Document - Pakistan: US involvement in civilian deaths

AMNISTÍA INTERNACIONAL


Declaración pública


Índice AI: ASA 33/002/2006 (Público)

Servicio de Noticias: 27/06

31 de enero de 2006

http://web.amnesty.org/library/Index/ESLASA330022006



Pakistán: Estados Unidos, implicado en muertes de civiles



Amnistía Internacional ha escrito hoy, 31 de enero, al presidente estadounidense George Bush para expresarle su preocupación porque entre 13 y 18 personas murieron el 13 de enero de 2006, cuando se dispararon misiles contra tres casas de Damadola, en la agencia de Bajaur, una zona tribal bajo administración federal. Los informes indican que se dispararon misiles Hellfire desde un avión teledirigido no tripulado Predator, manejado probablemente por la CIA. Parece ser que su objetivo era Ayman al-Zawahiri, destacado miembro de Al Qaeda, quien, según los informes, no se encontraba entre los fallecidos. En su carta, Amnistía Internacional manifiesta su preocupación porque la serie de homicidios cometidos con misiles parece reflejar una política estadounidense consistente en aprobar las ejecuciones extrajudiciales. La organización de derechos humanos reitera al presidente de Estados Unidos que las ejecuciones extrajudiciales están terminantemente prohibidas por el derecho internacional en materia de derechos humanos. Toda persona acusada de un delito, por grave que sea, tiene derecho a la presunción de inocencia hasta que se establezca su culpabilidad, y a que su inocencia o culpabilidad sean establecidas en un tribunal de justicia ordinario mediante un procedimiento justo.


El hecho de que Pakistán y Estados Unidos colaboren estrechamente en cuestiones de seguridad, y que Estados Unidos creyera conocer la ubicación de sospechosos, sugiere que podría haber sido posible intentar detener a esos sospechosos para llevarlos a juicio. El hecho de que no se intentara realizar esas detenciones señala una política de eliminación de sospechosos y un desprecio deliberado del deber de procesarlos en un procedimiento justo. Además, el hecho de que se estuviera llevando a cabo vigilancia aérea, presenciada por los habitantes de la zona, durante varios días antes del ataque indica que quienes lo ordenaron basándose en la información así obtenida eran conscientes, con toda probabilidad, de la presencia en la zona del ataque de mujeres y menores y de otras personas sin relación alguna con la violencia política.


Los informes sobre la identidad de las víctimas siguen siendo confusos. Aunque el gobierno de Pakistán ha lamentado la muerte de "18 habitantes inocentes de la zona", el jefe de la administración de Bajaur declaró que habían muerto hasta cinco activistas armados extranjeros, y que sus cuerpos habían sido retirados por sus compañeros. Más tarde, medios de comunicación paquistaníes citaron a fuentes de las fuerzas de seguridad que decían que entre los muertos se encontraban Abdur Rehman al-Maghribi –marroquí y yerno de Al-Zawahiri–, Midhat Mursi al-Sayid 'Umar –egipcio experto en explosivos– y Abu Obaidah al-Masri –jefe de operaciones de Al Qaeda en la provincia afgana de Kunar–. Puesto que no se mostraron más cadáveres que los de las víctimas civiles, no está claro en qué se basó esa identificación. Los periodistas paquistaníes que entrevistaron a los habitantes de la zona dijeron que las víctimas eran todas civiles, y que entre ellas había cinco mujeres, cinco menores y ocho hombres, y dijeron también que los informes sobre activistas violentos muertos en el ataque pretendían justificar un ataque basado en información errónea. Haroon ur-Rashid, miembro de la Asamblea Nacional de Bajaur, que se encontraba en la zona en el momento del ataque, dijo que conocía personalmente a todas las víctimas, y negó categóricamente que se hubieran retirado los cadáveres de activistas violentos. El 22 de enero, el primer ministro Shaukat Aziz declaró que no había "pruebas materiales tangibles" de que en el ataque hubieran muerto activistas violentos.


El suceso del 13 de enero tuvo lugar tan sólo unos días después de que, según los informes, unos misiles disparados desde un helicóptero contra la casa de un clérigo local en Miranshah, Waziristán Norte, mataran a ocho personas, entre ellas dos mujeres y dos menores, e hirieran a nueve miembros de la familia. Se creía que el helicóptero había volado desde Afganistán la noche del 7 de enero. Los medios de comunicación paquistaníes dijeron que los soldados estadounidenses a bordo del helicóptero se habían llevado al menos a dos miembros de la familia, cuyo paradero se desconoce. Los habitantes de la zona declararon haber visto un avión teledirigido estadounidense sobrevolando el área durante al menos tres días antes del incidente.


En el pasado, las autoridades paquistaníes han negado sistemáticamente toda participación directa de personal estadounidense en las operaciones de la "guerra contra el terror" emprendidas por Pakistán, o que aviones estadounidenses hayan atacado a personas en el interior de Pakistán, y han prohibido a personal estadounidense estacionado en Afganistán que persiga a personas en territorio paquistaní. El primer ministro Shaukat Aziz declaró categóricamente que las autoridades estadounidenses no habían informado al gobierno de Pakistán del ataque previsto para el 13 de enero.


