Document - Syria: Civilians bearing the brunt in the battle for Aleppo

Ten members of the Kayali family - seven of them children - were killed when their homes, two adjacent two-floor houses, were bombed to dust in the afternoon of 6 August

AMNISTÍA INTERNACIONAL

INFORMACIÓN PARA LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

23 de agosto de 2012

MDE 24/073/2012

La población civil se lleva la peor parte en la batalla por Alepo

La población civil cada vez sufre más la violencia en la encarnizada batalla que libran las fuerzas gubernamentales sirias y los combatientes de la oposición por el control de Alepo, la mayor ciudad del país y su capital comercial. Las fuerzas gubernamentales sirias recurren cada vez con más frecuencia al uso de aviones y artillería para bombardear zonas residenciales, y esto incrementa el peligro al que está expuesta la población civil que vive en estas zonas.

En las últimas semanas han muerto decenas de civiles ajenos al conflicto –muchos de ellos niños–, y muchos más han resultado heridos como consecuencia de los bombardeos aéreos y los ataques de artillería y mortero de las fuerzas gubernamentales contra zonas residenciales. En algunos casos, las víctimas han muerto precisamente en los lugares donde se habían refugiado al verse obligadas a huir de sus hogares a consecuencia de a los combates.

Durante una visita de investigación de 10 días a Alepo en la primera mitad de agosto, Amnistía Internacional investigó unos 30 ataques en los que habían muerto más de 80 civiles que no participaban directamente en las hostilidades y habían resultado heridos muchos más.� En la inmensa mayoría de los casos las muertes o heridas se habían producido en ataques perpetrados por las fuerzas gubernamentales en violación del derecho internacional humanitario. Algunos habían sido indiscriminados, otros parecían ataques directos contra personas civiles o bienes de carácter civil. En algunos casos no pudo establecerse el origen del ataque.

Cada día, la delegada de Amnistía Internacional fue testigo de una oleada de ataques aéreos y artilleros de las fuerzas gubernamentales sobre diferentes partes de la ciudad. A menudo los ataques no distinguían entre combatientes de la oposición y residentes civiles, y parecían dirigidos en general contra los barrios que están bajo el control de hecho de combatientes de oposición, o en los que éstos tienen sus bases o sus centros de operaciones, y no contra objetivos militares concretos. El uso de munición de poca precisión –bombas y misiles aéreos y bombas y morteros de artillería– y la evidente falta de interés por salvar vidas civiles tuvo como consecuencia un número cada vez mayor de víctimas civiles y parece reflejar un preocupante desprecio por las normas del derecho internacional humanitario y por la necesidad de proteger a la población civil.

La presencia de combatientes y objetivos militares en zonas urbanas densamente pobladas ha incrementado aún más el peligro de que la población civil sufra daños. En Alepo luchan decenas de grupos armados de oposición, compuestos por desertores del ejército sirio y voluntarios. Muchos actúan bajo el marco general del Ejército Sirio Libre, pero en realidad sólo tienen una vaga vinculación con él, y operan de forma prácticamente independiente del Ejército Sirio Libre y entre sí.�

Además de los homicidios de civiles consecuencia de ataques y combates armados en el contexto del conflicto, ha aumentado el número de homicidios de civiles detenidos y combatientes capturados. Cada pocos días aparecen cadáveres abandonados en las afueras de la ciudad, cerca de la sede de los servicios de inteligencia de la Fuerza Aérea. La mayoría son de hombres jóvenes, esposados y con señales de tortura. A Amnistía Internacional le preocupa que esté cobrando fuerza lo que parece una pauta de ejecuciones extrajudiciales y sumarias perpetradas por todas las partes en el conflicto.

ATAQUES AÉREOS

Los ataques aéreos diarios se han cebado sobre todo en barrios que están bajo el control de hecho de combatientes de la oposición. Las víctimas han sido sobre todo civiles que no participaban en los combates, en muchos casos niños. La muerte les sorprendió en sus viviendas o cuando se aventuraron a salir a la calle, a menudo para comprar comida.

Entre las víctimas de estos ataques figuran 10 miembros de la familia Kayali, siete de ellos niños, que murieron cuando sus casas, dos viviendas adyacentes de dos pisos situadas en el distrito de Sakhur, al nordeste de la ciudad, quedaron reducidas a escombros por las bombas la tarde del 6 de agosto. Ninguna de las personas que se encontraban en las casas en ese momento sobrevivió.

En una de las viviendas murieron Asma Kayali, de 25 años, sus dos hijas Kawthar y Fátima, de nueve y siete años, y su hijo Ahmad, de cuatro. También murió su cuñado, Mohammed 'Abdellatif Kayali, de 24 años, y el hijo de cuatro años de éste, también llamado Ahmad. El afligido marido de Asma, que se encontraba trabajando cuando su casa fue bombardeada, dijo a Amnistía Internacional:

“Cuando me fui a trabajar no pensé que sería la última vez que vería a mi familia. Perdí a mis seres más queridos: mis hijos, mi esposa, mi hermano, mis primos, todos.”

