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[Embargado hasta el 29 de enero de 2007]Público |
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Amnistía Internacional
Chad
"¿Somos ciudadanos de este país?"
La población civil de Chad, sin protección frente a los ataques de los yanyawid
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Resumen |
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Índice AI: AFR 20/001/2007 |
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http://web.amnesty.org/library/Index/ESLAFR200012007
La población civil del este de Chad está viviendo ahora la pesadilla de Darfur. Desde el fin de la estación de las lluvias, en octubre de 2006, los yanyawid sudaneses han reanudado sus ataques transfronterizos sobre el este de Chad donde, en unión de sus aliados chadianos, matan, saquean, destruyen aldeas y cometen violaciones con impunidad. Los yanyawid sudaneses sueles ser acompañados y ayudados por aliados locales, árabes chadianos y grupos "africanos" marginados como los wadai y los mimi. La terrible situación humanitaria y de derechos humanos se ha deteriorado aún más debido al conflicto entre comunidades étnicas y los ataques de los rebeldes chadianos contra la población civil. El gobierno de Chad no parece estar dispuesto o ser capaz de proteger de los ataques a su población civil, incluidas las personas internamente desplazadas y refugiadas, que vive en el este del país.
Las autoridades sudanesas no han hecho ningún esfuerzo perceptible por impedir las incursiones de los yanyawid en el este de Chad. Éstos salen de Sudán con armas y vuelven con el producto de los saqueos sin ningún impedimento. Muchos de ellos forman parte de grupos paramilitares sudaneses y con frecuencia utilizan uniformes del ejército sudanés. Aunque la mayoría van a caballo o en camello, algunos testigos presénciales afirman haber visto vehículos con placas de matrícula sudanesas.
El objetivo de los yanyawid parece ser expulsar de amplias áreas a comunidades que son identificadas previamente por los yanyawid y por otros como "africanas" en lugar de "árabes", y alejarlas de la frontera con Sudán. En el proceso, destruyen y saquean aldeas enteras, despojan a las comunidades "africanas" atacadas de todo lo que tienen y las expulsan de sus hogares. El aumento del respaldo por parte del gobierno sudanés a las fuerzas rebeldes chadianas y el deterioro de las relaciones entre Chad y Sudán también han contribuido al recrudecimiento del conflicto armado y de los ataques selectivos contra la población civil.
Los mortíferos ataques contra grupos concretos se han producido en un extenso territorio que se adentra hasta 150 kilómetros en Chad, y se han caracterizado por su extrema brutalidad. Los habitantes de los pueblos refieren hechos espeluznantes, como el caso de varios hombres a los que los atacantes ataron a sus caballos y los arrastraron hasta que murieron y también ejecuciones extrajudiciales. Los testimonios recogidos por una delegación de Amnistía Internacional muestran que en muchos ataques se cometieron violaciones y otras formas de violencia sexual. En uno de los ataques, varias mujeres fueron violadas en grupo frente a la mezquita donde habían buscado refugio.
Las personas desplazadas que se aventuran a salir de sus asentamientos temporales para recoger leña o que regresan a sus aldeas en busca de sus pertenencias se exponen a morir o a sufrir palizas o violaciones a manos de los yanyawid.
El gobierno de Chad, frente a tales atrocidades, ha preferido desplegar tropas para defenderse de los ataques de los grupos armados de oposición chadianos, en lugar de proteger a la población civil de los yanyawid. Los dajo y otros grupos atacados en la región de Dar Silah han solicitado protección reiteradamente a las autoridades locales y al ejército, pero sus peticiones no han sido respondidas aun cuando el ejército se encontrase a pocos kilómetros de distancia.
Para agravar la crisis, las Naciones Unidas no han desplegado todavía la fuerza multidimensional propuesta por la resolución 1706 del Consejo de Seguridad, aprobada en agosto de 2006. La resolución estipulaba que la ONU establecería una "presencia multidimensional consistente en oficiales de enlace sobre asuntos políticos, humanitarios, militares y de policía civil, en lugares clave del Chad, en particular en los campamentos de desplazados internos y de refugiados". Cientos de vidas se podrían haber salvado si se hubiera desplegado rápidamente una fuera multidimensional de la ONU. Sin embargo, al término de diciembre de 2006 el Consejo de Seguridad de la ONU había propuesto el envío a Chad de una nueva misión de evaluación.
Este texto resume el documento titulado Chad: "¿Somos ciudadanos de este país?". La población civil de Chad, sin protección frente a los ataques de los yanyawid (Índice AI: AFR 20/001/2007), publicado por Amnistía Internacional el 16 de enero de 2007. Si desean más información o emprender acciones al respecto, consulten el documento completo. En el sitio web http://www.amnesty.orgencontrarán una amplia selección de materiales de AI sobre éste y otros asuntos. Los comunicados de prensa de la organización pueden recibirse por correo electrónico solicitándolo en la dirección:
http://www.amnesty.org/email/email_updates.html
SECRETARIADO INTERNACIONAL, 1 EASTON STREET, LONDON WC1X 0DW, REINO UNIDO
Traducción de Editorial Amnistía Internacional (EDAI), España
[FECHA DE EMBARGO: 29 de enero de 2007] Público
Amnistía Internacional
Chad
"¿Somos ciudadanos de este país?"
