Document - Sudan: Crying out for safety
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[Embargado hasta el 5 de octubre]Público |
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Amnistía Internacional
Sudán
Darfur clama por la seguridad
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Resumen |
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Índice AI: AFR 54/055/2006 |
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http://web.amnesty.org/library/Index/ESLAFR540552006
La población de Darfur clama por la seguridad. Desde 2003, miles de civiles han sido víctimas de homicidios, torturas y violaciones, y cientos de miles han sufrido desplazamiento forzado. A la vez que se resiste al envío de fuerzas internacionales de mantenimiento de la paz a Darfur, el gobierno de Sudán ha lanzado una nueva ofensiva militar en la región. Se están produciendo muertes de civiles a consecuencia de bombardeos aéreos y ataques terrestres de las fuerzas gubernamentales y las milicias yanyawid.
El gobierno de Sudán ha lanzado recientemente una importante ofensiva militar, de una intensidad que no se vivía en Darfur desde hace más de un año. Se suponía que el Acuerdo de Paz de Darfur de mayo de 2006 abriría una nueva era de paz, pero, por el contrario, ha iniciado un nuevo conflicto en el que el gobierno y sus aliados se enfrentan a quienes no lo firmaron. El Acuerdo fue firmado únicamente por el gobierno de Sudán, una facción del grupo de oposición Ejército de Liberación de Sudán dirigida por Minni Minawi y unos cuantos jefes de otras facciones. Otros grupos y facciones clave de la oposición no lo firmaron.
A lo largo y ancho de Darfur, los civiles se enfrentan ahora a la amenaza de nuevos ataques. Los habitantes de Darfur Septentrional son los que corren un mayor peligro, pero también se reciben informes de ataques del gobierno y de los yanyawid en Darfur Occidental y Meridional. En las zonas en las que se producen combates se está viendo de nuevo una constante ya conocida en el conflicto de Darfur: los civiles mueren o resultan heridos a consecuencia de ataques dirigidos específicamente contra ellos, y el temor a esos ataques provoca nuevos desplazamientos.
Los ataques del gobierno apenas hacen distinción entre combatientes y civiles, lo que supone una violación de los principios del derecho internacional humanitario. Los civiles también son a menudo objeto de ataques dirigidos específicamente contra ellos debido a su vinculación con grupos que no han firmado el Acuerdo de Paz de Darfur. En ocasiones, los grupos armados de oposición no se distinguen de la población civil. Por lo general, ataques como el bombardeo aéreo de civiles demuestran un uso desproporcionado e indiscriminado de la fuerza, y a menudo se lanzan de modo intencionado contra la población civil. El aumento de la inseguridad ha llevado a la retirada total de la ayuda humanitaria en algunas zonas. Si los combates se extienden, la totalidad de la operación humanitaria en Darfur se verá amenazada.
En amplias zonas de Darfur Occidental los yanyawid gozan de un control casi absoluto y están ocupando paulatinamente las tierras despobladas a consecuencia de la campaña de "tierra arrasada" de 2003 y 2004. Cientos de miles de personas —la mayor parte de la población originaria de la zona— viven ahora en campos para personas desplazadas internamente o en campos de refugiados creados al otro lado de la frontera con Chad. La presencia de los yanyawid hace que exista el peligro de que cualquier movimiento de personas desplazadas fuera de los campos pueda ser objeto de un ataque, por lo que arriesgarse a salir de ellos se convierte en algo sumamente difícil y el regreso de los desplazados a sus hogares resulta imposible. Los desplazados están, de hecho, encarcelados en los campos, e incluso en su interior son objeto de homicidios, violaciones, palizas y robos por parte de los yanyawid. La violación se convierte en algo casi seguro para las mujeres que son atrapadas fuera de los campos, que, en ocasiones, son secuestradas y esclavizadas en casas de yanyawid. Los hombres que se atreven a salir de los campos son a menudo víctimas de torturas, palizas u homicidios.
En el este de Chad, justo al otro lado de la frontera con Darfur Occidental, ataques que recuerdan a la primera oleada de la campaña de "tierra arrasada" en Darfur siguen sin encontrar resistencia. Amnistía Internacional ha documentado la existencia de ataques transfronterizos desde finales de 2005, en los que los yanyawid han matado o expulsado de sus hogares a miles de civiles debido a su origen étnico y han saqueado comunidades enteras.(1) Amnistía Internacional advirtió de que los ataques tendrían consecuencias más amplias en la región. Tal y como se pronosticó, las poblaciones objeto de los ataques han comenzado a proveerse de armas, ayudadas por la alianza con algunos de los grupos que no firmaron el Acuerdo de Paz de Darfur, los cuales se afanan en reclutar y adiestrar a soldados procedentes de ellas.
El conflicto en esta región sin ley podría extenderse aún más a lo largo de la frontera con Chad y llegar a la República Centroafricana, en donde, según los informes, grupos armados incipientes han creado vínculos con grupos armados partidarios del gobierno sudanés establecidos en Darfur. Los civiles desarmados y desprotegidos sufrirán las consecuencias del persistente abandono en que está sumida esta región.
Darfur está al borde del caos. Para evitar el desastre, el gobierno de Sudán debe permitir que la ONU envíe fuerzas de mantenimiento de la paz a Darfur, y debe reforzarse la fuerza de mantenimiento de la paz de la Unión Africana (la Misión de la Unión Africana en Sudán, AMIS por sus siglas en inglés) hasta que sea posible realizar el traspaso de poderes a la ONU. Las fuerzas regulares y las milicias controladas por el gobierno de Sudán deben poner fin a los ataques indiscriminados, así como a los deliberados, contra civiles: en ambos casos, se trata de delitos en virtud del derecho internacional
Amnistía Internacional pide a los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y de la Unión Africana que acuerden una posición común unida para garantizar que Sudán accede al envío de fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU y que se refuerza la AMIS mientras tanto.
Lo que los habitantes de Darfur quieren por encima de todo es seguridad: el fin de los combates, el desarme de los yanyawid y, si se cumplen estas condiciones, el regreso seguro a sus hogares. La comunidad internacional ha prometido muchas cosas a la población de Darfur, pero ha llegado la hora de emprender acciones. Debe establecerse una operación efectiva de mantenimiento de la paz en Darfur.