En la casa de al lado murió Safia Kayali, de 55 años, al igual que su hija Labiba, de 25, su hijo Mustapha, de 17, y su nieto Mohammed, de 12. El hermano de Safia, que vivía al lado, dijo a Amnistía Internacional:

"Eran aproximadamente las 2.15 de la tarde. Yo estaba en casa. De repente, hubo dos fuertes explosiones y todo tembló a mi alrededor. Corrí a abrir la puerta delantera de mi casa, pero un polvo espeso me impedía ver. Cuando comencé a ver a través del polvo, me di cuenta de que las casas de mis hijos y de mi hermana habían quedado reducidas a escombros. No había nadie, los vecinos habían huido. Fui a buscar a alguien que me ayudara a conseguir una excavadora para retirar los escombros y buscar a mis familiares, pero en el fondo sabía que era imposible que nadie hubiera sobrevivido: las casas estaban literalmente pulverizadas.”

En el mismo ataque resultó alcanzado un colegio donde se albergaban combatientes de la oposición, en una calle situada detrás de las casas de los Kayali. Al día siguiente, Amnistía Internacional vio una bomba sin explotar en el patio del colegio; se trataba de una bomba fragmentaria no guiada OFAB-100-120, de la era soviética, que los combatientes dijeron que había caído allí al mismo tiempo que las que habían alcanzado las casas de los Kayali. Al parecer era el mismo tipo de bomba. Las bombas no guiadas son imprecisas, y por tanto no aptas para ser utilizadas en zonas urbanas, donde es probable que causen víctimas civiles.

Aproximadamente media hora después de la misma tarde del 6 de agosto, en una zona distinta de la ciudad, el distrito de Bustan al Qasr, otro ataque aéreo mató e hirió a más civiles, de nuevo niños en su mayoría. En esta ocasión murieron siete miembros de la familia Qrea’a, que vivían en el último piso del edificio bombardeado, y varios más resultaron heridos, tres de ellos al menos de gravedad. ‘Abdellatif Qrea’a, técnico informático de 43 años, y su esposa Wahiba, de 37, murieron junto a su hija Bara’, de 10, y sus hijos Hatem, de 16, y Mahmud, de 17. Su hija Zahra, de 14 años, perdió un ojo y sufrió otras graves heridas. La prima de los niños, Taghreed, de ocho años, y su primo Yussef, de 18 meses, también murieron, y sus padres resultaron heridos.

Cuando Amnistía Internacional visitó el lugar, pocas horas después del ataque, familiares y vecinos seguían buscando frenéticamente a uno de los niños, cuyo cadáver fue encontrado tres días después en un edificio cercano, adonde había ido a parar despedido por la fuerza de la explosión. Un vecino que presenció el ataque dijo a Amnistía Internacional:

“Encontramos miembros seccionados de los cuerpos de las víctimas. La madre de los niños estaba seccionada por la mitad. El avión de combate se lanzó en picado dos veces y arrojó al menos dos misiles un poco más arriba de la calle, uno de los cuales alcanzó un edificio y mató a un niño. Luego volvió sobrepasando la casa, regresó y bombardeó el edificio, matando e hiriendo a todos esos miembros de la familia Qrea’a. Esa pobre gente estaba tranquilamente en sus casas, no tenía nada que ver con la guerra. ¿Cómo pueden [las fuerzas gubernamentales sirias] usar aviones de combate contra civiles inocentes? No tenemos forma de proteger a nuestras familias de tales bombardeos indiscriminados; nunca sabemos cuándo ni dónde va a caer el próximo misil. No estamos seguros ni en nuestras casas.”

Tres días después, un familiar cercano dijo a Amnistía Internacional que no había reunido todavía el valor necesario para decirle a Zahra que sus padres y todos sus hermanos habían muerto: “Sabe que sus dos primos han muerto y ha preguntado por su familia, pero no soy capaz de decírselo”.

La población civil que huyó de sus casas por los combates ha sido atacada en los lugares donde se había refugiado. La tarde del 5 de agosto murieron dos adolescentes, Dalia Hamdun, de 16 años, y su hermano de 17, y resultaron heridos cuatro familiares suyos cuando el colegio en el que se habían refugiado fue alcanzado por cohetes. Una persona que reside en el distrito de Sheikh Khodor, donde está situado el colegio, y que presenció el ataque, dijo a Amnistía Internacional: “El avión se lanzó en picado y dejó caer varios cohetes. Dos, posiblemente tres, alcanzaron el edificio del colegio, y otro cayó en una calle cercana. Pasaban pocos minutos de las 5 de la tarde”.

