Document - Sudan: Displaced in Darfur: A generation of anger

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[Fecha de embargo: 22 de enero de 2008]

Público

Amnistía Internacional

Sudán

La población desplazada de Darfur

Una generación marcada por la ira

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Miren los campos: no hay seguridad y no hay escuelas secundarias. Esta generación será la generación de la ira, niños y niñas.

Activista masalit

En mayo de 2006, la comunidad humanitaria tenía acceso a casi toda la población; ahora hay cerca de medio millón de personas a las que no tenemos acceso. Todos los días nos atacan, todos los días tenemos secuestros, atacan a nuestro personal todos los días.

Funcionario la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, agosto de 2007

Si eres hombre, te darán una paliza. Si eres mujer, te violarán.

Desplazado interno de Al Yeneina

Las ONG nos dan agua y comida; no pueden darnos seguridad.

Persona desplazada alojada en el campo de Mershing

En este informe se insta al gobierno sudanés y a la fuerza de la Operación Híbrida de la Unión Africana y las Naciones Unidas en Darfur (UNAMID) a tomar medidas para proteger a la población desplazada de Darfur. Sólo una fuerza de mantenimiento de la paz sólida, con un mandato enérgico para la protección de la población civil de Darfur, podrá mejorar de manera sustantiva la vida y las perspectivas de la población desplazada. ¿Cuánto tiempo deberán seguir esperando?

Metodología: Debido a las dificultades enfrentadas en repetidas ocasiones al tratar de obtener visados para Sudán, Amnistía Internacional se ha visto obligada a entrevistar por teléfono a las personas desplazadas internamente y los activistas de derechos humanos de Darfur cuyas declaraciones se recogen en este documento. Agradecemos a todas las personas desplazadas, a otros contactos de Sudán y a los miembros de la diáspora sudanesa que ofrecieron su tiempo y energías para recoger algunos de los testimonios citados en este informe. Varios activistas de derechos humanos y otras personas, entre ellas personas desplazadas internamente, han sido detenidas de forma arbitraria, y en algunos casos torturadas, por proporcionar información sobre la situación imperante en Sudán. Es por este motivo que no se hace pública la identidad de la mayoría de las personas que nos han proporcionado información.

ÍNDICE

11. Panorama general �

52. Los peligros que rodean los campos �

83. Las mujeres: el riesgo siempre presente de la violación �

124. En los campos, las armas son baratas �

145. Juventud desesperada: una generación resentida �

176. El peligro de los retornos y reasentamientos forzados �

217. Protección de la población desplazada: las normas internacionales �

238. Recomendaciones �

25Notas finales �

1. Panorama general

Exhorto a todas las personas a pensar en la gente alojada en los campos, la gente en el exilio… la vida que viven, una vida sin futuro, el sufrimiento que han soportado, el hambre, la juventud sin esperanza, los miles de personas muertas… ¿Vamos a esperar para ofrecerles respuestas? ¿Creen ustedes que la gente de los campos puede esperar mucho tiempo más? ¿Creen que la gente de los campos puede seguir viviendo en tales condiciones?

Profesor Alpha Oumar Konaré, presidente del Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana, octubre de 2007

Se cree que más de 90.000 personas han perdido la vida como consecuencia directa del conflicto que se libra en Darfur desde 2003. Se calcula que unas 200.000 personas han muerto por causas relacionadas con el conflicto y más de 2,3 millones han quedado desplazadas internamente. En 2003, enfrentado a una rebelión, el gobierno sudanés aprovechó las tensiones existentes para proporcionar armas a las milicias locales y usar a éstas, con el apoyo de las fuerzas terrestres y aéreas gubernamentales, para desplazar por la fuerza a cientos de miles de personas.

La mayoría de las personas obligadas a abandonar sus hogares y comunidades están alojadas en más de 65 campos para desplazados internos situados en distintas partes de Darfur.

Otras han buscado refugio en algunas ciudades de Darfur, en casuchas construidas en asentamientos informales o en casa de familiares u otras personas que les han ofrecido un rincón de su vivienda. Además, cientos de personas, en su gran mayoría desplazadas hace poco tiempo, se han guarecido en el monte, donde sobreviven precariamente a base de cereales y frutos silvestres o con la ayuda de residentes de pueblos de la zona que se han salvado de los ataques.

Millares más han huido a ciudades de otras regiones de Sudán, principalmente en el vecino estado de Kordofán. Algunas han llegado al este de Sudán, donde residen muchas personas oriundas de Darfur que trabajan desde hace años en proyectos económicos, y otras han huido a Jartum.

Asimismo, se tiene conocimiento de que unas 240.000 personas provenientes de Darfur viven en 12 campos para refugiados del este de Chad.

Vastas zonas de Darfur han quedado desoladas y casi vacías salvo por la presencia de algunos grupos de nómadas, aunque todavía hay zonas donde se mantiene un frágil equilibrio y quedan algunos pueblos habitados. En algunas partes de Darfur, el único rastro que queda de los antiguos pueblos son las plantas de sorgo y mijo silvestre que crecen entre los pajonales y los árboles. En otras zonas, de los antiguos pueblos sólo quedan paredes de adobe quemadas y casas abandonadas.

Muchas familias han sido desplazadas por la fuerza en varias ocasiones, y los campos para desplazados internos siguen acogiendo a personas desplazadas recientemente. Según cifras de la ONU, en octubre de 2007 quedaron desplazadas 30.000 personas más como consecuencia de una serie de ataques lanzados contra Muhageria, en el estado de Darfur Meridional, y Bir Dagig y Umm Dukhum, en el estado de Darfur Occidental.1 Con este nuevo desplazamiento, el número total de personas desplazadas entre enero y finales de noviembre de 2007 alcanzó a aproximadamente 280.000.

Desde 2004, en una operación de ayuda humanitaria masiva, se vienen proporcionando agua y alimentos, educación primaria y servicios de salud a más de cuatro millones de personas desplazadas y personas que, aunque no desplazadas, han quedado sumidas en la pobreza a causa del conflicto y los ataques.2 Pero, como manifestó una persona alojada en el campo de Mershing: “Las ONG nos dan agua y comida; no pueden darnos seguridad”.

Un soldado del gobierno sudanés descansa en un puesto de control cercano al pueblo abandonado de Um Ashab. Todos los habitantes del pueblo huyeron al campo para desplazados internos de Zamzam, al sur de la ciudad de Al Fasher, en junio de 2006.

© Nasser Nasser/AP/PA

En Darfur es difícil conseguir seguridad

El gobierno de Sudán sigue llevando a cabo ataques aéreos y terrestres con una indiferencia absoluta por la necesidad de protección de la población civil. En 2006, el gobierno sudanés y uno de los grupos armados que combatían en Darfur, el Ejército de Liberación de Sudán-Minni Minawi (SLA/MM), firmaron el Acuerdo de Paz de Darfur. Desde entonces, sólo un puñado de facciones armadas han suscrito el convenio. Aunque no se han aplicado la mayoría de las medidas previstas en el acuerdo, algunas zonas y puestos del gobierno fueron entregados al SLA/MM y a otras facciones (denominadas colectivamente “los signatarios”) que han aceptado los términos del Acuerdo de Paz de Darfur.

En lugar de desarmar a los yanyawid, tal como accedió a hacer en numerosos acuerdos como el antes mencionado, el gobierno de Sudán les facilitó más y mejores armas y los incorporó a organizaciones paramilitares: las Fuerzas Populares de Defensa, la Policía Popular, la Policía Nómada y la Guardia de Inteligencia de Fronteras.

El conflicto entre grupos étnicos (incluido el conflicto entre grupos árabes) no ha cesado. Algunas de las milicias yanyawid visten el uniforme de las fuerzas paramilitares gubernamentales, se trasladan en vehículos del gobierno y están armadas con granadas propulsadas por cohetes. Más de 400 personas murieron en enfrentamientos armados ocurridos entre enero y agosto de 2007 cuando unos hombres de la comunidad rizeigat del norte, en su gran mayoría vestidos con el uniforme de la Guardia de Inteligencia de Fronteras, atacaron pueblos habitados por miembros de la etnia tarjem. La mayoría de los muertos eran residentes que lucharon para defenderse, pero también murieron ancianos y personas que estaban demasiado débiles para huir.

Los dos grupos armados que se opusieron al gobierno en 2003 y asistieron a las conversaciones de paz en 2006 se fragmentaron antes de finales de 2006. Según diversas fuentes, el número de grupos armados de oposición alcanzaría a 50; algunos son más grandes y están mejor armados que otros. Ciertos grupos armados de oposición no tienen presencia alguna salvo en las conferencias de paz que se están celebrando en Libia, y no parecen tener política alguna fuera de saquear vehículos y extorsionar a la población con el fin de obtener dinero. Ahora a los grupos armados no árabes se han unido grupos armados árabes, algunos de los cuales cuentan con un programa político y mantienen vínculos con el Ejército de Liberación de Sudán (SLA), y otros, formados por ex yanyawid, que consideran que el gobierno los ha engañado. Distintas facciones de los grupos armados árabes se han aliado con el gobierno, han cooperado con grupos armados de oposición o han permanecido independientes, usando su armamento para llevar a cabo saqueos.

