Document - Afghanistan: Refugees from Afghanistan: The world's largest single refugee group

Noviembre de 1999

Índice AI: ASA 11/16/99/s

Dist: SC/CO/PÚBLICO



REFUGIADOS DE AFGANISTÁN:




















El grupo de refugiados más grande del mundo








Amnistía Internacional, Secretariado Internacional,

1 Easton Street, Londres WC1X ODW, Reino Unido


Afganistán: Legado del sufrimiento humano

en una guerra olvidada


Para conmemorar el 20º aniversario de la invasión soviética de Afganistán y los subsiguientes veinte años de guerra, Amnistía Internacional ha publicado seis informes que tratan sobre una serie de temas de derechos humanos en el país. La organización ha instado a las facciones contendientes a poner fin a los abusos perpetrados contra la población civil, y ha pedido a la comunidad internacional que ayude a poner fin a esta catástrofe de derechos humanos.


Aunque en el transcurso de la guerra casi todos los afganos han sufrido abusos contra los derechos humanos o los han presenciado, estos abusos parecen haberse convertido gradualmente en ataques sistemáticos contra grupos a causa de su identidad: mujeres, niños, defensores de los derechos humanos, miembros de grupos minoritarios o refugiados.


Las mujeres —al igual que los niños y los varones no combatientes— han sufrido toda una serie de abusos a manos de las facciones contendientes. Además, se han convertido en objeto de abusos específicos a causa de su sexo. Muchos niños se han visto privados de sus derechos más fundamentales —salud, educación y vida en familia— y, con demasiada frecuencia, han sido blanco de ataques. La guerra, la represión y el abandono han destrozado la sociedad civil, y han privado a los afganos de una actividad política pacífica y unos objetivos intelectuales, los elementos que forman la auténtica base de la vida civil e institucional. Las tensiones por motivos étnicos parecen haberse agudizado en los últimos años, y las facciones contendientes han cometido graves abusos contra miembros de determinadas etnias. Muchas personas han sido castigadas a penas crueles, inhumanas y degradantes después de ser sometidas a juicios flagrantemente injustos. Más de dos millones de refugiados afganos esperan a que las facciones en conflicto y la comunidad internacional establezcan el respeto por el derecho humanitario y los derechos humanos en el país y les ofrezcan una verdadera protección a su regreso a Afganistán.


Los seis documentos arriba mencionados son:


abMujeres en Afganistán: Peones en las luchas de poder de los(Índice AI: ASA 11/11/99/s)

abHuman Rights Defenders in Afghanistan: Civil society destroyed (Índice AI: ASA 11/12/99)

abNiños destrozados por la guerra: La generación perdida de Afganistán (Índice AI: ASA 11/13/99/s)

abAfghanistan: The human rights of minorities(Índice AI: ASA 11/14/99)

abAfghanistan: Cruel, inhuman or degrading treatment or punishment(Índice AI: ASA 11/15/99)

abRefugiados de Afganistán: El grupo de refugiados más grande del mundo(Índice AI: ASA 11/16/99/s)



PALABRAS CLAVE: REFUGIADOS1 / CONFLICTO ARMADO / PERSONAS DESPLAZADAS / TEMOR DE REPATRIACIÓN FORZADA / PAKISTÁN / IRÁN / FOTOGRAFÍAS


Si desean más información o emprender acciones sobre estos temas, deberán consultar los documentos en su integridad. Podrán encontrar una amplia serie de nuestros materiales sobre éste y otros temas en nuestro sitio web: http://www.amnesty.org . Los comunicados de prensa de Amnistía Internacional pueden recibirse por correo electrónico: http://www.amnesty.org/news/emailnws.htm




Fotografía de cubierta:Civiles desplazados por el combate en Afganistán, 1996 ©ACNUR/R.LeMoyne




SECRETARIADO INTERNACIONAL, 1 EASTON STREET, LONDRES WC1X ODW, REINO UNIDO


TRADUCCIÓN DE EDITORIAL AMNISTÍA INTERNACIONAL (EDAI), ESPAÑA

REFUGIADOS DE AFGANISTÁN:

El grupo de refugiados más grande del mundo




Dos décadas de guerra civil y graves abusos contra los derechos humanos han obligado a millones de hombres, mujeres y niños afganos a huir de sus hogares y buscar refugio en otras zonas de Afganistán o fuera del país. Desde que comenzó el conflicto armado tras la invasión soviética de 1979, la población civil —especialmente las mujeres y los niños— ha sufrido profundamente las devastadoras consecuencias de la prolongada lucha. Todas las facciones que han tomado parte en el conflicto a lo largo de los años han dado más importancia a sus objetivos militares que a las vidas y los medios de vida de la población de Afganistán. Cientos de miles de personas han resultado muertas o heridas en los bombardeos indiscriminados de zonas residenciales. Miles han sido víctimas de detención arbitraria, tortura, violación y «desaparición»; a muchas las han matado por sus convicciones políticas, su origen étnico o su sexo y otras han perdido la vida en ataques de represalia lanzados por los diferentes grupos armados que luchan por el control de territorio. Se han incendiado y destruido escuelas, hospitales, casas y granjas, por lo que millones de afganos han tenido que trasladarse a otras zonas y han perdido todas sus posesiones.


El coste de la guerra


El coste social de dos décadas de guerra civil en Afganistán ha sido enorme. Se cree que más de un millón de civiles han resultado muertos y muchos más heridos. Durante el periodo de ocupación soviética más de seis millones de personas abandonaron el país. Aunque muchas de ellas regresaron tras la retirada soviética, más de dos millones permanecen refugiadas en Irán y Pakistán, lo que convierte a los afganos en el grupo de refugiados más grande del mundo. En el país, el conflicto armado ha destruido en gran parte la infraestructura y las instituciones del Estado. De acuerdo con la ONU, las condiciones socioeconómicas de la población están entre las peores del mundo. La atención médica es elemental y hay muchas personas a las que ni siquiera llega. Cada año, miles de niños mueren de desnutrición y de infecciones respiratorias. La mortalidad durante el parto es una de las más elevadas del mundo. Los índices de alfabetización son bajísimos y se calcula que han descendido al cuatro por ciento entre las mujeres. Afganistán ocupa el último lugar en la lista de la ONU de países según la igualdad entre hombres y mujeres.