La población civil de Chad, sin protección frente a los ataques de los yanyawid

ÍNDICE
Introducción 1
1. Los responsables de los abusos 3
Los yanyawid y sus aliados 4
Las fuerzas que se oponen a los yanyawid 5
2. Homicidios selectivos y deliberados 5
3. Violación y otras formas de violencia contra las mujeres 8
Durante los ataques a núcleos de población 8
En los campos para personas desplazadas 10
4. Destrucción y desplazamiento 14
5. La ausencia de protección por parte del Estado 16
6. Implicación de Sudán en el suministro de armas y en el entrenamiento de los yanyawid 19
7. La necesidad de acción internacional urgente 21
Seguridad 21
Justicia 23
Recomendaciones 23
in Protección de la población civil 23
Poner fin a la impunidad de las violaciones de derechos humanos en Chad y Sudán El gobierno de Chad debe: 25
Poner fin a la violencia contra las mujeres 26
Chad
"¿Somos ciudadanos de este país?" La población civil de Chad, sin protección frente a los ataques de los yanyawid
Cada vez que había un ataque suplicábamos y rogábamos al ejército que viniera a ayudarnos. Estaban sólo a dos kilómetros. Nunca lo hicieron. Otras veces nos decían buenas palabras, como "estamos con ustedes, los protegeremos". Pero las palabras no bastan. [...] No se nos considera ciudadanos. Quieren que muramos.
Seguíamos con las manos atadas a la espalda. Un hombre con uniforme de color verde llegó y disparó a los hombres de la fila, uno por uno, en la cabeza. Una bala no funcionó, de modo que agarró un palo y golpeó al hombre en la cabeza hasta que lo mató. […] Los mataron a todos. Todavía tengo pesadillas.
Entonces agarraron a mi hermanastra, que sólo tenía 10 años. […] Vi cómo dos de ellos la violaron y después se marcharon. Cuando llegamos a su lado estaba muy mal y sangraba. Siguió desangrándose durante dos días y al final murió.
Muchos de ellos vestían uniformes sudaneses. Y luchaban como un ejército, no como un grupo de aldeanos enloquecidos. ¿Quién les enseñó a combatir así? [...] Creo que sólo hay una respuesta. El ejército sudanés los entrenó, los vistió y les dio armas. Por eso los yanyawid dicen que esta lucha es para crear un Nuevo Sudán.
Introducción
Hogares en llamas. Personas asesinadas salvajemente. Mujeres y niñas violadas. Sobrevivientes dispersados por el terror. La población civil del este de Chad comparte el cruel destino de sus vecinos de Darfur, rehén de la despiadada solución de Sudán a los ataques de grupos rebeldes en la región. Las milicias yanyawid, que en los últimos años han devastado extensas zonas del oeste de Sudán, constituyen la columna vertebral de los grupos armados que matan, atormentan y desplazan a los miembros de grupos étnicos como los dajo y los masalit, en el este de Chad. El objetivo de los ataques parece ser expulsar de amplias áreas a comunidades que son identificadas previamente por los yanyawid como "africanas" en lugar de "árabes", y alejarlas de la frontera con Sudán.(1)
En Darfur, desde 2003, el gobierno sudanés utiliza a los yanyawid, una milicia bajo su control, para aterrorizar, matar y desplazar forzadamente a civiles que a su juicio facilitan apoyo a los movimientos armados de oposición. El gobierno financia y proporciona armas a los yanyawid, conocidos por su crueldad y ferocidad. Estas milicias, en coordinación con el ejército y la fuerza aérea de Sudán, atacan selectivamente y de modo deliberado a determinados grupos étnicos y los expulsan de sus poblados. Estos ataques persisten a pesar de la presencia de tropas de mantenimiento de la paz de la Unión Africana. El resultado es que hay más de dos millones de personas internamente desplazadas en Darfur y 218.000 personas originarias de Darfur que malviven en campos de refugiados en el este de Chad.
Lista de personas fallecidas durante un ataque de los yanyawid contra Bandikau, cerca de Beida . © AI
Ahora, en el este de Chad se está desarrollando una dinámica similar. Las milicias yanyawid sudanesas y sus aliados locales en Chad matan y saquean con total impunidad. Hay más de 90.000 personas internamente desplazadas que se han refugiado en asentamientos en el este de Chad y al menos 15.000 que han huido de Chad en busca de la precaria seguridad de los campos de refugiados de Darfur. Amnistía Internacional realizó dos visitas a la región de Dar Silah en 2006, una en mayo y otra entre noviembre y diciembre, y comprobó que varios grupos étnicos elegidos como objetivo habían sido dispersados por los reiterados ataques transfronterizos que venían produciéndose desde 2005. La frecuencia de los ataques contra la población civil de Chad ha aumentado conforme las relaciones entre Chad y Sudán empeoran, los grupos armados de oposición chadianos devienen más activos y los grupos armados de oposición de Darfur incrementan su presencia en Chad. Tanto el gobierno de Sudán como el de Chad se están aprovechando del conflicto entre distintas comunidades étnicas chadianas por el acceso a tierras, agua, ganado y otros recursos, pues les suministran armas y las utilizan para atacar selectivamente a grupos de civiles. Sin embargo, en general, los grupos considerados "africanos" son, con diferencia, los más afectados por la violencia.