Los traslados por carreteras y caminos de todo Darfur son peligrosos. Los grupos armados secuestran vehículos y matan a trabajadores de ayuda humanitaria; sólo en octubre de 2007 dieron muerte a siete trabajadores. De enero de 2007 a finales de noviembre, los grupos armados secuestraron 128 vehículos pertenecientes a la ONU y a ONG y atacaron 74 convoyes de ayuda humanitaria. Un defensor de los derechos humanos que se trasladó de Nyala a Al Fasher en octubre de 2007 relató que en su jornada de 200 km había atravesado 14 puestos de control: puestos del gobierno, de los yanyawid y de un gran número de diferentes grupos armados derivados del ex SLA y del Movimiento Justicia e Igualdad que en algunos casos respaldaban al gobierno y en otros combatían contra él.

En 2007, si es que ha habido algún cambio, ha sido para peor. Una fuerza de la Unión Africana, la Misión de la Unión Africana en el Sudán (AMIS), está desplegada en Darfur desde 2004, al principio con el único cometido de vigilar un acuerdo de alto el fuego pero posteriormente con el mandato de proteger a la población civil. Sin embargo, la AMIS, una fuerza cuyo personal ya no da más de sí y que carece de medios de transporte adecuados, se ha mostrado incapaz de defenderse a sí misma, y mucho menos a la población local.

En mayo de 2006, la comunidad humanitaria tenía acceso a casi toda la población; ahora hay cerca de medio millón de personas a las que no tenemos acceso. Todos los días nos atacan, todos los días tenemos secuestros, atacan a nuestro personal todos los días. Muchísimos miembros del personal de ayuda humanitaria han sido atacados a punta de pistola [y] en muchos casos han sido detenidos durante horas, a veces toda la noche, y a menudo los han abandonado en el desierto. Hay vastas zonas a las que no tenemos acceso alguno, y zonas a las que tenemos un grado de acceso que calificamos de esporádico. Estamos empezando a ver los efectos de la falta de acceso: el aumento de la desnutrición, las enfermedades que hacen presa de los niños, la diarrea.

Declaraciones de Mike McDonagh, director para el norte de Sudán de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, agosto de 20073

En septiembre de 2007, 12 soldados de la AMIS murieron en Haskanita, al parecer a manos de grupos armados de oposición.

Darfur se ha visto gravemente afectado por la proliferación de armas pequeñas. El gobierno ha inundado la región de armas, la mayoría de las cuales se han proporcionado a las milicias yanyawid. Los innumerables grupos armados de oposición también han importado armas con destino a Darfur y a los campos para desplazados internos. La mayoría de estas armas se transportan a través del sur de Sudán, la República Centroafricana, Chad y Libia. Prácticamente todos los campos para desplazados internos rebosan de armas. La presencia de armas y de una generación de jóvenes que viven en los campos sin hacer nada, frustrados y furiosos, ha dado lugar a un aumento del reclutamiento en los grupos armados de oposición.

Sienten ira y no saben cómo encauzarla. Esta generación más joven, con escasa educación, sin futuro ni trabajo, lo único que se les ocurre hacer es empuñar un arma.

Seifeldin Nimer, ex trabajador de una ONG de Al Yeneina

Quienes más han sufrido durante la crisis de Darfur son las personas obligadas a abandonar sus hogares, ya se trate de desplazados internos o de refugiados, y en general su situación ha sido ignorada mientras el gobierno y los grupos armados se enzarzan en sus batallas verbales. No podrá haber una paz duradera a menos que se garantice el respeto y la protección de los derechos humanos de las personas desplazadas. Entre estos derechos están: el derecho a retornar a sus hogares voluntariamente, en condiciones de seguridad y dignidad, u optar por el reasentamiento voluntario o la integración local; el derecho a la vida y la integridad personal; el derecho a un remedio efectivo, que debe incluir indemnización, restitución y otras reparaciones; el derecho a la libertad de expresión; y el derecho a ver que se pone fin a la impunidad que disfrutan los perpetradores. También es esencial que se respeten y defiendan los derechos económicos, sociales y culturales de la población de Darfur, como los derechos a una alimentación adecuada, al agua y el saneamiento, a la vivienda y a la educación.

Este informe se centra en la situación de las personas desplazadas dentro del territorio de Darfur. En él se formula una serie de recomendaciones al gobierno sudanés, los grupos armados de oposición, la comunidad internacional y la Operación Híbrida de la Unión Africana y las Naciones Unidas en Darfur (UNAMID) que asumió las funciones de la AMIS a finales de 2007.4

2. Los peligros que rodean los campos

Las personas desplazadas internamente están atrapadas en un vacío de protección. La AMIS estaba encargada de proteger a la población desplazada internamente dentro de Darfur, pero se vio abrumada por la escasez de personal y la superior potencia de fuego de los yanyawid y los grupos armados de oposición que a menudo atacan a civiles. En algunas ocasiones realizó apenas una patrulla diaria en toda la región de Darfur.

Al mismo tiempo, la policía y las Fuerzas Armadas Sudanesas, que se supone que deben proteger a la población civil, son objeto de la desconfianza de los desplazados internos, que consideran que estas fuerzas se muestran antagónicas en lugar de actuar para protegerlos. Se reciben numerosos informes sobre casos de detención arbitraria de desplazados fuera de los campos por considerar la policía o el ejército que son miembros de grupos armados de oposición. La antipatía entre la población desplazada y la policía ha provocado estallidos de violencia en los campos. Los desplazados han incendiado puestos de policía y, como ocurrió en el campo de Kalma en 2005, oficinas de la Comisión de Asuntos Humanitarios del gobierno.5

La mayor parte de la población desplazada vive en campos. Algunos de éstos son enormes, como los de Yereida (120.000 residentes), Kalma (90.000) y Abu Shouk (más de 50.000). Algunos, como los que rodean Al Yeneina, están situados cerca de las ciudades y son de fácil acceso. Kalma está situado en las cercanías de Nyala, una ciudad importante, pero el camino suele estar cerrado y es peligroso. Las Fuerzas Armadas Sudanesas rodean el campo, obligando a residentes y visitantes por igual a pasar por un puesto de control.

Yereida, el campo de mayores dimensiones de Darfur, se halla situado en una zona controlada por soldados del SLA/MM, el grupo del Ejército de Liberación de Sudán que firmó el Acuerdo de Paz de Darfur de 2006. En septiembre de 2006, tras un ataque contra su campo, el SLA/MM detuvo a hombres de la etnia masalit que posteriormente “desaparecieron”; los cadáveres de ocho de ellos fueron encontrados en enero de 2007 en una fosa común. Asimismo, las personas alojadas en los campos dicen que los soldados del SLA/MM han violado a mujeres locales.

Algunos campos, como los de Mosai y Hamadiya, alojan a árabes desplazados, y en otros viven personas árabes y de otras etnias. Kidingir, Rokoro y otros campos están situados en lugares remotos, en zonas que están bajo el control de los grupos armados. Las organizaciones de ayuda humanitaria suelen tener dificultades para llegar a estas zonas y sus visitas a los campos son intermitentes.

Los campos para desplazados internos albergan a una variedad de sectores de la sociedad. Aunque la mayoría de las personas desplazadas son campesinas, también hay personal de la salud, docentes, profesionales de la ingeniería y al menos un ex parlamentario que prefiere permanecer cerca de las personas a las que representaba. La mayoría de los campos tienen un sistema de gobierno interno encabezado por jefes elegidos por distintos sectores. Resulta patente la ausencia de mujeres en los cargos superiores, pero en la mayoría de los campos hay una dirección paralela compuesta por mujeres. En los campos más grandes, como el de Kalma, se han instituido sistemas de justicia y policía comunitaria. El jefe local del sector al que pertenece la persona acusada se asegura de la comparecencia de ésta y, si se impone una multa, el sector es responsable de su pago.

Milicias yanyawid a caballo cerca de la frontera con Chad. © Espen Rasmussen/Panos

Aunque la mayoría de las personas desplazadas internamente viven en campos, muchas otras se refugian en ciudades cercanas a sus pueblos arrasados. En algunas ciudades, como Kabkabiya, no hay ningún campo; los desplazados viven entre la población local, circunstancia que ha hecho que la población prácticamente se cuadruplique. Otros desplazados se han guarecido en el monte donde, inevitablemente, tienen menos acceso a la ayuda y la protección. Tras el homicidio de los soldados de la AMIS en Haskanita en 2007, las Fuerzas Armadas Sudanesas ocuparon la localidad y prendieron fuego a sus edificios, y la población huyó al monte. El gobierno bloqueó los caminos que comunicaban con la zona y, según la ONU, pasó un mes antes de que la ayuda humanitaria pudiera llegar a las personas desplazadas.

La población desplazada de la zona de Labado sufrió la misma suerte. Aunque numerosos residentes quedaron desplazados y sus cosechas fueron destruidas como consecuencia de los combates que estallaron durante el mes de ramadán (septiembre a octubre de 2007), en diciembre la ONU todavía no tenía acceso a la zona. Las rutas que llevan a la región están bloqueadas por puestos de control del gobierno y se ha impedido que las ONG proporcionen ayuda a la población. Estas personas desplazadas viven en refugios improvisados bajo los árboles y, durante el periodo de la cosecha, han recibido ayuda de pueblos vecinos cuyos cultivos no han sido destruidos.

