Document - Maldives: Protests in paradise: Repression in the Maldives (Web feature)

Protestas en el Paraíso: Represión en Maldivas


Fecha: 10/11/2006

Índice: ASA 29/009/2006

http://web.amnesty.org/library/Index/ESLASA290092006



Maldivas es un popular destino de vacaciones, pero también un país con libertad política limitada en el que las personas que son detenidas son golpeadas, recluidas durante largos periodos sin juicio y condenadas en juicios sin garantías. En las últimas semanas, el gobierno de Maldivas ha ido contra periodistas y miembros del Partido Democrático Maldivo, en la oposición, para intentar detener una manifestación prevista para el viernes 10 de noviembre pidiendo reformas constitucionales.


Las autoridades han afirmado que estas acciones suponen una amenaza para el gobierno. En vista de las medidas represivas tomadas contra los que planeaban las manifestaciones del 10 de noviembre, la oposición las ha desconvocado. No es la primera vez que el gobierno hace blanco de sus ataques a los manifestantes. En septiembre de 2003, la gente tomó la calle tras el homicidio de al menos tres presos a manos de agentes del Servicio de Seguridad Nacional, cuerpo bajo las órdenes del presidente. La periodista gráfica maldiva Jennifer Latheef fue uno de los manifestantes.


Los sucesos del 20 de septiembre de 2003 cambiaron para siempre la vida de la periodista gráfica maldiva Jennifer Latheef, e hicieron historia política en Maldivas. Así lo cuenta ella:


Eran aproximadamente las dos de la tarde cuando oí las noticias. Evan Naseem, recluso de la cárcel de Maafushi, situada en un atolón a unos 30 kilómetros al sur de la capital, Malé, había muerto en prisión la noche anterior, víctima de una brutal paliza de los guardias de seguridad. Decidí unirme a los grupos que ya se concentraban en gran número en el cementerio de Malé para su funeral.


Cuando llegué, el lugar estaba atestado. Era como si la gente quisiera ser testigo, ver por sí misma el tipo de cosas que pueden suceder bajo un régimen brutal. La tortura es algo común en las cárceles maldivas, yo tengo muchos amigos y familiares que la han sufrido. Mi bisabuelo y mi abuelo paternos fueron torturados hasta la muerte en la cárcel bajo el anterior régimen. Por eso me cuesta tanto describir lo que sentí cuando vi el cuerpo sin vida de Evan Naseem. La forma más sencilla de resumirlo es decir que desde ese momento se convirtió en uno de mis familiares.


Luego llegaron más noticias terribles. Agentes de seguridad de la cárcel de Maafushi, tratando de sofocar un motín tras la muerte de Evan, habían disparado contra los presos, matando a tres de ellos. Entonces fue cuando la frustración y el horror colectivos crecieron lentamente hasta que toda una comunidad levantó su voz para protestar contra la brutalidad. La gente tomó las calles, muchos cometieron actos vandálicos e incendiaron propiedades públicas. Las comisarías y los vehículos policiales se llevaron la peor parte de la ira.


Mi reacción natural a cualquier tipo de altercado (en situaciones familiares o de amigos, quiero decir) ha sido siempre tratar de calmar las cosas. Incluso antes de iniciarse los desórdenes, había intentado hablar con el pelotón de policía, compuesto por unos 20 o 25 agentes que se habían agrupado cerca del hospital donde se creía que habían trasladado a víctimas de heridas de bala. Toda la zona estaba abarrotada de civiles. Ya había habido incidentes aislados de ataques contra la policía, incluso contra policías no uniformados. Me pareció que estaban agravando la situación al estar ahí y que ellos también estaban en peligro.


Cuando comenzaron a arrojar piedras contra el pelotón, me dirigí a casa, no por mucho tiempo. Era muy frustrante no saber lo que pasaba y no podía comunicar con nadie por teléfono porque la red estaba oportunamente caída. Así que anduve de nuevo hacia el hospital, un poco más allá de una comisaría que estaba siendo destrozada, junto con los vehículos policiales que se encontraban fuera. Al final, conseguir llegar a casa de una amiga que accedió a ir a reunirse conmigo más tarde en el hospital, trayendo consigo más amigos y una pequeña y discreta cámara que podría utilizar para documentar lo que pasaba. Al volver, pasé junto por otra comisaría que estaban destrozando sistemáticamente. Todo lo que había dentro del edificio lo habían tirado a la calle e incendiado.


Esa noche, mis amigos y mi cuñada oímos que llevaban otro cadáver al cementerio en ambulancia. En la calle principal, Majeedhee Magu, ya había una gran procesión que seguía al vehículo. Conseguí avanzar a través de la multitud hasta acercarme a la ambulancia, que se movía muy lentamente, y encontré dentro a mi amiga Zaid, presa del llanto y de la angustia porque el cadáver era el de su hermano, Ameen, que tenía una bala en la nuca.


Sacamos a Zaid de la ambulancia y regresamos a casa. Dentro, Zaid lloraba y nosotros sólo la abrazábamos. Luego, tres de nosotros la llevamos al cementerio, donde estuvimos algún tiempo. A continuación se anunció el toque de queda y tuvimos que retirarnos.


Decidimos ir a casa de mi amiga Amani y permanecer juntos. Allí, vimos la BBC y consultamos constantemente internet. También tratamos de decir lo que había pasado a todas las personas que pudimos de fuera del país. A las seis de la mañana, cuando acabó el toque de queda, Marnie y yo nos llevamos a Zaid al cementerio y fuimos a casa a dormir.


Cuando desperté, la gente ya estaba diciendo que la policía me había detenido. Habían llamado a mi familia y mis amigos para decirles que habían visto cómo se me llevaban. Pero en realidad no me detuvieron hasta el día siguiente, 22 de septiembre, a las 12:30 de la tarde. Y aún no sabía que ese terrible día había sido sólo el principio [...]


Jennifer Latheef, periodista gráfica maldiva de 33 años, trabaja para el diario Minivan News. Fue condenada a 10 años de cárcel el 18 de octubre de 2005 por "terrorismo" por haber tomado parte en la protesta que se cuenta arriba. Antes de la condena había sido aprehendida y detenida varias veces por su trabajo como activista de derechos humanos y miembro de la oposición, y también puesta bajo arresto domiciliario. El principal motivo de su detención fue expresar abiertamente sus críticas contra el gobierno del presidente Maumoon Abdul Gayoom.


Además, se cree que su detención fue una medida del gobierno para limitar las actividades de su padre, Mohamed Latheef, político maldivo que vive en el exilio en Sri Lanka, donde ha participado en una campaña de oposición política pacífica al gobierno de Maldivas.


Jennifer Latheef quedó por fin en libertad en agosto de 2006, habiendo sido puesta otra vez bajo arresto domiciliario en diciembre de 2005. Amnistía Internacional adoptó su caso en noviembre de 2003. Para más información, consulten The Republic of Maldives: Prisoners of conscience should be released (http://web.amnesty.org/library/Index/ENGASA290052003)



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