Este informe documenta datos del homicidio deliberado y selectivo de comunidades, de la violación y otros delitos violentos contra mujeres y de la destrucción de hogares y bienes de civiles en el este de Chad. La investigación de Amnistía Internacional se centró en la región de Dar Silah, pero a la organización le preocupa que esos abusos y violaciones del derecho internacional humanitario han tenido lugar en todo el este de Chad. La investigación de Amnistía Internacional apunta a que los homicidios, las violaciones y el desplazamiento forzado se han cometido de un modo generalizado y sistemático y que también se han perpetrado crímenes de lesa humanidad. En algunos casos esos actos han constituido crímenes de guerra.
El gobierno de Chad, a pesar de las atrocidades cometidas en su territorio, no ha protegido a la población civil de los ataques de las milicias yanyawid, y así lo han reconocido ante Amnistía Internacional funcionarios estatales. El gobierno de Chad ha retirado y retenido tropas de la frontera entre Chad y Sudán para reforzar sus posiciones frente a los ataques de los rebeldes chadianos, dejando a la población civil indefensa ante los ataques de los yanyawid y de los rebeldes de Chad. El vacío en materia de seguridad que se ha generado está propiciando un aumento de la militarización conforme las comunidades se arman y forman milicias de defensa comunitaria. Amnistía Internacional ha tenido conocimiento de que demandas urgentes de las autoridades locales pidiendo el despliegue de fuerzas gubernamentales para proteger a población civil que estaba siendo atacada han sido desoídas con frecuencia por jefes militares cuyas fuerzas a menudo se encontraban a corta distancia.
Chad ha ratificado prácticamente todos los tratados internacionales de derechos humanos.(2) Su Constitución y su legislación nacional garantizan los derechos humanos básicos, incluidos el derecho a la vida, a la salud y a la seguridad de la persona. El gobierno debe hacer frente con urgencia a la crisis de derechos humanos en la región de Dar Silah y en otros lugares del este de Chad mediante el despliegue de fuerzas o solicitando ayuda internacional.
La comunidad internacional tiene un papel fundamental que cumplir. El Consejo de Seguridad de la ONU debe trabajar con el gobierno de Chad para proteger a la población civil del este del país, sin excluir el despliegue de una fuerza internacional a lo largo de la frontera. La comunidad internacional debe garantizar que la Corte Penal Internacional (CPI) investigará los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra cometidos en el este de Chad.
1. Los responsables de los abusos
En su gran mayoría, los ataques contra la población civil en Chad han sido perpetrados por una coalición variable creada sobre la base de un origen étnico común. Esta coalición está formada por las milicias apoyadas por el gobierno de Sudán, que cruzan la frontera desde Darfur, y grupos árabes locales de Chad. A ellos se les han unido con frecuencia grupos étnicos africanos de Chad como los mimi y los wadai, que viven entre los dajo y otras comunidades étnicas objeto de los ataques. Las personas sobrevivientes de los ataques se refieren siempre a los miembros de esta alianza como "yanyawid". A menos que se especifique lo contrario, en este informe se utiliza el término "yanyawid" para referirse a esta coalición variable.
En los últimos años, en el este de Chad también han tenido lugar enfrentamientos entre fuerzas del ejército de Chad y grupos armados que se oponen al gobierno. Muchos de los grupos armados de oposición de Chad tienen bases en Sudán y reciben armas del gobierno sudanés. En noviembre de 2006, por ejemplo, un grupo armado chadiano atacó y tomó la ciudad oriental de Abéché durante casi 24 horas. En el conflicto que enfrenta al ejército chadiano y a los grupos armados de oposición se han perpetrado violaciones de derechos humanos. Sin embargo, este informe se centra en la crisis principal provocada por las incursiones de los yanyawid en el este de Chad. La crisis humanitaria y de derechos humanos que ha definido Darfur se está extendiendo y repitiendo en el este de Chad. Como ya ocurrió en Darfur, la milicia yanyawid perpetra los abusos más abyectos contra los derechos humanos de la población civil con total impunidad.
Los yanyawid y sus aliados
o La milicia yanyawid sudanesa que ataca los núcleos de población de Chad parece estar constituida por una mezcla de fuerzas formales y otras milicias con base en las comunidades locales. Las primeras, con frecuencia, aunque no exclusivamente, forman parte de fuerzas paramilitares sudanesas –como la Fuerzas Populares de Defensa (Quwwat difa’ al-sha’bi) y la Guardia de Inteligencia de Fronteras (Haras mukhabarat al-hudud)– y reciben armas además de un salario mensual. Al equipo de investigación de Amnistía Internacional se le entregaron tarjetas de identidad encontradas en los cadáveres de milicianos yanyawid muertos en Chad, que mostraban que eran miembros de esos grupos paramilitares. Las otras fuerzas que integran los yanyawid, menos formales, no forman parte de las fuerzas gubernamentales sudanesas pero pueden permanecer bajo el mando de un jefe tribal (aqid) o ser armadas y reunidas, normalmente por conocidos líderes yanyawid, para ocasiones concretas.