El hospital de Dar al Shifa, situado en el distrito oriental de Al Sha’ar, en manos de la oposición, que ha proporcionado tratamiento de urgencia a las víctimas de tales ataques, fue a su vez objetivo de dos ataques aéreos en el transcurso de tres días. Un médico del centro dijo a Amnistía Internacional que los ataques del 12 y el 14 de agosto mataron e hirieron a varios civiles cerca de la entrada del hospital y dañaron los pisos superiores de los edificios. Pocos días antes de los ataques, los médicos del centro hospitalario dijeron a Amnistía Internacional que intentaban evacuar a los pacientes inmediatamente después de proporcionarles el tratamiento de urgencia, en parte para mantener los escasos recursos disponibles para casos de urgencia y también por temor a que el hospital pudiera ser actacado. En el centro hospitalario reciben tratamiento civiles y combatientes. Cuando Amnistía Internacional lo visitó, días antes de los ataques, entre los pacientes había dos niños pequeños que padecían el trastorno hematológico denominado talasemia y necesitaban una transfusión de sangre. Los ataques contra el hospital se efectuaron con cohetes S5 de fabricación rusa, como indicaban los restos encontrados tras las operaciones. Aunque no destacan por su precisión, estos cohetes pueden ser dirigidos a un edificio concreto. El hecho de que hubiera dos ataques contra el hospital en el transcurso de tres días indica que fue un blanco deliberado, en flagrante violación de la norma del derecho internacional humanitario que prohíbe realizar ataques contra hospitales y personal médico.

ATAQUES CON ARTILLERÍA Y MORTEROS

Las fuerzas del gobierno sirio en Alepo y otras ciudades de todo el país han utilizado artillería y morteros para bombardear barrios civiles densamente poblados matando a decenas de civiles e hiriendo a muchos más. Son armas poco precisas y totalmente inadecuadas para su uso en combates urbanos. Su uso reiterado para bombardear zonas civiles equivale a ataques indiscriminados y viola el derecho internacional humanitario.

Cuatro miembros de la familia Hindi –una niña de meses, su abuela, su tía y su tío– murieron, y varios más resultaron heridos al impactar un proyectil de artillería contra su vivienda, situada en la zona de Qaterji del distrito de Tariq al Bab, al este del centro urbano, durante la noche del 7 al 8 de agosto, aproximadamente a la 1.40 de la madrugada. El proyectil explotó junto a la puerta delantera de la vivienda y varios fragmentos llegaron al patio y a algunas habitaciones que daban a él. En la casa, Amnistía Internacional encontró un fragmento del proyectil enredado una mosquitera que cubría la cama donde dormía Sana’, la bebé de meses, en una de las habitaciones que daban al patio. En la misma habitación, la cama que había ocupado su hermano Abdelsalam, de dos años, estaba llena de sangre. El niño se debatía entre la vida y la muerte en el hospital con múltiples heridas de metralla. La abuela de los niños, Nadima Sheikha, de 85 años, murió en el ataque, al igual que su hija de 55 años, Amina Hindi, y el esposo de ésta, Yussef Hamudeh, también de 55. La madre de los niños sufrió múltiples heridas de metralla en la cabeza y el cuerpo. El padre de los pequeños dijo a Amnistía Internacional:

“¿Adónde hemos llegado? ¿Por qué nos bombardean en nuestras propias casas? Mi hija pequeña ha muerto, mi hijo y mi esposa puede que no sobrevivan y han matado a mi madre, que estaba perfectamente bien de salud. ¿Por qué nos atacan así? Aquí no hay combatientes. Sólo personas normales que viven en el barrio. Mi hermana y su esposo habían huido de su casa porque en esa zona [Bab Neirab] había combates. Vinieron aquí buscando seguridad y encontraron la muerte.”

Según otros residentes, en el barrio no había combatientes de oposición, y cuando la delegada de Amnistía Internacional visitó la zona no encontró presencia visible de ellos. Tampoco se veían fuerzas gubernamentales, que parecían haberse retirado de éste y otros barrios situados en torno a las zonas bajo el control de la oposición. La situación era similar a la de otros barrios recientemente bombardeados, como aquellos en los que había habido muertos y heridos entre los civiles que hacían cola para comprar pan (véase infra).

Ataques similares en barrios donde había combatientes de oposición a menudo alcanzaban las viviendas de civiles, no los cuarteles generales ni las posiciones de los combatientes. En el distrito de Fardus, al sur de la ciudad, la noche del 9 de agosto el impacto de un proyectil de artillería contra la casa de la familia Suri mató a un niño de tres años, Fadi Suri, e hirió gravemente a otros tres. El hermano de Fadi, Salah, de seis años, perdió la mano izquierda, el primo de los niños, Sham al Din, de siete años, perdió varios dedos de los pies, y su hermana Laila, de 17 años, sufrió una lesión grave en la pierna, y puede que la pierda.

El 27 de julio, un ataque anterior contra el mercado del barrio había matado a unas 20 personas y herido a decenas más, la mayoría hombres jóvenes. Los vecinos del barrio que presenciaron la carnicería dijeron a Amnistía Internacional que la mayoría de las víctimas se habían producido en un segundo ataque llevado a cabo cuatro minutos después del primero, cuando al lugar habían acudido curiosos y personal de los equipos de rescate.

