Document - Trade Unionists targetted for human rights violations

INTERNO (Sólo para miembros de AI) Índice AI: ACT 73/02/92/s

Distr: SC/PO

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Amnistía Internacional

Secretariado Internacional

1 Easton Street

Londres WC1X 8DJ

Reino Unido



A:Todas las Secciones

Encargados de Prensa


De:Oficina de Prensa del SI


Fecha: 21 de abril de 1992





SINDICALISTAS OBJETO DE VIOLACIONES DE DERECHOS HUMANOS





Resumen


El artículo adjunto se basa en los casos de llamamiento que aparecen en la acción de sindicalistas y los resume. Asimismo, el artículo describe de forma resumida cuál es la labor que realiza Amnistía Internacional en favor de los sindicalistas.



Distribución


Esta circular se ha enviado a todas las Secciones y Encargados de Prensa.



Acciones recomendadas


Animamos a las Secciones que participan en la acción de sindicalistas a que hagan uso de este artículo en sus boletines, sus actividades relacionadas con los medios de comunicación y sus contactos con otras organizaciones.

EXTERNO (Sólo para miembros de AI) Índice AI: ACT 73/02/92/s

Distr: SC/PO

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Amnistía Internacional

Secretariado Internacional

1 Easton Street

Londres WC1X 8DJ

Reino Unido


21 de abril de 1992




SINDICALISTAS OBJETO DE VIOLACIONES DE DERECHOS HUMANOS



Recibir un sobre por debajo de la puerta es suficiente para provocar una profunda preocupación a algunos sindicalistas. En la sede de un sindicato colombiano de educadores, por ejemplo, alguien introdujo el pasado mes de octubre un sobre en el que se vertían amenazas de muerte contra el secretario general y otros funcionarios del sindicato.


También es habitual que los sindicalistas reciban amenazas de muerte en forma de invitaciones a sus propios funerales. Y a menudo hay que celebrarlos de verdad. Según el sindicato nacional de profesores de Colombia, 53 murieron en 1991 y más de 400 recibieron amenazas de muerte.


Uno de ellos fue Juan Alberto Garay. Lo hallaron muerto la mañana del 24 de octubre. Tenía las manos atadas y su cadáver mostraba huellas de tortura y heridas de bala.


Colombia, claro está, no es el único lugar peligroso para los trabajadores y los sindicalistas. En todo el mundo amenazan, detienen, torturan y matan a sindicalistas por desempeñar pacíficamente sus actividades sindicales. Algunos son personalidades destacadas, pero la mayoría son trabajadores comunes que han de hacer frente a la represión a causa de sus ideales o, simplemente, porque estaban en un lugar determinado en un momento concreto.


Amnistía Internacional se creó para evitar que esa gente quede en el olvido. La organización inició sus actividades formulando llamamientos en favor de seis presos de conciencia: uno de ellos era sindicalista. Los sindicalistas del movimiento sindical internacional hicieron campañas en su favor y, finalmente, recobró la libertad. Desde entonces, Amnistía Internacional ha trabajado en favor de millares de sindicalistas que habían sido encarcelados como presos de conciencia, a los que se había negado un juicio con las debidas garantías o que se hallaban en peligro de ser torturados o ejecutados.


Cada año, con motivo de la celebración del primero de mayo, Día Internacional del Trabajo, Amnistía Internacional apela especialmente a los sindicalistas de todo el mundo para que proporcionen su ayuda. La organización pide a las secciones locales de los sindicatos y a sus organismos nacionales e internacionales que movilicen a sus miembros para que se unan a los llamamientos en favor de otros sindicalistas que se enfrentan a torturas, la muerte o al encarcelamiento político injusto.


Uno de esos presos es un ciudadano chino condenado a tres años por lo que las autoridades de su país describen como "difundir rumores, formar una organización e incitar a la gente a derrocar al gobierno". Acusado de ser el "miembro clave" del Sindicato Autónomo de Trabajadores de Shanghai, parece ser que Zhang Qiwang fue encarcelado por su participación en las manifestaciones en favor de la democracia de 1989.