Este informe resume un documento titulado Sudán: Darfur clama por la seguridad(Índice AI: AFR 54/055/2006), publicado por Amnistía Internacional el 5 de octubre de 2006. Si desean más información o emprender acciones al respecto, consulten el documento completo. En el sitio web http://www.amnesty.orgencontrarán una amplia selección de materiales de AI sobre éste y otros asuntos. Los comunicados de prensa de la organización pueden recibirse por correo electrónico solicitándolo en la dirección:
http://www.amnesty.org/email/email_updates.html
SECRETARIADO INTERNACIONAL, 1 EASTON STREET, LONDON WC1X 0DW, REINO UNIDO
Traducción de Editorial Amnistía Internacional (EDAI), España
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[Embargado hasta el 5 de octubre] |
Público |
Amnistía Internacional
Sudán
Darfur clama por la seguridad

Índice
1. Introducción 1
2. Antecedentes de los actuales combates 2
3. Ataques indiscriminados y selectivos contra civiles: la solución militar 4
4. Cautivos en los campos 5
5. La amenaza de nuevas fuerzas en Chad 8
6. ¿Quién nos va a proteger? 10
7. La necesidad urgente de un mantenimiento de la paz efectivo 13
Recomendaciones 13
Sudán
Darfur clama por la seguridad
1. Introducción
La población de Darfur clama por la seguridad. Desde 2003, miles de civiles han sido víctimas de homicidios, torturas y violaciones, y cientos de miles han sufrido desplazamiento forzado. A la vez que se resiste al envío de fuerzas internacionales de mantenimiento de la paz a Darfur, el gobierno de Sudán ha lanzado una nueva ofensiva militar en la región. Se están produciendo muertes de civiles a consecuencia de bombardeos aéreos y ataques terrestres de las fuerzas gubernamentales y las milicias yanyawid.
El gobierno de Sudán ha lanzado recientemente una importante ofensiva militar de una intensidad que no se vivía en Darfur desde hace más de un año. Se suponía que el Acuerdo de Paz de Darfur de mayo de 2006 abriría una nueva era de paz, pero, por el contrario, ha iniciado un nuevo conflicto en el que el gobierno y sus aliados se enfrentan a quienes no lo firmaron. El Acuerdo fue firmado únicamente por el gobierno de Sudán, una facción del grupo de oposición Ejército de Liberación de Sudán dirigida por Minni Minawi y unos cuantos jefes de otras facciones. Otros grupos y facciones clave de la oposición no lo firmaron.
A lo largo y ancho de Darfur, los civiles se enfrentan ahora a la amenaza de nuevos ataques. Los habitantes de Darfur Septentrional son los que corren un mayor peligro, pero también se reciben informes de ataques del gobierno y de los yanyawid en Darfur Occidental y Meridional. En las zonas en las que se producen combates se está viendo de nuevo una constante ya conocida en el conflicto de Darfur: los civiles mueren o resultan heridos a consecuencia de ataques dirigidos específicamente contra ellos, y el temor a esos ataques provoca nuevos desplazamientos.
Los ataques del gobierno apenas hacen distinción entre combatientes y civiles, lo que supone una violación de los principios del derecho internacional humanitario. Los civiles también son a menudo objeto de ataques dirigidos específicamente contra ellos debido a su vinculación con grupos que no han firmado el Acuerdo de Paz de Darfur. En ocasiones, los grupos armados de oposición no se distinguen de la población civil. Por lo general, ataques como el bombardeo aéreo de civiles muestran un uso desproporcionado e indiscriminado de la fuerza, y a menudo se lanzan de modo intencionado contra la población civil. El aumento de la inseguridad ha llevado a la retirada total de la ayuda humanitaria en algunas zonas. Si los combates se extienden, la totalidad de la operación humanitaria en Darfur se verá amenazada.
En amplias zonas de Darfur Occidental los yanyawid gozan de un control casi absoluto y están ocupando paulatinamente las tierras despobladas a consecuencia de la campaña de "tierra arrasada" de 2003 y 2004. Cientos de miles de personas —la mayor parte de la población originaria de la zona— viven ahora en campos para personas desplazadas internamente o en campos de refugiados creados al otro lado de la frontera con Chad. La presencia de los yanyawid hace que exista el peligro de que cualquier movimiento de personas desplazadas fuera de los campos pueda ser objeto de un ataque, por lo que arriesgarse a salir de ellos se convierte en algo sumamente difícil y el regreso de los desplazados a sus hogares resulta imposible. Los desplazados están, de hecho, encarcelados en los campos, e incluso en su interior son objeto de homicidios, violaciones, palizas y robos por parte de los yanyawid. La violación se convierte en algo casi seguro para las mujeres que son atrapadas fuera de los campos, que, en ocasiones son secuestradas y esclavizadas en casas de yanyawid. Los hombres que se atreven a salir de los campos son a menudo víctimas de torturas, palizas u homicidios.
En el este de Chad, justo al otro lado de la frontera con Darfur Occidental, ataques que recuerdan a la primera oleada de la campaña de "tierra arrasada" en Darfur siguen sin encontrar resistencia. Amnistía Internacional ha documentado la existencia de ataques transfronterizos desde finales de 2005, en los que los yanyawid han matado o expulsado de sus hogares a miles de civiles debido a su origen étnico, y han saqueado comunidades enteras.(2) Amnistía Internacional advirtió de que los ataques tendrían consecuencias más amplias en la región. Tal y como se pronosticó, las poblaciones objeto de los ataques han comenzado a proveerse de armas, ayudadas por la alianza con algunos de los grupos que no firmaron el Acuerdo de Paz de Darfur, los cuales se afanan en reclutar y adiestrar a soldados procedentes de ellas.
El conflicto en esta región sin ley podría extenderse aún más a lo largo de la frontera con Chad y llegar a la República Centroafricana, en donde, según los informes, grupos armados incipientes han creado vínculos con grupos armados partidarios del gobierno sudanés establecidos en Darfur. Los civiles desarmados y desprotegidos sufrirán las consecuencias del persistente abandono en que está sumida esta región.
Darfur está al borde del caos. Para evitar el desastre, el gobierno de Sudán debe permitir que la ONU envíe fuerzas de mantenimiento de la paz a Darfur, y debe reforzarse la fuerza de mantenimiento de la paz de la Unión Africana (la Misión de la Unión Africana en Sudán., AMIS por sus siglas en inglés) hasta que sea posible realizar el traspaso de poderes a la ONU. Las fuerzas regulares y las milicias controladas por el gobierno de Sudán deben poner fin a los ataques indiscriminados, así como a los deliberados, contra civiles: en ambos casos, se trata de delitos en virtud del derecho internacional
Amnistía Internacional pide a los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y de la Unión Africana que acuerden una posición común unida para garantizar que Sudán accede al envío de fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU y que se refuerza la AMIS mientras tanto.
Lo que los habitantes de Darfur quieren por encima de todo es seguridad: el fin de los combates, el desarme de los yanyawid y, si se cumplen esas condiciones, el regreso seguro a sus hogares. La comunidad internacional ha prometido muchas cosas a la población de Darfur, pero ha llegado la hora de emprender acciones. Debe establecerse una operación efectiva de mantenimiento de la paz en Darfur.