Entre 1979 y 1992, más de la quinta parte de la población afgana —que supera los seis millones— se vio forzada a buscar refugio fuera del país, principalmente en los vecinos Irán y Pakistán. Aunque muchos regresaron, pensando que la caída del gobierno prosoviético en 1992 traería consigo la paz, muchos otros decidieron no volver, ante la continuación del conflicto armado y la situación cada vez más precaria del orden público y de los derechos humanos. Es más, incluso aunque un número significativo de refugiados han regresado por su cuenta o acogiéndose a programas patrocinados por las Naciones Unidas, la inestable situación política y los constantes actos de violencia y represión han dado lugar a nuevas oleadas de refugiados. Esta situación ha originado que, a lo largo de dos décadas, los afganos sigan siendo el grupo de refugiados más grande del mundo. Se calcula que actualmente el número de refugiados afganos supera los dos millones de personas, y en su mayoría estos refugiados residen en Pakistán e Irán.


Actualmente son numerosos los refugiados afganos que viven en un estado de ansiedad e incertidumbre. Apenas tienen esperanzas de poder regresar pronto, con dignidad y seguridad, a sus hogares en Afganistán, y mientras tanto en los países de acogida encuentran un resentimiento creciente ante su presencia. Los refugiados afganos, con pocos derechos en los países de asilo y vulnerables al hostigamiento y la discriminación, continuarán sufriendo abusos, desplazamientos y pobreza mientras esperan que las partes en conflicto de Afganistán y la comunidad internacional garanticen el respeto por el derecho humanitario y los derechos humanos, así como la protección efectiva de los que regresan.




MOTIVOS DE LA HUIDA: CONFLICTO ARMADO Y VIOLACIONES DE DERECHOS HUMANOS



Familia sentada en las ruinas de su hogar, destruido por proyectiles, Kabul 1992.

© RAWA


Pese a que el derecho internacional humanitario prohíbe los ataques contra civiles durante los conflictos armados, todas las partes de la guerra civil afgana han atacado a civiles concretos y a la población civil en general como medio de conseguir sus propios objetivos políticos y militares.


Cronología de la guerra


La guerra civil afgana estalló en 1979, cuando las tropas soviéticas invadieron el país para respaldar al gobierno comunista que ocupaba el poder. Los grupos islámicos y tribales que se oponían a la política del gobierno comunista y de las fuerzas de ocupación soviéticas respondieron a la invasión organizando grupos de oposición armada. Durante diez años, el país se convirtió en un campo de batalla de la Guerra Fría en el que las tropas soviéticas y del gobierno afgano luchaban contra guerrilleros islámicos armados por Estados Unidos y sus aliados europeos, Pakistán, Arabia Saudí e Irán.

Tras la retirada del ejército soviético en 1989, la lucha continuó entre el gobierno y las fuerzas de oposición; hasta que finalmente el gobierno comunista sucumbió en 1992. Sin embargo, la caída del gobierno no trajo consigo la paz, ya que los divididos grupos muyahidín, de débiles alianzas entre sí, comenzaron a pelearse por el control del territorio y de las instituciones administrativas. Pese a la creación de un gobierno provisional de coalición, la autoridad política central era débil e inestable, y varias zonas del país cayeron en la anarquía.

A finales de 1994 entró en escena una nueva fuerza política y militar: los talibanes. Con el objetivo declarado de librar a Afganistán de los grupos muyahidín corruptos, los talibanes han logrado arrebatar grandes zonas del país a los grupos armados de oposición. Se dice que en la actualidad controlan aproximadamente el 80 por ciento de Afganistán. No obstante, la lucha entre los talibanes y las fuerzas de oposición continúa y la situación política sigue siendo inestable.

Durante los diez años de lucha que siguieron a la invasión soviética se denunciaron graves abusos contra los derechos humanos cometidos mientras el gobierno afgano, que contaba con el respaldo soviético, trataba de eliminar las fuerzars políticas y militares que se le oponían. En pueblos y ciudades se detuvo a estudiantes y profesores que expresaban su oposición a las medidas del gobierno participando, entre otras actividades, en manifestaciones generalmente pacíficas. Miles de personas fueron detenidas por motivos políticos y torturadas por ejercer de forma no violenta sus derechos humanos fundamentales. Los civiles de las zonas rurales más afectadas por la guerra fueron objeto de los ataques de las tropas soviéticas y afganas, al parecer como venganza por las acciones de los grupos armados de oposición que actuaban en ese territorio. Las fuerzas del gobierno atacaron y bombardearon poblaciones y mataron a hombres, mujeres y niños. Un gran número de los que se salvaron de morir o ser heridos huyeron del país.


Tras la caída del gobierno prosoviético en abril de 1992, y la subsiguiente formación del Estado islámico de Afganistán, la naturaleza de la guerra civil afgana cambió. Cuando diversas partes del país se precipitaron en la anarquía y el bandidaje se generalizó en gran parte del sur del país, la población civil se convirtió en víctima de la lucha por el poder que se libraba entre los dirigentes muyahidín y entre los jefes locales. Kabul y otras grandes ciudades que habían permanecido prácticamente intactas durante los catorce años de conflicto entre el antiguo gobierno y los grupos armados de oposición se convirtieron en los campos de batalla de guardias muyahidín rivales que luchaban entre sí por controlar tanto barrios como instituciones administrativas. Los enfrentamientos violentos entre grupos armados organizados conforme a características étnico-religiosas condujeron a la detención arbitraria de civiles desarmados y dieron lugar a ataques contra sus hogares y a la violación de mujeres. Algunas personas y grupos específicos se convirtieron en víctimas de

El dolor de la separación y la pérdida


El conflicto afgano ha dejado huérfanos a miles de niños, y muchos más han sufrido traumas emocionales al verse separados de sus padres en el caos del desplazamiento y la huida.

Mariam acababa de cumplir nueve años cuando su familia huyó de Afganistán dejándola atrás.


Su madre, maestra de escuela durante el periodo comunista, tomó la difícil decisión de abandonar el país cuando su esposo «desapareció» y ella misma recibió amenazas de los guardias muyahidín. Invirtiendo todos los ahorros de la familia, la madre de Mariam llevó a Alemania a su hijo, hermano de Mariam y enfermo terminal, en busca de tratamiento médico. Lamentablemente, no pudo costear el viaje de Mariam, por lo que dejó a ésta con unos amigos de la familia.


