemente murieron de asfi­xia.


* Togo - Impunity for ­killings by the mili­tary (Índice de AI: AFR 57/13/93).




PAPÚA NUEVA GUINEA

"Inevi­tables" atrocidades


Según un recien­te infor­me de AI*, el gobier­no de Papúa Nueva Guinea no ha inves­ti­ga­do denun­cias de gra­ves vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos come­ti­das en la isla de Bougainville ni ha lle­va­do ante la jus­ti­cia a los pre­sun­tos per­pe­tra­do­res. Además, las res­tric­cio­nes de entra­da impues­tas por el gobier­no y los mili­ta­res en la isla han pro­te­gi­do a las fuer­zas de segu­ri­dad de la mira­da públi­ca. Al no pro­por­cio­nar un marco de con­trol y res­pon­sa­bi­li­dad en la cade­na de mando, el gobier­no ha cre­a­do un clima en el que las vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos han resul­ta­do casi inevi­ta­bles.

El infor­me docu­men­ta las vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos come­ti­das en el con­tex­to del con­flic­to arma­do entre las tro­pas del gobier­no y un grupo sece­sio­nis­ta, el Ejército Revolucionario de Bougainville (ERB).

El con­flic­to esta­lló en 1989 y con­ti­nuó hasta prin­ci­pios de 1990, cuan­do las tro­pas guber­na­men­ta­les fue­ron obli­ga­das a reti­rar­se de la isla. Amnistía Internacional docu­men­tó gra­ves vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos duran­te ese perio­do y, a fina­les de 1990, expre­só su temor de que aumen­ta­ran si las tro­pas del gobier­no retor­na­ban a la isla.

Las fuer­zas ofi­cia­les regre­sa­ron a Bougainville a prin­ci­pios de 1991 y, desde enton­ces, se han reci­bi­do repe­ti­dos infor­mes sobre homi­ci­dios, tor­tu­ras, vio­la­cio­nes sexua­les, pali­zas y hos­ti­ga­mien­to de pre­sun­tos sim­pa­ti­zan­tes del ERB. Al menos 60 per­so­nas —posi­ble­men­te ­muchas más— han sido eje­cu­ta­das extra­ju­di­cial­men­te por sol­da­dos o miem­bros de las fuer­zas de “resis­ten­cia”, que cuen­tan con el apoyo cas­tren­se; en algu­nos casos las víc­ti­mas han sido gol­pe­a­das o cor­ta­das con cuchi­llos antes de morir. Decenas de per­so­nas, inclu­yen­do ancia­nos y niños, han afir­ma­do que les dis­pa­ra­ron con armas de gran poten­cia desde el aire o desde botes patru­lle­ros mili­ta­res. Algunos de los tiro­te­os han pro­du­ci­do víc­ti­mas.

Los miem­bros del ERB tam­bién han come­ti­do gra­ves abu­sos, inclu­yen­do la eje­cu­ción suma­ria, tor­tu­ra, vio­la­ción y hos­ti­ga­mien­to de per­so­nas acu­sa­das de “trai­cio­nar” al movi­mien­to inde­pen­den­tis­ta de Bougainville.


* Papua New Guinea: Under the ­barrel of a gun (Índice de AI: ASA 34/05/93).


Amnistía Internacional - Boletín Noviembre de 1993

Llamada


MARRUECOS


Moustapha Bouzeinab, obrero de 34 años de edad, fue con­de­na­do en 1987 a 12 años de cár­cel por «aten­ta­do con­tra la segu­ri­dad inter­na del Estado».


Los car­gos en su con­tra se basa­ron en acu­sa­cio­nes de que per­te­ne­cía a una orga­ni­za­ción mar­xis­ta pros­cri­ta y de que había ayudado a aban­do­nar el país a per­so­nas bus­ca­das por la poli­cía por acti­vi­da­des polí­ti­cas. Lo detu­vie­ron el 28 de marzo de 1987 en su domi­ci­lio de Tetuán y lo man­tu­vie­ron un mes inco­mu­ni­ca­do en la comi­sa­ría de poli­cía de Tetuán y en Derb Moulay Chérif, el tris­te­men­te céle­bre cen­tro de tor­tu­ras de Casablanca.

Lo espo­sa­ron, le ven­da­ron los ojos, le introdujeron un trapo en la boca, y lo gol­pearon por todo el cuer­po mien­tras esta­ba sus­pen­di­do. Finalmente, firmó una «con­fe­sión». Durante su jui­cio, cele­bra­do en Casablanca en diciem­bre de 1987, el fis­cal afir­mó que Bouzeinab y sus cua­tro coa­cu­sa­dos habí­an «vio­la­do la esen­cia de los valo­res más sagra­dos del país y del orden ­social ente­ro» y pidió que se les impu­sie­ra la pena de muer­te. El abo­ga­do defen­sor pun­tua­li­zó que, aun en base a “con­fe­sio­nes” arran­ca­das median­te tor­tu­ras (con­fe­sio­nes que cons­ti­tu­í­an la única prue­ba de cargo), los deli­tos que se les impu­ta­ban no pasa­ban de reu­nio­nes pací­fi­cas para dis­cu­tir ideas polí­ti­cas. Moustapha Bouzeinab cum­ple su con­de­na en la Prisión de Tánger. Ha pade­ci­do ata­ques de asma y tuber­cu­lo­sis, cau­sa­dos, según dice, por las bru­ta­les tor­tu­ras que le han infli­gi­do. Antes de su deten­ción, tra­ba­ja­ba como tor­ne­ro en una fábri­ca de papel; tam­bién se dedi­ca­ba a la car­pin­te­ría y la fon­ta­ne­ría. Habla espa­ñol, además de árabe y fran­cés. Para sobre­lle­var sus años de pri­sión, ha apren­di­do a dibu­jar. Algunas de sus obras han sido expues­tas en Dinamarca, y se pla­nea rea­li­zar una expo­si­ción en Benín.