En muchas zonas de Darfur las rutas están controladas por milicias yanyawid ambulantes o por facciones de los grupos armados de oposición, dispuestas por igual a atacar a los transeúntes. Las fuerzas armadas gubernamentales, las fuerzas paramilitares policiales, las milicias yanyawid y otros grupos armados instalan puestos de control en los que a menudo extorsionan a los viajeros para obtener dinero. Las fuerzas y grupos secuestran convoyes e interceptan autobuses.

El domingo abandonamos Mokjar para dirigirnos a Foro Baranga. Primeramente hubo un registro policial rutinario y nos bajamos en el puesto policial. Después, al seguir camino, nos encontramos con un puesto de control árabe. Nos obligaron a bajar del automóvil y nos hicieron formar fila para registrarnos. Les dijimos que ya nos había registrado la policía. Los árabes dijeron: “No reconocemos ese registro”. Examinaron nuestros documentos de identidad y el mío estaba en regla, pero algunos de los que iban conmigo no tenían documentos. Los llevaron a un puesto de control y les dijeron que debían pagar una multa de 10.000 libras sudanesas (unos 5 dólares estadounidenses) y que si no la pagaban no podrían marcharse. Algunas personas pagaron la multa, pero tres de ellas no tenían dinero y el conductor la pagó. En el automóvil viajaban algunos árabes, pero no tuvieron que pagar nada.

“Yaqoub”, funcionario del gobierno local

A menudo no resulta claro si quienes atacan los vehículos pertenecen a las milicias yanyawid o a grupos armados, o si son simplemente salteadores de caminos. En muchas partes de Darfur se observa un cuadro generalizado de extorsión de habitantes locales por las milicias armadas que cortan las rutas para apoderarse de sus pertenencias o exigir “dinero de sangre”.6

En agosto de 2007, los yanyawid secuestraron a 17 hombres y niños de los campos que rodean Kidingir (campo situado en una zona de Jebel Marra controlada por los yanyawid) en el camino de Nyala. En una entrevista telefónica, el jefe del grupo árabe que los había secuestrado ofreció varios motivos para la exigencia del pago de un rescate. Dijo que el dinero era una multa por haber penetrado en una zona considerada territorio árabe, y que era “dinero de sangre” (diya) por los cuatro árabes presuntamente muertos a manos de los desplazados internos. Los 17 fueron liberados cuando se pagó la mitad de la cantidad exigida, y ahora la población desplazada siente temor debido a que no se ha pagado el resto del rescate.

Un grupo de 17 desplazados internos residentes en campos de la región de Kidingir, en Jebel Marra, fueron secuestrados por los yanyawid en agosto de 2007.

Volvíamos de Nyala al campo de Kidingir. La mayoría eran comerciantes y había varios estudiantes, algunos provenientes de Jartum. Nos trasladábamos en un camión, y cuando llegamos a Yabra nos interceptaron los yanyawid. Fue el 2 de agosto de 2007. Eran árabes, 54 en total, algunos vestidos de uniforme y otros con jallabiyas,7 a caballo y en camello. Pertenecían a los jallul nawa’iba [un grupo nómada]. Dejaron en libertad a cinco mujeres que iban con nosotros y nos dijeron que no debíamos haber atravesado Yabra porque era su tierra y que tendríamos que pagar 210.000.000 libras sudanesas [unos 105.000 dólares estadounidenses].

Éramos 17; el mayor tenía 55 años, y el más joven, ocho. Nos ataron con sogas en grupos de tres y comenzamos a andar hacia el norte. Al niño de ocho años no lo ataron. Caminamos tres días. Cuando llegamos, había un campamento de árabes pero a nosotros nos dejaron fuera, atados a los árboles. En el camino y después, en ocasiones, cuando estábamos atados a los árboles, nos azotaban o nos pegaban con culetas de armas o con la mano. Al niño no lo golpearon. No nos dieron suficiente comida, sólo una comida por día [...]. Dos se enfermaron. Cuando llevábamos 65 días atados nos dejaron en libertad, pero tuvimos que andar tres días para regresar.

Llegamos a casa el 12 de octubre. Habíamos permanecido fuera 71 días. Nos enteramos de que la gente había contribuido al pago de la mitad del rescate, y que había que pagar la otra mitad un mes después. Pero aquí no hay dinero. No nos hemos quejado al gobierno: ¿a quién nos íbamos a quejar? La policía está envuelta en esto.

Adam Abdallah, desplazado interno residente en Kidingir

3. Las mujeres: el riesgo siempre presente de la violación

Las mujeres siempre han sido la fuente de nuestra cultura, depositarias de la historia, la poesía, la tradición narrativa. Es por ello que la cultura fur sigue viva en los campos.

Mohammed Baraka, ex parlamentario de Kabkabiya, 2007

El 30 de noviembre de 2007, una residente del campo de Al Da’ein, en Darfur Meridional, dijo a John Holmes, coordinador del Socorro de Emergencia de la ONU, que las mujeres eran las principales víctimas del conflicto: “Hemos perdido a nuestros esposos, pueblos y familias, y todavía no tenemos seguridad para ir al pueblo, salir a recoger leña, y ésta es la situación desde hace cuatro años”.

En los campos hay más mujeres que hombres. En algunos casos, los hombres de la familia han sido asesinados o se han desplazado a otro lugar. Aunque en todos los campos los principales cargos de autoridad son ejercidos por hombres, hay muchas familias encabezadas por mujeres y, como ocurre a menudo en situaciones de crisis y guerra, son las mujeres las que mantienen la unidad familiar.

En Darfur los ataques que obligaron a la población a abandonar sus tierras se vieron acompañados no sólo de homicidios sino también de violaciones. Durante la campaña de desplazamientos forzados masivos que tuvo lugar después del año 2003 se cometieron violaciones de mujeres a una escala sin precedentes. Las milicias yanyawid utilizaron la violación como herramienta para humillar y castigar a las poblaciones que atacaban, a menudo cometiendo estos abusos públicamente y llevándose a algunas mujeres a sus campos militares para someterlas a esclavitud sexual durante meses.8

Mientras las comunidades desplazadas abandonaban las zonas rurales para buscar refugio en campos o pueblos, los yanyawid continuaron atacando y violando a mujeres que se aventuraban a salir en busca de leña o para ir al mercado. Estas violaciones tienen un doble propósito: cada violación o agresión es un mensaje que advierte a quienes han huido que sólo están seguros dentro de los campos. Sus tierras pertenecen a los yanyawid.

Todo alrededor del campo escasea la leña. Pero los árabes jammalas9 dominan la zona y no nos atrevemos a salir muy lejos. Si eres hombre, te darán una paliza; si eres mujer, te violarán. Normalmente no te matan. Si te sometes a que te peguen, sólo te pegan, pero si te defiendes, te matan. A las mujeres las violan.

“Ahmad”, desplazado interno residente en el campo de Durti, noviembre de 2007

Unas mujeres acarrean haces de leña en el campo para desplazados internos de Kalma. Las mujeres que salen del campo para recoger leña o ir al mercado corren peligro de convertirse en víctimas de agresiones violentas. Muchas han sido violadas.

© Sven Torfinn/Panos

En 2004, poco después de la llegada a Darfur de las fuerzas de la AMIS, algunas unidades comenzaron a realizar “patrullas de leña” para proteger a las mujeres del hostigamiento cuando salían de los campos a buscar leña o agua. Pero estas patrullas nunca cubrían más que unos pocos campos. En los últimos tiempos prácticamente han cesado.

Las mujeres temen salir a recoger leña, temen a los yanyawid y a otros. En el pasado la UA solía protegerlas, pero durante el último año ya no lo han hecho.

“Fatima”, desplazada interna de Zalingei, noviembre de 2007

En todos los campos donde Amnistía Internacional habló con personas desplazadas se repitió la misma historia. Hoy en día los campos están rodeados de un cinturón cada vez mayor de tierras devastadas donde ya casi no queda un solo árbol en pie. Las ONG tratan de proporcionar sustitutos para la leña y cocinillas más eficientes, pero cuando las mujeres salen del campo el cuadro generalizado de violaciones no ha cambiado.

Las mujeres siguen saliendo a recoger leña, lo que las pone en peligro porque pueden violarlas. Pero los hombres seguimos permitiendo que salgan porque a los hombres que salen a recoger leña pueden matarlos.

“Mahmud”, desplazado interno residente en Al Yeneina, noviembre de 2007

En Zalingei, Darfur Occidental, una zona de inestabilidad y conflicto, son frecuentes los homicidios de hombres y las violaciones de mujeres. Los perpetradores cometen estos abusos con impunidad. Aunque la mayoría de las víctimas acusan a las milicias yanyawid, también se han recibido informes sobre violaciones cometidas por miembros del ejército, la policía y grupos armados de oposición como el SLA/MM. Las mujeres dicen que tampoco están a salvo de que las violen hombres desplazados residentes en los campos.