Durante dos años y medio, la madre de Mariam estuvo atormentada por la preocupación sobre el paradero y la seguridad de su hija. Cuando obtuvo el estatuto de refugiada en Alemania, no podía regresar a Afganistán para buscar a su hija, y la captura de Kabul a manos de los talibanes hacía que el regreso fuera peligroso. Finalmente, en 1998 supo que Mariam se encontraba en Pakistán. Tras lograr la autorización para que Mariam se reuniera con ella en Alemania, madre e hija tuvieron un emotivo reencuentro a la llegada del avión que condujo a Mariam desde Pakistán.

detención arbitraria, tortura y «desaparición». Entre las personas en peligro se encontraban aquellas que tenían vínculos estrechos con el antiguo gobierno comunista; también había mujeres cultas, profesores universitarios y otros profesionales afganos que se oponían al nuevo sistema político, así como algunas minorías étnicas y religiosas.


La población civil en general también sufrió enormemente cuando Kabul fue sometida a ataques de artillería pesada y a bloqueos de alimentos. Los bombardeos de zonas residenciales durante 1993,1994 y 1995 causaron miles de muertos entre la población civil afgana y dejaron en ruinas la mayor parte de la capital. En 1994, las fuerzas aliadas a Gulbuddin Hekmaytar, entonces primer ministro, y las del general Dostum, jefe militar del norte, que combatían contra las fuerzas del presidente Burhanuddin Rabbani, impusieron un bloqueo de alimentos en la capital que duró muchos meses. Se denegó la entrada a Kabul de las caravanas de alimentos organizadas por las organizaciones internacionales de ayuda humanitaria. Estas organizaciones mantuvieron largas negociaciones y advirtieron con insistencia de que más de 700.000 personas que dependían de los suministros que ellas les enviaban corrían peligro inminente de morir de hambre, y finalmente consiguieron que el bloqueo se suspendiera en diciembre de 1994.


La naturaleza de la guerra civil afgana cambió una vez más con la aparición de los talibanes a finales de 1994. Comparados con los grupos muyahidín del pasado, los talibanes parecen ser una fuerza más unificada, aunque con una estructura aún muy indefinida. Al haber logrado apoderarse de todas las grandes ciudades del país, su política de desarmar a los grupos de oposición ha tenido como resultado el descenso de los actos de bandidaje y extorsión. Sin embargo, pese a las mejoras que los talibanes han aportado en algunos aspectos de la seguridad personal, han seguido denunciándose graves abusos en las zonas que están bajo su control.


En el contexto de la lucha continuada que libran contra la alianza de fuerzas de la oposición —que actualmente se limita principalmente al nordeste del país— se han recibido informes de que las milicias talibanes han sido responsables de un número elevadísimo de homicidios indiscriminados, deliberados y arbitrarios entre la población civil. En agosto de 1998 parece ser que los guardias talibanes mataron a miles de civiles —hombres, mujeres y niños— de la etnia hazara cuando arrebataron a las fuerzas antitalibanes la ciudad septentrional de Mazar-e Sharif. Ya en mayo de 1997 los talibanes habían intentado sin éxito conquistar esta ciudad y, según los informes, en aquel ataque fallido las fuerzas de oposición mataron a unos dos mil combatientes talibanes a los que habían capturado.


Se han recibido informes que indican que en el resto del país las milicias talibanes han sido responsables de la tortura y la detención arbitraria y no reconocida de civiles. Los miembros de los grupos étnicos tayik, uzbeko y hazara a los que se ha acusado de apoyar la alianza de oposición, así como a los individuos acusados de ser «comunistas», han sido detenidos y recluidos en diferentes ocasiones en Kabul y en otras zonas bajo control talibán. En mayo de 1998, la radio talibán advirtió sobre el resurgimiento «comunista», y añadió que se habían tomado medidas para hallar y castigar a los «comunistas» «[...]que trabajan con diferentes nombres y apariencias»(1). Entre las personas a quienes los talibanes han tachado de comunistas se encuentran desde miembros de los partidos políticos afganos que han defendido un acuerdo negociado que ponga fin al conflicto hasta personas de nacionalidad afgana que trabajan para las organizaciones internacionales de ayuda humanitaria.




Una familia y una viuda se ven obligadas a abandonar su población, al norte de Kabul. Las mujeres y los niños, subidos a la trasera del camión con todas sus pertenencias, rompen a llorar mientras se alejan de su hogar. © R. LeMoyne ACNUR


Además de lo arriba mencionado, la aplicación de la ley islámica tal como la interpretan los talibanes ha causado restricciones en los derechos y las libertades fundamentales de los que hasta ese momento disfrutaban los diferentes sectores de la sociedad civil de Afganistán. El rígido código social impuesto por los talibanes incluye severas restricciones a la libertad de circulación, expresión y asociación de la mujer. Se prohíbe a las mujeres optar a empleos fuera del hogar y en muchas zonas se ha interrumpido la escolarización de las niñas, salvo la más esencial. Las restricciones también han afectado negativamente al acceso de la mujer a la atención médica. Tanto mujeres como hombres han sido golpeados en público por no vestir conforme al código talibán de vestimenta.


En julio de 1997, las autoridades talibanes anunciaron una amnistía para todos los ciudadanos afganos residentes en el extranjero que regresaran a Afganistán. La amnistía declaraba que ninguno sería sometido a hostigamiento, intimidación, discriminación o persecución en virtud de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social determinado, opinión política o sexo. El valor de esta amnistía, sin embargo, sigue cuestionándose ante los informes que indican que continúan las detenciones arbitrarias, los malos tratos, la tortura y las ejecuciones sumarias por motivos de afiliación política, etnia o sexo.


Desplazados internos


Un número significativo de afganos que se han visto arrancados de sus hogares y forzados a huir para salvar la vida han permanecido dentro del país y han buscado refugio en zonas remotas, en las montañas, en otras ciudades o en campamentos cercanos a Jalalabad y Herat. Se calcula que, desde 1992, el conflicto ha convertido a un millón de afganos en desplazados internos, algunos de ellos a la fuerza.


Algunas familias se han trasladado varias veces a medida que el conflicto se ha ido extendiendo a diferentes zonas y el control del territorio ha cambiado de manos. Durante los tres meses que siguieron a la toma de Kabul por parte de los talibanes en septiembre de 1996, se calcula que unas 50.000 personas huyeron de la capital. Entre ellas había personas cultas y miembros de grupos étnicos minoritarios que temían que las milicias talibanes los trataran con dureza. Otras huyeron por temor a que se agravara el conflicto armado en la capital si la oposición trataba de apoderarse otra vez de ella.


Unos meses después, la marea humana cambió de rumbo: en enero de 1997, unas 90.000 personas, en su mayoría del grupo étnico tayik, se encaminaron a Kabul para escapar de la feroz lucha que enfrentaba a los talibanes y a las fuerzas antitalibanes al norte de la ciudad.