Rogamos se diri­jan al rey, pidien­do la liber­tad inme­dia­ta e incon­di­cio­nal de Moustapha Bouzeinab: Sa Majesté le Roi Hassan II/Bureau de Sa Majesté le Roi/Palais Royal/Rabat/ Marruecos. (Tlx: 31744 ó 32908).



BAHREIN


Mohammed Jamil 'Abd al-Amir al-Jamri, inge­nie­ro civil de 33 años dete­ni­do en 1988 y presuntamente tor­tu­ra­do para obli­gar­le a con­fe­sar­se espía de Irán, sigue cum­plien­do una pena de 10 años de cár­cel que le impu­sie­ra el Tribunal de Seguridad del Estado tras un jui­cio injusto en 1990.


En junio, las auto­ri­da­des de Bahrein recha­za­ron las denun­cias de tor­tu­ra y man­tu­vie­ron que los car­gos habí­an sido for­mu­la­dos debi­da­men­te con­for­me al Código Penal bah­ri­ní.

Aunque acoge posi­ti­va­men­te las garan­tí­as de que se le some­tió a un jui­cio impar­cial y de que no se le infli­gió tor­tu­ra algu­na, Amnistía Internacional no ha sabi­do de nin­gu­na inves­ti­ga­ción ini­cia­da sobre la denun­cia de tor­tu­ra. Tampoco ha logra­do obte­ner una copia de la sen­ten­cia. (Véase la “Llamada Internacional” de abril).





GUINEA ECUATORIAL


Pedro Motú Mamiaga (arri­ba), ex tenien­te del ejér­ci­to y miem­bro de la Unión Popular (UP), murió bajo cus­to­dia poli­cial en Malabo, capi­tal de Guinea Ecuatorial, en la isla de Bioko, tras haber sido dete­ni­do el 22 de agos­to de 1993.


El 23 de agos­to, las auto­ri­da­des anun­cia­ron que Pedro Motú Mamiaga se había sui­ci­da­do en la cár­cel, y lo acu­sa­ron de estar pla­ne­ando una suble­va­ción mili­tar. Al día siguien­te, otro ofi­cial de las fuer­zas arma­das per­dió la vida mien­tras se halla­ba a dis­po­si­ción de la poli­cía. Algunos dete­ni­dos pues­tos en liber­tad han afir­ma­do que los dos hom­bres fue­ron bru­tal­men­te tor­tu­ra­dos.

Desde que el país adop­tó un sis­te­ma polí­ti­co plu­ra­lis­ta en enero de 1992, cen­te­na­res de acti­vis­tas polí­ti­cos han sido dete­ni­dos, encar­ce­la­dos bre­ve­men­te y torturados. A ­muchos los han obli­ga­do a afi­liar­se al par­ti­do gober­nan­te, el Partido Demo-crático de Guinea Ecuatorial.

A fina­les de julio, los par­ti­dos de la opo­si­ción anun­cia­ron que boi­co­te­a­rí­an las elec­cio­nes fija­das para sep­tiem­bre de 1993, ya que la ley elec­to­ral res­trin­gía gra­ve­men­te la liber­tad de expre­sión y aso­cia­ción. Las elec­cio­nes fue­ron apla­za­das hasta el 21 de noviem­bre, pero la repre­sión polí­ti­ca se inten­si­fi­có y dece­nas de acti­vis­tas polí­ti­cos y miem­bros de las fuer­zas arma­das, inclu­yen­do ofi­cia­les reti­ra­dos, han sido dete­ni­dos y some­ti­dos a tor­tu­ras. Algunos ofi­cia­les reti­ra­dos han sido con­fi­na­dos en los pue­blos donde resi­den.

Pedro Motú Mamiaga figu­ra­ba entre dece­nas de civi­les y mili­ta­res dete­ni­dos entre el 21 y el 24 de agos­to en Malabo. Lo apre­hen­die­ron mien­tras esta­ba de visi­ta en casa del líder de la UP, que había regre­sa­do del exi­lio la vís­pe­ra. Desde la subi­da al poder del ­actual gobier­no en 1979, Pedro Motú Mamiaga había sido dete­ni­do en ­varias oca­sio­nes y había pasa­do ­muchos años con­fi­na­do en su pue­blo de ori­gen, en la pro­vin­cia con­ti­nen­tal de Río Muni.


Rogamos escri­ban expre­san­do pre­o­cu­pa­ción por la muer­te bajo custodia policial de Pedro Motú Matiaga, y pidien­do una inves­ti­ga­ción inde­pen­dien­te e impar­cial y el cas­ti­go de los res­pon­sa­bles: Excmo. Sr. General de Brigada Teodoro Obiang Nguema/ Presidente de la República/ Gabinete del Presidente/ Malabo/ Guinea Ecuatorial.


Amnistía Internacional - Boletín Noviembre de 1993

Enfoque



Pies de foto:


Las fuer­zas de segu­ri­dad patru­llan las ­calles de Caracas a prin­ci­pios de 1989 duran­te la cri­sis polí­ti­ca en la que el ejér­ci­to y la poli­cía mata­ron a cien­tos de per­so­nas.


Un agen­te gol­pea al diri­gen­te estu­dian­til Luis Figueroa duran­te la “Marcha del Silencio” en Caracas.