Los ataques con proyectiles de artillería y morteros dirigidos por las fuerzas gubernamentales contra zonas en las que hay una fuerte presencia de combatientes de oposición han causado con frecuencia muertes y heridas entre la población civil, tanto residentes como transeúntes. La noche del 6 de agosto, un muchacho de 17 años, Jamil Hares, y su vecino, Hamza Shaaban, perdieron la vida, y otros 12 hombres resultaron heridos –entre ellos el tío de Jamil, de 46 años, que perdió la mano– al explotar un proyectil cerca de ellos cuando se encontraban en la acera junto a sus casas en el distrito de Seif al Dawla. Uno de los heridos dijo a Amnistía Internacional:

“Estábamos en la calle esperando el Adan, porque en nuestra zona no hay electricidad y no se oye la llamada desde dentro de las casas.”

Otro hombre, que perdió el pie izquierdo en la explosión, dijo a Amnistía Internacional:

“Volvía a casa del trabajo, justo antes del Iftar.� De repente hubo un ataque de artillería y me dieron en la pierna.”

Los médicos que atendieron a este hombre de 50 años dijeron a Amnistía Internacional que la metralla había seccionado completamente su pie izquierdo.

Un taxista que rescató a algunos heridos dijo a Amnistía Internacional:

“Conducía hacia casa para tomar el Iftar con mi familia y cuando estaba llegando sentí un bombardeo de artillería cercano, así que detuve el vehículo para buscar refugio. Un proyectil de artillería cayó cerca, seguido de inmediato de otro que causó muertos y heridos. Había sangre y carne humana por todas partes. Llevé a uno de los heridos al hospital.”

Amnistía Internacional habló por separado con cuatro testigos, que dijeron que en los alrededores del lugar del ataque artillero que había matado y herido a estos civiles no había combates armados ni presencia de combatientes de oposición.

El distrito de Bustan al Qasr, en manos de la oposición, y sus alrededores han sido bombardeados reiteradamente en las últimas semanas. Entre los muchos proyectiles, uno de mortero que cayó en el cercano distrito de Al Kallasa mató a un muchacho de 15 años, Ahmad Hamwi, que se encontraba en su casa con su madre y sus hermanos aproximadamente en la media noche del 7 de agosto. En la vivienda, los familiares del chico enseñaron a Amnistía Internacional los restos del mortero, que había hecho explosión en el patio y parte de cuyos fragmentos habían entrado en la habitación en la que se encontraba Ahmad, que daba al patio. En el momento del ataque estaban en la casa familiares que habían huido de su vivienda en Bustan al Qasr por los ataques y se habían ido a refugiar allí.

En el cercano distrito de Masharqa, el apartamento de la familia Feddawi, situado en el tercer piso, fue alcanzado la noche del 10 de agosto, al parecer por un proyectil de artillería. El impacto mató a una niña de 12 años, Ra’ya Feddawi, y a su padre, Hussein Feddawi, e hirió a dos de sus hermanos, también menores. Un vecino que presenció el ataque dijo a Amnistía Internacional:

“El bombardeo fue justo antes del Iftar. Hussein salió despedido hasta la calle. Lo llevaron al hospital, pero murió horas después. Uno de los hijos murió en el acto, y otros dos resultaron heridos; creo que uno de ellos murió después. Siempre pasan proyectiles de artillería en dirección a Bustan al Qasr; tal vez uno de ellos impactó contra el edificio”.

ATAQUES EN LAS COLAS DEL PAN

La noche del 10 de agosto, un proyectil de artillería cayó en una calle a la altura de una panadería en el distrito de Tariq al Bab, matando e hiriendo a varios residentes que hacían cola para comprar pan. Actualmente hay escasez de pan en Alepo y la gente hace largas colas de día y de noche ante las panaderías. Aún podían verse charcos de sangre en la calle cerca de la panadería cuando Amnistía Internacional visitó la zona a la mañana siguiente. Médicos del cercano hospital de Dar al Shifa’, que también fue atacado dos días después, dijeron a Amnistía Internacional que habían recibido los cadáveres de 14 personas que habían muerto en el ataque –nueve hombres, una mujer y cuatro niños– y habían tratado a 24 personas que habían resultado heridas.

Entre los fallecidos se encontraba Yusef Derahshani, de 29 años. Uno de sus familiares dijo a Amnistía Internacional que había muerto en el acto por múltiples heridas de metralla en la cabeza. Un niño de 12 años herido leve en la cabeza dijo a Amnistía Internacional:

“Estaba en la cola del pan cuando explotó la bomba, pero no la vi. La gente caía, corría y gritaba. Se cayeron muchas personas. Me sangraba la cabeza y estaba muy asustado, pero ahora estoy bien.”

Otro residente dijo:

”Había un hombre con dos niños, no sé si eran sus hijos o sus sobrinos, tenían unos 12 y 7 años. Los tres murieron, pero yo no los conocía, no eran del barrio; deben de haber venido de otro barrio a comprar pan. En algunos barrios no hay pan.”