Según los informes, en noviembre de 1996 entre 40.000 y 50.000 personas se vieron obligadas a desplazarse en la provincia de Badghis cuando las fuerzas del general Dostum se enfrentaron a los talibanes. Algunos informes sugerían que el desplazamiento parecia estar llevándose a cabo según la etnia de los desplazados, ya que casi todas las personas que llegaron a la ciudad occidental de Herat pertenecían al grupo étnico pashto. Las fuerzas del general Dostum, al parecer, expulsaron a varios millares de personas de poblaciones norteñas porque sospechaban que sus habitantes, al ser pashtos, podían haber colaborado con los talibanes.(2)


En fecha más reciente, se recibieron informes de que un total de hasta 100.000 personas se habían visto obligadas a desplazarse en la ofensiva que los talibanes lanzaron en julio de 1999 contra posiciones de la oposición en la llanura de Shamali, al norte de Kabul. Se cree que los combatientes talibanes forzaron a desplazarse al menos a 10.000 de esas personas. Las Naciones Unidas confirmaron en una declaración del 14 de agosto(3) que en el valle de Shamali se había producido un desplazamiento forzado en gran escala, y pidieron el cese inmediato de la campaña emprendida por los talibanes contra la población civil. Según la ONU, entre el 13 y el 15 de agosto, en un plazo de menos de 36 horas, llegaron a Kabul más de 1.870 familias (aproximadamente 10.000 personas). Los recién llegados declararon que los combatientes talibanes habían sacado a la fuerza de sus hogares a hombres, mujeres y niños y les habían ordenado que recorrieran a pie los 40 kilómetros que los separaban de Kabul. Las familias contaron cómo aldeas enteras habían sido reducidas a cenizas y las cosechas habían sido incendiadas. Al parecer, un gran número de los recién llegados a Kabul mostraban signos de deshidratación e indigencia: tenían como única pertenencia lo que habían podido llevar consigo desde sus hogares. Según otros informes, los talibanes separaron a los hombres de sus familias y los detuvieron.


Como respuesta al interés de la comunidad internacional, las autoridades talibanes admitieron haber quemado los hogares de los partidarios de la oposición, pero alegaron que los combatientes los usaban como «instalaciones militares». Maulvi Abdul Latif Mansoor, alto cargo talibán, declaró a la agencia de noticias Associated Press: «Nos vimos obligados a destruir sistemas de regadío y huertos en algunos lugares donde nuestros soldados estaban siendo atacados y asesinados.»(4)




CONDICIONES TRAS LA HUIDA: LA SITUACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS DE LOS REFUGIADOS AFGANOS EN LOS PAÍSES DE ASILO


Derecho humanitariointernacional


El derecho humanitario internacional establece normas básicas para la protección de civiles en situaciones de conflicto armado que deben cumplir tanto los gobiernos como los grupos de oposición. Concretamente, el artículo 3 común de los Convenios de Ginebra dispone que debe impartirse un trato humano sin distinción alguna para todas las personas que no toman o han dejado de tomar parte activa en un conflicto. Entre ellas se incluye a los miembros de las fuerzas armadas que han depuesto las armas y a quienes han quedado fuera de combate por enfermedad, lesión, detención o cualquier otra causa.

El Protocolo Adicional II a los Convenios de Ginebra establece que todas las partes de un conflicto deben garantizar la protección en general de la población civil ante los peligros derivados de las operaciones militares. Prohíbe los actos o amenazas de violencia cuyo propósito principal sea diseminar el terror entre la población civil. Asimismo prohíbe como método de combate ordenar el desplazamiento forzado de civiles y hacerles padecer hambre:


Artículo 14 - Protección de los bienes indispensables para la supervivencia de la población civil.

Queda prohibido, como método de combate, hacer padecer hambre a las personas civiles. En consecuencia, se prohíbe atacar, destruir, sustraer o inutilizar con ese fin los bienes indispensables para la supervivencia de la población civil, tales como los artículos alimenticios y las zonas agrícolas que los producen, las cosechas, el ganado, las instalaciones y reservas de agua potable y las obras de riego.


Artículo 17. - Prohibición de los desplazamientos forzados.

1. No se podrá ordenar el desplazamiento de la población civil por razones relacionadas con el conflicto, a no ser que así lo exijan la seguridad de las personas civiles o razones militares imperiosas. Si tal desplazamiento tuviera que efectuarse, se tomarán las medidas posibles para que la población civil sea acogida en condiciones satisfactorias de alojamiento, salubridad, higiene, seguridad y alimentación.

2. No se podrá forzar a las personas civiles a abandonar su propio territorio por razones relacionadas con el conflicto.

El final de la huida no siempre significa el final del peligro, como por desgracia ha demostrado la realidad a muchos refugiados afganos. Al final de un largo y difícil viaje a través de un terreno hostil en busca de un lugar de asilo, muchos de ellos no han encontrado seguridad ni protección. En Pakistán, los afganos han seguido sufriendo la violencia de grupos armados de su país que actúan en las zonas fronterizas y que, en ocasiones, controlan en la práctica los campos de refugiados. Decenas de refugiados han muerto asesinados en el mismo lugar al que habían huido para ponerse a salvo.


Asimismo, un gran número de afganos refugiados en Pakistán e Irán han soportado terribles condiciones en su lucha por cubrir las necesidades mínimas. Aunque algunos han podido trabajar en estos dos países y han recibido de fuentes locales e internacionales cierta ayuda para crear instalaciones médicas y educativas, son muchos los que aún ganan apenas lo suficiente para mantenerse a sí mismos y a sus familias. Tanto Pakistán como Irán han pedido con insistencia la repatriación de los refugiados, alegando que la carga de mantener a un número tan elevado de refugiados durante un periodo tan prolongado ha perjudicado a sus respectivas economías. Tanto estas peticiones como los presuntos riesgos que esperan a los refugiados a su regreso a Afganistán han contribuido a aumentar aun más la incertidumbre en la que viven. La situación se ha agravado sin duda por el hecho de que, a lo largo de los años, se ha reducido el apoyo económico internacional.