o Grupos árabes de Chad: distinguir entre yanyawid chadianos y sudaneses es difícil debido a las relaciones fluidas entre familiares a ambos lados de la frontera y a la ya antigua presencia de árabes chadianos en Darfur. Los árabes chadianos no respetan la frontera nacional y fácilmente pueden ser considerados sudaneses en la medida en que sus rutas migratorias les permiten pasar largos periodos en Darfur Occidental o más al norte. Por tanto, como en la mayor parte del territorio de Darfur, el vínculo entre árabes, especialmente entre los de Darfur Occidental –muchos de ellos de origen chadiano–, y los árabes de Dar Silah no ha desaparecido. Sus vínculos familiares y étnicos sirven de base para establecer sus alianzas. Ningún núcleo de población árabe de Chad –aliado de los yanyawid o independiente– ha sido atacado por los yanyawid. Como en Darfur, los ataques de los yanyawid en Chad parecen haber sido motivados por la perspectiva del saqueo, la ampliación del acceso a tierras y recursos y, más recientemente, por la presencia de grupos armados de oposición de Darfur a quienes perciben como una amenaza. Como en Darfur, el racismo se utiliza como fuerza movilizadora y durante la mayoría de los ataques se ha empleado un lenguaje racista.
o Los wadai, los mimi y otros grupos étnicos, algunos de los cuales apoyan y unen sus fuerzas a los yanyawid, son considerados como recién llegados relativos a Dar Silah y Dar Masalit; la mayoría de ellos llegaron después de la hambruna de 1984.(3) Según los informes, estos recién llegados relativos, que suelen ser comunidades más pequeñas y débiles, se alían con los yanyawid para mejorar su suerte gracias al conflicto. A corto plazo sus poblados son respetados y han prosperado gracias al saqueo pero, a largo plazo, en su calidad de no árabes, también pueden encontrarse en el punto de mira de los yanyawid, como ha sucedido ya con miembros de sus comunidades en la región de Tissi, en el sur de Dar Silah.
Las fuerzas que se oponen a los yanyawid
Las comunidades locales, principalmente los dajo(4), que han sufrido la mayor parte de los ataques en el área de Dar Silah, están armadas en su mayoría con lanzas, arcos y flechas. Muy pocas disponen de armas de fuego.
Los grupos armados de oposición sudaneses en el este de Chad –el Ejército de Liberación de Sudán (SLA) y el Movimiento Justicia e Igualdad (JEM)– a menudo están emparentados con los grupos atacados en Chad, como los masalit y los dajo. Los movimientos armados y la población civil ven el conflicto actual como un enfrentamiento entre africanos y árabes. En este contexto, se considera que los africanos apoyan al SLA y al JEM. Además, la presencia rebelde en la región parece ser un motivo para que el gobierno de Sudán expulse del este de Chad a las personas que considera que apoyan a los grupos armados sudaneses o pueden constituir un apoyo potencial para estos grupos. El hecho de que el gobierno de Chad no proteja a la población civil del este del país amenaza con incrementar la militarización y la proliferación de armas en la región, conforme la población civil, carente de otra protección, se arma y se defiende por sus propios medios.
2. Homicidios selectivos y deliberados
En noviembre y diciembre de 2006, la delegación de Amnistía internacional fue testigo de una escalada en el número y la brutalidad de los ataques contra la población civil en Dar Silah. Personas sobrevivientes contaron que los yanyawid habían dejado claro que su objetivo eran los dajo, gritando amenazas como "ataquen a los esclavos", "cacen a los nuba [término que significa ‘africano’ y que se utiliza como insulto]", "mátenlos, extermínenlos", y "los echaremos de aquí y no les dejaremos ningún sitio adonde ir".
La comunidad dajo y otras comunidades africanas de la región han sido elegidas como objetivo de los ataques y han pagado un precio muy alto.(5) A lo largo de toda la frontera sudanesa al sur de Adré, las milicias yanyawid han atacado y destruido núcleos de población y han expulsado del territorio a las comunidades africanas.
Amnistía Internacional ha registrado más de 500 nombres de civiles víctimas de homicidio entre agosto y noviembre de 2006. La mayoría de ellos murieron por herida de bala durante los ataques. Muchos perdieron la vida en emboscadas perpetradas por los yanyawid en los campos o en caminos fuera de los poblados. Algunos fueron capturados y luego ejecutados sumariamente. La gran mayoría eran hombres, por lo general de entre 20 y 50 años de edad que, según los informes, murieron cuando intentaban defender sus poblados.
Un habitante de la región muestra los arcos y flechas queusan para defenderse durante los ataques. © AI
En algunos casos los poblados tuvieron conocimiento de la inminencia de los ataques, aunque sólo fuese con una o dos horas de antelación. Eso les dio tiempo para evacuar a las mujeres, los niños y las personas de edad avanzada. Los que se quedaron para defender el poblado, en la mayoría de los casos fueron barridos por los yanyawid, bien pertrechados con armas diversas, entre ellas fusiles de asalto Kalashnikov y M-14. Los defensores sólo contaban con arcos y flechas envenenadas, lanzas y machetes, y muy pocos tenían armas de fuego.