La noche siguiente, aproximadamente a las 3 de la madrugada, otro ataque cerca de una cola del pan en el distrito de Sheikh Sa’id mató e hirió a más civiles. Los residentes que ayudaron en las tareas de rescate dijeron a Amnistía Internacional que había al menos cinco personas muertas y varias heridas. Uno dijo que vio heridas terribles, como una pierna seccionada.

Entre las víctimas, una niña, Kifa’ Samra, de 13 años, y su hermano Zakarya, de 11. Su padre dijo a Amnistía Internacional:

“Los niños esperaban para comprar el pan para el Suhur. El cadáver de mi hija estaba junto al de una vecina del barrio. Ambas fueron alcanzadas en la cabeza y murieron en el acto, lo mismo que mi hijo. Era la primera vez que había un ataque en esta zona. Aquí nunca había pasado nada. No está el Ejército Sirio Libre, no hay combates. ¿Por qué esos ataques que matan a gente inocente?”

Una tercera víctima fue Basma Rustom, de menos de 40 años y madre de 11 hijos. Uno de sus vecinos dijo a Amnistía Internacional:

“Su esposo lleva año y medio detenido sin que se sepa nada de él. Ahora ella también ha muerto. ¿Qué va a ser de sus hijos? ¿Por qué ha sucedido esto? Ella sólo estaba esperando para comprar pan para alimentar a sus hijos.”

Los residentes de los distritos de Tariq al Bab y Sheikh Sa’id dicen que no sabían de la presencia ni las actividades de combatientes de oposición en los barrios. Cuando Amnistía Internacional visitó las zonas, el 11 y el 12 de agosto, no había presencia visible de combatientes de la oposición ni fuerzas del gobierno. Un residente describió así la situación:

“En esta zona no están presentes las fuerzas del Estado. No hay policía ni policía de tráfico, autoridades ni administración. No se recoge la basura y tampoco se prestan otros servicios. Ni siquiera hay ambulancias para evacuar a los enfermos. En la zona tampoco está el Ejército Sirio Libre, así que no esperábamos ningún ataque porque sabemos que normalmente las zonas que son bombardeadas son aquellas en las que está presente. Ahora también nos está bombardeando el Estado, que se supone que debe protegernos, y no entendemos por qué.”

Sigue matándose e hiriéndose a civiles en las colas del pan. Según los informes, a primera hora de la mañana del 16 de agosto decenas de personas murieron en el exterior de una panadería en el distrito oriental de Qadi ‘Askar. Ocho de ellas eran niños. Amnistía Internacional ya no estaba en el país y no pudo investigar la matanza, pero los residentes con los que la organización se puso en contacto por teléfono dijeron que se había tratado de un ataque aéreo. Aunque en la zona hay combatientes de oposición, el ataque no se dirigió contra ellos, según los testigos, sino contra una calle llena de vecinos que hacían cola para el pan.

�INCUMPLIMIENTO DEL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO (LEYES DE LA GUERRA)

La presencia de combatientes armados y la conducción de hostilidades en un entorno urbano conllevan mayor peligro para la población civil, que se encuentra atrapada entre dos fuegos y es víctima de desplazamiento forzado. Las fuerzas del gobierno y los combatientes de la oposición han actuado en zonas residenciales de Alepo y han lanzado ataques desde ellas, aumentando así el peligro al que está expuesta la población civil en esas zonas. Sin embargo, la presencia de combatientes en zonas residenciales no exonera a las partes contendientes de su obligación de tomar todas las precauciones posibles para minimizar el daño a la población civil. El derecho internacional humanitario, jurídicamente vinculante para todas las partes en un conflicto armado, tiene como objetivo minimizar los peligros para la población civil y reducir el sufrimiento humano. Esto exige que las partes contendientes tomen todas las medidas necesarias para evitar daños a la población civil y a los bienes de carácter civil.

Las partes contendientes tienen la obligación de tomar precauciones para proteger a la población civil y los bienes de carácter civil bajo su control de ataques del enemigo, obligación que incluye evitar, en la medida de lo posible, situar objetivos militares en zonas densamente pobladas o cerca de ellas. El derecho internacional humanitario prohíbe asimismo expresamente el uso de tácticas como utilizar “escudos humanos” para evitar ataques contra objetivos militares. Sin embargo, el hecho de que una de las partes no separe a sus combatientes de la población civil y los bienes de carácter civil no exonera a su oponente de su obligación en virtud del derecho internacional humanitario de dirigir sus ataques sólo contra combatientes y objetivos militares y tomar todas las precauciones necesarias en los ataques para proteger a la población civil y los bienes de carácter civil.