2. Antecedentes de los actuales combates
En las últimas décadas se ha producido en Darfur un aumento de las relaciones entre determinadas tribus árabes y el gobierno, a medida que los intereses de éste en la región han evolucionado hacia una oposición general a las grandes tribus africanas predominantes: los fur, masalit y zaghawa. Cuando el conflicto de Darfur comenzó en serio en 2003, el gobierno sudanés creó una milicia controlada por él, a la que ahora se conoce como los yanyawid, al igual que había hecho anteriormente en el conflicto de Sudán Meridional. Esto aumentó su poder y le desvinculó de la implicación directa en algunos aspectos del modo en que se estaban llevando a cabo las hostilidades que constituían crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Entre la población de Darfur existe la opinión generalizada de que el gobierno llegó a un acuerdo secreto con las tribus árabes que serían mayoritarias entre los yanyawid, mediante el cual se cumpliría su principal exigencia: tenencia de tierras y aumento del acceso a recursos naturales como el agua o las zonas de pastoreo. El reparto de las tierras en Darfur se realizaba según el sistema tradicional de propiedad de las tierras, que perjudicaba a algunas de las tribus árabes que no tenían tierras de su propiedad. Sin embargo, este sistema ofrecía una simbiosis viable entre las comunidades africanas, mayoritariamente sedentarias, y las tribus árabes, más nómadas. Pese a ello, en las últimas décadas, el aumento de la desertización, la migración a Darfur de árabes del este de Chad, el aumento del flujo de armas en la región, la ideología de la supremacía árabe y las políticas nocivas del gobierno central han puesto en peligro la estabilidad en la región.
En febrero de 2003, el Ejército de Liberación de Sudán, formado principalmente por miembros de los grupos étnicos fur, masalit y zaghawa, comenzó a atacar posiciones del gobierno en protesta por, según manifestó, la inacción del gobierno a la hora de defender a los habitantes de las localidades de la región frente a los yanyawid y por el subdesarrollo y la marginación en que estaba sumida ésta. El Movimiento Justicia e Igualdad nació poco después y por razones similares. En respuesta a la grave amenaza militar que suponía el Ejército de Liberación de Sudán, el gobierno inició una campaña de "tierra arrasada". Esta estrategia, utilizada al comienzo del conflicto, tenía una doble finalidad: desde el punto de vista militar, atacaba las bases que servían de apoyo a la rebelión de Darfur, desplazando a las tribus africanas que se consideraba que apoyaban la oposición armada y destruyendo la economía local. Además, dejaba libres las tierras para un posible reasentamiento final de los yanyawid. Con el tiempo se han unido a los yanyawid otras tribus más pequeñas, muchas de ellas africanas pero igualmente perjudicadas por el sistema administrativo y de reparto de tierras tradicional.
La cuestión de la propiedad y la ocupación de las tierras se ha vuelto más complicada a medida que el conflicto ha ido avanzando. En la actualidad existen diversos modos de reivindicar la propiedad de una tierra ocupada en Darfur. No hay una estrategia evidente que predomine sobre las demás en cuanto a la ocupación, sino que, en las zonas en las que los yanyawid tienen poder y ambicionan la propiedad de tierras o recursos, se utiliza una estrategia específica para esa región. Si bien el control de los yanyawid es casi absoluto en grandes zonas de Darfur Occidental, en otras partes de Darfur no ocurre lo mismo, y una dinámica local más específica determina quién controla la tierra.
A finales de junio de 2006, tras la firma del Acuerdo de Paz de Darfur, los grupos no signatarios se aglutinaron en una alianza, el Frente de Redención Nacional (National Redemption Front, NRF), formada por, entre otros, la facción Grupo 19 del Ejército de Liberación de Sudán, el Movimiento Justicia e Igualdad y la Alianza Federal Democrática de Sudán. Esto significa que sólo firmaron el Acuerdo la facción del Ejército de Liberación de Sudán encabezada por Minni Minawi y algunos otros jefes, que de este modo se convirtieron en nuevos aliados del gobierno.
El Frente de Redención Nacional constituye una parte importante de las fuerzas que combaten sobre el terreno. Sin embargo, la Unión Africana, el gobierno sudanés y otros "socios" internacionales en el Acuerdo de Paz de Darfur no han reconocido la legitimidad de que los grupos que forman el Frente de Redención Nacional se hayan abstenido de firmar dicho Acuerdo. Las exigencias del Frente de Redención Nacional se centran en obtener una parte del poder político y representación en diversos organismos gubernamentales proporcional al porcentaje que la población de Darfur representa con respecto a la población total de Sudán. Partiendo del hecho de que el Acuerdo de Paz de Darfur debe quedar tal y como está y de que ya no se permiten nuevas negociaciones sobre él, al Frente de Redención Nacional sólo le queda la opción de renunciar a sus exigencias y firmar el acuerdo inicial. Los intentos de poner en práctica el Acuerdo, que exige la participación de todos los grupos armados, continúan pese a la exclusión del Frente de Redención Nacional, que, al no poder participar en la puesta en marcha ni tener posibilidad de nuevas negociaciones, está atrapado en una situación de incertidumbre. Como respuesta, los grupos que no han firmado el Acuerdo han optado por seguir en combate.
La exclusión del Frente de Redención Nacional se amplió recientemente al poner en práctica los mecanismos de cese de las hostilidades establecidos antes del Acuerdo de Paz de Darfur. El 16 de agosto de 2006, la Unión Africana explicó que el gobierno sudanés había declarado que el Frente de Redención Nacional era una organización terrorista y que ya no podía garantizar la seguridad de sus representantes en la Comisión para el Alto el Fuego ni en la Comisión Conjunta, los organismos clave que supervisan los acuerdos previos de cese de hostilidades en Darfur.(3) Tras consultar con sus socios internacionales, la Unión Africana expulsó a los no signatarios de ambos organismos, poniendo fin de hecho a la participación del Frente de Redención Nacional en los anteriores acuerdos de cese de hostilidades.
3. Ataques indiscriminados y dirigidos específicamente contra civiles: la solución militar
A la vez que se mostraba desafiante hacia la decisión colectiva del Consejo de Seguridad de enviar fuerzas de mantenimiento de la paz a Darfur, el gobierno de Sudán presentó su propia solución. El "Plan del gobierno de Sudán para el restablecimiento de la estabilidad y la protección de los civiles en Darfur" estipulaba que el gobierno sudanés se encargaría de las labores de mantenimiento de la paz, y no la ONU ni la Unión Africana.(4) Al mismo tiempo, el gobierno parecía estar preparando otra solución para los problemas de mantenimiento de la paz en Darfur: una solución militar.