Una muchacha de 14 años, testigo presencial de la ejecución sumaria de 19 hombres a manos de los yanyawid, a las afueras de la localidad de Wiririké, el 11 de octubre de 2006, hizo el siguiente relato de los hechos:
Era alrededor de mediodía y yo volvía al poblado cuando tres hombres a caballo me persiguieron y me capturaron. Me golpearon y me ataron las manos a la espalda; me pusieron una cuerda alrededor del cuello y me hicieron correr con ellos. También capturaron a mi tío. Le habían pegado con dureza y sangraba por la cabeza. Como a mí, le habían atado las manos a la espalda y tenía una cuerda alrededor del cuello. Nos hicieron caminar hasta el poblado wadai de Wiririké y nos llevaron a los campos en las afueras.
Había 19 hombres con las manos atadas a la espalda. Los hombres armados eran unos 50. Muchos vestían uniformes de color verde. Nos insultaron y nos preguntaron dónde estaban escondidos los hombres, que teníamos que decírselo. Nosotros no lo sabíamos y dijeron que nos matarían. Nos dijeron que rezásemos la shuhada, la última plegaria, antes de morir. Entonces empezaron a discutir entre ellos qué hacer con nosotros y decidieron que alguien iría a ver cuántos de los suyos habían muerto en el ataque a Hilele ese mismo día.
El hombre que había ido a Hilele regresó con la noticia de que habían muerto muchos de ellos. Después de eso, dijeron que nos matarían. Era de noche y estábamos todos tumbados después de rezar la última plegaria. Seguíamos con las manos atadas a la espalda. Un hombre con uniforme de color verde llegó y disparó a los hombres de la fila, uno por uno, en la cabeza. Una bala no funcionó, de modo que agarró un palo y golpeó al hombre en la cabeza hasta que lo mató. Los mataron a todos. Todavía tengo pesadillas, no puedo dejar de pensar en ello. Después de matarlos, me ordenaron que me quedara donde estaba mientras ellos se deshacían de los cadáveres. Amarraron los cuerpos a los caballos; algunos cuerpos los llevaron arrastrando cuando se alejaron para deshacerse de ellos. Dejaron algunos hombres para vigilarme. Cuando regresaron, el hombre que había matado a los demás quería matarme, pero otro replicó que no debían matar a una mujer. Un tercero dijo que me llevaría con él para trabajar en el campo. Al final me dejaron libre y corrí hasta el pueblo de Mamadengue.
Los padres de un niño que murió abrasado durante el ataque contra Djolo. © AI
Otro testigo describió el brutal homicidio de cinco habitantes de la localidad de Koloy, el 17 de septiembre de 2006, después de uno de los ataques de los yanyawid contra el poblado.
Los yanyawid capturaron a cinco personas que intentaban escapar. Las maniataron y les ataron una cuerda alrededor del cuello. Luego ataron la cuerda a sus caballos e hicieron correr a los animales de un lado a otro arrastrando sus cuerpos durante cinco o diez minutos. Les salía sangre por la nariz y la boca. También los pegaron con las fustas en la cabeza y en el cuerpo hasta que la sangre los cubrió por completo. Estas personas no sobrevivieron a la tortura.
En algunos casos, víctimas demasiado jóvenes o demasiado débiles para moverse quedaron atrapadas en sus chozas y murieron cuando los atacantes les prendieron fuego. Esto ocurrió durante el ataque contra la localidad de Djorlo, el 7 de noviembre. Un hombre discapacitado, Yahya Omar, de unos 70 años de edad, murió abrasado dentro de su choza. Tres niños menores de cuatro años perdieron la vida mientras dormían cuando sus chozas fueron incendiadas. Uno de ellos era Moussa Matar Adam. Su madre, Khadidja Matar, contó lo sucedido:
Cuando llegaron los yanyawid mi esposo ya había huido y yo estaba sola con los seis pequeños. Puede poner a salvo a cinco y volví a buscar al último, de cuatro años, pero llegué demasiado tarde. Ya había muerto en el incendio; su cuerpo estaba carbonizado.
La esposa de Abakar Yussuf fue ejecutada y el cuerpo quemado en su choza. © AI
Abakar Yussuf describió la muerte de su esposa, Kaltuma Mahamat, ejecutada extrajudicialmente durante un ataque a la localidad de Koloy el 11 de noviembre y cuyo cuerpo fue quemado en su choza.
El día del ataque habíamos ido al campo muy temprano y en ese momento volvíamos para comer. Cuando mi esposa vio que nos atacaban me dijo que debía esconderme porque me matarían, pero que a ella no le harían daño. Intenté convencerla para que huyese pero ella no quiso. Yo escapé y me oculté en un lugar cercano. Vi a dos hombres con uniforme de color verde entrar en mi casa. Les oí gritar y decir a mi esposa que saliera. Cuando ella salió, le dispararon en la espalda y cayó al suelo muerta. Arrastraron el cuerpo por los pies dentro de la casa y le prendieron fuego. Cuando pude acercarme, el fuego era muy fuerte, así que me alejé. Cuando volví a buscar el cuerpo de mi esposa lo único que quedaba de ella eran los huesos.
Abdoulaye Khamis relató a Amnistía Internacional su intento de salvar a su hermano mayor, que fue quemado vivo durante un ataque a la localidad de Koloy, el 15 de noviembre.
