Document - Ambassador of Conscience Award: The words of Nelson Mandela

AMNISTÍA INTERNACIONAL


Documento público


Índice AI: ACT 10/008/2006 (público)

Servicio de noticias: 284/06

3 de noviembre de 2006

http://web.amnesty.org/library/Index/ESLACT100082006



Premio Embajador de Conciencia: Palabras de Nelson Mandela



Esta semana, en Johannesburgo, en la acogedora compañía de amigos como Nadine Gordimer, me convertí en Embajador de Conciencia de Amnistía Internacional.


Fue una alegría para mí recibir este honor de los miembros del mayor movimiento de derechos humanos del mundo. Fue también muy alentador que el premio se inspire en el poema del gran escritor irlandés Seamus Heaney, Desde la República de la Conciencia, que nos recuerda a todos nuestro deber:


Tenían embajadas, dijo, en todas partes
pero que cada una operaba independiente
y ningún embajador sería retirado jamás.



Al igual que Amnistía Internacional, llevo muchos años luchando en favor de la justicia y de los derechos humanos. Ahora me he retirado de la vida pública. Pero mientras la injusticia y la desigualdad persistan en nuestro mundo, ninguno de nosotros puede descansar realmente. Debemos ser todavía más fuertes.


A través del trabajo de la Fundación Nelson Mandela, del Fondo para la Infancia Nelson Mandela y de la Fundación Mandela Rhodes, continúo luchando en favor de los derechos humanos. Estas tres fundaciones benéficas que actúan en mi nombre tienen la misión de continuar mi trabajo en campos importantes que me han interesado durante toda mi vida: los menores y los jóvenes, la memoria y el dialogo y la formación de nuevas generaciones de referentes morales.


Deseo que este premio pueda ayudar a los activistas de todo el mundo a hacer brillar la vela de la esperanza para las personas olvidadas presas de la pobreza. Como la esclavitud y el apartheid, la pobreza no es un estado natural. Son las personas las que han generado y tolerado la pobreza y son las personas también las que la superarán.


La superación de la pobreza no es un gesto caritativo. Es un acto de justicia. Es la protección de los derechos humanos fundamentales. En todos los lugares, cada persona tiene derecho a vivir con dignidad, libre del miedo y de la opresión, del hambre y de la sed y de expresarse y asociarse si así lo desea.


Sin embargo, en este nuevo siglo, millones de personas siguen encarceladas, esclavizadas y encadenadas.


La desigualdad y la pobreza generalizada constituyen un terrible azote en nuestra época, una época en la que el mundo se enorgullece también de avances asombrosos en la ciencia, la técnica, la industria y la acumulación de riqueza.


Mientras persista la pobreza, no habrá auténtica libertad. Amnistía Internacional tiene razón en rebelarse contra la violaciones de derechos que fomentan e intensifican la pobreza.


Las personas que viven sumidas en la pobreza son las que tienen menos acceso a ese poder que les permitiría forjar políticas, forjar su futuro. Pero tienen derecho a expresarse. No se las debe obligar a permanecer sentadas en silencio mientras el “desarrollo” se propaga a su alrededor y a su costa.


El verdadero desarrollo es imposible sin la participación de los afectados.


Tomemos, por ejemplo, el derecho a la vivienda. En África, tres millones de personas han sido desalojas de asentamientos informales desde el cambio de siglo.


En África hemos visto también el azote del VIH/sida, que ha diezmado a nuestras poblaciones, sobre todo a las personas que viven sumidas en la pobreza. Todos nosotros –ricos y pobres, gobiernos, empresas y particulares– compartimos la responsabilidad de velar por que todo el mundo tenga acceso a información, medios de prevención y tratamiento. Y nuestro punto de arranque debe ser el respeto a los derechos de las personas.


Sabemos que las personas ya marginadas son las más afectadas por el VIH/sida. Y sabemos también que, dentro de este grupo, las mujeres son objeto de una marginación todavía mayor y quienes soportan la carga más pesada. Como hijas, madres, hermanas y abuelas, experimentan y viven cada día la realidad de esta pandemia.


Las mujeres mueren también por otras causas evitables. Una mujer muere cada minuto por problemas relacionados con el embarazo. ¿Y dónde viven casi todas estas mujeres? En el mundo en vías de desarrollo, sumidas en la pobreza.


Amnistía Internacional está actuando con el fin de hacer realidad los derechos para las mujeres. A través de su trabajo sobre la pobreza y sus actividades contra la violencia que sufren.


Las mujeres y las niñas necesitan entornos seguros donde aprender y trabajar. En la actualidad, la discriminación y la violencia agravan su falta de acceso a los instrumentos que necesitan para hacer realidad sus derechos.


Si las niñas no cuentan con un entorno seguro y no discriminatorio para educarse o conseguir un trabajo, las consecuencias repercutirán a lo largo de toda su vida. Damos por descontado que no se les permita elegir ni disfrutar de las libertades.


Las mujeres y las niñas víctimas de relaciones abusivas, por ejemplo, no pueden escapar de la violencia porque dependen económicamente de las personas que abusan de ellas.


Hay que cambiar este equilibrio de poder y el más amplio que representa.


Me he referido antes a la necesidad de un “punto de inflexión”. Considero este Premio Embajador de Conciencia como un paso hacia ese punto de inflexión. En su generoso discurso, Nadine Gordimer reflexionó sobre una conversación que sostuvimos en 1998. Nos recordó lo que dije entonces:


"Lo que quiero ver es un entorno en que los jóvenes de nuestro país cuenten con una oportunidad auténtica de desarrollar las posibilidades inherentes que tienen de conseguir una vida mejor... El desarrollo no es más que eso".


Si los activistas de derechos humanos de todo el mundo creen en esto, actúan para conseguirlo y logran que otras personan crean en lo mismo, tendremos nuestro punto de inflexión.


NB: Asegúrense de que la siguiente nota aparece al final del texto: “Ésta es una adaptación de los observaciones formuladas por el señor Nelson Mandela cuando fue nombrado Embajador de Conciencia de Amnistía Internacional”.