A finales de agosto de 2006, el gobierno lanzó una importante ofensiva militar contra el Frente de Redención Nacional, principalmente en Darfur Septentrional, pero también en zonas de Darfur Meridional y Occidental.(5) Según los informes, los movimientos de tropas terrestres, incluidos los yanyawid, se realizan en coordinación con la facción de Minawi, que también ha participado en los ataques terrestres. La mayor parte de las fuerzas militares del Frente de Redención Nacional, especialmente en Darfur Septentrional, pertenecen al Ejército de Liberación de Sudán. A veces, el Frente de Redención Nacional se encuentra muy cerca de la población civil, y parte de sus tropas y bases de apoyo proceden de la población civil que está siendo atacada. En ocasiones, algunas de las tropas del Frente de Redención Nacional no son únicamente combatientes, sino que alternan funciones civiles y militares. La ofensiva ha supuesto el regreso de los bombardeos aéreos y los ataques de los yanyawid contra civiles .Algunos ataques parecen estar dirigidos contra posiciones del Frente de Redención Nacional, pero no se distingue en absoluto en ellos entre objetivos civiles y militares o no se realizan con las precauciones necesarias para evitar que afecten a civiles. En otros casos, especialmente los ataques aéreos y algunos ataques de los yanyawid, se centran exclusivamente en objetivos civiles.
El 28 de agosto de 2006, un bombardeo aéreo realizado por aviones Antonov en Darfur Septentrional obligó a los civiles a huir de Kulkul y las localidades vecinas. A continuación se produjo una ofensiva terrestre. Según los informes, Sayah, otra ciudad de Darfur Septentrional, también sufrió un intenso bombardeo aéreo al mismo tiempo, y los yanyawid atacaron las localidades de Um Dereisa y Wadi Sikin, cerca de Kulkul.
Según los informes, el 31 de agosto de 2006, fuerzas del gobierno y de los yanyawid atacaron y tomaron Um Sidr y secuestraron y mataron a civiles. Entre las personas secuestradas había mujeres. Al menos tres personas murieron en otro ataque contra Hashaba, unos 100 kilómetros al norte de Al Fasher, realizado el 1 de septiembre. Según los informes, el 5 de septiembre, tropas del ejército y de los yanyawid secuestraron a tres mujeres y dos niñas en Tarmekera, cerca de Kulkul, y abusaron de ellas.
A principios de septiembre de 2006, fuerzas del gobierno, los yanyawid y la facción de Minawi comenzaron a atacar zonas cercanas a Jebel Marra, en la frontera entre Darfur Septentrional y Darfur Meridional. Las localidades situadas más o menos entre las zonas de Thabit y Korma sufrieron bombardeos o fueron atacadas por fuerzas terrestres. Fuentes sobre el terreno informaron de que bombarderos Antonov sobrevolaban y bombardeaban la zona de forma casi continua, incluso por la noche. Se produjeron muertes de civiles, incluidos niños, y hubo secuestros de mujeres, además de robos de ganado y otros bienes.
Aún no está claro el número de víctimas mortales producidas a consecuencia de la ofensiva actual, ya que nadie puede acceder a las zonas que están siendo atacadas. Según las cifras de población previas relativas a las zonas que ahora están desiertas, el número de personas desplazadas debe de ser de decenas de miles. Según los informes, las personas desplazadas prefieren huir bien a Jebel Marra o a localidades cercanas controladas por el Ejército de Liberación de Sudán, o bien a zonas despobladas, en vez de establecerse en los campos creados en Al Fasher para acogerlas. Según informes, las personas que acaban de convertirse en desplazadas temen sufrir hostigamiento por parte del gobierno en las zonas en las que se encuentran los campos.
Ataques de la facción de Minawi contra Korma
Los ataques de la facción de Minawi en la zona de Korma fueron una réplica de las tácticas de los yanyawid. Entre el 4 y el 8 de julio de 2006 se produjeron ataques contra civiles en la región de Korma, 70 kilómetros al noroeste de Al Fasher, capital de Darfur Septentrional. Más de 70 personas murieron, 103 resultaron heridas y decenas fueron violadas en localidades situadas en torno a la ciudad de Korma, en las "zonas liberadas" de Darfur Septentrional controladas desde hace tiempo por el Ejército de Liberación de Sudán.(6) En estas zonas vivían un gran número de civiles que habían regresado tras los primeros ataques y que se sentían seguros bajo la protección del Ejército de Liberación de Sudán. Posteriormente, la gran mayoría huyó de la zona, que quedó prácticamente desierta.
La facción de Minawi, que recibe apoyo del gobierno, afirmó que los grupos del Ejército de Liberación de Sudán que controlaban Korma y a su población civil habían "arruinado" el Acuerdo de Paz de Darfur. Los ataques se justificaron como un medio de limpiar la región de quienes la habían "arruinado" y, de este modo, ayudar a la puesta en práctica del Acuerdo.
4. Cautivos en los campos
En los comienzos del conflicto, en 2003 y 2004, la inmensa mayoría de los habitantes originarios de grandes zonas de Darfur Occidental, los masalit, fueron objeto de ataques de los yanyawid. En la actualidad, los yanyawid gozan de un control casi absoluto sobre grandes zonas de Darfur Occidental, donde expulsaron de sus hogares a cientos de miles de personas. Las población desplazadahuyó a Chad o a los centros urbanos más cercanos, que pronto se convirtieron en enormes campos para personas desplazadas internamente.
Las tierras abandonadas por las personas desplazadas no permanecieron vacías. Los yanyawid las utilizaron para su ganado, atravesando los pueblos, utilizando los abrevaderos abandonados, apropiándose de los restos de la producción agrícola y atacando a todos los habitantes anteriores que intentaban regresar: ocupando, de hecho, las tierras. Quienes se encuentran en los campos para personas desplazadas en Darfur Occidental y en los campos de refugiados de Chad no sólo esperan a que acaben los combates para regresar a sus casas, sino también a que se ponga fin a la ocupación de sus tierras. Mientras no se desarme a los yanyawid y éstos no abandonen sus tierras, no pueden regresar.
En la actualidad, una gran parte de la población civil está en realidad encarcelada en los campos para personas desplazadas. Los campos no han sido objeto de ataques directos a gran escala, pero sus habitantes no pueden arriesgarse a salir de ellos y ni siquiera encuentran seguridad en su interior. Según los informes, la violación es un hecho habitual y generalizado que se convierte en algo casi seguro para las mujeres atrapadas fuera de los campos. Los hombres que salen de los campos son a menudo víctimas de torturas, palizas y, en ocasiones, homicidio. Incluso dentro de los campos, es habitual que los yanyawid y otros agresores armados maten, golpeen y violen a quienes viven en ellos y les roben sus pertenencias.
Los yanyawid nos echaron de nuestras casas. Aún están allí, esperándonos en el khor [pequeña depresión creada por un curso de agua estacional]. Si un hombre va al campo, le darán una paliza. Si fuese una mujer… a las mujeres les harían de todo.
Hombre masalit procedente de Tomfoga, Darfur Occidental.