Yo estaba ocupado intentando ayudar a defender el pueblo. Mi hermano Hassan Bechir tenía 80 años y estaba lisiado. No podía moverse sin ayuda. Durante el ataque los yanyawid fueron hasta él y empezaron a pegarle con palos hasta que perdió el sentido y luego lo arrojaron a una choza en llamas. Mi esposa estaba allí en ese momento y vino corriendo a contarme lo sucedido. Volvimos a toda prisa e intenté salvar a mi hermano. Saqué su cuerpo de la choza incendiada, pero era demasiado tarde.
3. Violación y otras formas de violencia contra las mujeres
La inseguridad reinante en toda la región oriental de Chad ha tenido graves consecuencias para las mujeres, muchas de las cuales han perdido la vida en los ataques de los yanyawid. Durante éstos, las mujeres a menudo son objeto de violaciones y secuestros y son sometidas a esclavitud sexual. Las mujeres son especialmente vulnerables cuando abandonan la precaria seguridad de su poblado o asentamiento; por ejemplo, cuando se trasladan, trabajan en el campo o recogen leña. Estas agresiones son actos deliberados de guerra dirigidos a humillar y sembrar el miedo en las comunidades atacadas, para que permanezcan en su refugio o asentamiento y no intenten volver a su hogar y, en última instancia, para expulsarlas de su tierra.(6)
La esposa de Abakar Yussuf fue ejecutada y el cuerpo quemado en su choza. © AI
El gobierno chadiano no ha hecho ningún esfuerzo para investigar el alcance de la violencia contra las mujeres, ni para facilitar servicios sociales y de salud adecuados a las mujeres víctimas de violación u otro tipo de violencia. El gobierno tampoco ha adoptado medidas de seguridad adecuadas para reducir la incidencia de tales ataques.
Además de la naturaleza violenta de estas agresiones, muchas mujeres han quedado traumatizadas psicológicamente. La situación se agrava debido a las grandes dificultades materiales, sobre todo para las mujeres cuyos familiares varones han muerto en los ataques y que han quedado en la indigencia, en una sociedad en la que las mujeres solas encuentran obstáculos enormes para mantenerse a sí mismas y a sus hijos.
Durante los ataques a núcleos de población
Aunque, al igual que ocurre en Darfur, entre las víctimas mortales de los ataques de los yanyawid a núcleos de población en el este de Chad hay más hombres que mujeres, existen indicios de que la violencia sexual contra las mujeres va en aumento. Amnistía Internacional ha documentado casos de violaciones y otros abusos contra mujeres perpetrados durante los ataques. Debido al estigma que supone la violación, la mayoría de las mujeres que han sido víctimas de agresiones sexuales normalmente no lo reconocen. La práctica de evacuar a las mujeres y a los niños de los poblados cuando sus habitantes sospechan que un ataque es inminente parece haber protegido a algunas mujeres de los abominables excesos de los yanyawid.
Durante un ataque contra la localidad de Djimezé Djarma que tuvo lugar el 7 de octubre de 2006, los yanyawid secuestraron a siete mujeres. Amnistía Internacional entrevistó a una de ellas, que aún se encontraba visiblemente traumatizada y se mostraba reacia a decir nada que pudiera servir para identificar a sus agresores. Según su relato, ella y sus tres niños pequeños, junto a otras seis mujeres con sus respectivos hijos fueron secuestradas durante el ataque y permanecieron retenidas 20 días por 10 hombres, que se desplazaban a caballo y en camello. Tras su captura, las mujeres y los niños fueron obligados a caminar durante dos o tres días.
Separaron a las mujeres un poco y los hombres nos obligaban a cocinar, a acarrear agua, a dar de comer a sus camellos y caballos, y a prepararles la comida. Circulaban entre nosotras y si los desobedecíamos nos azotaban con sus fustas. Sufrimos mucho. Estaba segura de que me iban a matar. No abusaron de mí, pero es muy posible que de otras mujeres sí, aunque yo no lo vi. Cuando escapamos no hablamos de ello, es un gran tabú. […] Algunas mujeres dijeron que les dolía todo el cuerpo, pero esto también se debe a los golpes. Nos pegaban con fustas, palos, con cualquier cosa que encontraban.
Manos de una mujer que presenció las violaciones en la mezquita de Djorlo . © AI.
Amnistía Internacional entrevistó a algunas de las siete mujeres que fueron violadas junto a la mezquita donde se habían refugiado durante un ataque contra la localidad de Djorlo, el 7 de noviembre de 2006. Una de las mujeres hizo el siguiente relato:
Las mujeres nos ocultamos en la mezquita, pero un hombre con uniforme de color verde entró y nos descubrió. Éramos siete mujeres y teníamos niños con nosotras. Él gritó a los otros que estábamos allí y pudimos oír cómo discutían qué hacer. Oímos que habían decidido disparar contra la mezquita y decidimos escapar. Salimos corriendo por la puerta delantera. […] Capturaron a las mujeres, arrojaron a los niños al suelo y luego abusaron de las mujeres. Yo estaba en la mezquita y vi lo que ocurrió. Vi que otras mujeres llevaban a sus pequeños a la espalda y cómo se los arrebataban y los arrojaban al suelo.