Un poli­cía anti­dis­tur­bios fren­te a la igle­sia de San Francisco, des­pués de dis­per­sar a los que par­ti­ci­pa­ron en la “Marcha del Silencio”. © Orlando Ugueto/El Nacional


Un agen­te de la Policía Metropolitana gol­pea a un mani­fes­tan­te duran­te una mar­cha estu­dian­til en Caracas en marzo de 1992.


Un pro­yec­til de gases lacri­mó­ge­nos lan­za­do por la poli­cía duran­te una mani­fes­ta­ción estu­dian­til hace blan­co sobre la fotó­gra­fa María Verónica Tessari, que mori­ría de las lesio­nes unos meses des­pués.



CONDICIONES PENITENCIARIAS

Las con­di­cio­nes en las cár­ce­les de todo el país ­siguen sien­do suma­men­te duras, lle­gan­do, en ­muchos casos, a cons­ti­tuir trato cruel, inhu­ma­no y degra­dan­te.

Entre las defi­cien­cias figu­ran el ­empleo arbi­tra­rio de cel­das de cas­ti­go, la ali­men­ta­ción inade­cua­da, la insu­fi­cien­cia de las con­di­cio­nes sani­ta­rias y la falta de cui­da­dos médi­cos apro­pia­dos. Las auto­ri­da­des han reco­no­ci­do la gra­ve­dad de la situa­ción en nume­ro­sas cár­ce­les, pero no han toma­do medi­das con­cre­tas para reme­diar­la.

El haci­na­mien­to y la falta de segu­ri­dad en las cár­ce­les han sido causa de ­muchas muer­tes. Por ejem­plo, en el Centro Penitenciario de Valencia, cono­ci­do como “El Tocuyito”, se infor­ma que entre enero de 1989 y febre­ro de 1990 ha muer­to un pro­me­dio de 14 pre­sos al mes, en la mayo­ría de los casos duran­te inci­den­tes vio­len­tos. A pesar de los anun­cios ofi­cia­les de que se toma­rí­an medi­das para impe­dir más muer­tes, entre enero y junio de 1993 al menos 29 inter­nos per­die­ron la vida en esta pri­sión.



LA LEY DE VAGOS Y MALE­AN­TES

La Ley de Vagos y Maleantes per­mi­te la deten­ción admi­nis­tra­ti­va por perio­dos de hasta cinco años, sin ape­la­ción ni revi­sión judi­cial, de per­so­nas a quie­nes las auto­ri­da­des con­si­de­ran un peli­gro para la socie­dad pero con­tra las cua­les, habi­tual­men­te, no se dis­po­ne de prue­bas de deli­tos puni­bles por la ley. Esta dis­po­si­ción, a la que se ha recu­rri­do en el pasa­do para dete­ner a disi­den­tes polí­ti­cos, sigue emple­án­do­se a menu­do en ­muchos esta­dos para inti­mi­dar y dete­ner arbi­tra­ria­men­te a resi­den­tes de los ­barrios ­pobres.

Ya es hora de abro­gar esta ley, que viola los dere­chos indi­vi­dua­les y las nor­mas inter­na­cio­na­les de dere­chos huma­nos que Venezuela se ha com­pro­me­ti­do a obser­var.


ECLIP­SE DE LOS DERE­CHOS HUMA­NOS EN VENEZUELA


«Con mi hijo ente­rré la mitad de mi vida. Yo no me he recu­pe­ra­do de la muer­te de mi hijo, de esta pesa­di­lla. Y yo creo que nin­gún padre se recu­pe­ra de la muer­te de un hijo a quien se lo arre­ba­ten de una forma tan drás­ti­ca y tan vio­len­ta... Yo deseo que en este país no sigan suce­dien­do estas cosas.»


Así habla Hipólito Landa Torres, cuyo hijo, Luis Enrique Landa Díaz, estu­dian­te de medi­ci­na de 21 años de edad, fue aba­ti­do a tiros en sep­tiem­bre de 1992 por miem­bros de la Guardia Nacional. Nadie ha sido enjui­cia­do por su muer­te, y su padre ha sido blan­co de ame­na­zas y dis­pa­ros.

Venezuela se des­ta­ca en América Latina por ser uno de los pocos paí­ses de la ­región regi­do duran­te más de 35 años, sin inte­rrup­ción, por un gobier­no civil demo­crá­ti­ca­men­te ele­gi­do. Lo que no se cono­ce tan bien, espe­cial­men­te fuera del con­ti­nen­te, es hasta qué punto, año tras año, se han veni­do vio­lan­do de forma grave y per­sis­ten­te los dere­chos huma­nos de los 20 millo­nes de habi­tan­tes de este país.

Los gobier­nos vene­zo­la­nos han mani­fes­ta­do fre­cuen­te­men­te su com­pro­mi­so con la defen­sa de los dere­chos huma­nos; sin embar­go, han per­mi­ti­do que los fun­cio­na­rios del Estado con­cul­quen estos dere­chos con casi total impu­ni­dad.

El recru­de­ci­mien­to de las ten­sio­nes polí­ti­cas y socia­les ha agra­va­do con­si­de­ra­ble­men­te la situa­ción, espe­cial­men­te desde febre­ro y marzo de 1989, época en que cen­te­na­res de per­so­nas resul­ta­ron muer­tas duran­te las nume­ro­sas mani­fes­ta­cio­nes que se cele­bra­ron para pro­tes­tar —a veces vio­len­ta­men­te— con­tra las medi­das de aus­te­ri­dad impues­tas por el nuevo gobier­no del pre­si­den­te Carlos Andrés Pérez. Muchos fue­ron aba­ti­dos a tiros, de forma deli­be­ra­da o indis­cri­mi­na­da, por la poli­cía y el ejér­ci­to. En 1992 hubo más eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les, espe­cial­men­te en el marco de dos inten­tos de golpe de Estado lan­za­dos por los mili­ta­res en febre­ro y noviem­bre.

