Document - Russian Federation (Chechnya): Amnesty International appeals to the OSCE
ÍNDICE AI: EUR 46/39/99/s Servicio de Noticias 216/99
17 de noviembre de 1999
Chechenia: Amnistía Internacional hace un llamamiento a la OSCE
Muchas personas murieron, incluidos muchos niños. La mayoría eran mujeres, niños y ancianos, porque ellos fueron sobre todo los que se quedaron en la ciudad. Los combatientes nunca sufren; las víctimas siempre son los civiles pacíficos. Ha muerto tanta gente, y hay tantos que se encuentran en mi situación; yo sólo soy una gota en medio del océano. Pero, incluso sin una pierna y una mano, yo sobreviví. Muchos no lo hicieron.
Relato de Leila Migieva sobre el bombardeo lanzado contra el mercado de Grozni el 21 de octubre de 1999.
En vísperas de la cumbre de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) que se celebrará en Turquía, Amnistía Internacional hace un llamamiento a los Estados que participan en ella para que aborden con seriedad el empeoramiento de la situación humanitaria y de derechos humanos de Chechenia. La OSCE debe usar su influencia para instar a las autoridades rusas a cumplir sus obligaciones humanitarias y de derechos humanos, incluidas las obligaciones de proporcionar protección y una vía segura a las personas que huyen del conflicto y permitir un acceso sin trabas a la ayuda humanitaria.
Un representante de Amnistía Internacional acaba de regresar de la frontera entre Chechenia e Ingushetia con testimonios de personas que huyen del conflicto (véase infra). Estos testimonios indican de forma enérgica que entre las operaciones militares rusas ha habido ataques directos contra civiles, y que a miles de personas que intentaban huir de Chechenia se les ha impedido cruzar fronteras nacionales e internacionales.
Siguen recibiéndose informes diarios sobre ataques directos contra objetivos civiles y población civil y ataques indiscriminados contra barrios residenciales de las ciudades y los pueblos de Chechenia. Los civiles que han cruzado la frontera entre Chechenia e Ingushetia a lo largo de la semana pasada han hablado de constantes bombardeos y ataques aéreos en muchas zonas, como Bamut, Grozni, Urus Martan y Achkhoy Martan.
Aunque la frontera entre Ingushetia y Chechenia se reabrió oficialmente el 1 de noviembre, el acceso a Ingushetia sigue siendo arbitrario. Las autoridades rusas no permiten que los representantes de los medios de comunicación o los observadores independientes entren en Chechenia, alegando que no es seguro.
Por lo general, a los vehículos que transportan a gente de Chechenia no se les permite cruzar la frontera a menos que los pasajeros estén heridos de gravedad; los que huyen se ven obligados a caminar varios kilómetros para cruzar la frontera y entrar en Ingushetia, dejando tras de ellos sus automóviles. Muchos han dicho a Amnistía Internacional que en algunos pasos fronterizos los obligaron a entregar dinero a cambio de permitirles abandonar Chechenia.
Actualmente hay en Ingushetia unos 190.000 desplazados internos, muchos de los cuales se alojan en campos sin agua suficiente y sin cobijo, alimento ni calefacción; esas penosas condiciones están causando que muchos de ellos caigan enfermos.
Amnistía Internacional insta a la OSCE a que respalde la petición para que se lleve a cabo una investigación internacional sobre las infracciones del derecho humanitario internacional y de las leyes internacionales de derechos humanos, con el fin de establecer la verdad e identificar a los responsables.
Amnistía Internacional ha declarado: «El mundo no puede permanecer tranquilamente cruzado de brazos mientras Rusia sigue lanzando ataques directos contra civiles. La OSCE debe utilizar su poder colectivo para instar a Rusia a poner fin a la matanza».
******************************************************************************
Si desean más información, pónganse en contacto con la investigadora de Amnistía Internacional sobre Rusia, Mariana Katzarova, en Finlandia, en el teléfono móvil +358 50 36 76 311; también pueden contactar con la oficina de prensa de Amnistía Internacional en Londres, en el número +44 171 413 5566.
Testimonios desde la frontera entre Chechenia e Ingushetia
Los testimonios que incluimos a continuación fueron recogidos la semana pasada por un representante de Amnistía Internacional en la frontera entre Chechenia e Ingushetia
Ataques a civiles
El 14 de noviembre, la familia de Yakha Arsamikova, en la que había 14 niños, cruzó la frontera para escapar de los constantes bombardeos contra su pueblo, Alkhan Yurt, en el distrito de Urus Martan. Según recuerda esta mujer, el 12 de noviembre:
«Era imposible salir del sótano. Los aviones bombardeaban el pueblo durante la noche. También lanzaban cohetes. Veíamos caer los cohetes y las bombas. Los que morían eran ancianos y mujeres, no combatientes. Nuestros vecinos, la familia Umarkhajiev —Zara, Doku y Raisa, civiles pacíficos— murieron cuando una bomba cayó sobre su casa en la calle Lenin. Otro vecino, Sultan Abdulhajiev, murió también en ese mismo ataque.»