El uso de medios de combate que no permiten dirigir el ataque hacia un objetivo militar concreto puede tener como consecuencia ataques indiscriminados. El uso generalizado por parte de las fuerzas gubernamentales sirias de armas de batalla que tienen un amplio radio de impacto o un amplio margen de error, o que no pueden ser dirigidas hacia objetivos concretos –como proyectiles de artillería, morteros y bombas y cohetes no guiados de caída libre– en zonas residenciales con gran densidad de población ha producido gran número de víctimas entre la población civil. El uso constante de tales armas en zonas civiles, sabiendo plenamente que causan y continuarán causando muchas víctimas civiles (así como grandes daños a bienes de carácter civil) es una flagrante violación de la prohibición de realizar ataques indiscriminados, pues tales ataques son intrínsecamente indiscriminados.

Los combatientes de oposición, si bien en su gran mayoría luchan con armas ligeras de corto alcance, en ocasiones también han utilizado armas imprecisas o incluso intrínsecamente indiscriminadas (como morteros y cohetes de fabricación casera) que también suponen un peligro para la población civil.

Una regla fundamental del derecho internacional humanitario es que todas las partes en un conflicto –en este caso las fuerzas del gobierno sirio y los combatientes de oposición (miembros del Ejército Sirio Libre y otros grupos armados de oposición, independientemente de que estén afiliados o no al Ejército Sirio Libre)– deben distinguir en todo momento entre combatientes y población civil. Los ataques sólo podrán dirigirse contra combatientes. En caso de duda, se presumirá que las personas y los bienes son de carácter civil (y por tanto están a salvo de ataques).

Los ataques internacionales dirigidos contra civiles que no toman parte en las hostilidades, los ataques indiscriminados (que no distinguen entre objetivos de carácter civil y militar) y los ataques desproporcionados (cuando sea de prever que causen incidentalmente muertos y heridos entre la población civil que sean excesivos en relación con la ventaja militar concreta y directa prevista) están prohibidos y constituyen crímenes de guerra. Estas normas forman parte del principio fundamental de “distinción”, que se aplica en todas las ocasiones sin excepción. Los ataques contra hospitales o centros médicos están expresamente prohibidos.

ABUSOS CONTRA CIVILES DETENIDOS Y COMBATIENTES CAPTURADOS

La población civil de Alepo, donde las protestas contra el gobierno siguieron siendo no violentas hasta hace unas semanas, es desde hace tiempo objetivo de una brutal represión de las fuerzas gubernamentales. El reciente estallido de enfrentamientos armados entre las fuerzas del gobierno y los combatientes de oposición ha incrementado de forma drástica el peligro de abusos –incluidas ejecuciones extrajudiciales y sumarias– y otros ataques en venganza por parte de las fuerzas del gobierno y de la oposición.

El derecho internacional humanitario, en particular el artículo 3 común a los Convenios de Ginebra, prohíbe expresamente “los atentados contra la vida y la integridad corporal, especialmente el homicidio en todas sus formas, las mutilaciones, los tratos crueles, la tortura y los suplicios”, así como “los atentados contra la dignidad personal, especialmente los tratos humillantes y degradantes” contra personas detenidas, sean civiles o combatientes capturados.

Los homicidios deliberados de civiles detenidos y combatientes capturados son violaciones graves del derecho internacional humanitario y constituyen crímenes de guerra. Igualmente, la tortura y otros malos tratos nunca pueden estar justificados en ninguna circunstancia excepcional o de otro tipo. El hecho de que una de las partes en un conflicto haya cometido tales crímenes no es en absoluto excusa para que las otras partes cometan crímenes similares. Amnistía Internacional sigue investigando informes de abusos contra civiles detenidos y combatientes capturados.

EJECUCIONES EXTRAJUDICIALES SUMARIAS A MANOS DE LAS FUERZAS DEL GOBIERNO

A medida que el conflicto se extendía por la ciudad en las últimas semanas, las ejecuciones extrajudiciales y sumarias de civiles no implicados en el conflicto perpetradas por las fuerzas del gobierno han aumentado notablemente. En el distrito de Al Zahra y en sus alrededores, al noroeste de la ciudad, se han encontrado con frecuencia cadáveres. En la mayoría de los casos se trata de hombres jóvenes, normalmente esposados y con disparos en la cabeza. La zona, donde se encuentra la sede de los famosos servicios de inteligencia de la Fuerza Aérea, está totalmente controlada por las fuerzas del gobierno. Muchas de las víctimas eran conocidos o presuntos activistas implicados en protestas contra el gobierno o en redes solidarias que proporcionaban ayuda humanitaria y atención médica a víctimas de la represión gubernamental y personas desplazadas por el conflicto.�

Los familiares de las personas detenidas por agentes de los servicios de inteligencia de la Fuerza Aérea cuyos cadáveres han aparecido después abandonados en Al Zahra generalmente no han estado dispuestas a hablar por temor a que ellos u otros parientes pudieran correr la misma suerte. En vista de lo ocurrido a sus familiares y de que tales casos se han incrementado recientemente, sus temores parecen justificados.