Los yanyawid atacaron los alrededores del campo y mataron a hombres, violaron a mujeres y robaron propiedades. Utilizan camellos y llevan uniformes militares. Poco antes de irme del campo de Habila, a otras mujeres y a mí nos dijeron: "Si salís del campo, os mataremos". Los yanyawid están a la entrada del campo, y el ejército, dentro. Las personas desplazadas que pueden permitirse salir del campo lo hacen […] Pero la única forma de escapar es hacerlo por la noche. Durante el día, los yanyawid pueden encontrarte.
Mujer masalit de 24 años, que en 2004 huyó de un ataque a la localidad de Tullus, al suroeste de Beida, Darfur Occidental.
Las personas desplazadas que han huido de los campos de Darfur Occidental, incluidos los de Mornei, Habila y Beida, afirman que los yanyawid merodeaban por los alrededores de los campos y apresaban a quienes se veían obligados a arriesgarse a salir en busca de leña y otros artículos de primera necesidad.
Los yanyawid llevan uniformes militares y utilizan coches y caballos cuando atacan a las personas desplazadas que están fuera de los campos. Atacan a las mujeres que recogen leña y a menudo las violan. Aunque las mujeres se quejaron [a las fuerzas de seguridad sudanesas] ala entrada del campo, no se hizo nada para poner fin a estos ataques en el exterior de los campos. Muchas mujeres han sido violadas.
Mujer masalit de 25 años, procedente de la localidad de Tullus, al suroeste de Beida, Darfur Occidental.
Los yanyawid utilizan el control que tienen sobre los habitantes del campo para imponer su propiedad sobre las tierras y el ganado que hay en ellas.
En octubre de 2004 fui a un wadi[curso de agua estacional]con un vecino [un hombre de 50 años llamado Gandme]y nuestro ganado. Nos encontramos con un grupo numeroso de yanyawid que me golpearon con las culatas de los rifles y me rompieron la pierna derecha y el brazo izquierdo. A Gandme le dispararon y lo mataron. Los yanyawid me dijeron: "Eres una mujer nuba, hija de puta. No tienes derecho a este ganado ni te pertenece". Se llevaron mi ganado (siete vacas y cabras) y el de Gandme.
Mujer masalit en la cincuentena que inicialmente procedía de la localidad de Hajilija, cerca de Arara, Darfur Occidental.
La esclavización de mujeres, aunque menos habitual que la violación, también supone una amenaza. Numerosas mujeres que habían huido de campos de Darfur para personas desplazadas manifestaron a Amnistía Internacional que los yanyawid apresaban a mujeres para servir en sus casas y "utilizarlas" a voluntad. Las supervivientes casi nunca describen con detalle su servidumbre forzada en las casas de los yanyawid, pero la creencia generalizada es que entre los abusos que sufrían se incluía la violación. Para evitar esos peligros, las mujeres sólo intentan salir de los campos al amparo de la noche, generalmente de madrugada, y regresar antes del amanecer. Permanecer más tiempo fuera tiene graves consecuencias.
Un día en que me había retrasado recogiendo leña, en torno a las seis de la mañana, llegaron tres yanyawid. Vestían uniformes militares y estaban armados con pistolas y látigos. Me dijeron: "Ven y quédate con nosotros". Querían decir que sería suya, como una esclava para ellos. Me negué, y entonces comenzaron a golpearme, pero me defendí. Lucharon conmigo y me amenazaron durante tres horas. Me dieron latigazos con frecuencia [señala una marca en el brazo derecho]y me golpearon con las culatas de las pistolas por todo el cuerpo. Por fin, un grupo de mujeres que oyeron el ruido llegaron corriendo desde un lugar cercano para ayudar. El yanyawid de mayor edad les dijo a los demás: "Dejadla". Creo que suponía demasiado problema para ellos. Desde el ataque sufro mareos durante las horas calurosas del día. Sé que se debe a los golpes que recibí en la cabeza.
Mujer masalit de 30 años, procedente de Kunjulteh, al sur de Misteriah, Darfur Occidental.
Con todo, pese a los peligros, las mujeres se arriesgan a salir, porque los hombres, sin valor como esclavos o víctimas de violación, tienen más posibilidades de que los maten.
La situación en el campo para personas desplazadas de Habila era muy mala. Laspersonas que salían del campo en busca de leña eran atacadas. A los hombres los mataban, y las mujeres eran a menudo violadas allí mismo. Los yanyawid mataron a 18 hombres que habían salido del campo. A cuatro de ellos les dispararon, y a los demás los golpearon hasta que murieron. Me fui de Habila porque, dos meses antes de pasar a Chad, cuando salía del campo para buscar leña, los yanyawid me advirtieron: "Cuando el wadi esté lleno, te ahogaremos en él".
Mujer masalit de 40 años, procedente de la localidad de Tullus, al suroeste de Beida, Darfur Occidental.
Los hombres se consideran afortunados si los yanyawid los atrapan y no los matan, aunque muchos son torturados y golpeados.
Un día salí del campo para personas desplazadas, sólo a unos 15 minutos de camino desde el perímetro, a fin de recoger algunas cosas para construir un rakuba [un tipo de refugio]. Estaba lo suficientemente cerca del campo como para pensar que podría salir por la noche con seguridad. Recogí la mayor parte de las cosas que necesitaba y las llevé al campo, pero dejé algunas atrás. Al día siguiente, en torno a las siete de la mañana, fui a buscar el resto. De camino, tres hombres que llevaban distintos tipos de ropa —algunos vestían uniforme militar, otros ropa normal— me gritaron: "¡Ven aquí!". Estaban armados con látigos. Cuando me acerqué se apoderaron del hacha que yo llevaba para cortar árboles para el rakubay de mi agua. Después me golpearon. Me golpearon tres veces en la espalda y me dijeron: "Regresa, no se te permite estar aquí fuera".
Hombre masalit de 33 años, procedente de Neuah, cerca de Habila, Darfur Occidental.
Los yanyawid me atraparon. Me ataron. Vestían uniformes militares y llevaban Kalashnikov. Iban en camellos y caballos. Le robaron el ganado a la gente. Me obligaron a abrevar el ganado. También me obligaron a matar una cabra. Después me ataron las manos en alto y me arrastraron detrás de un camello. Era como un esclavo. Luego me pusieron una gran roca encima y me abandonaron. Unas mujeres me encontraron y me liberaron. Me llevaron en burro a la localidad de Habila y de allí al hospital, en donde recibí tratamiento. Aún sufro dolores.
Hombre masalit procedente de Neuah, cerca de Habila, Darfur Occidental.
Según los informes, las tropas yanyawid han sometido a hombres y a mujeres a otras formas de violencia sexual, además de a violación, para degradarlos y humillarlos.