El gobier­no reac­cio­nó ante los emba­tes de la cri­sis polí­ti­ca sus­pen­dien­do una vasta gama de garan­tí­as cons­ti­tu­cio­na­les a los dere­chos huma­nos.

En mayo de 1993, en el con­tex­to del cre­cien­te des­aso­sie­go polí­ti­co, el Senado sus­pen­dió de su cargo al pre­si­den­te Carlos Andrés Pérez cuan­do la Corte Suprema deci­dió enjui­ciar al pri­mer man­da­ta­rio por car­gos de corrup­ción. En junio, el Congreso desig­nó pre­si­den­te inte­ri­no de Venezuela a Ramón José Velásquez. Se espe­ra que éste per­ma­nez­ca en fun­cio­nes hasta febre­ro de 1994, cuan­do toma­rá el poder el nuevo gobier­no ele­gi­do en los comi­cios fija­dos para diciem­bre de 1993.

Amnistía Internacional ha obser­va­do duran­te ­muchos años la situa­ción de los dere­chos huma­nos en Venezuela. La orga­ni­za­ción ha envia­do dele­ga­cio­nes de inves­ti­ga­ción, publi­ca­do infor­mes, empren­di­do cam­pa­ñas con­tra los abu­sos y comu­ni­ca­do repe­ti­da­men­te sus moti­vos de pre­o­cu­pa­ción a suce­si­vos gobier­nos vene­zo­la­nos. Las auto­ri­da­des rara vez se han toma­do la moles­tia de res­pon­der.

Las denun­cias de tor­tu­ras y malos tra­tos a manos de la poli­cía y la Guardia Nacional son fre­cuen­tes, e indi­can que se tor­tu­ra sis­te­má­ti­ca­men­te a los sos­pe­cho­sos de deli­tos comu­nes, espe­cial­men­te a los resi­den­tes de ­barrios ­pobres, para arran­car­les con­fe­sio­nes, y que los acti­vis­tas polí­ti­cos, estu­dian­ti­les y popu­la­res ­sufren la misma suer­te.

Además, duran­te los perio­dos de cri­sis polí­ti­ca las fuer­zas de segu­ri­dad han lle­va­do a cabo eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les sin temor a tener que res­pon­der de sus actos.

La admi­nis­tra­ción de jus­ti­cia ado­le­ce de gra­ves defec­tos. La inves­ti­ga­ción de las vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos es insu­fi­cien­te o inexis­ten­te. Las actua­cio­nes judi­cia­les se retra­san de forma ruti­na­ria y arbi­tra­ria, a menu­do sobre­pa­san­do los lími­tes lega­les. Mientras tanto, los encau­sa­dos per­ma­ne­cen reclui­dos, habi­tual­men­te en con­di­cio­nes lamen­ta­bles, en cár­ce­les donde los some­ten a fre­cuen­tes pali­zas.

A esto se suma el hecho de que cen­te­na­res de per­so­nas con­ti­nú­an dete­ni­das admi­nis­tra­ti­va­men­te por perio­dos de hasta cinco años en apli­ca­ción de la Ley de Vagos y Maleantes, sin dere­cho a jui­cio ante un tri­bu­nal ni a con­tar con un abo­ga­do, y pri­va­das de ­muchos otros dere­chos fun­da­men­ta­les.

En la gran mayo­ría de los casos, las víc­ti­mas han sido pre­sun­tos delin­cuen­tes comu­nes —en espe­cial, miem­bros de sec­to­res ­pobres y mar­gi­na­les de la socie­dad—, así como acti­vis­tas estu­dian­ti­les y polí­ti­cos.

Las auto­ri­da­des han con­de­na­do repe­ti­da­men­te la tor­tu­ra y los malos tra­tos, expre­sa­men­te pro­hi­bi­dos por la legis­la­ción vene­zo­la­na y por las nor­mas inter­na­cio­na­les que el gobier­no se ha com­pro­me­ti­do a obser­var. Pero la rea­li­dad no refle­ja las pro­me­sas hue­cas del gobier­no.

En Venezuela se emple­an méto­dos de tor­tu­ra que infli­gen el máxi­mo dolor y ape­nas dejan hue­llas. Son comu­nes las pali­zas, tanto bajo cus­to­dia poli­cial como en las cár­ce­les de todo el país: puñe­ta­zos, pun­ta­piés y porra­zos en regio­nes deli­ca­das del cuer­po como el abdo­men, los órga­nos geni­ta­les y la cabe­za. A algu­nas víc­ti­mas se las some­te a gol­pes simul­tá­ne­os en las ore­jas, lo que causa un dolor inso­por­ta­ble y, a menu­do, pro­vo­ca la rup­tu­ra del tím­pa­no.

También es fre­cuen­te, dicen las denun­cias, la semias­fi­xia con bol­sas de plás­ti­co; en ­muchos casos, la bolsa con­tie­ne sus­tan­cias irri­tan­tes como amo­ní­a­co, jabón en polvo o insec­ti­ci­das que inten­si­fi­can el sufri­mien­to de la víc­ti­ma.

A otros les sumer­gen la cabe­za en aguas que, a menu­do, con­tie­nen basu­ra o excre­men­tos.