Refugiados afganos en Pakistán


La mayoría del millón aproximado de afganos que viven en Pakistán como refugiados se encuentran en las zonas fronterizas de la povincia de la Frontera Noroeste y Baluchistán. Se calcula que 950.000 se alojan en asentamientos de refugiados, y el resto en ciudades y pueblos. Numerosos organismos de la ONU trabajan en Pakistán prestando apoyo a la comunidad de refugiados afganos en cuestiones de protección, reasentamiento y repatriación, así como en programas de bienestar y educación. La ayuda directa en forma de alimentos que recibían los refugiados quedó interrumpida en 1995 después de que una evaluación del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) indicó que la población se encontraba en situación de lograr la autosuficiencia. Sin embargo, las organizaciones no gubernamentales han criticado esta evaluación y han subrayado estudios posteriores que indican que los refugiados han seguido enfrentándose a dificultades enormes en su lucha por la supervivencia. Se ha ofrecido ayuda a refugiados vulnerables, aunque en un nivel mínimo, por lo que éstos se han visto obligados a depender de la caridad de vecinos y familia. Las nuevas oleadas de refugiados han recibido alimentos y refugio durante periodos limitados. Muchos afganos han podido trabajar, aunque normalmente los puestos a los que pueden acceder están mal pagados.




Niños refugiados en el campo de Nasir Bagh, Pakistán.

Entre las comunidades locales han aparecido síntomas de un resentimiento creciente debido a la prolongada presencia de los refugiados en Pakistán. En los últimos años, las autoridades paquistaníes locales han hecho declaraciones periódicas sobre la necesidad de repatriar a los refugiados afganos. Según los informes, en septiembre de 1998 los burócratas de la provincia de la Frontera Noroeste se reunieron para elaborar una estrategia de repatriación de los refugiados. En febrero de 1999, el ministro principal de la provincia anunció planes para recluir a todos los refugiados en los campos, como respuesta a las quejas de que los afganos estaban arrebatando puestos de trabajo a los habitantes locales. Aunque estos planes no se han llevado aún a la práctica, el ministro principal ha vuelto a pedir a la comunidad internacional que brinde ayuda a los refugiados para que regresen a sus hogares en Afganistán.


Además de las duras condiciones generales que han padecido muchos de los refugiados en Pakistán, algunos de ellos han sufrido intimidación u hostigamiento e incluso han muerto a manos de los grupos armados afganos que actúan en Pakistán. Éstos han proferido frecuentes amenazas de muerte tanto contra profesionales y eruditos de tendencias no religiosas como contra miembros de los partidos políticos afganos que se oponen a la lucha prolongada de Afganistán. También han recibido amenazas las mujeres afganas cultas, en especial las que trabajan a favor de la educación y el bienestar de las mujeres y niños de Afganistán convertidos en refugiados. En muchos casos, las autoridades paquistaníes no han sabido responder a las amenazas proferidas contra los afganos: no han facilitado una protección adecuada a destacados afganos refugiados en Pakistán y tampoco han investigado los homicidios políticos ni han llevado a los responsables ante la justicia.


Refugiados afganos en Irán


Durante los primeros años de la ocupación soviética de Afganistán, la mayoría de los afganos que se refugiaron en Irán convivían con los iraníes en ciudades y pueblos. Muchos pudieron conseguir un empleo y algunos disfrutaron de acceso a la educación y la asistencia médica. Sin embargo, a raíz de la recesión económica sufrida por Irán en los últimos años, algunos sectores consideran a los refugiados como una carga no deseada para los recursos del país. El gobierno de Irán se queja de haber mantenido a una inmensa población de refugiados en gran parte sin casi ninguna ayuda internacional. Durante los dos últimos años ha pedido repetidamente el regreso organizado de los refugiados, y mientras tanto se han recibido informes que indican que algunos refugiados afganos están siendo repatriados a la fuerza.


Las autoridades iraníes se han puesto severas respecto a los documentos de identidad para refugiados. Desde 1992, Irán apenas ha concedido permisos de residencia permanente a refugiados afganos, y los últimos permisos de residencia temporal se emitieron en 1995. Aunque actualmente se emite otro tipo de tarjeta para periodos breves, la situación respecto a la documentación de identidad es confusa, y parece ser que se han dado casos de afganos a los que se ha confiscado su carnet y se ha obligado a obtener nueva documentación. En julio de 1997, las autoridades anunciaron que se iban a cambiar los documentos de identidad para todos los extranjeros, y advertieron que todo aquel al que se encontrara viviendo en el país ilegalmente sería expulsado. A lo largo de 1998 y durante los primeros meses de 1999 se recibieron informes sobre la repatriación forzada desde Irán a Afganistán de miles de afganos. Los afganos sin un visado o permiso de residencia válido parecen ser quienes más peligro corren de ser detenidos por las fuerzas de seguridad, pero incluso los que tienen en regla los documentos de identidad temen ser expulsados del país.


En mayo de 1999 se celebró en Teherán una conferencia internacional sobre ayuda al refugiado para debatir cuestiones relativas a los refugiados. El ACNUR, órgano de la ONU para los refugiados, alcanzó al parecer un acuerdo provisional con el gobierno de Irán para permitir que un número más elevado de afganos regresaran voluntariamente a sus hogares; a cambio, cesarían las expulsiones. Pese a ello, han continuado denunciándose casos de repatriación forzada desde Irán. Por ejemplo, según una unidad del ACNUR radicada en Zaranj, oeste de Afganistán, en agosto de 1999 40 familias y 1.110 personas solas fueron repatriadas a la fuerza al país desde Irán a través del puesto fronterizo de Nimroz.


Refugiados afganos en Europa


Pese a los problemas que deben afrontar los refugiados afganos en Irán y Pakistán en cuanto a protección y ayuda, los funcionarios de la ONU han alabado la generosidad que los dos países han demostrado al abrir sus puertas a millones de refugiados afganos. Sri Wijeratne, ex director del ACNUR en Afganistán, observó que «el ejemplo de Pakistán e Irán debería ser estudiado detenidamente por numerosos países que tratan de lavarse las manos cuando se enfrentan a un total de casos que es sólo una fracción del número de afganos»(5).


A diferencia de ellos, los países de Europa han aceptado cifras muy reducidas de refugiados afganos, y lo han hecho con evidente renuencia. Según el ACNUR, el número total de solicitudes de asilo presentadas por afganos en países europeos entre 1989 y 1998 fue de 99.350. De ellas, un total de 39.436 fueron aceptados,y quienes las habían presentado fueron reconocidos como refugiados conforme a la Convención de la ONU sobre el Estatuto de los Refugiados (1951) o recibieron el estatus de refugiados «de hecho» por razones humanitarias.(6) Alemania y los Países Bajos han recibido el mayor número de solicitudes.



Refugiados en las cercanías de Jalalabad, finales de 1993 o principios de 1994.