Los habitantes de las zonas tribales han expresado sus dudas respecto a que las fuerzas estadounidenses pudieran haber lanzado el ataque sin el conocimiento y el acuerdo de los servicios secretos paquistaníes. Esta sospecha se ha expresado también en medios de comunicación paquistaníes y estadounidenses. Por ejemplo, el Washington Post dijo el 14 de enero que "esto no podría haber sucedido sin la participación de Pakistán". El 18 de enero, este mismo periódico dijo que una fuente oficial de Pakistán había admitido que agentes secretos paquistaníes conocían de antemano el ataque, y que una fuente militar estadounidense en Afganistán había confirmado la cooperación entre Estados Unidos y Pakistán en operaciones contra el terrorismo, incluido el ataque del 13 de enero. Algunos habitantes de la zona, incluido su representante parlamentario, Haroon ur-Rashid, han señalado también respecto a este último incidente que aviones teledirigidos estadounidenses estuvieron rondando el área durante al menos tres días antes del ataque con misiles. Ya se habían hecho observaciones similares respecto a algunos de los ataques anteriores. Se supone que esas incursiones en el espacio aéreo paquistaní debieron ser observadas por las fuerzas de Pakistán, que deberían haberse visto obligadas a determinar y aprobar esta misión o pedir a sus autores que la detuvieran. Las autoridades paquistaníes han negado haber tenido conocimiento previo de los ataques.


Estas negativas se ven debilitadas por las repetidas afirmaciones de las autoridades sobre el intercambio regular de información secreta entre los dos países, y por los informes de observadores locales que indican una presencia estadounidense sobre el terreno, incluso en las áreas tribales de Pakistán. Los informes procedentes de la zona señalan también la presencia de agentes secretos estadounidenses durante algunas operaciones contra sospechosos de terrorismo.


La prohibición, establecida por el gobierno y el ejército, de realizar investigaciones periodísticas en estas zonas (véase infra), y la ausencia de protestas públicas por parte del gobierno de Pakistán en torno a los ataques estadounidenses anteriores dentro de su territorio, dejan sin responder importantes cuestiones sobre el conocimiento previo por parte del gobierno de Pakistán del ataque del 13 de enero, y sobre su aquiescencia o su posible complicidad en él.


Las autoridades paquistaníes no protestaron públicamente cuando misiles estadounidenses mataron a las siguientes personas:

  • el 17 de junio de 2004, Nek Muhammad, presunto simpatizante de Al Qaeda, tres de sus socios tribales más cercanos y dos muchachos de la localidad murieron en el poblado de Dhok, en Waziristán Sur;

  • el 7 de mayo de 2005, Haitham al-Yemeni, ciudadano libio y presunto experto en explosivos de Al Qaeda, y un paquistaní, Samiullah Khan, murieron en Toorikhel, en el área de Mirali, Waziristán Norte;

  • el 5 de noviembre de 2005, la esposa y la hija de Abu Hamza Rabia, ciudadano egipcio presunto miembro de Al Qaeda, murieron, junto con otras seis personas, en una casa en Waziristán Norte;

  • el 1 de diciembre de 2005, Abu Hamza Rabia, presunto miembro de Al Qaeda, sus dos guardaespaldas sirios y dos menores de la localidad murieron en el poblado de Haisori, cerca de Mirali Bazaar, Waziristán Norte.


Periodistas

Amnistía Internacional siente asimismo preocupación porque los periodistas que tratan de investigar estos ataques están sufriendo un acoso cada vez mayor o están siendo detenidos por sus actividades periodísticas legítimas en la región. Resulta especialmente preocupante la posible "desaparición" de periodistas que informaban sobre el homicidio de Abu Hamza Rabia. Las restricciones impuestas a los periodistas en las áreas tribales y la falta de protección a los profesionales del periodismo que trabajan en esas zonas han dificultado enormemente la observación de las violaciones de derechos humanos y el apoyo a las víctimas en su búsqueda de justicia y reparación.


Dos periodistas, Haroon Rashid, del servicio en lengua urdu del BBC World Service, e Iqbal Khattak, del periódico con sede en Peshawar Daily Times, fueron detenidos durante dos horas el 14 de enero de 2006 cuando estaban a punto de enviar sus artículos desde Khar, la ciudad principal de la agencia de Bajaur. Antes de su detención habían visitado casas destruidas por los misiles y habían informado sobre una manifestación en Khar contra los ataques de Estados Unidos. Los dos fueron llevados a la administración local de la agencia de Bajaur, donde les ordenaron que entregaran sus materiales. El administrador político de la zona les dijo que los medios de comunicación estaban explotando la situación local y estaban trabajando contra los intereses nacionales. Ambos quedaron en libertad al atardecer. Ese mismo día, las autoridades confiscaron las grabaciones de un cámara que trabajaba para la agencia televisiva de noticias estadounidense APTN, después de que filmó las casas destruidas. Cuando el corresponsal de la BBC Haroon Rashid quiso regresar a la zona el 16 de enero para continuar con su trabajo, su equipo fue interceptado en el punto de entrada a la agencia de Bajaur. El personal del control les dijo que tenían órdenes claras de no permitir la entrada de ningún periodista a la zona. Al ponerse en contacto con el ministro federal de Información el 17 de enero, a un periodista le dijeron que "hable con el ejército" sobre el acceso a la región.


Amnistía Internacional sigue sintiendo preocupación por la suerte y el paradero del periodista Hayatullah Khan, del diario The Nation y del diario en lengua urdu Ausaf, secuestrado el 4 de diciembre de 2005 cerca de Mirali, en Waziristán Norte. Hayatulla Khan había expresado su temor a ser detenido por los servicios secretos tras haber fotografiado trozos de metralla con marcas estadounidenses que los habitantes de la zona decían haber encontrado entre los escombros de una casa en la que se creía que se había dado muerte a Abu Hamza Rabia el 1 de diciembre. Estas pruebas fotográficas contradecían la versión oficial dada por las autoridades paquistaníes, que afirmaban que la casa había saltado por los aires al estallar accidentalmente unos explosivos. Los periodistas locales creen que la versión oficial de que Hayatullah Khan fue secuestrado por talibanes locales no es correcta, y que las fuerzas de seguridad pueden estar reteniéndolo.