También ha habi­do repe­ti­das denun­cias de tor­tu­ras con elec­tri­ci­dad. Se le apli­can a la víc­ti­ma pica­nas eléc­tri­cas en par­tes sen­si­bles del cuer­po, y se la sus­pen­de de las muñe­cas por perio­dos pro­lon­ga­dos sin que sus pies ape­nas ­toquen el suelo.

Es común que se com­bi­nen los méto­dos de tor­tu­ra, espe­cial­men­te las pali­zas duran­te o des­pués de la semias­fi­xia con una bolsa de plás­ti­co.

José Blondell fue dete­ni­do la maña­na del 9 de marzo de 1992 por la Policía Técnica Judicial cuan­do se pre­sen­tó en una comi­sa­ría de poli­cía de Caracas para pres­tar decla­ra­ción en un caso de homi­ci­dio; cua­tro agen­tes le die­ron gol­pes y pun­ta­piés y lo acu­sa­ron de par­ti­ci­par en el cri­men, impu­ta­ción que recha­zó. Al ir pasan­do las horas, el trato fue empe­o­ran­do; le colo­ca­ron una bolsa de plás­ti­co en la cabe­za, y le pro­pi­na­ron una pali­za más.

Al día siguien­te lo some­tie­ron a simi­la­res tor­tu­ras y lo ame­na­za­ron de muer­te. Por la tarde lo saca­ron de la celda, lo rocia­ron con un apa­ra­to extin­tor —que pro­du­ce un ardor agudo— y le ases­ta­ron gol­pes con una barra de metal. Finalmente, el 16 de marzo lo pusie­ron en liber­tad, sin car­gos, tras negar­le asis­ten­cia médi­ca. Los res­pon­sa­bles de las tor­tu­ras y malos tra­tos infli­gi­dos a José Blondell no han com­pa­re­ci­do ante la jus­ti­cia.

No son sólo la pobre­za, la enfer­me­dad y el des­em­pleo los males que aco­san a los resi­den­tes de los ­barrios ­pobres de Caracas: tam­bién ­sufren la con­ti­nua bru­ta­li­dad poli­cial. Las fuer­zas de segu­ri­dad los apre­hen­den en fre­cuen­tes reda­das y los retie­nen sin car­gos por perio­dos bre­ves, duran­te los cua­les los some­ten a tor­tu­ras o malos tra­tos.

En octu­bre de 1991, cerca de 200 per­so­nas, entre ellas niños de trece años, fue­ron dete­ni­das y tor­tu­ra­das por la Policía Metropolitana y la Guardia Nacional cuan­do, a raíz del ase­si­na­to de dos miem­bros de las fuer­zas de segu­ri­dad, éstas lle­va­ron a cabo reda­das masi­vas en los ­barrios de La Vega y “23 de enero”.

Los veci­nos dije­ron que, al ­entrar en las vivien­das, la poli­cía no había exhi­bi­do las órde­nes per­ti­nen­tes de regis­tro o de pri­sión, y que algu­nos agen­tes iban enca­pu­cha­dos para no ocul­tar su iden­ti­dad. Los tes­ti­gos pre­sen­cia­les afir­ma­ron que la poli­cía gol­peó a ­varias per­so­nas y des­tru­yó pro­pie­dad pri­va­da duran­te las bús­que­das de casa en casa.

Por ejem­plo, a Kodiat Ascanio, de 20 años, lo gol­pe­a­ron y sus­pen­die­ron de un bal­cón en el 12º piso de un edi­fi­cio de apar­ta­men­tos. La poli­cía lo man­tu­vo cua­tro días inco­mu­ni­ca­do, perio­do duran­te el cual lo gol­pe­a­ron con un bate de béis­bol y lo some­tie­ron a un simu­la­cro de eje­cu­ción. Quedó en liber­tad sin car­gos.

Tras dos inten­tos de golpe de Estado en febre­ro y noviem­bre de 1992, las fuer­zas de segu­ri­dad lle­va­ron a cabo bati­das gene­ra­li­za­das, dete­nien­do arbi­tra­ria­men­te a líde­res estu­dian­ti­les, miem­bros de par­ti­dos polí­ti­cos y acti­vis­tas popu­la­res. En la mayo­ría de los casos se los dejó en liber­tad sin car­gos, pero dece­nas de dete­ni­dos fue­ron tor­tu­ra­dos.

Se pre­sen­ta­ron denun­cias for­ma­les ante las auto­ri­da­des pero, en julio de 1993, aún no se había hecho com­pa­re­cer ante un juez a nin­gu­no de los res­pon­sa­bles de deten­cio­nes ile­ga­les, tor­tu­ras o malos tra­tos, y las víc­ti­mas no habí­an reci­bi­do indem­ni­za­ción algu­na. En febre­ro de 1992, la poli­cía del esta­do Carabobo detu­vo a 22 civi­les, entre los que había ­muchos estu­dian­tes. Al pare­cer, los hicie­ron per­ma­ne­cer en cucli­llas de cara a una pared duran­te ­varias horas, los gol­pea­ron repe­ti­da­men­te y les apli­ca­ron una pica­na eléc­tri­ca. Los 22 dete­ni­dos que­da­ron inco­mu­ni­ca­dos hasta el 12 de febre­ro. Según los infor­mes, les nega­ron asis­ten­cia médi­ca, a pesar de las heri­das que habí­an pro­du­ci­do las pali­zas. Una de las víc­ti­mas, Cecilio Benítez, le dijo a la poli­cía que nece­si­ta­ba medi­ca­men­tos espe­cia­les para su epilepsia, pero sólo se los pro­por­cio­na­ron des­pués de que sufrie­ra dos ata­ques. Otra dete­ni­da, Carmen Alicia Gómez Potellá, encin­ta de cua­tro meses, ­sufrió sín­to­mas de abor­to debido a los gol­pes pade­ci­dos, y sin embargo, demo­ra­ron en tras­la­dar­la a un hos­pi­tal. En marzo, todos los dete­ni­dos fue­ron pues­tos en liber­tad incon­di­cio­nal.