Pese al hecho de que la abrumadora mayoría de los refugiados de todo el mundo, incluidos los afganos, viven en muchos de los países más pobres del hemisferio sur, los países europeos y otros países septentrionales han tomado medidas concertadas para lograr que la entrada de refugiados en sus territorios sea prácticamente imposible y para denegar la protección a muchos de los que consiguen entrar y que tienen motivos válidos para solicitar el asilo. Cada vez hay más países europeos que ponen trabas para impedir la entrada en su territorio al aplicar estrictamente los criterios de concesión de asilo, al detener a los solicitantes de asilo o al devolverlos a «terceros países seguros»; estas medidas pueden dificultar que las solicitudes de asilo sean evaluadas con las debidas garantías.


Muchas de las solicitudes de asilo presentadas por ciudadanos afganos en Alemania han sido rechazadas porque, ante la ausencia de un gobierno real en Afganistán que cometa violaciones de derechos humanos, no existe la obligación por parte del país de asilo de conceder el estatuto de refugiado. Esta actitud contradice la intención expresa de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, de la ONU, que establece que debe brindarse protecci

'f3n a aquellas personas a las que el Estado no puede o no quiere proteger, y contradice asimismo el espíritu de proteger a quienes corren peligro de ser perseguidas.


En una serie de países europeos, las autoridades han considerado a Pakistán un destino seguro para devolver a los solicitantes de asilo afganos. Sin embargo, en el clima político que atraviesan actualmente tanto Pakistán como Afganistán, los solicitantes de asilo corren peligro de convertirse en blanco de los ataques de los mismos grupos cuyas amenazas los obligaron a solicitar asilo en un principio. Aunque hay diferentes categorías de refugiados afganos que corren peligro de sufrir graves abusos a manos de los grupos armados afganos en Pakistán, los intelectuales afganos y aquellos a los que se considera de opiniones políticas moderadas se sienten también amenazados como grupo y deben mantener grandes precauciones para evitar convertirse en objeto de rumores debido a sus opiniones o a su contacto con extranjeros.


Cientos de afganos cuya solicitud de asilo ha sido rechazada en Europa viven con el temor de ser expulsados. Su situación es confusa y puede ser modificada en cualquier momento.


A finales de 1998, la Unión Europea (UE) creó un Grupo de Trabajo de Alto Nivel para trazar planes de acción sobre los países de donde proceden o por los que pasan muchos de los refugiados que buscan asilo en la UE. Los planes tratan de abordar las causas en las que radica la migración de los países estudiados y proponer medidas que la UE pueda adoptar para responder a esa migración. Entre las medidas que se están estudiando se incluyen, al parecer, acuerdos para la readmisión, una mejora de la protección de los derechos humanos y ayuda al desarrollo. Los seis países que estudia el Grupo de Trabajo son Afganistán, Albania, Irak, Marruecos, Somalia y Sri Lanka. Se está investigando también sobre los primeros países de asilo para los refugiados que huyen de estos seis países, con objeto de analizar las posibilidades de recepción en la región. La labor del Grupo de Trabajo forma parte de un plan más amplio de la UE orientado a coordinar la política de inmigración y armonizar los procedimientos y medidas de asilo dentro de Europa. Hasta ahora no se ha hecho pública la versión final de estos planes, de modo que queda por ver cómo se llevarán a la práctica las medidas ideadas. Algunos sectores, sin embargo, han expresado su preocupación porque los planes podrían hacer aún más difícil la obtención de refugio en Europa para los solicitantes de asilo necesitados de protección.


Responsabilidad internacional

por la desastrosa situación

de los derechos humanos


Durante los últimos veinte años, la guerra ha sido escenario y fondo de los graves abusos contra los derechos humanos perpetrados en Afganistán. El conflicto, que ha devastado de tal manera el país, ha contado con el respaldo de fuerzas externas que han brindado apoyo político y militar al grupo armado afgano de su preferencia, poniendo sus objetivos geopolíticos y económicos por delante de las vidas de millones de civiles afganos. A lo largo de más de una década, durante la ocupación soviética, enormes cantidades de armamento y munición, por valor de millones de dólares, entraron en el país. Los principales Estados responsables fueron la antigua Unión Soviética (incluidos los Estados que la sucedieron como Comunidad de Estados Independientes), Estados Unidos y sus aliados de Europa occidental, Pakistán, Arabia Saudí e Irán. Todos se mostraron indiferentes al hecho de que las armas que financiaban estaban sirviendo para cometer abusos en una escala masiva. Incluso en la actualidad, años después de la retirada soviética, la interferencia política y militar del exterior se ha reconocido como un factor crítico en la continuación del conflicto y de los abusos contra los derechos humanos. Según dijo el secretario general de la ONU en noviembre de 1998: «Afganistán, en el pasado foco de rivalidad de las superpotencias, se ha convertido ahora en escenario de una nueva versión regional del “Gran Juego”, en el que actúan los intereses internos, económicos y de seguridad nacional de los países vecinos y los que los apoyan. Se ha creado un círculo vicioso en el que la incapacidad de las facciones afganas para llegar a un acuerdo político es tanto la causa como el efecto de la continua injerencia exterior en los asuntos de Afganistán» (Traducción de EDAI)

Las restrictivas políticas de asilo aplicadas en Europa han sido criticadas por el ACNUR. En febrero de 1999, Sadako Ogata, directora del ACNUR, lamentó el hecho de que la política europea sobre cuestiones de asilo estuviera acercándose cada vez más a la «idea de controlar la inmigración y la seguridad interior». Sin embargo, las medidas adoptadas por los países europeos para combatir la inmigración ilegal «afectan por igual a inmigrantes y refugiados, que necesitan protección».(7)


RESPONSABILIDAD INTERNACIONAL RESPECTO A LA PROTECCIÓN DE LOS REFUGIADOS

Los refugiados son un asunto que concierne al mundo entero, y la comunidad internacional tiene la clara responsabilidad de proteger sus derechos fundamentales, ya que la relación de estos refugiados con su propio Estado se ha roto.


Las normas internacionales relativas a la protección de los refugiados reconocen que los grandes movimientos de refugiados plantean graves problemas prácticos y enonómicos a los países receptores y que, en tales situaciones, la comunidad internacional tiene la responsabilidad de ayudar a estos países a facilitar a los refugiados la asistencia y la protección a las que tienen derecho. La comunidad internacional debe esforzarse por compartir equitativamente el coste de proteger a los refugiados y resolver la situación en el país de origen de modo que los refugiados puedan regresar sin riesgos.


Sin embargo, en lo que se refiere a los refugiados afganos —y a otros muchos grupos de refugiados— la comunidad internacional no parece estar en absoluto dispuesta a cumplir con sus responsabilidades.