Lecha Mogamedovich Visaitov contó a Amnistía Internacional cómo, el 3 de noviembre, cuatro granadas de fragmentación cayeron en el centro del pueblo de Achkoy Martan mientras se celebraba el funeral por el alma de su primo; el propio Lecha resultó herido en la pierna, el pie y el brazo derecho.
Tousari Esmurzayeva, de Grozni, dijo a Amnistía Internacional que, el 29 de octubre, se dirigía de vuelta a Grozni cuando vio a varias personas quemándose en el interior de unos autobuses en la carretera que va hacia la frontera, a la altura de la localidad de Shamiyurt. Esta mujer presenció cómo se enterraban ocho cadáveres sacados de los autobuses.
Amnistía Internacional entrevistó a varios testigos que confirmaron que, durante los ataques de artillería del 27 de octubre, que según las fuerzas federales rusas tenían como objetivo destruir las casas de Shamil Basayev, Alla Dudayeva y Movladi Udugov en Grozni, los proyectiles alcanzaron varios edificios residenciales de la zona, así como el Hospital núm. 4 y una estación de autobuses, y causaron víctimas civiles. Según los informes, estos ataques se saldaron con más de cien víctimas.
El 29 de octubre, un ataque aéreo lanzado por las fuerzas rusas contra el pueblo de Shami-Yurt, distrito de Ashkhoy Martan, alcanzó a un convoy humanitario en el que, según los informes, había vehículos claramente identificados con el emblema de la Cruz Roja. Al menos 25 personas, incluidos dos miembros de la Cruz Roja, murieron, y hasta 70 resultaron heridas.
Ese mismo día, Ramzan Mezhidov, de 32 años, cámara independiente que estaba trabajando para la cadena de televisión TV Tsentr, resultó también muerto cuando el convoy de automóviles en el que viajaba fue atacado por un avión ruso.
Dos hombres resultaron heridos cuando una bomba racimo explotó el 23 de octubre en el pueblo de Novy Sharoy, distrito de Achkhoy Martan. Unos 17 niños de entre 10 y 13 años sufrieron heridas, y siete personas murieron al instante. A Ali Gunashev, de 32 años, tuvieron que amputarle las dos piernas, mientras que el otro hombre, «Mohamed», sufrió fractura de cráneo y una lesión cerebral; también a él tuvieron que amputarle las piernas.
Amnistía Internacional ha reunido también testimonios sobre otro ataque que tuvo lugar la noche del 18 de octubre en el pueblo de Gekhi, distrito de Urus Martan, en el que un cohete tierra-tierra destruyó diez casas. Entre los heridos se encontraba una niña de ocho años, Aset Sharipova, que perdió parte de un pie.
La madre de Aset Sharipova presenció la muerte de ocho personas que habían resultado heridas en un ataque lanzado más tarde contra el hospital de Urus Martan. Esas ocho personas fueron llevadas al hospital donde su hija estaba siendo intervenida quirúrgicamente.
«Ibragim» (éste no es su nombre real), de 20 años y procedente del distrito de Naurskiy, contó a Amnistía Internacional que, el 9 de octubre, fue interceptado por un grupo de unos 15 o 20 soldados rusos en un campo a las afueras de su pueblo, a donde había ido para atender a sus animales. Los soldados lo amordazaron y le ataron las piernas y las manos con su propio cinturón. Según su relato, uno de los soldados le cortó la garganta con un cuchillo, y después todos ellos se marcharon. Cuando Amnistía Internacional lo entrevistó en el hospital, este joven pidió que se le mantuviera en el anonimato, pues temía sufrir represalias. «Ibragim» también declaró que dos jóvenes de un pueblo vecino habían sido detenidos por tropas rusas que sólo accedieron a liberarlos a cambio de comida.
Campos de filtración
Amnistía Internacional ha sabido por muchas fuentes distintas de la existencia de unos centros de detención conocidos como «campos de filtración». La organización documentó numerosos casos de torturas y malos tratos en estos campos durante el conflicto de 1994 a 1996.
Fuentes diversas han comunicado a Amnistía Internacional que las fuerzas rusas están filtrando tanto a hombres como a mujeres en el paso fronterizo de Kavkaz-1. A principios de noviembre se vio a 17 hombres en un centro de detención en esa zona. En ese mismo centro permanecían también siete mujeres, una de ellas en estado de gestación, acusadas de ser familiares de combatientes.
Uno de los hombres con los que habló la organización afirmaba que, el 10 de noviembre, vio a varios hombres con hematomas y contusiones visibles en un centro de detención situado en una casa controlada por agentes de los servicios de seguridad federales.
Otro hombre afirmó que, en la ciudad de Mozdok, mientras él se encontraba en la base militar de las Tropas Internas, vio llegar a un grupo de unos 22 o 23 jóvenes esposados.
Amnistía Internacional escuchó además testimonios que decían que, durante la filtración en el paso fronterizo de Kavkaz-1, las tropas rusas detenían a los hombres que tenían ampollas en las manos porque sospechaban que habían estado cavando trincheras para los combatientes chechenos. Asimismo, numerosos testimonios afirman que los soldados rusos estaban utilizando una lista con los nombres de las personas que lucharon en el lado checheno durante el conflicto anterior para detener a posibles combatientes en el conflicto actual.