Decenas de estu­dian­tes y acti­vis­tas polí­ti­cos sos­pe­cho­sos de haber apo­ya­do el golpe de Estado falli­do del 27 de noviem­bre fue­ron dete­ni­dos, mal­tra­ta­dos y tor­tu­ra­dos. Casi todos que­da­ron en liber­tad sin car­gos a las pocas sema­nas. Varios requi­rie­ron tra­ta­mien­to médi­co para las lesio­nes sufri­das.

Aquellos que pos­te­rior­men­te pre­sen­ta­ron denun­cias for­ma­les ante las auto­ri­da­des dije­ron que, duran­te los pri­me­ros días de su deten­ción, los man­tu­vie­ron inco­mu­ni­ca­dos y los tor­tu­ra­ron. Al pare­cer, los gol­pe­a­ron, los pri­va­ron de agua y ali­men­tos y los ame­na­za­ron de muer­te. Muchos afir­ma­ron que los habí­an sus­pen­di­do por las muñe­cas duran­te perio­dos pro­lon­ga­dos y que los habí­an semias­fi­xia­do con bol­sas de plás­ti­co que, a veces, con­te­ní­an amo­ní­a­co u otras sus­tan­cias irri­tan­tes. En la mayo­ría de los casos se atri­bu­yó la auto­ría de estos abu­sos a miem­bros de la Dirección de Inteligencia del Ejército y de la Dirección de Inteligencia Militar. Los res­pon­sa­bles no han sido pues­tos en manos de la jus­ti­cia.

También ha tras­cen­di­do que las fuer­zas de segu­ri­dad han tor­tu­ra­do a ­varias per­so­nas hasta cau­sar­les la muer­te, o las han “eje­cu­ta­do” tras herir­las de gra­ve­dad. El 25 de febre­ro de 1992, agen­tes de la Policía Metropolitana secues­tra­ron a Freddy Miguel Franquis Aguilar, alba­ñil y acti­vis­ta popu­lar del ­barrio La Laguna, en Caracas. Una sema­na des­pués, sus fami­lia­res encon­tra­ron su cuer­po en la mor­gue de un hos­pi­tal local: lo habí­an gol­pe­a­do y que­ma­do con ciga­rri­llos, y le habí­an dis­pa­ra­do a que­ma­rro­pa.

Según pare­ce, tres miem­bros de la Policía Metropolitana fue­ron acu­sa­dos del homi­ci­dio y sus­pen­di­dos de sus car­gos a la espe­ra de los resul­ta­dos de la inves­ti­ga­ción. AI no ha reci­bi­do nin­gu­na otra infor­ma­ción.

Una de las razo­nes de que con­ti­núe tor­tu­rán­do­se es que los auto­res de esta prác­ti­ca rara vez son cas­ti­ga­dos. Una y otra vez, los tri­bu­na­les hacen caso omiso de las denun­cias de tor­tu­ras y otras vio­la­cio­nes gra­ves de los dere­chos huma­nos y no enjui­cian a los res­pon­sa­bles. Muy pocas denun­cias de tor­tu­ra han con­se­gui­do que se con­de­ne al autor y, aun en tales casos, fre­cuen­te­men­te los car­gos son de poca impor­tan­cia y las con­de­nas han con­sis­ti­do en penas sus­pen­di­das o liber­tad con­di­cio­nal.

La poli­cía está facul­ta­da para rete­ner a una per­so­na hasta ocho días en deten­ción pre­ven­ti­va. Durante este perio­do, la poli­cía puede reco­ger prue­bas, inclu­yen­do con­fe­sio­nes. Con fre­cuen­cia se ha con­de­na­do a los acu­sa­dos úni­ca­men­te en base a sus con­fe­sio­nes, a pesar de haber­se denun­cia­do que fue­ron obte­ni­das median­te tor­tu­ra.

También se vio­lan ruti­na­ria­men­te las garan­tí­as cons­ti­tu­cio­na­les que pro­hí­ben expre­sa­men­te la deten­ción en régi­men de inco­mu­ni­ca­ción. En algu­nos casos, se ha comu­ni­ca­do a los fami­lia­res que la per­so­na en cues­tión no se halla­ba a dis­po­si­ción de la poli­cía. Otros dete­ni­dos han sido trans­fe­ri­dos de una comi­sa­ría a otra, hacien­do difí­cil que sus fami­lia­res pudie­ran ubi­car­los. Los dere­chos de los dete­ni­dos se ven vul­ne­ra­dos aun más por el hecho de que, inva­ria­ble­men­te, los jue­ces se nie­gan a acep­tar autos de hábe­as cor­pus en nom­bre de per­so­nas bajo cus­to­dia poli­cial duran­te los pri­me­ros ocho días des­pués de la deten­ción, que es el perio­do en que más fre­cuen­te­men­te se pro­du­ce la tor­tu­ra.

Durante los últi­mos años, al agu­di­zar­se las ten­sio­nes polí­ti­cas en Venezuela, las denun­cias de eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les han aumen­ta­do. Algunos miem­bros de las fuer­zas de segu­ri­dad no han teni­do repa­ros en matar impu­ne­men­te cuan­do se ha visto ame­na­za­do el orden públi­co. En casi todos los casos, la judi­ca­tu­ra ha deja­do sin cas­ti­go a los res­pon­sa­bles y, en oca­sio­nes, ha entor­pe­ci­do los esfuer­zos de los fami­lia­res por ave­ri­guar la ver­dad.