Las violaciones rara vez se denuncian: la mayoría de las mujeres tratan de ocultar lo que les ha ocurrido. Como saben que no se detendrá a nadie por este delito, no tiene sentido que dañen su propia reputación y sus perspectivas de matrimonio haciéndolo público. Cuando necesitan tratamiento médico, las mujeres violadas van a una clínica gestionada por una ONG en lugar de a un hospital estatal. Anteriormente, para tener derecho a recibir tratamiento médico tenían que rellenar un formulario (el Formulario 8) en el que se denunciaba la violación. Aunque este procedimiento ya no es necesario, persiste una profunda renuencia a acudir a la policía.

La mayoría de las víctimas con las que se entrevistó Amnistía Internacional dijeron que no es frecuente que la policía investigue las denuncias de violación. Cuando sí lo hace, rara vez se encuentra y detiene a los responsables y, si se detiene a un sospechoso, el caso no suele ir a los tribunales. Si los presuntos violadores son miembros de las Fuerzas Armadas Sudanesas, la justicia parece imposible de alcanzar. Aun cuando la víctima pueda identificar a quienes la han violado, las Fuerzas Armadas Sudanesas se niegan a investigar y la policía, en los casos en que está dispuesta a practicar una detención, se siente demasiado impotente para hacerlo.

Con harta frecuencia, a quien se detiene es a la persona que ha presentado la denuncia. En el pasado, algunas mujeres que denunciaban violaciones eran detenidas por adulterio, pero durante los últimos dos años no se ha registrado ningún caso de este tipo en Darfur, circunstancia a la que posiblemente contribuye el hecho de que los observadores de derechos humanos de la ONU den seguimiento a todos los casos de violación que hayan sido objeto de denuncia.

En un informe del Grupo de Expertos de la ONU se documentan 57 informes sobre violaciones cometidas, en la mayoría de los casos, en la segunda mitad de 2007. En aproximadamente 20 casos los responsables eran miembros de las Fuerzas Armadas Sudanesas; en algunos casos, la policía; y en la mayoría del resto, hombres armados sin identificar. En un caso un hombre armado había violado a una mujer que recogía leña con otras nueve mujeres a dos kilómetros del campo para desplazados internos de Niyertiti North. La mujer estaba embarazada de ocho meses y no pudo huir como sus compañeras. Sufrió lesiones en las manos y la espalda. No denunció el caso a la policía, convencida de que ésta no haría nada.11

Fue un día en que salimos del campo el verano pasado, en mayo [2007]. Cinco chicas, todas amigas, de unos 13 a 16 años, salimos a recoger leña.

No queríamos ir muy lejos porque había habido muchos ataques contra mujeres y nuestros padres nos habían dicho que tuviéramos cuidado y estuviéramos alertas por cualquier cosa que pudiera pasar. Por eso decidimos que sería más seguro recoger la leña en una zona cercana al campo militar.

Comenzamos a recoger leña cuando repentinamente aparecieron tres hombres armados vestidos de uniforme color kaki que venían hacia nosotras. Pensamos que eran soldados porque los yanyawid normalmente andan a caballo o en camello. Cuando se aproximaron dijeron “al-salam ‘aleikum[la paz sea con vosotras] y respondimos “wa ‘aleikum salam[y la paz sea con vosotros]. Entonces uno de ellos me pidió agua, pero le dije que habíamos ido a recoger leña y no teníamos agua. Añadí que podía encontrar agua en un café cercano.

Los hombres se marcharon, y nosotras decidimos terminar y armar los haces de lo que habíamos recogido sin demorarnos. Mientras estábamos en eso llegaron tres hombres, que no vestían uniforme, y vinieron directamente hacia nosotras. Reconocí al que había hablado antes conmigo y grité que eran los mismos hombres y que debíamos marcharnos aunque no pudiéramos llevarnos la leña. Entonces el hombre se aproximó. Dijo: “Ustedes cuatro, ahora viven en campos como gallinas, porque la juventud fur encabeza la rebelión contra el gobierno” [...]. Yo les grité a las chicas que huyeran. Cuando comenzamos a correr, oímos un disparo y los hombres gritaron: “¡Deténganse o les disparamos a todas!”. Nos dijeron que nos sentáramos y todas nos sentamos en el lugar donde estábamos.

Trataron de llevarnos a un khor [curso de agua seco] cercano. Nos dijimos entre susurros que teníamos que correr en distintas direcciones. Cuando empezamos a correr, dispararon otra bala y yo, presa del pánico, tropecé con una roca y caí. Tres de las chicas consiguieron huir. El mismo hombre vino directamente hacia mí y dijo: “Hablas demasiado, eres la que les dijo a las otras que corrieran, eres arrogante como los rebeldes, y maleducada como ellos”. Yo contesté: “Tú tienes miedo de ellos y te haces el valiente con las mujeres”. Me dio una bofetada en la mejilla derecha y caí al suelo. Uno de los otros le dijo: “No le pegues a la khadim [esclava] o nunca te podrás limpiar su suciedad de las manos”. El hombre comenzó a tirar de mi tawb [atuendo sudanés] mientras yo yacía en el suelo. Lo empujé y cayó. Me puse de pie y agarré una roca para aporrearlo, pero uno de ellos me agarró fuertemente de atrás y me hizo caer al suelo otra vez. Los dos empezaron a quitarme la ropa y después me violaron hasta que perdí el conocimiento. Cuando desperté, estaba desnuda y tenía el cuerpo cubierto de orina. Al ver esto me enloquecí y comencé a gritar y llorar.

Mi hermano mayor vino corriendo cuando las chicas que lograron huir le contaron lo que había pasado. Me oyó, y vino y me encontró. Al verme cayó al suelo; no podía soportar verme en esa situación. Me echó su jallabiya sobre el cuerpo para que me la pusiera. Él también comenzó a llorar amargamente. Después me llevó a otro lugar para escondernos allí hasta la caída del sol, cuando regresamos al campo. Yo me metí en mi tienda y mi hermano fue directamente a ver al jefe del campo para denunciar el caso.

El jefe, que es una buena persona, vino a verme. Le dijo a mi familia que se trataba realmente de un crimen pero que el personal de seguridad no le permitía denunciar este tipo de casos, así que tuvimos que ir a la policía. El jefe fue con nosotros a la policía de Zalingei. El policía que estaba de guardia era árabe y cuando mi hermano y el jefe comenzaron a relatar los hechos los interrumpió diciendo: “La chica está muy limpia. ¿Quién va a creer que la han violado?”. Mi hermano le dijo que había tenido que lavarme porque me habían cubierto el cuerpo de orina. Pero el policía no accedió a tramitar la denuncia y no nos dio un Formulario 8, diciendo que estos casos debían denunciarse durante la mañana en horas de oficina. Mi madre lloraba. El policía le dijo que si no paraba de llorar la detendría. Mi hermano le dijo que lo único que podía hacer mi madre era llorar porque los procedimientos eran demasiado rígidos para ayudar a las víctimas. El policía saltó de su silla y llamó a otro policía para que detuviera a mi hermano, afirmando que había insultado a la policía y que había causado un desorden público. Mi hermano estuvo detenido allí cuatro semanas, sin que lo llevaran a juicio.

Ahora estoy bien y estoy casada, pero nunca olvidaré lo ocurrido [...]. Creo que algún día me uniré a los movimientos 10 para vengarme de lo que me han hecho. Conozco a los hombres que me violaron. Siempre llevo un cuchillo conmigo; si algún día lo veo, o veo a alguno de los otros, no vacilaré en usarlo.

Las imágenes de ese día se han apoderado de mi mente. No puedo decir que me haya recuperado completamente. La conmoción sigue siendo terrible. No confío en la policía y nunca confiaré en ella.

“Amina” (Esta joven desplazada pidió que, además de su identidad, se mantuviera confidencial el nombre de su campo.)

4. En los campos, las armas son baratas

Los movimientos y los simpatizantes del gobierno tienen armas en los campos, en general J-3 y Kalashnikovs. El gobierno proporciona algunas armas a las fuerzas de seguridad y creemos que es para asesinar a alguna gente, pero no conozco ningún nombre. También los movimientos pueden matar a personas a las que creen espías de la seguridad.

“Mahmud”, activista de Al Yeneina

La filiación política de los campos para desplazados internos cambia constantemente. En algunos campos los residentes se muestran hostiles hacia todos los grupos armados, y en otros mantienen una lealtad apasionada y combativa a un grupo armado de oposición o están divididos entre distintos grupos armados de oposición.

Las tensiones internas han plagado muchos campos, especialmente cuando hay una minoría que apoya al SLA/MM, grupo que firmó el acuerdo de paz con el gobierno. En algunos campos los partidarios de uno de los grupos armados, con frecuencia el SLA/Abdel Wahed, utilizan la estructura del campo para dominarlo. Pero, pese a las frustraciones y tensiones de los últimos cuatro años y sin una solución en el horizonte, la población de la mayoría de los campos ha conseguido reducir al mínimo las divisiones étnicas o políticas. En el campo de Abu Shouq se celebraron manifestaciones furiosas durante varios días en contra de quienes no apoyaban a Abdel Wahed Mohammed Nur, líder del SLA y ahora el opositor más encarnizado del Acuerdo de Paz de Darfur. Durante varios días las tensiones reinantes impidieron la entrada de los trabajadores de ayuda humanitaria, pero finalmente, de acuerdo con la administración del campo, convencieron a todos los bandos de que quienes discrepaban en materia política debían vivir juntos pacíficamente.