Sin embargo, Amnistía Internacional ha conseguido información sobre algunos casos. Por ejemplo, el 10 de agosto, aproximadamente a las 10.30 o las 11 de la noche, un grupo de hombres irrumpió en el domicilio de la familia Rihawi en Al Zahra y detuvo a todos los hombres que se encontraban en la vivienda: Saad al Din Rihawi, maestro, y dos de sus hijos, Mahmud y Mazen, ambos estudiantes de 20 y 18 años respectivamente. Al día siguiente los cadáveres de los tres, junto con otros dos cuerpos carbonizados, fueron encontrados en el vehículo de la familia en los alrededores. Tenían las manos atadas a la espalda y un tiro en la cabeza. Amigos de los jóvenes dijeron a Amnistía Internacional que ambos habían participado activamente en el movimiento de protesta antigubernamental y más recientemente habían participado en la red de solidaridad y ayuda humanitaria, trabajando como voluntarios en escuelas que daban alojamiento a personas desplazadas por el conflicto. Un familiar dijo a Amnistía Internacional:

“Cuando los hombres irrumpieron en el apartamento, la familia supo que probablemente se trataba de agentes de los servicios de inteligencia de la Fuerza Aérea, ya que es la principal fuerza de seguridad que actúa en la zona. Mahmud estaba conectado a Internet. Como muchos jóvenes de su edad, había estado colgando comentarios antigubernamentales en Facebook y cosas así. Los hombres examinaron el ordenador portátil y se lo llevaron. Detuvieron a los dos muchachos y a su padre abajo y volvieron arriba para registrar el apartamento. Después se marcharon llevándose a los dos jóvenes y a su padre en el vehículo de la familia, que estaba aparcado abajo. Los vecinos nos dijeron que regresaron a eso de las tres de la mañana y volvieron a registrar el apartamento. Al día siguiente, un desconocido llamó por teléfono para decir que había encontrado los cadáveres de mis familiares [llevaban sus documentos de identidad] en el vehículo de la familia en Al Zahra, junto con dos cadáveres carbonizados sin identificar.”

Los cadáveres de Ali e Ibrahim Khalifa, su cuñado Maher al Aqra (los tres de menos de entre 25 y 30 años, casados y con hijos pequeños) y su primo Abd al Qader Khalal, de 16 años, fueron encontrados en su vehículo el 11 de agosto en el distrito de Al Zahra. No se sabía nada de ellos desde el 9 de agosto, cuando volvían a casa desde Hreitan, al norte de Alepo. Un familiar dijo a Amnistía Internacional:

“Se fueron a Hreitan el miércoles [8 de agosto] a visitar a la familia de Maher y conseguir pan, pues Maher decía que el pan era mucho más barato allí [...] El jueves por la mañana llamaron para decir que en Hreitan no había pan y que volvían a Alepo. Nunca regresaron y no tuvimos noticias de ellos hasta el sábado [11 de agosto] a las 2 de la tarde, cuando recibimos una llamada de un desconocido que nos dijo que se los habían llevado los servicios de inteligencia de la Fuerza Aérea. Dos horas después, recibimos otra llamada, también de un desconocido, que nos informó de que nuestro vehículo estaba en el barrio de Al Zahra con siete cadáveres en el interior y que había llamado a una ambulancia para que se llevaran los cuerpos al depósito de cadáveres del Hospital Universitario. El comunicante había encontrado en el vehículo la tarjeta de visita de mi familiar. En el hospital encontramos los cadáveres con las manos atadas a la espalda y un tiro en la frente. Tenían señales por todo el cuerpo, como si los hubieran azotado con cables o látigos, y dos de ellos tenían el ojo amoratado e hinchado.”

Otro caso es el de Ahmad Haka, tendero de 27 años y padre de dos hijos pequeños, que fue detenido por agentes de los servicios de inteligencia de la Fuerza Aérea la noche del 23 de julio en su pequeña tienda de comestibles en el distrito de Al Zahra. Uno de sus familiares dijo a Amnistía Internacional:

“Acababa de haber una pequeña manifestación contra el gobierno en el exterior de la mezquita local tras las oraciones de la noche. [Ahmad Haka] regresó a su tienda y estaba viendo la cadena de televisión Al Yazira cuando unos agentes de seguridad entraron en el comercio y lo abofetearon por ello. Se lo llevaron y al día siguiente su cadáver fue hallado con las manos atadas a la espalda junto con otros tres al lado de la glorieta de Maliya, en el distrito de Al Zahra. Reconocimos el cuerpo en el vídeo, pero no hemos podido encontrarlo. Nos han dicho que hay muchos cadáveres en el Hospital Universitario, pero el centro está muy controlado por las fuerzas del gobierno y nos tememos que cualquiera que vaya allí a preguntar por un cadáver se arriesgue a ser detenido.”