Pegaron a las mujeres y les obligaron a tumbarse en el suelo. Los hombres se sentaron encima de ellas para que no pudieran moverse y les apretaron la garganta; les quitaron la ropa y se sirvieron de ellas como mujeres. Cada mujer fue usada por más de un hombre. Yo oía los gritos de las mujeres que pedían ayuda, sin que nadie las socorriera. Si alguna lograba levantarse y escapar otro hombre la atrapaba en su huida y le hacía volver para abusar de ella. […]
Un hombre me agarró y tiró al suelo al niño que yo llevaba. Me tumbó en el suelo y me sujetó por la garganta. Eso me dolió mucho porque tengo bocio; desde entonces tengo el cuello más hinchado. El hombre me aplastó con su peso y yo no pude moverme. […] Después sangré durante seis días. Finalmente llegaron refuerzos de los poblados vecinos y los atacantes huyeron. Por la noche, cuando duermo, todavía veo lo que ocurrió. A todas nos pasa. [...] No podemos hablar de lo que ocurrió. Es tabú.
Otra testigo de las violaciones en Djorlo relató:
Apuntaron con sus armas a la cabeza de algunas mujeres. Tres hombres violaban a una mujer; uno le sujetaba los brazos, el otro las piernas y el tercero abusaba de ella. Gritaban cosas como "esclavas dajo, las vamos a perseguir y vamos a matar a sus hijos. El poblado será para nuestros rebaños".
Las mujeres también han sido víctimas de tortura y malos tratos físicos durante los ataques y secuestros, como contó a Amnistía Internacional una mujer que fue golpeada durante un ataque a la localidad de Tieraborga, el 4 de noviembre de 2006.
Yo estaba en el campo con mi esposo cuando oímos disparos. Mi esposo me dijo que me quedara donde estaba y corrió al poblado. Sin embargo, al poco rato yo fui tras él. Lo vi herido en el suelo y corrí hacia él. Le cubrí con mi cuerpo para protegerlo porque es mi esposo. Uno de los atacantes dijo: "tú quieres a tu esposo, pero sois nuestros esclavos y os mataremos"; otro dijo: "te quedarás con nosotros y vendrás a trabajar para nuestras esposas". Me puso una cuerda alrededor del cuello y el otro me golpeó en los riñones con la culata del arma. Un tercero me golpeó en el hombro. Luego intentaron subirme al caballo pero yo estaba muy débil –estaba embarazada [de cinco meses]– y me caí al suelo. Me dejaron allí, cortaron la cuerda y se marcharon.
Muchas mujeres han experimentado las dificultades y las privaciones que entraña intentar mantener a sus familias después de perder a sus familiares varones y de ser expulsadas de sus hogares. En el ataque a la localidad de Djorlo que tuvo lugar el 7 de noviembre de 2006, por ejemplo, los atacantes mataron a 40 hombres, dejando 52 viudas y 166 huérfanos.
Marioma Mahat, esposa de un imán que murió durante un ataque al pueblo de Tamadjur el 8 de noviembre de 2006, describió a Amnistía Internacional las consecuencias de haber enviudado.
Tengo ocho hijos; ahora soy la única responsable de ellos. Todo el mundo sufre y nadie tiene nada. No hay nadie que pueda hacerse cargo de nosotros. Mi hermano [político]tiene muchos hijos y no tiene nada. Después de 4 meses y 10 días [periodo de luto], puedo intentar buscar un esposo, pero si no encuentro a nadie tendré que trabajar para alimentar a mis hijos, trabajar para otros en el campo o en el servicio doméstico.
En los campos para personas desplazadas
Como en Darfur, son frecuentes los ataques contra las mujeres que se aventuran a salir de los lugares donde las personas que han sido desplazadas de sus poblados se han reunido buscando seguridad o donde otra comunidad les ha ofrecido refugio. El desorden y la ausencia de protección de la población civil en el este de Chad han hecho que las violaciones de mujeres desplazadas que trabajan en el campo, recogen leña o hacen acopio de agua sean algo común.
En los ataques a los núcleos de población, los bienes y las reservas de alimentos son quemados o robados, dejando a las familias sin comida y sin medios de subsistencia. Las personas desplazadas se ven obligadas a abandonar sus hogares con unas pocas pertenencias, y son las mujeres las que mayoritariamente se ocupan de mantener a la familia, ya sea recogiendo leña para venderla o utilizarla, o trabajando por cuenta ajena en el campo. El gobierno de Chad y la comunidad internacional siguen fallando a las personas internamente desplazadas que viven en asentamientos informales al no proporcionarles ayuda humanitaria en forma de alimentos. Incluso para las personas que se han trasladado a lugares oficialmente reconocidos, como el asentamiento de Habilé, a las afueras de Koukou Angarana, y al de Gouroukoun, a las afueras de Goz Beida, la ayuda alimentaria es infrecuente e irregular. En tal situación, corresponde a las mujeres encontrar la forma de alimentar y mantener a su familia, lo cual significa que salen de los asentamientos muy temprano por la mañana y vuelven a última hora de la tarde. Por necesidad, las mujeres se aventuran a ir lejos de los asentamientos temporales y de nuevo sufren actos de violencia a manos de las mismas personas que las obligaron a abandonar sus poblados de origen.