Kalma es un campo excepcional. Es el segundo en tamaño, con al menos 90.000 residentes (las autoridades del campo dicen que el número real es el doble) y 29 grupos étnicos distintos. En él se sufre hacinamiento y las condiciones en general suelen ser miserables. Allí, como en otros campos, las relaciones entre diferentes grupos étnicos que antaño eran aliados se han deteriorado tras la firma del Acuerdo de Paz de Darfur por Minni Minawi, de la etnia zaghawa, y la negativa a firmar de Abdel Wahed Mohamed Nur, de la etnia fur. El campo está vigilado, con puestos de control a la entrada, y a menudo la policía impide que la gente entre o salga.

Un niño mira por la ventanilla de un vehículo de Médicos sin Fronteras que lleva la leyenda “Sin armas”, cerca del campo para desplazados internos de Kalma.

© Sven Torfinn/Panos

En el campo de Kalma todos los grupos étnicos están armados. En una época había una organización juvenil fuerte y unida, pero recientemente, según la ONU y otras fuentes que han visitado los campos, los jóvenes han formado grupos parapoliciales divididos según su origen étnico: fur, masalit, zaghawa y dajo. La ONU ha documentado más de 10 incidentes de uso de armas entre el 16 y el 22 de octubre de 2007, comentando que gran parte de la violencia se ha atribuido a elementos armados de la etnia fur, entre ellos menores de edad, que han agredido a miembros de otras tribus residentes en el campo. Por ejemplo, los días 16 y 17 de octubre se produjeron tiroteos entre miembros de las etnias zaghawa y masalit, que apoyan al SLA/MM, y miembros de las etnias fur y dajo, que apoyan al SLA/AW. El 18 de octubre estallaron enfrentamientos en los cuales al menos cuatro mujeres y menores de edad resultaron heridos. Grupos de hombres uniformados ordenaron a los comerciantes que cerraran sus puestos, destruyeron mercancías y dispararon al aire. Al día siguiente regresaron y golpearon a civiles.12

La presencia de armas en los campos para desplazados internos ha producido un deterioro de la situación de seguridad. Las armas son baratas. Algunas fuentes han señalado que en ciertos campos se puede comprar un revólver por apenas 25 dólares estadounidenses. La proliferación de armas abona el terreno para los robos y las agresiones. En esa atmósfera cargada, en medio de discrepancias políticas y sospechas de que algunas personas son informantes del gobierno, las riñas han dado lugar a tiroteos.

En el campo de Krindig, en Yeneina, hay armas, todos tienen un arma, pero habitualmente están enterradas. El gobierno puede venir a registrar el campo con sus armas a primeras horas de la mañana. No sientes que haya ninguna autoridad en el campo de Krindig.

“Abdel Rahman”, activista de una ONG, de Al Yeneina

Aunque el gobierno tiene la obligación de mantener el carácter civil y humanitario de los campos para desplazados internos, en gran medida no la ha cumplido. A esto se suma el hecho de que los desplazados internos sospechan de las iniciativas de las autoridades. Las personas desplazadas con las que se ha entrevistado Amnistía Internacional culpan al gobierno de su difícil situación y han dicho que no están dispuestas a entregar las armas mientras no se sientan más seguras.

Además, las personas alojadas en campos para desplazados internos temen las redadas que llevan a cabo las fuerzas de seguridad gubernamentales en busca de armas, que invariablemente van acompañadas de detenciones y palizas a diestra y siniestra. El 20 de noviembre de 2007 la policía anunció que los residentes del campo de Kalma debían entregar todas las armas en un plazo de tres días y que la policía “después de la fecha fijada, se incautaría por la fuerza de todas las armas no entregadas”. Los residentes reaccionaron montando cortes de ruta dentro del recinto del campo. Algunos observadores de ONG han descrito el pánico que cundió en el campo ante la inminencia de la redada. Algunos dirigentes del campo reconocieron ante Amnistía Internacional que en el campo había armas y manifestaron que estarían dispuestos a entregarlas, pero sólo a una fuerza de la AMIS y la ONU. Finalmente, tras la intervención de estas últimas, se canceló la redada policial, pero no se llevó a cabo ninguna operación para desarmar a los residentes del campo.

En junio de 2007, en los campos para desplazados internos que rodean Zalingei se produjeron una serie de ataques, cometidos a menudo por hombres armados sin identificar, que se saldaron con la muerte de al menos cinco residentes de los campos. Tres hombres armados dispararon a quemarropa contra un activista y dirigente de uno de los campos, Adam Adam, empleado de una ONG de ayuda humanitaria que trabajaba como guardia y encargado de una bomba de agua en el campo de Khamsa Degaig.

5. Juventud desesperada: una generación resentida

¿Cuántos están muertos y quién cuidará de las familias? Miren los campos: no hay seguridad y no hay escuelas secundarias. Esta generación será la generación de la ira, niños y niñas.

“Mohammed”, activista político de Darfur

De los 4 millones de personas afectadas por el conflicto que se libra en Darfur, 1,8 millones son menores de 18 años. Aproximadamente un millón son menores desplazados internamente. Desde abril de 2006 han quedado desplazados 120.000 más.13

Gracias a una movilización masiva del UNICEF y varias ONG, en todos los campos hay escuelas secundarias que imparten enseñanza al 28 por ciento de los menores en edad escolar, de los cuales el 46 por ciento son niñas. Aunque la cifra total es baja, es mayor de lo que era antes de estallar la crisis de Darfur.

No obstante, antes de la crisis la juventud tenía acceso al trabajo en el sector agropecuario y otros, y ya no es así. Algunos varones que viven cerca de las ciudades en zonas relativamente seguras encuentran trabajo: acarrean fardos, arrean ganado y venden productos en el mercado. Pero la mayor parte de los jóvenes permanecen inactivos.

Los varones no tienen nada que hacer: no tienen trabajo, sólo juegan al fútbol o a nuestros juegos tradicionales. Ves más de 100 sentados bajo un árbol. Antes tal vez fabricaban algo con lo que podían encontrar, carritos y juguetes de metal, pero ahora ya no se encuentran los materiales y no pueden salir del campo en busca de materiales.

“Ibrahim”, masalit de Yereida

Los varones de 18 están perdidos, no tienen trabajo, especialmente los que han terminado los estudios, viven de la ayuda.

“Ali”, persona desplazada residente en el campo de Abu Shouk

Las niñas desplazadas que viven en ciudades o en sus alrededores pueden encontrar trabajo mal remunerado como lavanderas o limpiadoras. Están muy expuestas a los abusos.

Miembros del grupo armado Ejército de Liberación de Sudán en un camión a las afueras de la ciudad de Yereida.

© Sven Torfinn/Panos

Las niñas que van a trabajar a la ciudad tienen que trabajar muy duro porque la remuneración es muy baja. Lavan ropa todo el día. A una niña no le dieron comida en todo el día y sólo le dieron galletitas. Estaba totalmente agotada. Trabajan muy duro para ser independientes de sus padres, pero a menudo el dinero que ganan lo gastan en cosméticos [...]. A veces alguien abusa sexualmente de ellas y quedan embarazadas [...]. Después es posible que se sometan a un aborto, poniendo en peligro su vida, todo en secreto.

“Abdel Rahman”, activista de una ONG, de Al Yeneina

En ocasiones, como en el campo de Kalma, los jóvenes han formado grupos parapoliciales. La juventud vive una situación en la que parece no haber esperanza para el presente y, hagan lo que hagan, pueden acusarlos de pertenecer a un grupo armado. Iracundos y frustrados, algunos forman grupos armados, aunque los jefes de los campos niegan que esto ocurra.

Los varones adolescentes no pueden abandonar los campos. Si se marchan, el gobierno los investigará, podrá darles una paliza o detenerlos, acusándolos de apoyar a los Tora Bora14 y llamándolos bandidos. Cuando se desesperan, los chicos se unen a los movimientos, pero sus padres no quieren que lo hagan y, si son jóvenes, los movimientos no los aceptan.

“Ibrahim”, miembro del comité administrativo del campo de Kalma

En los campos que rodean Yeneina, los jóvenes son un grupo lleno de ira que no han conocido más vida que la de los campos, la guerra y la vida de los campos, y se preguntan por qué tienen que vivir en las afueras de una ciudad donde la gente vive una vida decente a unos pocos metros de ellos. No les resultaría fácil regresar a sus pueblos. No hay educación secundaria, no hay formación para los oficios, no hay nada salvo unirse a un grupo de combatientes.

Seifeldin Nimer, ex trabajador de una ONG, de Al Yeneina

Las personas adultas hablan de su desesperación frente a la “desconexión” que hay en una sociedad en la que “los jóvenes no nos escuchan, porque no tenemos trabajo”.