A veces vamos a recoger hierba, para venderla en el mercado y comprar cosas que necesitamos para nuestros hijos. Ellos [los yanyawid]envían a dos personas y los demás preparan una emboscada. Detienen su automóvil en un khor o en una colina. Algunos actúan como guardias. Entonces, las dos personas se acercan a nosotras y, cuando las vemos, corremos. Algunas conseguimos escapar, y a otras las atrapan y se las llevan para violarlas [...]las violan en grupo. Puede que unos 20 hombres violen a una mujer […] La última vez atraparon a algunas mujeres, y no sé qué les ocurrió; salimos corriendo.
En cuanto a los hombres, cuando los atrapan les colocan sillas de montar en la espalda, como si fueran asnos. Mi hermano fue uno de ellos. Le colocaron una silla de montar en la espalda y se la ataron con fuerza bajo el vientre. Colocaron algo en su trasero para que pareciera que tenía cola. Le arrancaron los testículos para que todo el mundo los viera […] Le encontramos y lo llevamos al hospital de Al Genaina para que recibiera tratamiento…
Para nosotros, estas cosas son normales aquí en Darfur. Estas cosas ocurren todo el tiempo. También he visto violaciones. No importa quién les vea violando a mujeres, no les preocupa. Violan a mujeres delante de sus madres y sus padres.
Mujer masalit de 35 años, procedente de Habila, Darfur Occidental.
5. La amenaza de nuevas fuerzas en Chad
Los civiles desarmados y desprotegidos sufrirán las consecuencias del persistente abandono en que está sumida la región fronteriza sin ley y el consiguiente nacimiento de nuevos grupos armados. En el este de Chad, justo al otro lado de la frontera con Darfur Occidental, los ataques de los yanyawid siguen sin encontrar resistencia. Desde finales de 2005, los yanyawid atacan, matan y obligan a desplazarse a los civiles en función de su origen étnico. Han cometido homicidios masivos de civiles, han robado las riquezas de comunidades enteras y han obligado a miles de personas a huir de la región fronteriza.
El desplazamiento masivo de civiles ha despoblado una amplia franja del este de Chad, a lo largo de la frontera con Sudán. Aunque muchas personas se han trasladado desde la frontera a zonas urbanas como Goz Beida, otras no han podido o no han querido alejarse de sus hogares y aún están bajo la amenaza inmediata de sufrir ataques. Las incursiones transfronterizas de los yanyawid continuaron en agosto, aunque a una escala menor debido a las dificultades físicas que presenta la estación lluviosa. Personas desplazadas en las zonas al sur de Adre aseguraron a Amnistía Internacional que los yanyawid aún se estaban moviendo por toda la zona, y que deambulaban adentrándose cada vez más en Chad en busca de nuevas riquezas que robar.
A Amnistía Internacional le preocupa que los ataques vuelvan a intensificarse al finalizar la estación lluviosa, a finales de octubre, momento en que habitualmente se reanudan los combates en la región y provocan nuevos desplazamientos de civiles. A menos que encuentren resistencia, es posible que los yanyawid sigan la pauta de sus ataques en Darfur, buscando zonas en las que las riquezas aún no se hayan agotado.
Desde que los grupos armados de oposición chadianos establecidos en Darfur Occidental y apoyados por Sudán se han vuelto más activos, Chad se ha visto cada vez más envuelto en el conflicto de Darfur. Desde finales de 2005 ha acogido y, en ocasiones, ha prestado ayuda abiertamente a grupos armados de oposición de Darfur, en represalia por el aumento de la ayuda de Sudán a la oposición armada chadiana.
Hasta la fecha ésta ha sido una guerra por poderes, pero lo sucedido en el sureste de Chad, en donde una gran parte de la población se ha visto inmersa en el conflicto, supone un nuevo nivel de implicación. Amnistía Internacional advirtió de las consecuencias para la región si no se ponía freno a los yanyawid. A causa de esos ataques, la población civil de la región, a gran parte de la cual se ha sacado del conflicto de Darfur, se está viendo obligada a participar activamente en él. Conscientes de la función que el origen étnico ha desempeñado en los ataques contra determinadas localidades de Chad, cada vez son más las personas que hacen causa común con los grupos armados de oposición de Darfur e ignoran la frontera internacional nominal entre Chad y Sudán. En el sureste de Chad, algunos miembros del Frente de Redención Nacional cuentan ahora con centros de reclutamiento y adiestramiento, y el flujo de armas pequeñas hacia la región ha aumentado. En Goz Beida, capital de la región de Dar Silah, se ha comenzado a reclutar, armar y adiestrar a miembros de las tribus más afectadas por los ataques de los yanyawid —en su mayoría pertenecientes a la comunidad de Dajo—..
Las consecuencias de estos hechos empezarán a verse después de la estación de las lluvias, cuando habitualmente se reanudan los combates en la región. La polarización étnica está aumentando, y las víctimas de ataques anteriores de los yanyawid, que ya no están desarmadas, pueden tomar represalias contra otros grupos étnicos chadianos que se alinearon con los yanyawid durante esos ataques. Chad ha amenazado al Frente de Redención Nacional con la expulsión, en virtud de los términos de un nuevo acuerdo entre Chad y Sudán destinado a normalizar las relaciones diplomáticas y firmado el 28 de agosto de 2006, pero el daño ya está hecho.(7)
El reclutamiento y el adiestramiento se realizan con el pretexto de que los habitantes de la zona puedan defenderse. Sin embargo, es posible que las personas reclutadas se utilicen también en ataques al otro lado de la frontera, en Darfur. Los campos de adiestramiento entrañan el peligro de se produzcan ataques en represalia contra la población civil, los campos de refugiados y los asentamientos de personas desplazadas internamente. Hasta la fecha, los ataques de los yanyawid se han limitado a las zonas fronterizas, y los grupos armados de oposición chadianos se han centrado en objetivos del gobierno de Chad. Los futuros ataques de cualquiera de ambas fuerzas pueden extenderse, alcanzando asentamientos de personas desplazadas o campos de refugiados y adentrándose más en Chad, si el gobierno sudanés considera que los civiles apoyan a los grupos armados y representan una amenaza importante.
Las autoridades chadianas no han tomado medidas para proteger a los civiles. Por el contrario, su incapacidad o desinterés a la hora de enviar tropas en respuesta a los homicidios y desplazamientos de civiles chadianos contribuyeron a que continuasen los ataques de los yanyawid.
También existe el peligro de que el conflicto se extienda a lo largo de la frontera con Chad y posiblemente afecte a la República Centroafricana. Según los informes, grupos armados incipientes de la República Centroafricana han creado vínculos con grupos armados partidarios del gobierno sudanés establecidos en Darfur.
6. ¿Quién nos va a proteger?
Son ante todo las autoridades sudanesas las que tienen la obligación de impedir las violaciones de derechos humanos y de procesar a los responsables. Sin embargo, el gobierno no ha hecho nada para poner fin a los ataques de los yanyawid contra comunidades de Darfur o Chad, y a menudo es él mismo el autor de los ataques.