En febre­ro y marzo de 1989, cen­te­na­res de per­so­nas per­die­ron la vida en las pro­tes­tas masi­vas con­tra la polí­ti­ca eco­nó­mi­ca del gobier­no. Algunos caye­ron en la vorá­gi­ne de la vio­len­cia gene­ral, pero ­muchos fue­ron eje­cu­ta­dos extra­ju­di­cial­men­te por la poli­cía o los mili­ta­res. Unos fue­ron aba­ti­dos a tiros en la calle mien­tras esta­ban bajo cus­to­dia poli­cial; otros murie­ron cuan­do se abrió fuego indis­cri­mi­na­da­men­te con­tra la mul­ti­tud o con­tra resi­den­cias par­ti­cu­la­res.

El gobier­no man­tie­ne que per­die­ron la vida 276 per­so­nas, de las cua­les que­dan 87 por iden­ti­fi­car. Los gru­pos de dere­chos huma­nos han com­pi­la­do una lista de unas 400 per­so­nas que, afir­man, fue­ron ase­si­na­das o “des­apa­re­cie­ron” duran­te los dis­tur­bios. Muchos de los cadá­ve­res fue­ron sepul­ta­dos en fosas comu­nes en un cemen­te­rio de Caracas antes de que se los pudie­ra iden­ti­fi­car.

En noviem­bre de 1990, tras meses de ape­la­cio­nes, un juez civil orde­nó la exhu­ma­ción de los res­tos. En abril de 1991 se habí­an exhu­ma­do ya 68 cadá­ve­res. Los exá­me­nes foren­ses reve­la­ron que la mayo­ría de las víc­ti­mas eran hom­bres jóve­nes de 16 a 25 años, y que todos habí­an sido ente­rra­dos apro­xi­ma­da­men­te al mismo tiem­po. Tres cuer­pos fue­ron iden­ti­fi­ca­dos; dos de ellos per­te­ne­cí­an a per­so­nas que, según los infor­mes, fue­ron eje­cu­ta­das extra­ju­di­cial­men­te duran­te las pro­tes­tas de 1989.

Una de las per­so­nas iden­ti­fi­ca­das fue José del Carmen Pirela León, arte­sa­no de 16 años. El 28 de febre­ro de 1989 unos agen­tes de la Policía Metropolitana le habí­an dis­pa­ra­do cuan­do iba de com­pras con un amigo. Los peri­tos foren­ses des­cu­brie­ron que había muer­to de una heri­da de bala en la fren­te, cohe­ren­te con una eje­cu­ción extra­ju­di­cial. La inves­ti­ga­ción de su muer­te no ha pasa­do de la fase pre­li­mi­nar.

Desde enton­ces se han reci­bi­do infor­mes sobre ­muchas otras per­so­nas muer­tas duran­te las pro­tes­tas de 1989. En ­varios casos, la fal­se­dad de la expli­ca­ción ofi­cial de la muer­te ha que­da­do demos­tra­da. Prácticamente nin­gu­no de los auto­res de los homi­ci­dios arbi­tra­rios y de las eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les de febre­ro y marzo de 1989 han sido lle­va­dos ante la jus­ti­cia, y los fami­lia­res de las víc­ti­mas no han reci­bi­do indem­ni­za­ción algu­na.

El 4 de febre­ro de 1992, duran­te el inten­to de golpe mili­tar, esta­lló un enfren­ta­mien­to arma­do entre sol­da­dos rebel­des y miem­bros de la poli­cía esta­tal fren­te a la comi­sa­ría de Canaima, en Valencia. Cuando cesó el fuego, un con­voy de la Guardia Nacional rodeó a los sol­da­dos rebel­des que se habí­an ren­di­do, y orde­nó a los civi­les que salie­ran de las casas cer­ca­nas y aguar­da­ran en la calle.

Llegaron enton­ces unos agen­tes de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), que pro­ce­die­ron a ases­tar gol­pes a algu­nos de los civi­les a quie­nes se había espo­sa­do y obli­ga­do a tirar­se boca abajo en la calle. A un sol­da­do heri­do lo arras­tra­ron hasta los civi­les. Según los infor­mes reci­bi­dos, un agen­te de la DISIP le dijo: «Como estás heri­do en la pier­na, es mejor que te mate­mos». De inme­dia­to, le dis­pa­ró a que­ma­rro­pa. Los tes­ti­gos dicen que tam­bién mata­ron a otro sol­da­do de la misma mane­ra. Se des­co­no­ce la iden­ti­dad de ambos. Parece que ese mismo día, otras cinco per­so­nas, cua­tro estu­dian­tes y un sol­da­do, fue­ron eje­cu­ta­das extra­ju­di­cial­men­te en Valencia.

Todos estos casos fue­ron trans­fe­ri­dos a los tri­bu­na­les mili­ta­res: no se ha juz­ga­do a los res­pon­sa­bles de los homi­ci­dios ni se ha indem­ni­za­do a los fami­lia­res de las víc­ti­mas.