Ahora ocurren muchas cosas que no ocurrían antes. En Kabkabiya los desplazados internos mendigan en los mercados, en las organizaciones y en las oficinas del gobierno. Antes no ocurría nada de esto. Incluso van a los restaurantes y comen las sobras de la comida que se arroja en la basura. Ahora se está generalizando el hábito de fumar bhangu [marihuana] y aspirar vapores de petróleo. Por la noche hay tiroteos indiscriminados y nadie está seguro. Algunos de los jóvenes se marchan para incorporarse a los movimientos, debido a estas presiones.

“Adam”, trabajador de Kabkabiya

Es sumamente difícil calcular la magnitud del reclutamiento de menores en los grupos armados, los yanyawid y los grupos paramilitares. Cuando hablamos con los jefes de dos facciones distintas del Ejército de Liberación de Sudán en la zona de Jebel Marra, ambos reconocieron que en el pasado se reclutaba a menores “pero después la Cruz Roja organizó un taller y nos dijo que no debíamos seguir reclutando menores, de modo que dejamos de reclutarlos y los mandamos de vuelta”.

Unas familias desplazadas inspeccionan los restos calcinados de sus viviendas tras un incendio ocurrido en el campo para desplazados internos de Kalma. En este campo se refugian decenas de miles de personas que abandonaron sus hogares en Darfur tras sufrir ataques violentos de las milicias respaldadas por el gobierno.

© Sven Torfinn/Panos

6. El peligro de los retornos y reasentamientos forzados

Los informes sobre los reasentamientos forzados llevados a cabo anoche en el campo de Otash, en Nyala, Darfur Meridional, me causan gran inquietud tanto por la manera en que aparentemente se llevaron a cabo como por la posibilidad de que esta medida contribuya a que se produzca más violencia. Hemos mantenido numerosas reuniones con el gobierno de Sudán en las que hemos subrayado que cualquier reasentamiento que se lleve a cabo debe ser voluntario y debe respetar los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos.

John Holmes, secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Humanitarios y coordinador del Socorro de Emergencia, 29 de octubre de 2007

Desde el comienzo de la crisis de Darfur, los administradores locales han venido ejerciendo presión sobre la población desplazada para que abandone los campos y regrese a sus pueblos, pero los desplazados se han negado reiteradamente, manifestando que no se sienten seguros.

El 22 de agosto de 2004, el gobierno de Sudán firmó un Memorando de Entendimiento con la Organización Internacional para las Migraciones en el que se ofrecen garantías de que los retornos se llevarán a cabo de forma voluntaria y en condiciones de seguridad y que la Organización Internacional para las Migraciones tendrá pleno acceso a las personas desplazadas internamente. Este Memorando de Entendimiento ha sido violado una y otra vez.

El derecho internacional establece que se deben tomar las medidas necesarias para que los desplazados internos puedan participar plenamente y con libertad en toda decisión que se adopte sobre la cuestión de si deben permanecer en el lugar donde están, regresar a sus hogares o asentarse en otra parte de su país. Para poder hacerlo, necesitan información: información sobre la situación imperante en su zona de origen o reasentamiento, información sobre los procedimientos que se aplicarán en el proceso de retorno o reasentamiento, e información sobre sus condiciones de vida futuras, como el acceso a la vivienda, la tierra y los medios de sustento.15

Aunque la mayoría de las personas desplazadas sienten que no hay suficiente seguridad como para abandonar los campos y regresar a sus pueblos, durante el último año los grupos armados de oposición y los grupos árabes locales de algunas zonas han venido suscribiendo acuerdos mediante los cuales se han creado enclaves seguros a los que los desplazados han podido regresar para dedicarse a la labor agropecuaria. Estos acuerdos y retornos hacen alentar esperanzas en el futuro, pero son sumamente excepcionales. En su gran mayoría, y aunque el gobierno puede participar en el registro oficial de estos acuerdos de reconciliación, los campesinos viven bajo el control de grupos árabes o bajo la protección de grupos armados. En ambos casos es posible que paguen impuestos pero, viviendo bajo el control de grupos árabes, son prácticamente prisioneros.16

Soy del pueblo de Durso, en Shataya, en la provincia de Kass, Darfur Meridional. En marzo de 2004 hubo ataques contra el pueblo y huimos. Yo estudiaba en la Universidad de Nyala, pero no pude terminar los estudios debido a las condiciones de la guerra. En Durso teníamos una granja de 4 feddan [16.800 m2] con 40 limoneros y guayabos. Cultivábamos tomates y shatta [pimientos rojos picantes]. Tenía 72 cabezas de ganado, 27 de ellas pertenecientes a mi abuelo, 15 ovejas, 33 cabras y 7 caballos. En abril de 2006 el gobierno nos dijo que las condiciones de seguridad eran buenas, aunque yo no me sentía suficientemente seguro como para regresar. Pero me presionaron porque antes me habían detenido. Dijeron: “No queremos verte más en el campo”. Sentí temor, y utilicé el transporte público para desplazarme a Nyala y después a mi pueblo. Llevé conmigo a mi madre y a mi hermano Osman, de 18 años, y dejé a mi esposa en el campo de Kalma.

Durso solía tener 680 familias pero cuando llegué había unas 15 personas, tres de ellas árabes. Los árabes estaban vestidos como si pertenecieran al ejército sudanés y llevaban armas y tenían dos teléfonos vía satélite Thuraya. Decían que no había problemas y alentaban a la gente a dedicarse a la labranza. El resto del pueblo estaba desierto. Todos los que estábamos allí trabajábamos la tierra durante el día y por la noche dormíamos juntos bajo la vigilancia de los árabes. En nuestro grupo había cuatro mujeres. Yo cultivaba tomates y shatta y mi hermano plantaba alubias y mijo. Los demás se dedicaban a los mismos cultivos.

Permanecimos en el pueblo más de cuatro meses y nos dimos cuenta de que iba a haber una buena cosecha. Entonces, antes de comenzar la cosecha pero después de resultar patente que la cosecha iba a ser buena, siete árabes armados vinieron a las nueve de la noche de un viernes desde la zona occidental del pueblo. Desataron mis dos cabras y dispararon contra mi hermano Osman, dándole muerte. Fue en septiembre de 2006. También oímos claramente unos disparos en el este del pueblo y nos enteramos de que Idris y Mubarak y Gubba habían sido asesinados y de que Osman Abaker había sido asesinado en el pueblo de Silba, a 30 minutos de camino del nuestro. Los árabes fueron a caballo a las tierras sembradas y arruinaron los cultivos y no pudimos cosechar nada. Llevé a mi madre al campo de Kass, donde estaba mi padre, y yo regresé al campo de Kalma. Así que ahora sé que lo que el gobierno me dijo eran mentiras y no la verdad.

Omar Ali, de 32 años, residente en el campo de Kalma

La tierra y la agricultura son de tal importancia para la población desplazada que algunas personas están dispuestas a hacer grandes sacrificios para cultivar los campos. En el campo de Ardamata, la población desplazada ha plantado semillas alrededor de las chozas para cultivar cantidades limitadas en parcelas minúsculas. En muchos campos, durante la estación de las lluvias, las personas desplazadas tratan de plantar cosechas en las tierras que rodean los campos. En otros lugares, como Tawila, los desplazados se arriesgan a convertirse en víctimas de ataques de los yanyawid desplazándose durante dos o tres días a Jebel Marra, donde preparan la tierra y siembran las plantas, escondidos de los yanyawid, y después regresan a la seguridad del campo.

La mayoría de las personas que han retornado a sus hogares se enfrentan a condiciones de inseguridad y otras dificultades. En muchas zonas, las tierras abandonadas entre 2003 y 2005 por campesinos sedentarios han sido ocupadas por grupos de árabes. En algunos casos los árabes cultivan la tierra; a menudo, la utilizan sólo para el pastoreo. Entre quienes se han asentado en las tierras pertenecientes a personas desplazadas en algunas partes de Darfur Occidental, incluidas las zonas de Wadi Saleh y Wadi Azoum, hay más de 30.000 personas, principalmente árabes, que cruzaron la frontera desde Chad y fueron reconocidas como refugiadas por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. En un informe publicado por este órgano de la ONU se pide que los propietarios originales de estas tierras puedan regresar a sus pueblos cuando las condiciones sean suficientemente seguras para su retorno; las personas desplazadas, por su parte, consideran que esto representa una ratificación de la toma de sus tierras.17

Según cifras estadísticas del gobierno, que no pueden confirmarse, decenas de miles de personas desplazadas han regresado a sus tierras. Sin acceso a Darfur, Amnistía Internacional ha podido documentar sólo unos pocos casos de personas que habían conseguido regresar a sus pueblos para dedicarse a las labores rurales. Por otro lado, los informes sobre inseguridad y dificultades en el regreso al hogar son frecuentes.