Respecto a compartir el coste de proteger a los refugiados afganos, la comunidad internacional no parece tener intención de asumir sus obligaciones. Además de concebir medios más amplios y elaborados para evitar que los solicitantes de asilo afganos alcancen sus fronteras, los países del norte han reducido en sucesivos años la financiación de programas de ayuda para Afganistán, pese a que estos recortes afectan al bienestar y los derechos fundamentales de todos los afganos.


Hasta mediados de1999, favor del llamamiento de la ONU en e Afganistán había recibido garantías respecto a la entrega de tan sólo una cuarta parte, aproximadamente, de los fondos necesarios para mantener los programas prioritarios de ayuda en Afganistán. Más aún, la asignación concreta de fondos por parte de los gobiernos donantes ha dado como resultado una grave falta de fondos para algunas áreas clave. Las cinco áreas clave de ayuda a Afganistán que ha identificado la ONU son: 1. apoyo a la repatriación de los refugiados desde países vecinos; 2. mitigación del sufrimiento humano; 3. protección y promoción de los derechos humanos; 4. prestación de los servicios sociales básicos; y 5. capacitación de los hombres y mujeres de Afganistán. Según ha informado la ONU, mientras el programa de repatriación de refugiados ha sido financiado en su integridad, la ayuda para la reinserción de los refugiados —refugio, agua, higiene y salud— ha alcanzado sólo el tres por ciento del total necesario. Al parecer, la respuesta más baja de todas se ha dado en las áreas de protección de los derechos humanos y de capacitación de la población afgana para establecer medios de vida duraderos.


En palabras de la oficina de la ONU para la coordinación de ayuda humanitaria a Afganistán: «¿Qué mensaje espera el mundo que capten los afganos necesitados ante esta respuesta escasa y selectiva?»

CONCLUSIÓN Y RECOMENDACIONES


Los graves abusos contra los derechos humanos perpetrados en un contexto de violenta y destructiva guerra civil son la razón principal que ha impulsado a millones de personas a huir de Afganistán durante las dos últimas décadas. Para que haya una solución duradera de la crisis afgana de refugiados es fundamental que se aborden las cuestiones implícitas de derechos humanos. Por consiguiente, Amnistía Internacional pide a las facciones en conflicto de Afganistán que actúen de conformidad con los principios del derecho humanitario internacional. Asimismo pide a los miembros de la comunidad internacional que utilicen su influencia ante las facciones contendientes para promover en Afganistán el respeto por los derechos humanos fundamentales y garantizar que todos los refugiados afganos cuentan con la protección necesaria hasta que puedan regresar a sus hogares con seguridad y dignidad.


Recomendaciones a los grupos armados afganos:


! abInstamos a los grupos armados afganos a que se adhieran a las normas y tratados internacionales relativos a la protección de los derechos humanos y a que respeten el derecho de la población civil a la vida y la seguridad.


! abLos grupos armados deben tomar medidas para garantizar que ni sus propios miembros ni los miembros de los grupos aliados a ellos someten a la población civil a actos de violencia o represión tales como palizas, torturas, homicidios deliberados o indiscriminados y detenciones arbitrarias.



Repatriación voluntaria


Aunque Afganistán continúa atormentada por la guerra civil y siguen denunciándose graves abusos contra los derechos humanos, cada año son miles los refugiados que deciden regresar al país. Algunos vuelven solos, y otros se acogen a los programas de repatriación voluntaria respaldados por el ACNUR. La mayor parte de los que regresan son familias campesinas que vuelven a las zonas rurales del este que están relativamente a salvo del conflicto. Aun así, es una prueba del valor y la resistencia del pueblo afgano el hecho de que los refugiados estén dispuestos a regresar a un país aún devastado por la guerra civil, donde han desaparecido servicios básicos como la salud, la educación y otros, donde los sistemas de regadío y el sector agrícola han sufrido el abandono y la destrucción, y donde las minas antipersonas siguen constituyendo un peligro letal para los repatriados que tratan de rehacer sus vidas. Para reconstruir sus comunidades, estos repatriados dependen en gran medida de la asistencia y el apoyo técnico de la comunidad internacional.


Durante 1998, ante el progresivo deterioro de la seguridad y los derechos humanos en Afganistán y la retirada del país en julio y agosto de ese año tanto de la ONU como de las organizaciones internacionales de ayuda humanitaria, el ACNUR afirmó que ni promovía ni fomentaba la repatriación de refugiados afganos a su país. Sin embargo, los que decidieron regresar siguieron recibiendo ayuda del ACNUR. En 1998, el ACNUR apoyó a unos 107.000 refugiados en su regreso a Afganistán. De ellos, 93.000 volvieron de Pakistán y 14.000 de Irán.

Recomendaciones a la comunidad internacional:


! abLa comunidad internacional, y especialmente aquellos gobiernos que tienen influencia sobre las facciones contendientes de Afganistán, deben presionar a los grupos armados para que respeten los derechos humanos fundamentales en cualquier circunstancia.


! abLos gobiernos extranjeros que han proporcionado o continúan proporcionando armas o apoyo político a las facciones contendientes de Afganistán tienen la responsabilidad especial de garantizar que se pone fin a los abusos contra los derechos humanos. Los gobiernos deben dejar de brindar a las facciones contendientes equipo y formación que podrían usarse para cometer o facilitar los abusos.


! abInstamos a los miembros de la comunidad internacional a que compartan equitativamente la responsabilidad de acoger a los refugiados afganos y de financiar su mantenimiento. Los Estados que acogen a los refugiados afganos deben recibir el pleno apoyo de la comunidad internacional. Las organizaciones internacionales responsables de facilitar protección y ayuda a los refugiados deben tener garantizada la financiación necesaria para poder funcionar.


A los gobiernos de los países de asilo:


! abInstamos a los países que han acogido a refugiados afganos a que respeten estrictamente las disposiciones de la Convención de la ONU sobre el Estatuto de los Refugiados, de 1951, y su Protocolo, de 1967. Ningún refugiado afgano debe ser devuelto contra su voluntad a Afganistán, ya que allí corre peligro de ser objeto de graves abusos contra los derechos humanos. Asimismo, ningún refugiado afgano debe ser devuelto a un tercer país en el que pueda correr peligro de sufrir violaciones graves de derechos humanos o ser enviado a la fuerza a Afganistán.


! abInstamos además a los países del norte que han acogido a refugiados afganos a que pongan fin a las prácticas que impiden a los solicitantes de asilo perseverar en sus demandas o les disuaden de presentarlas, y a que ofrezcan a los refugiados un procedimiento de concesión de asilo satisfactorio y con las debidas garantías.






