Document - Kyrgyzstan: A year after the murder of Alisher Saipov - no closer to the truth
AMNISTÍA INTERNACIONAL
DECLARACIÓN PÚBLICA
24 de octubre de 2008
Índice AI: EUR 58/001/2008
Kirguistán: Un año después del asesinato de Alisher Saipov, la
verdad no está más cerca
Hace un año, el 24 de octubre
de 2007, Alisher Saipov, joven periodista independiente y director
de una publicación, fue asesinado en su ciudad natal de Osh en el
sur de Kirguistán, mientras andaba por una calle con un conocido.
Según los informes, le dispararon a bocajarro dos personas no
identificadas. El homicidio se atribuyó a sus actividades
profesionales, en concreto su crítico tratamiento periodístico de
la situación de los derechos humanos en Uzbekistán. Su muerte tuvo
un efecto paralizador sobre el derecho a la libertad de expresión
no sólo en Kirguistán, sino también en Uzbekistán y en toda Asia
Central.
Amnistía Internacional considera que la forma en que se ha manejado
hasta ahora la investigación penal sobre su muerte indica que hay
poca voluntad política de poner a disposición judicial a quienes
ordenaron y perpetraron el homicidio. Inmediatamente después de la
muerte de Alisher Saipov, las autoridades abrieron una
investigación sobre su asesinato, a la que dieron mucha publicidad,
pero a pesar de los recursos asignados a ella y de la importancia
que se le dio, al parecer la investigación logró pocos progresos y,
según los informes, se suspendió dos veces. La investigación volvió
a abrirse en la primavera de 2008. La familia de Alisher Saipov se
dirigió públicamente al presidente Kurmanbek Bakiev en junio de
2008 para instarle a que no olvidara su promesa de supervisar
personalmente la investigación y garantizar que los presuntos
perpetradores eran puestos sin demora a disposición judicial. Sin
embargo, cinco meses después, en el aniversario de la muerte de
Alisher Saipov, no sólo aún no se ha identificado a sus asesinos,
sino que no parece haber avances sustanciales en la investigación
para determinar quién ordenó el homicidio.
Amnistía Internacional insta a las autoridades de Kirguistán a que
se aseguren de que la investigación sigue teniendo carácter
prioritario y que se asignan recursos suficientes para llevarla a
cabo eficazmente y de forma minuciosa, independiente e imparcial,
que sus resultados son hechos públicos y que los presuntos
perpetradores del homicidio son puestos sin demora a disposición
judicial en actuaciones con arreglo a las normas internacionales.
Además, Amnistía Internacional pide a las autoridades de Kirguistán
que protejan a los periodistas y los defensores de los derechos
humanos investigando activamente todas las denuncias de ataques
contra ellos. Las personas responsables de tales crímenes,
incluidas las que ordenaron o planearon los ataques, deben ser
puestas sin demora a disposición judicial.
Alisher Saipov había cumplido 26 años en septiembre de 2007, unas
semanas antes de su muerte, estaba casado y tenía una hija de dos
meses. Ciudadano kirguís de origen uzbeko, Saipov dirigía un
periódico en lengua uzbeka, Siyosat (Política), que trataba
temas, entre ellos los derechos humanos, que afectaban a Kirguistán
y también al vecino Uzbekistán. Al parecer, Siyosat,
fundado por Saipov en la primavera de 2007, había conseguido
rápidamente una gran popularidad, especialmente en Uzbekistán,
donde es difícil conseguir información independiente. Alisher
Saipov trabajaba también como corresponsal para Voice of
America y colaboraba con otros sitios web independientes sobre
Asia Central, como uznews.net y Ferghana.ru. A menudo se ocupaba de
temas delicados, como las secuelas de los homicidios de mayo de
2005 en Andiyán, en el vecino Uzbekistán, el trato de los
refugiados uzbekos de Andiyán en Kirguistán, las actividades de los
servicios de seguridad uzbekos en territorio kirguís, la
cooperación antiterrorista entre las fuerzas de seguridad uzbekas y
kirguises, así como las actividades de grupos y partidos islámicos
prohibidos, como el Movimiento Islámico de Uzbekistán y
Hizb-ut-Tahrir. Según los informes, Saipov había recibido amenazas
anónimas y, en los meses anteriores a su muerte, algunos medios de
comunicación uzbekos habían llevado a cabo una campaña denunciando
sus actividades periodísticas por considerarlas ataques contra el
Estado uzbeko.
FIN/
Documento público
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