Fueron nume­ro­sas las per­so­nas ase­si­na­das tras el golpe falli­do del 27 de noviem­bre de 1992. Un núme­ro des­co­no­ci­do de mili­ta­res y civi­les per­dió la vida duran­te los com­ba­tes, en el fuego cru­za­do o como resul­ta­do de explo­sio­nes de bom­bas en zonas pobla­das. Las fuer­zas de segu­ri­dad eje­cu­ta­ron extra­ju­di­cial­men­te a dece­nas de per­so­nas. En un inci­den­te ocu­rri­do el 27 de noviem­bre, un cier­to núme­ro de pre­sos, posi­ble­men­te cien­tos, fue­ron ase­si­na­dos por la poli­cía duran­te un inten­to de fuga en el Retén de Catia, una cár­cel de Caracas. No se ha lle­ga­do a un acuer­do sobre el núme­ro de muer­tos: según el Ministerio de Justicia, fue­ron 47; según la Fiscalía General de la República, 63 murie­ron y se igno­ra la suer­te de otros 20; pero los inter­nos y los tes­ti­gos pre­sen­cia­les creen que hubo hasta 560 víc­ti­mas.

Los fis­ca­les encar­ga­dos de la inves­ti­ga­ción y los tes­ti­gos con quie­nes se entre­vis­tó AI dicen que ­muchos de los muer­tos fue­ron eje­cu­ta­dos des­pués de su cap­tu­ra por las fuer­zas de segu­ri­dad. En julio de 1993 aún no se había hecho com­pa­re­cer ante un juez a nin­gu­no de los res­pon­sa­bles de la matan­za.

En los últi­mos años, las fuer­zas de segu­ri­dad han ase­si­na­do a ­muchos pre­sun­tos delin­cuen­tes comu­nes, espe­cial­men­te en los ­barrios ­pobres, en cir­cuns­tan­cias que pare­cen indi­car que emple­a­ron armas de fuego inne­ce­sa­ria­men­te o con la inten­ción deli­be­ra­da de matar o de herir gra­ve­men­te sin jus­ti­fi­ca­ción algu­na.

El 1 de mayo de 1993, Geovanni Celestino Monné Meza resul­tó muer­to duran­te una reda­da efec­tua­da por la Policía Metropolitana en La Vega, Caracas. Estaba tra­ba­jan­do con dos cole­gas cuan­do la poli­cía les orde­nó abrir la puer­ta de su ­taller. Al obe­de­cer los hom­bres, un agen­te abrió fuego con una ame­tra­lla­do­ra. Geovanni Monné cayó gra­ve­men­te heri­do pero, al pare­cer, la poli­cía hizo caso omiso de él y agre­dió a los otros dos hom­bres. Geovanni Monné fue tras­la­da­do a un hos­pi­tal, donde murió al lle­gar. Los otros dos hom­bres fue­ron dete­ni­dos y pasa­ron cinco días reclui­dos, para des­pués ser pues­tos en liber­tad sin car­gos.

En el pasa­do, las cues­tio­nes de dere­chos huma­nos han ocu­pa­do abun­dan­te espa­cio en los ­medios de infor­ma­ción vene­zo­la­nos, hecho que refle­ja la anti­gua tra­di­ción de la pren­sa libre en este país. Esta tra­di­ción corre peli­gro. Cada vez más, los perio­dis­tas vene­zo­la­nos son blan­co de hos­ti­ga­mien­to, ata­ques y hasta homi­ci­dios por parte de las fuer­zas de segu­ri­dad, espe­cial­men­te duran­te mani­fes­ta­cio­nes en con­tra del gobier­no. Por ejem­plo, Virgilio Fernández, del perió­di­co El Universal, fue aba­ti­do a tiros por un sol­da­do cuan­do hacía un repor­ta­je sobre el alza­mien­to mili­tar del 27 de noviem­bre de 1992. Según infor­mes, el sol­da­do dis­pa­ró deli­be­ra­da­men­te con­tra un auto­mó­vil esta­cio­na­do que lle­va­ba el nom­bre del perió­di­co, dando muer­te a Virgilio Fernández e hirien­do a un cole­ga.

Por lo gene­ral, las eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les no se inves­ti­gan ade­cua­da­men­te y pocos per­pe­tra­do­res com­pa­re­cen ante un juez; prác­ti­ca­men­te nin­gu­no es cas­ti­ga­do. Por ejem­plo, cua­tro años des­pués de los suce­sos de prin­ci­pios de 1989, más de 200 casos de muer­tes con­tro­ver­ti­das y lesio­nes gra­ves cau­sa­das por agen­tes del Estado, denun­cia­dos en 1989, ­siguen sin resol­ver.

En un solo caso, el de Eleazar Mavares, se ha some­ti­do a jui­cio al pre­sun­to autor del deli­to. Eleazar Mavares fue aba­ti­do a tiros por un agen­te de la Policía Metropolitana en marzo de 1989, cuan­do cru­za­ba un puen­te. Según pare­ce, el agen­te fue acu­sa­do for­mal­men­te de homi­ci­dio y con­de­na­do a una pena de 12 a 18 años de cár­cel. El con­de­na­do apeló de su sen­ten­cia y, según ha tras­cen­di­do, es posi­ble que le reduz­can la pena. Se cree que está reclui­do en un recin­to poli­cial espe­cial y que se le per­mi­te salir los fines de sema­na.

Amnistía Internacional ha pre­sen­ta­do una serie de 16 reco­men­da­cio­nes a las auto­ri­da­des vene­zo­la­nas. De poner­se en prác­ti­ca, estas medi­das aumen­ta­rí­an con­si­de­ra­ble­men­te la pro­tec­ción de los dere­chos huma­nos en Venezuela. Mientras tanto, los ciu­da­da­nos vene­zo­la­nos, espe­cial­men­te los de los sec­to­res menos favo­re­ci­dos de la socie­dad, segui­rán en peli­gro.


* Venezuela: El eclip­se de los derechos huma­nos (Índice de AI: AMR 53/07/93/s)



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