Para muchos sindicalistas que trabajan en Filipinas el castigo ha sido aún peor. El 28 de agosto del pasado año unos pistoleros no identificados, que al parecer eran miembros del ejército, irrumpieron en el domicilio del matrimonio de sindicalistas compuesto por Edilberto y Haydee Bensen. Ordenaron a Edilberto que saliera de la casa y, una vez fuera, lo mataron a tiros. Luego le volaron la cabeza Haydee y mataron a su hija de 10 años de edad.


El ejército filipino a menudo afirma que las víctimas de ese tipo de incidentes son integrantes de grupos armados rebeldes o miembros de organizaciones consideradas "fachada" del ilegal Partido Comunista de Filipinas (CPP). Sin embargo, muchos de los que murieron así estaban desarmados y no representaban amenaza para nadie.


Edilberto y Haydee Bensen no fueron los únicos sindicalistas muertos en Filipinas el año pasado, aunque también en otras partes del mundo otros muchos hallaron la muerte. En algunos países los activistas sindicales, simplemente, "desaparecen". Por ejemplo, desde hace 12 meses nadie ha visto a Marcela Valdez de la Cruz, peruana de 34 años de edad y madre de dos hijos. Según los informes disponibles, Marcela Valdez de la Cruz, profesora y miembro de un sindicato, fue detenida el pasado mes de mayo por el ejército y posteriormente, según parece, la llevaron a un cuartel militar.


Con anterioridad a su "desaparición", el sindicato de profesores del que Marcela Valdez de la Cruz es miembro inició una huelga para pedir aumentos salariales, huelga que el Ministro de Trabajo declaró ilegal. Después del comienzo de la huelga se recibieron numerosos informes de diferentes zonas del país en los que se describían las detenciones, torturas y aparentes ejecuciones extrajudiciales de profesores por parte de la policía y el ejército.


Houcine el Manouzi, sindicalista marroquí, "desapareció" por primera vez hace 20 años. Houcine el Manouzi era mecánico de aviones, pero lo expulsaron de su puesto de aprendiz debido, al parecer, a sus actividades sindicales.


Después de su expulsión emigró a Belgica, donde trabajó como mecánico en Sabena, la compañía aérea belga. En 1971 lo condenaron a muerte, en su ausencia, en un juicio claramente injusto. En 1972 se desplazó a Túnez de visita y, según los informes, agentes marroquíes lo secuestraron y se lo llevaron a un campo secreto de detención. Su nombre pasó a formar parte de la lista de los centenares de "desaparecidos" que figuran en los expedientes de Amnistía Internacional.


Posteriormente su fotografía apareció en carteles en los que ponía "se busca" en las comisarías de policía marroquíes: había escapado de un centro secreto de detención con otros detenidos. Según parece, a las pocas semanas volvieron a capturarlo. Desde entonces no han vuelto a tenerse noticias definitivas sobre él.


Es difícil determinar la suerte que han corrido presos como Houcine el Manouzi, a quien se vio vivo por última vez en 1975. Se sabe que las condiciones de vida en los centros secretos de detención en Marruecos son extremadamente duras. En uno de esos centros, el de Tazmamert, la mitad de los detenidos murieron a causa de esas duras condiciones, entre las que figuran el confinamiento en régimen de aislamiento, la falta de medicación y la insuficiencia de alimentos y ropa.


En los centros secretos de detención en Sudán, conocidos como "casas de fantasmas", la torturas son habituales. Las palizas forman parte de los interrogatorios a los que se somete a los presos, entre los que hay muchos sindicalistas. Entre los métodos de tortura que se practican están el estrujar los testículos de los presos y someterlos a simulacros de ejecución. Según informes, Ali al Mahi al Sakhi, trabajador de una fundición y presidente del ilegal Sindicato Minero de Sudán, se encuentra recluido sin cargos ni juicio en una "casa de fantasmas" de Sudán. Lo detuvieron el pasado mes de noviembre, cuando sólo hacía cinco meses que había sido excarcelado: había estado en la cárcel, como preso de conciencia, desde noviembre de 1989 a mayo de 1991.


Amnistía Internacional, al igual que los sindicatos, considera que "el daño que se hace a uno se hace a todos", y que la represión no es inevitable y se puede combatir mediante el esfuerzo concertado. A pesar del hostigamiento, las amenazas y la violencia física, los sindicalistas de todo el mundo se unen a Amnistía Internacional en su lucha en pro de los derechos humanos de sus colegas.

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