Países con influencia en Afganistán


Los principales países con influencia se reúnen por medio de la ONU en el grupo «Seis más dos», que mantiene encuentros regulares auspiciados por la ONU para debatir formas de llevar la paz a Afganistán. Integran el grupo los seis países fronterizos con Afganistán —China, Irán, Pakistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán— más Estados Unidos y Rusia.


Otros países con influencia que han asistido a las reuniones de la ONU sobre Afganistán son: Alemania, Arabia Saudí, Egipto, Francia, India, Italia, Japón, Kazajstán, Kirguistán, Países Bajos, Reino Unido, Suecia, Turquía y la Organización de la Conferencia Islámica (OCI).


El Grupo de Apoyo a Afganistán reúne a los principales donantes y a las organizaciones que trabajan en Afganistán. Estos países se superponen con las agrupaciones de la ONU: Alemania, Australia, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Italia, Japón, Noruega, Países Bajos, Reino Unido, Rusia, Suecia y la comisión ejecutiva de la UE.

Envíen llamamientos, basados en las recomendaciones arriba expuestas, a:


abEL GOBIERNO DE SU PROPIO PAÍS


abLAS EMBAJADAS DE ARABIA SAUDÍ, ESTADOS UNIDOS, IRÁN Y PAKISTÁN EN SU PROPIO PAÍS


abLOS TALIBANES:

Alhaj Mullah Mohammad Rabbani Tratamiento: Señor Presidente/Dear Mullah Rabbani

(Presidente del Consejo Provisional Talibán)

Embassy of the Islamic Emirate of Afghanistan

House No 8, Street No. 90

G-6/3 Islamabad

Pakistán



y


Mullah Mohammad Omar Encabezamiento: Señor Mullah Omar/Dear Mullah Omar

(dirigente de los talibanes)

Embassy of the Islamic Emirate of Afghanistan

House No 8, Street No. 90

G-6/3 Islamabad

Pakistán

abEL FRENTE UNIDO (ALIANZA ANTITALIBÁN):


Embassy of the Islamic Emirate of Afghanistan

31 Prince's Gate

London SW7 1QQ

Reino Unido

Amnistía Internacional no está a favor ni en contra de ninguna de las facciones del conflicto. La organización lleva más de dos décadas sacando a la luz las violaciones de derechos humanos cometidas en Afganistán, incluidas las cometidas durante la invasión soviética y durante los gobiernos respectivos de Zahir Shah y los ex presidentes Davoud, Taraki, Amin, Karmal, Najibullah, Mujaddedi y Rabbani. Asimismo, Amnistía Internacional ha informado sobre los abusos contra los derechos humanos cometidos por los gobiernos respaldados por la Unión Soviética y por los miembros de los grupos armados, como Jamiat-e Islami, Hezb-e Islami, Jonbesh-e Melli Islamiy Hezb-e Wahdat. Estos abusos incluyen el homicidio de más de 25.000 civiles en Kabul entre 1992 y 1995 en ataques deliberados o indiscriminados contra barrios residenciales, tiendas, calles y lugares públicos; también incluyen casos de tortura, violación y otros abusos contra mujeres.


Informes publicados por Amnistía Internacional sobre Afganistán entre 1979 y 1999


abViolations of human rights and fundamental freedoms in the Democratic Republic of Afghanistan, septiembre de 1979 (Índice AI: 11/04/79).


abAfghanistan: Torture of political prisoners, noviembre de 1986 (Índice AI: ASA 11/04/86).


abAfghanistan: Unlawful killings and torture,mayo de 1988 (Índice AI: ASA 11/02/88).


abAfghanistan: Reports of torture and long-term detention without trial, marzo de 1991 (Índice AI: ASA 11/01/91).


abAfghanistan: Unfair trial by special tribunals, agosto de 1991 (Índice AI: ASA 11/03/91).


abAfghanistan: New forms of cruel, inhuman or degrading punishment, septiembre de 1992 (Índice AI: ASA 11/02/92).


abAfghanistan: Political crisis and the refugees, septiembre de 1995 (Índice AI: ASA 11/01/93).


abAfghanistan: Incommunicado detention and "disappearances", abril de 1994 (Índice AI: ASA 11/01/94).


abAfghanistan: The human rights crisis and the refugees, febrero de 1995 (Índice AI: ASA 11/02/95).


abAfganistán: Ejecuciones, amputaciones y posibles homicidios deliberados y arbitrarios, abril de 1995 (Índice AI: ASA 11/05/95/s).


abLa mujer en Afganistán: Situación catastrófica de los derechos humanos, mayo de 1995 (Índice AI: ASA 11/03/95/s).


abAfghanistan: International responsibility for human rights disaster, noviembre de 1995 (Índice AI: ASA 11/09/95).


abAfghanistan: Grave abuses in the name of religion, noviembre de 1996 (Índice AI: ASA 11/12/96).


abMujeres en Afganistán: Las violaciones continúan, junio de 1997 (Índice AI: ASA 11/05/97/s).


abAfghanistan: Continuing atrocities against civilians, septiembre de 1997 (Índice AI: ASA 11/09/97).


abAfghanistan: Reports of mass graves of Taleban militia, noviembre de 1997 (Índice AI: ASA 11/11/97).


abAfghanistan: Flagrant abuse of the right to life and dignity, abril de 1998 (Índice AI: ASA 11/03/98).

abAfghanistan: Detention and killing of political personalities, marzo de 1999 (Índice AI: ASA 11/05/99).



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(1) Radio Voice of Shari’a, bajo control talibán, el 29 de mayo de 1999. BBC Summary of World Broadcasts.

(2) Los talibanes pertenecen en su mayoría al grupo étnico pashto, a diferencia de la alianza norteña, integrada principalmente por tajik, uzbekos, hazaras y otras minorías.

(3) Comunicado de prensa, Oficina del Coordinador de las Naciones Unidas para Afganistán. 14 de agosto de 1999.

(4) Informe de Associated Press, ‘Taliban Destroy Canals, Wells’. 28 de agosto de 1999.

(5) Afghanistan: The unending crisis, Refugees, No 108, II -1997. p. 4. Publicado por la Sección de Información Pública del ACNUR. (La traducción de la cita es de EDAI.)

(6) Véase ACNUR:Refugees and Others of Concern to UNHCR - 1998 Statistical Overview.

(7) Informe de Agence France Presse, ‘UNHCR chief criticises European refugee policies’.1 de febrero de 1999. (La traducción de la cita es de EDAI.)

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