La miembros de la policía sudanesa, en calidad de agentes del Estado, no pueden o no quieren tomar medidas para dar respuesta a las denuncias de delitos cometidos por los yanyawid en los campos de personas desplazadas o en sus alrededores. Aún en los casos en los que ha podido identificarse a los atacantes sólo se han tomado medidas superficiales para abrir un expediente, pero no se han realizado investigaciones efectivas ni se han dado pasos concretos para procesar a los responsables. Según los informes, los agentes de policía se quejan de que no tienen autoridad para encargarse de los yanyawid y de que órdenes superiores les impiden tomar medidas efectivas. Sin embargo, personas refugiadas y desplazadas han hablado a Amnistía Internacional de casos de miembros de los yanyawid incorporados a las fuerzas policiales y de agentes de policía implicados en delitos cometidos por yanyawid.
El mismo día fui a ver a la policía [para denunciar una paliza y un intento de violación por parte de los yanyawid] y me llevaron al hospital. Presenté una denuncia y le hablé a la policía de los hombres. Los policías dijeron que los conocían y que los atraparían. Dos semanas después me encontraba en el mercado y vi a los mismos yanyawid que me habían golpeado. Se lo dije a la policía, y fueron y los detuvieron. Me llevaron a la comisaría para darles más información, y no sé a dónde llevaron a los yanyawid. No sé qué les ocurrió. Pero siete días después vi de nuevo a los mismos yanyawid en el mercado y fui otra vez a la policía. Esta vez en la policía me dijeron: "Son más poderosos que nosotros. No podemos hacer nada". Después de eso decidí que tenía que irme. Viajé a Chad vía Goungour; los familiares de mi esposo me dieron dinero.
Mujer masalit de 30 años procedente de Kunjulteh, al sur de Misteriah, Darfur Occidental.
La Misión de la Unión Africana en Sudán (AMIS)
Los habitantes de Darfur entrevistados por Amnistía Internacional han perdido la confianza en la capacidad de la AMIS para protegerlos, ya sea dentro de los campos para personas desplazadas o en sus alrededores, durante los combates que se están produciendo en Darfur o a lo largo de la frontera en Chad. Han visto que su respuesta a los ataques contra las comunidades ha sido mínima y que las investigaciones tras los ataques apenas sirven de consuelo al no suponer una mejora de la situación. La AMIS tampoco ha sido capaz de poner fin a los homicidios, las violaciones y otros abusos contra los derechos humanos que se producen dentro de los campos para personas desplazadas y en sus alrededores, sino que se ha limitado a remitir a la policía sudanesa las denuncias de las víctimas. Su presencia en el este de Chad es limitada, y su mandato sólo le permite investigar cuestiones relativas a los campos de refugiados, no los ataques transfronterizos o de otro tipo realizados contra civiles. En el lado sudanés de la frontera ha sido incapaz de impedir los ataques transfronterizos.
La imagen de ineficacia nace de problemas de capacidad y de malentendidos con respecto a las restricciones del mandato de la AMIS. Por lo que respecta a la capacidad, la AMIS se encuentra con miles de obstáculos a la hora de cumplir con sus obligaciones. Está obligada a respetar el toque de queda impuesto por el gobierno, su fuerza militar es a menudo inferior a la de los grupos en conflicto, carece de material imprescindible y adolece de deficiencias internas de mando y control. Los problemas de financiación, logística, comunicaciones, personal e inteligencia han llevado a la AMIS a una situación límite.
Las limitaciones del mandato de la AMIS, que la comunidad local no comprende bien, también han contribuido a la imagen negativa que se tiene de ella. Por ejemplo, en lo que respecta al mantenimiento del orden en los campos para personas desplazadas, la AMIS no tiene autoridad para iniciar investigaciones criminales, sino que sólo puede asesorar a la policía y vigilar sus investigaciones. Las personas desplazadas, sin embargo, no ven de qué sirve que la AMIS registre sus denuncias y las remita a la policía sudanesa, si no se va a emprender ninguna acción. Ante la falta de resultados y la estrecha interrelación entre la AMIS y la policía, su conclusión es que la AMIS está controlada por el gobierno.
Aquel día por la mañana, a las seis, entré y les dije a los representantes [de la AMIS/Unión Africana]lo que había ocurrido el día anterior [en que las personas desplazadas habían causado disturbios y se habían enfrentado a la policía a causa de la manipulación de la distribución de alimentos, controlada por el gobierno]. Les conté que la policía había venido a mi casa, yo había huido y ellos habían golpeado a mi esposa y la habían detenido. También les dije que le habían roto una mano y una pierna a [un familiar]. Los representantes de la UA tomaron té y luego nos llevaron a la comisaría. Allí tomaron café con los policías y luego se fueron. Quedé bajo custodia policial. Estuve detenido durante un mes y ocho días, y después me ordenaron que volviese a presentarme en la comisaría. Tenía que presentarme todos los días por la mañana y por la noche [...]Decidí acabar con esta tortura. Decidí viajar y buscar asilo. Después de nueve meses llegué aquí [al campo de refugiados de Gaga, en Chad].
Hombre masalit de 39 años procedente de Ashtwara, Darfur Occidental.
En general, los habitantes de Darfur explicaban que, en los lugares en los que estaba destacada la AMIS, su presencia evitaba los ataques directos y que se cometieran delitos delante de ella. Sin embargo, si los atacantes yanyawid no eran atrapados en el momento de cometer el delito, ni la AMIS ni la policía sudanesa hacían nada para investigar o tomar medidas legales contra ellos.
La UA no está presente ni en el campo para personas desplazadas ni en Mornei, pero vienen con frecuencia para arreglar asuntos en la ciudad. Cuando están presentes, los yanyawid no se atreven a atacar. A la UA no le interesan las personas desplazadas. Si denunciamos no toman ninguna medida. Cuando las muchachas son violadas en los alrededores del campo, lo único que hacen los representes de la UA es llevar a la muchacha de vuelta al campo. No realizan ninguna investigación sobre lo ocurrido. La ONU haría el trabajo mucho mejor que la UA. Una muchacha violada vuelve con su familia y finalmente da a luz a un bebé y lo cría, porque el infanticidio está haram [prohibido].
Mujer masalit de 35 años procedente de la localidad de Tungfuka, Darfur Occidental.
Sin embargo, en determinados casos la AMIS tiene el mandato de hacer algo más que registrar denuncias. En Darfur (pero no en Chad), puede intervenir para proteger a los civiles que sufran una amenaza inminente y estén en sus inmediaciones. Aunque su presencia ha contribuido a impedir que se produzcan ataques armados directos de los yanyawid contra los campos para personas desplazadas, Amnistía Internacional no encontró a ningún habitante de Darfur que pudiera atestiguar que la AMIS había ofrecido protección durante ataques contra comunidades en otras partes de Darfur. Para las personas desplazadas, el hecho de que la AMIS no tenga una presencia más amplia, con patrullas generalizadas, y no proteja a los civiles cuando resulta necesario hace que su presencia en Darfur sea una farsa.