Por ejemplo, un número reducido de personas desplazadas de pueblos cercanos a Zalingei retornaron a sus pueblos, Margouba y Talga Shab’an.18 Cuando llegaron fueron atacadas, según informes por los yanyawid, y ese mismo día huyeron y regresaron a Zalingei. En 2007 el gobierno puso en su mira el campo de Kalma, aparentemente con la intención de trasladar a sus residentes a otros campos en los que ejerce mayor control, o para alentarlos a regresar a pueblos cercanos a sus hogares. Tras los disturbios causados por facciones armadas dentro del campo, descritos más arriba (véase la página 15), unas 10.000 personas desplazadas, en su gran mayoría de etnia zaghawa, huyeron a otros campos de la zona, como Direig, Otash, Al Salam, Al Serif y Sakali, o a la ciudad de Nyala. El 19 de octubre, el gobierno de Sudán entró en el campo de Kalma. Según informes, en la operación que se llevó a cabo a continuación murió una persona desplazada, al menos 17 resultaron heridas y aproximadamente 175 refugios fueron incendiados. El 20 de octubre, el representante de la Comisión de Asuntos Humanitarios del gobierno manifestó, durante una reunión de ONG y organismos de la ONU que se celebraba con la presencia del gobernador de Darfur Meridional, que la intención era reasentar a la población desplazada a partir del 22 de octubre, y refirió una lista de “lugares que estaban promoviendo como zonas de reasentamiento”.19

La tarde del 29 de octubre de 2007, el ejército y la policía de Sudán entraron en el campo de Otash, donde se habían refugiado muchas de las personas que habían huido de los enfrentamientos internos ocurridos en el campo de Kalma. Las fuerzas de seguridad desalojaron a las personas que acababan de llegar a fin de reasentarlas en un pueblo llamado Amakisara, situado a 23 km de Nyala. Un contingente de la AMIS que incluía observadores y personal militar y policial acudió al campo, pero el coronel del ejército sudanés que dirigía la operación les ordenó que se marcharan. El personal de la AMIS presenció la huida de residentes del campo mientras los soldados destruían sus tiendas y se llevaban sus pertenencias en camiones. A unas 36 personas las detuvieron y a cientos más las metieron en camiones y se las llevaron. Al parecer, a varias las trasladaron a Amakisara. Los informes indican que la población de Amakisara no estaba preparada para recibir a personas desplazadas y no las acogió con agrado. Posteriormente, la mayoría de las personas conducidas a Amakisara regresaron al campo de Kalma.

En otros campos el gobierno ha utilizado una combinación de persuasión (pagando dinero a familias pobres) y presión para conseguir el reasentamiento. Decenas de personas han dicho a Amnistía Internacional que sólo aceptarían vivir en los pueblos de reasentamiento que ofrece el gobierno si éstos se construyeran en el lugar donde estaba situado su antiguo pueblo; deseaban regresar a los pueblos pero no podían hacerlo en condiciones de seguridad.

Es frecuente que el gobierno trate de trasladar a las personas desplazadas a pueblos en lugar de a campos. A menudo estos pueblos están situados cerca de sus hogares de origen, y las acciones del gobierno podrían constituir retorno forzado.

Si bien es cierto que es importante evitar el hacinamiento extremo en los campos, así como su militarización, no es menos cierto que las autoridades no deben desplazar por la fuerza a la población de los campos y obligarla a regresar a su lugar de origen. La región de Darfur todavía está atrapada en las garras del conflicto. Los retornos forzados sólo conseguirán exponer a la población a más peligros y ponerla fuera del alcance de las organizaciones de ayuda humanitaria. Amnistía Internacional exhorta al gobierno de Sudán a no violar los acuerdos que ha suscrito con la ONU y la Organización Internacional para las Migraciones comprometiéndose a no obligar a la población desplazada a retornar a sus pueblos contra su voluntad. Los traslados de personas desplazadas internamente deben hacerse siempre sobre la base del consentimiento pleno y bien informado de éstas y de una manera que garantice su seguridad y dignidad.

7. Protección de la población desplazada: las normas internacionales

Las personas desplazadas internamente son personas o grupos de personas que han sido obligadas o se han visto obligadas a huir o abandonar su hogar o lugar de residencia habitual, en particular como consecuencia o para evitar los efectos de conflictos armados, situaciones de violencia generalizada, violaciones de derechos humanos o catástrofes naturales o provocadas por los seres humanos, y que no han cruzado una frontera estatal internacionalmente reconocida.20

Las personas desplazadas internamente que han cruzado una frontera internacional pueden estar protegidas por la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, su Protocolo de 1967 o la Convención por la que se Regulan los Aspectos Específicos de los Problemas de los Refugiados en África de 1969, de la Organización de la Unidad Africana. El derecho internacional no ofrece a las personas desplazadas internamente el mismo grado de protección que proporciona a las personas refugiadas y no existe ningún tratado internacional dedicado específicamente a su protección. A diferencia de los refugiados, los desplazados internos permanecen en el país donde tienen su residencia habitual. Tanto el derecho internacional como el derecho interno de los países deberían garantizar a las personas desplazadas internamente los mismos derechos y libertades que garantizan a las demás personas residentes en un territorio. Las personas desplazadas internamente deberían estar protegidas por el derecho internacional humanitario y de los derechos humanos,21 el derecho interno de los países y el derecho regional. La tragedia de los desplazados internos es que a menudo, como ocurre en Sudán, la entidad encargada de su protección es la misma que ha causado su huída.

Los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos “[d]efinen los derechos y garantías pertinentes para la protección de las personas contra el desplazamiento forzado y para su protección y asistencia durante el desplazamiento y durante el retorno o el reasentamiento y la reintegración”.22 Estos principios reflejan el derecho internacional de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario y Amnistía Internacional considera que deberían ser parte esencial de la respuesta de los Estados a las situaciones de desplazamiento interno.

Los Principios Rectores reafirman, entre otros, los siguientes derechos humanos garantizados internacionalmente:

 El derecho a no ser víctima de desplazamiento arbitrario (Principio 6).

 El derecho de las personas desplazadas internamente a disfrutar de los mismos derechos que las demás personas y a no ser objeto de discriminación debido a su desplazamiento (Principio 1).

 El derecho a alimentos, agua, alojamiento, dignidad y seguridad. Cuando no puedan garantizar estos derechos, las autoridades nacionales deberán aceptar la ayuda de la comunidad internacional (Principios 8 y 18).

 El derecho de la personas desplazadas internamente a ser protegidas de ataques directos e indirectos, tortura, violación y explotación sexual (Principios 10 y 11).

 El derecho a la libertad de circulación y el derecho a la libertad de escoger su residencia. “En particular, los desplazados internos tienen derecho a circular libremente dentro y fuera de los campamentos u otros asentamientos” (Principio 14). El artículo 12.3 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en el que Sudán es Estado Parte, también garantiza el derecho a la libertad de circulación y el derecho de toda persona a escoger libremente su residencia.

 El derecho a buscar seguridad en otra parte del país (Principio 15).

En una serie de declaraciones, el gobierno de Sudán ha manifestado que acepta los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos. En particular, la Declaración de Jartum sobre los Desplazados Internos,23 de 2003, reafirma algunos aspectos de los Principios Rectores y manifiesta lo siguiente:

[L]os Principios Rectores de los Desplazamientos Internos [son] una útil herramienta para desarrollar y evaluar leyes y políticas nacionales adecuadas sobre los desplazamientos internos y [...] reúnen las normas de derecho internacional existentes relativas a los desplazamientos internos.

Sin embargo, el gobierno sudanés ha demostrado que no está dispuesto a proteger a la población civil de Darfur, ya se trate de comunidades desplazadas o no.

El gobierno de Sudán es Estado Parte en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y en la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, que consagran, entre otros, los derechos a la vida, a la integridad física y a la protección contra la tortura. El artículo 12.1 de la Carta Africana garantiza que toda persona tendrá “derecho a circular libremente y a escoger su residencia en el interior de un Estado siempre que ello sea conforme con lo establecido por la ley”. El Comité de Derechos Humanos de la ONU también ha manifestado que el artículo 12.3 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que garantiza el derecho a la libertad de circulación y la libertad de escoger la propia residencia, “incluye la protección contra toda forma de desplazamiento interno forzado”.

8. Recomendaciones

El gobierno siempre nos presiona para que regresemos a nuestros hogares. Pero nosotros decimos que no podemos regresar hasta que los motivos que nos llevaron a abandonar nuestros hogares estén resueltos.

“Abdel Rahman”, masalit de Yereida

Recomendaciones de Amnistía Internacional al gobierno de Sudán:

 Cesar de obstaculizar el despliegue completo de la UNAMID.

 Facilitar, en lugar de dificultar, las operaciones de la UNAMID, asegurando su rápido despliegue, proporcionándole todos los servicios necesarios y garantizando su plena libertad de circulación.

 Desarmar a las milicias yanyawid y asegurar un férreo control de todas las fuerzas paramilitares gubernamentales hasta que se lleve a cabo su desarme en el marco de un programa integral de desarme, desmovilización y reintegración.

 Garantizar el establecimiento de una zona de seguridad en torno a todos los campos para desplazados internos. Deberá prohibirse a las milicias yanyawid, las fuerzas paramilitares y los grupos armados que se acerquen a los campos.

 Poner fin a la impunidad de los abusos contra los derechos humanos: garantizar que todo aquel que agreda a personas desplazadas internamente sea puesto a disposición judicial.