Un hombre que perdió a tres familiares ejecutados extrajudicialmente y a quien también hirieron y abandonaron tras darlo por muerto, dijo a Amnistía Internacional:

“A primera hora de la tarde iba con mis familiares en nuestra camioneta cuando nos dieron el alto cerca de la sede de los servicios de inteligencia de la Fuerza Aérea en el distrito de Al Zahra. Quienes nos pararon eran miembros de una milicia shabiha que trabajaba con los servicios de inteligencia de la Fuerza Aérea. Nos llevaron en el vehículo fuera de la ciudad y allí dejaron irse a las mujeres de nuestra familia que estaban con nosotros. A tres familiares y a mí nos ataron las manos a la espalda con esposas de plástico y nos hicieron arrodillarnos. Nuestros captores nos acribillaron a disparos con sus rifles kalashnikov y se fueron. Mataron a mis tres familiares. A mí me dieron por muerto, pero sobreviví. Me alcanzó una bala en la rodilla, otra en el brazo y una tercera en la espalda, que también cortó las esposas. Por los comentarios hechos por nuestros captores, creo que fue un acto de venganza, porque nuestra familia es de un pueblo que ha apoyado mucho a la oposición y donde unos días antes el Ejército Sirio Libre había matado a muchos soldados.” (Los nombres de las víctimas y otros detalles del caso se han omitido para proteger la seguridad del superviviente.)

Amnistía Internacional ha pedido reiteradamente al gobierno sirio que termine con tales prácticas, que constituyen crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra y deben ser remitidos a la Corte Penal Internacional (CPI).

HOMICIDIOS ILEGÍTIMOS A MANOS DE GRUPOS ARMADOS DE OPOSICIÓN

El 31 de julio de 2012, 14 miembros del clan Berri, al parecer integrantes de una conocida milicia shabiha armada por el Estado, fueron capturados, golpeados y posteriormente muertos a disparos por combatientes de la oposición pertenecientes a la Brigada Tawhid en el barrio de Bab al Nairab de Alepo. El homicidio sumario, tipo ejecución, fue filmado por combatientes de la Brigada, que también filmaron los interrogatorios y abusos sufridos por sus prisioneros en un centro “benéfico” propiedad del clan Berri , donde fueron capturados. Los hombres, entre los que estaba el jefe del clan, Ali Zein al-‘Abdeen Berri (conocido como Zayno Berri) presentaban evidentes señales de malos tratos que indicaban que habían sido golpeados tras su captura. En las redes sociales de Siria y de todo el mundo y en los medios de comunicación internacionales se publicaron fragmentos de vídeo del incidente, que suscitaron una condena generalizada, incluso de algunos portavoces del Ejército Sirio Libre. Fahad al Masri, responsable de Comunicación del Ejército Sirio Libre, condenó los homicidios en una entrevista televisada el 1 de agosto, y afirmó que el Ejército Sirio Libre había abierto una investigación sobre los hechos y que se obligaría a rendir cuentas a los responsables.

Este es el ejemplo más conocido y atroz de los abusos perpetrados por los combatientes de oposición en Alepo, aunque no el único. Mientras continúa el conflicto crece la preocupación por los abusos perpetrados por combatientes de oposición pertenecientes a una plétora de grupos armados de oposición que actúan en la ciudad.

Amnistía Internacional ha pedido a los líderes del Ejército Sirio Libre que tome medidas para poner fin de inmediato a tales abusos y garantizar que estos y otros homicidios de prisioneros son investigados de forma imparcial, independiente y exhaustiva y sus resultados se entregan a la Comisión de Investigación de la ONU sobre Siria (responsable de vigilar, documentar e informar sobre tales incidentes al Consejo de Derechos Humanos). Esto sería fundamental para un posible procesamiento cuando la situación de Siria se remita a la CPI.�

NOTAS FINALES

� La delegada de la organización visitó los lugares de los ataques, examinó restos de la munición utilizada y entrevistó a supervivientes, familiares de víctimas, testigos y personal médico que rescató y atendió a las víctimas.

� Incluidos grupos pertenecientes a la conocida Brigada Tawhid, cuyos vínculos con el Ejército Sirio Libre aún están por aclarar.

� La llamada a la oración, en este caso la oración que señala el final del ayuno durante el mes sagrado de Ramadán, en el que los musulmanes ayunan desde el amanecer hasta la puesta del sol.

� Comida que se toma tras la puesta de sol durante el mes sagrado de Ramadán y rompe el ayuno del día.

� Última comida de la noche antes de comenzar el ayuno al amanecer durante el mes sagrado de Ramadán.

� Uno de los casos más conocidos ocurrió a finales de junio de 2012, cuando tres jóvenes médicos, integrantes de una red que proporciona atención en hospitales de campo secretos a los manifestantes heridos por las fuerzas de seguridad, fueron detenidos por agentes de los servicios de inteligencia de la Fuerza Aérea. Una semana después, sus cadáveres aparecieron quemados, mutilados y con señales de tortura y heridas de bala en la cabeza. Véase: Syria: Detained medics tortured and killed amid Aleppo crackdown, del 26 de junio, en: � HYPERLINK "http://www.amnesty.org/en/news/syria-detained-medics-killed-brutal-bid-silence-dissent-2012-06-26" ��http://www.amnesty.org/en/news/syria-detained-medics-killed-brutal-bid-silence-dissent-2012-06-26�

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