A la policía no le importa. Trata con los árabes. Las fuerzas de la AU no hacen más que seguir las carreteras, aunque la gente se mueve a través de los campos y de espacios abiertos. Las fuerzas de la AU van en sus vehículos a Tulus, Habila y Barja. Si les informamos de algo en el puesto, a veces van a ver qué ocurre y a veces no.
Hombre masalit, originario de Tomfoga, Darfur Occidental.
La AMIS se ha ido convirtiendo cada vez más en objetivo de ataques de grupos armados. Quienes no firmaron el Acuerdo de Paz de Darfur consideran que la posición de la UA con respecto al Acuerdo está intrínsecamente predispuesta en su contra. Para ellos, su expulsión de los organismos de vigilancia del cese de hostilidades en agosto de 2006 y los informes sobre la utilización de aviones de la AMIS en apoyo de las fuerzas gubernamentales constituyeron nuevas pruebas de la predisposición de la AMIS en favor del gobierno. Esta idea se vio reforzada cuando, durante los ataques de la facción de Minawi contra Korma, las fuerzas de la AMIS no hicieron nada para intervenir, y un helicóptero suyo, que las fuerzas sudanesas habían vuelto a pintar parcialmente, participó en los enfrentamientos. Según los informes, la AMIS justificó la no intervención alegando que su función consistía en vigilar el cese de hostilidades entre el gobierno y los grupos armados de oposición, no los combates entre esos grupos armados. Según los informes recibidos, la AMIS no ha estado presente durante la ofensiva militar que se está produciendo en Darfur Septentrional.
La AMIS, como garante del Acuerdo de Paz de Darfur, está vinculada al gobierno y a la facción de Minawi, que son quienes intentan ponerlo en práctica. Sin embargo, dado que el gobierno y la facción de Minawi también participan activamente en los enfrentamientos con el Frente de Redención Nacional, entre quienes no han firmado el Acuerdo y sus partidarios aumenta la impresión de que la AMIS está en su contra.
La AMIS fue enviada para vigilar un acuerdo de paz efectivo, no para poner paz, y hace mucho tiempo que la situación de Darfur ha excedido los límites de su mandato y capacidad. Una AMIS reforzada es preferible a la actual, pero no es la mejor opción. Los civiles de Darfur necesitan una fuerza de mantenimiento de la paz nueva y más efectiva, con el mandato y la capacidad necesarios para afrontar los problemas que ahora presenta Darfur.
7. La necesidad urgente de una operación efectiva de mantenimiento de la paz
Entre la reanudación de los combates y el hecho de que los responsables del mantenimiento de la paz de la AMIS no hayan protegido a los civiles, Darfur está a punto de sumirse en el caos. La única esperanza para los habitantes de la región, y quizá la última, es que la ONU envíe una fuerza de mantenimiento de la paz.
El 31 de agosto de 2006, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución en la que se proponía el envío de esta fuerza de mantenimiento de la paz, con el mandato de proteger a los civiles con todos los medios necesarios (Resolución 1706). El gobierno sudanés ha dejado clara su oposición al envío de tropas de mantenimiento de la paz por parte de la ONU y ha amenazado con expulsar a las fuerzas de la AMIS si la Unión Africana accede al envío de dichas tropas.
El Consejo de Seguridad reconoció la necesidad de hacer frente a las preocupaciones de seguridad en Chad y la República Centroafricana. La Resolución 1706 autorizó a la misión de mantenimiento de la paz en Darfur propuesta la creación de oficinas en lugares clave de Chad, incluidos los campos de refugiados y para personas desplazadas internamente, así como la vigilancia de las incursiones transfronterizas en Chad y la República Centroafricana. El gobierno francés ha sugerido la posibilidad de desplegar una fuerza de mantenimiento de la paz o de gendarmería en la región, pero estas iniciativas están estancadas.
La decisión de la Unión Africana y de la ONU de reforzar la AMIS con el apoyo de la ONU y de ampliar su mandato hasta el final de 2006 no soluciona el problema del mantenimiento de la paz en Darfur. La comunidad internacional debe prestar atención al clamor de los habitantes de Darfur y actuar con decisión para protegerlos. El envío de una fuerza de mantenimiento de la paz de la ONU sigue siendo la última y mejor opción para conseguirlo.
Recomendaciones
Amnistía Internacional pide al gobierno de Sudán que
· acceda al envío de fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU a Darfur conforme a la Resolución 1706 del Consejo de Seguridad;
· permita que la AMIS continúe operando en Darfur hasta el envío de las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU;
· ponga fin a las violaciones del derecho internacional humanitario y de derechos humanos que se están produciendo en la actual ofensiva militar.
Amnistía Internacional insta a los grupos armados que forman parte del Frente de Redención Nacional a que
· tomen todas las medidas necesarias para garantizar que sus fuerzas no violan el derecho internacional humanitario, incluida la obligación de no mezclarse con la población civil de Darfur.
Amnistía Internacional pide a los miembros del Consejo de Seguridad y de la Unión Africana que
· acuerden una posición común unida para garantizar que Sudán accede al envío de fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU a Darfur;
· refuercen la AMIS de modo que pueda cumplir con su mandato de proteger a la población civil hasta el envío de una misión de la ONU.********
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· (1) Amnistía Internacional: Chad/Sudán. El fruto de las semillas de Darfur. Ataques étnicos en Chad de las milicias yanyawid de Sudán, Índice AI: AFR 20/006/2006, junio de 2006.
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· (2) Amnistía Internacional: Chad/Sudán. El fruto de las semillas de Darfur. Ataques étnicos en Chad de las milicias yanyawid de Sudán, Índice AI: AFR 20/006/2006, junio de 2006.
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· (3) Declaración realizada por la AMIS el 16 de agosto de 2006 en la que se comunicaba que los no signatarios del Acuerdo de Paz de Darfur dejaban de formar parte de la Comisión para el Alto el Fuego en Darfur y la Comisión Conjunta; puede consultarse en http://www.sudaneseonline.com/en/article_851.shtml
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· (4) El plan fue presentado por el gobierno de Sudán en agosto de 2006.
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· (5) Véase Amnistía Internacional: Sudán: La acumulación de tropas gubernamentales en Darfur indica que se avecina una crisis de derechos humanos, Índice AI: AFR 54/043/2006, 28 de agosto de 2006.
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· (6) Véase Amnistía Internacional: Darfur. Korma: no cesan los ataques contra civiles, Índice AI: AFR 54/026/2006, 31 de julio de 2006.
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· (7) Las relaciones diplomáticas se rompieron cuando Chad acusó a Sudán de apoyar un intento fallido de golpe de Estado y el ataque de grupos armados a la capital chadiana, Yamena, el 12 de abril de 2006.
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