 Poner término a todos los desplazamientos forzados y a todos los retornos forzados de personas desplazadas internamente.

 Garantizar que todas las personas desplazadas internamente, incluidas las que residen en los campos, tengan acceso como mínimo a un nivel básico de alimentación, agua, alojamiento y servicios de salud.

 Garantizar que todos los campos para desplazados internos estén situados en lugares adecuados donde los residentes puedan vivir en condiciones de seguridad y tengan acceso a empleo, servicios de salud, instituciones de enseñanza, centros de cuidado de menores y otros servicios sociales.

 Garantizar que se respete el derecho a la libertad de circulación que asiste a los desplazados internos y que no se proceda a su reasentamiento contra su voluntad.

 Garantizar que todos los niños y niñas desplazados internamente reciban enseñanza primaria gratuita y obligatoria hasta que tengan la edad mínima para trabajar y tomar medidas para asegurar progresivamente la igualdad de acceso de las personas desplazadas internamente a la educación secundaria.

 Garantizar que las personas desplazadas internamente reciban restitución en materia de vivienda, tierras y pertenencias o, cuando ello no sea posible, una indemnización por las pérdidas y daños sufridos como consecuencia del conflicto.

Recomendaciones de Amnistía Internacional a los grupos armados de oposición:

 Poner fin a los ataques contra civiles, ya sean directos o indiscriminados.

 Dejar de llevar armas a los campos para desplazados internos.

 Hacer alto al reclutamiento de niños y niñas soldados.

 Cesar de obstaculizar el despliegue completo de la UNAMID y abstenerse de amenazar o atacar a sus fuerzas.

 Respetar el carácter civil y humanitario de los campos para desplazados internos.

Recomendaciones de Amnistía Internacional a la comunidad internacional:

 Garantizar que la UNAMID cuente con suficientes recursos y personal para proteger eficazmente a la población civil.

Recomendaciones de Amnistía Internacional a la UNAMID:

 Garantizar la protección de la población de los campos para desplazados internos destacando unidades de la fuerza de protección de la ONU cerca de cada uno de los campos y llevando a cabo patrullas constantes, que deberán incluir la escolta de las personas desplazadas que salgan de los campos a recoger leña o para ir al mercado.

 Proteger los cargamentos de ayuda humanitaria y los vehículos que los transporten proporcionándoles escoltas armadas cuando sea necesario, y garantizar la seguridad de las rutas mediante patrullas constantes.

 Garantizar que los campos para desplazados internos estén situados en zonas seguras y que todo traslado de los campos se lleve a cabo con el consentimiento de las personas afectadas.

 Facilitar el retorno voluntario y en condiciones de seguridad y dignidad de las personas desplazadas internamente. Facilitar también la integración local o el reasentamiento en otros lugares cuando así lo prefieran las personas afectadas. Garantizar que los retornos y reasentamientos sean voluntarios exigiendo que las personas desplazadas internamente participen en todos los procesos de toma de decisiones y que se les proporcione la información necesaria.

 Asegurar que se ponga en ejecución un programa eficaz de desarme, desmovilización y reintegración de todos los grupos armados que actúan en Darfur.

 Tomar medidas para salvaguardar el carácter civil de los campos llevando a cabo un proceso de cribado para separar a los elementos armados de otras personas desplazadas y un programa de desarme en los campos. Las personas desplazadas internamente sólo aceptarán tal programa si confían en que una fuerza externa de mantenimiento de la paz puede proporcionarles protección.

 Asegurar que las autoridades políticas y civiles de la UNAMID entablen un diálogo estrecho y sostenido con las personas desplazadas internamente tanto dentro como fuera de los campos de modo que la UNAMID pueda ser receptiva a sus preocupaciones y necesidades.

 Hacer participar a todas las personas desplazadas internamente, incluidas las mujeres, en todas las decisiones relacionadas con la seguridad en los campos.

 Consultar a las mujeres y a ONG dirigidas por mujeres que se ocupen de cuestiones relativas a las personas desplazadas internamente y celebrar reuniones regulares con ellas.

 Asegurar que las autoridades civiles y políticas de la UNAMID se comuniquen de una manera receptiva con los grupos árabes, incluidos los que estén desplazados internamente, para garantizar que la UNAMID también sea consciente de las preocupaciones y necesidades de los grupos árabes.

 Garantizar que la policía civil de la UNAMID trabaje en colaboración estrecha con la policía sudanesa para asegurar que quienes atacan, violan, roban o dañan de alguna otra manera a la población desplazada no disfruten de impunidad.

Notas finales

1. Jan Eliasson, enviado especial del secretario general de la ONU para Darfur, informe al Consejo de Seguridad, 27 de noviembre de 2007, SC/9178.

2. Muchos de los habitantes de las ciudades han sufrido debido al elevado número de personas desplazadas a las que tienen que mantener; otros han perdido su trabajo o sus pertenencias.

3. Citado en SUDAN: Darfur force 'should boost humanitarian access', 1 de agosto de 2007, IRIN, Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios, http://www.irinnews.org/Report.aspx?ReportId=73532.

4. Véase el informe de Amnistía Internacional titulado Sudán: Obstrucciones y demoras (Índice AI: AFR 54/006/2007), en el que se reseñan los problemas relativos al despliegue de la UNAMID, creada el 31 de julio de 2007 mediante Resolución 1769 del Consejo de Seguridad de la ONU.

5. La Comisión de Asuntos Humanitarios es el órgano gubernamental sudanés que gestiona los campos y las ONG que trabajan en ellos y, entre otras cosas, se encarga de las autorizaciones y los visados para las ONG extranjeras. Según informes, el personal de una de las secciones de la Comisión, la División de Procedimientos [ijra’at], está compuesto por miembros del servicio nacional de inteligencia y seguridad.

6. También se ha sabido de secuestros de miembros de organizaciones de ayuda humanitaria cometidos por distintos grupos armados y secuestros de trabajadores de la industria del petróleo llevados a cabo por una facción del Movimiento Justicia e Igualdad.

7. Atuendo largo, de color blanco, que visten los hombres.

8. Véase el documento de Amnistía Internacional titulado Sudán, Darfur: La violación como arma de guerra (Índice AI: AFR 54/076/2004).

9. Jammala: abbala, pastores de camellos.

10. Movimientos: el nombre que habitualmente dan sus simpatizantes a los grupos armados que se oponen al gobierno.

11. Informe final del Grupo de Expertos de la ONU, Consejo de Derechos Humanos, diciembre de 2007, p. 38 [en inglés].

12. Informe final del Grupo de Expertos de la ONU, Consejo de Derechos Humanos, diciembre de 2007, p. 28 [en inglés].

13. Cifras del UNICEF, http://www.unicef.org/har07/index_37569.htm.

14. “Tora Bora” es el mote que dan los yanyawid a los grupos armados de oposición de Darfur. Alude a las montañas donde se creía que se ocultaban los seguidores de Osama bin Laden.

15. Para un análisis más completo, véase Benchmarks for Durable Solutions for Internally Displaced Persons, Inter-Agency Standing Committee, Brookings Institute, University of Bern Project on Internal Displacement, correo-e: brookings-bern@brookings.edu.

16. Por ejemplo, en los pueblos que rodean Kabkabiya, como se describe en Sudan: Living a restricted life in Darfur, IRIN, 22 de febrero de 2006.

17. Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, 7 de agosto, Report recommends refugee status for Chadians arriving in Darfur, http://www.unhcr.org/cgi-bin/texis/vtx/chad?page=news&id=46b889164 [resumen en español disponible en http://www.acnur.org/paginas/?id_pag=6688].

18. Talga Shab’an es un nombre sumamente evocador que significa “Encontrarás abundantes alimentos”.

19. Informe final del Grupo de Expertos de la ONU, Consejo de Derechos Humanos, diciembre de 2007, p. 28 [en inglés].

20. Principios Rectores de los Desplazamientos Internos, Introducción, párr. 2.

21. Están protegidas por el derecho internacional humanitario en caso de conflicto armado y por el derecho internacional de los derechos humanos en todas las circunstancias.

22. Los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos fueron redactados en 1998 por Francis Deng, a la sazón representante especial del secretario general de la ONU sobre las personas internamente desplazadas.

23. Aprobada en una Conferencia Ministerial sobre Desplazados Internos en la Subregión de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo en la que participaron Sudán, Etiopía, Eritrea, Somalia, Yibuti, Kenia y Uganda.

Fui a la montaña y encontré a mi gente bajo las rocas

Fui a Fasher y encontré a mi gente bajo unos sacos

Fui a Nyala y encontré a mi gente bajo los árboles

Fui a Yeneina y encontré a mi gente en ruinas desiertas

Fui a Zalingei y encontré a mi gente en los valles

Fui a Kutum y encontré a mi gente bajo los arbustos

Fui a Kabkabiya y encontré a mi gente bajo unos sacos

Fui a Kass y encontré a mi gente bajo los árboles

Fui a Wadi Saleh y encontré a mi gente en los valles

[refrán tras cada verso]

Oh, madre mía, ¿qué pasa?

Oh, jóvenes, vengan a ver

Oh, jóvenes, reparen sus zapatos

Maryam Ammo, cantante de la etnia fur

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