Una multitud se congrega para la distribución de alimentos del Programa Mundial de Alimentos en el asentamientos para personas desplazadas de Habilé. © AI
En todos los asentamientos para población desplazada que Amnistía Internacional visitó, mujeres y hombres contaron que las mujeres eran atacadas con frecuencia cuando se aventuraban a salir. Aunque lo más frecuente era que hablasen de palizas, muchas mujeres indicaron que no podían admitir que habían sido violadas por miedo a las repercusiones sociales. En especial, insistían en que la vergüenza para las muchachas jóvenes que aún no estaban casadas era especialmente grave. Amnistía Internacional ha reunido varias declaraciones de testigos presenciales de violencia sexual, que corroboran otros relatos de testigos indirectos y sugieren con fuerza que muchas palizas llevaron aparejada violencia sexual.
Una mujer de Koloy describió cómo fue violada fuera del asentamiento para personas desplazadas de Gouroukoun.
Cuando llegamos a Goz Beida, en el campo de Gouroukoun, la Oficina de las Naciones Unidas para los Refugiados [ACNUR]nos dio tiendas de campaña y tres koros[aproximadamente seis litros de grano]por persona, incluidos los niños. Fue en marzo [de 2006]. Pero esto sólo ocurrió una vez, y después no teníamos nada que comer. Así que las mujeres tenían que salir a buscar leña [alejándose unos 10 kilómetros del campo]para venderla en el mercado. Yo llevaba a mi hija más pequeña a la espalda [que tenía cinco meses en noviembre de 2006]. El vigésimo día del Ramadán de este año [13 de octubre de 2006], estaba buscando leña con otras dos mujeres cuando nos encontramos con cinco hombres armados. Tres vestían de blanco y los otros dos uniformes de color verde. Nos preguntaron de dónde veníamos y les respondimos que de Goz Beida. Nos volvieron a preguntar de dónde veníamos y quiénes éramos, si desplazadas o refugiadas. Cuando les dijimos que desplazadas, nos dijeron que éramos las personas que andaban buscando. Dijeron: "creen que pueden esconderse en Goz Beida, pero no hay llave capaz de protegerlos – no los queremos por aquí". Empezaron a pegarnos y nos quitaron los pañuelos de la cabeza y las sandalias. Luego me agarraron y me apartaron de las dos mujeres mayores con las que estaba; ellas lograron escapar.
Primero me arrebataron a mi niña y la tiraron al suelo. Luego dos de los hombres me violaron. Cuando se marcharon, recogí a mi hija y volví al campo. No le he contado a nadie lo que me pasó. Si lo supieran, podría tener problemas con mi esposo. No sé cómo reaccionaría si llegara a enterarse. Los hombres son diferentes y algunos se llenan de ira contra la mujer. Después me dolía todo el cuerpo, pero ahora me encuentro mejor.
Otra muchacha describió la violación de varias mujeres desplazadas que habían llegado a Koloy con sus familias buscando un lugar seguro después de que su poblado fue atacado en marzo de 2006.
Koloy también ha sufrido varios ataques. Cuando estábamos allí, como no teníamos nada, teníamos que salir a buscar leña. Con frecuencia nos encontrábamos con hombres vestidos con jellabiyaso uniformes de color verde, que nos insultaban y golpeaban. Una vez también me encontré con un grupo de mujeres árabes, y empezaron a gritar y a bailar; nos asustamos y huimos. Una vez, después del Ramadán, estaba con dos primas buscando leña cuando nos encontramos con cinco hombres armados a caballo y con uniformes de color verde. Salimos corriendo y ellos nos persiguieron. Les oí decir que yo era demasiado joven. Soy uno o dos años menor que mis primas, pero a ellas se las llevaron. También dijeron: "ustedes, los nuba, no pueden hacer nada. Nosotros tenemos el poder y los vamos a echar de esta tierra". Se llevaron a mis primas al bosque y yo regresé a Koloy. Mis primas volvieron a la mañana siguiente. Sus vestidos estaban manchados de sangre pero tenían miedo de hablar porque era una gran vergüenza. Yo sabía que las habían violado. Sus madres se ocuparon de ellas, lavándolas con agua caliente y agua hervida con corteza de los árboles.
Las personas internamente desplazadas que no viven en campos oficiales no tienen acceso a servicios médicos adecuados después de sufrir violencia sexual.(7) Además del tabú que impide hablar de tales agresiones, los riesgos para la salud de las mujeres se agravan con la mutilación genital femenina mediante infibulación(8), que se practica casi sin excepción en la región de Dar Silah a las niñas de entre 7 y 10 años. Esta práctica aumenta la gravedad de las lesiones producidas durante la violación. Las niñas y las jóvenes que aún no han tenido hijos corren un riesgo especial porque las heridas pueden volver a abrirse y producir graves pérdidas de sangre. Algunas supervivientes de violación en Darfur desarrollaron fístula, y es probable que en Chad haya muchos casos sin registrar de esta dolorosa afección.
Una mujer desplazada en el asentamiento de Guroukoun describió la violación y el posterior fallecimiento de una niña de 10 años cuando viajaba a Modaina.
Abandonamos el poblado y marchamos a Koloy esperando que allí estaríamos seguros. En marzo decidimos intentar volver al poblado para ver si podíamos recoger nuestras pertenencias. Diez mujeres caminábamos en fila por la carretera de Koloy a Modaina. Se tardan cinco horas. Al cabo de tres horas nos encontramos con seis hombres en camello, vestidos con uniformes de color verde y armados. Nos golpearon y nos dijeron: "los negros no van a quedarse aquí. Acabaremos con todos ustedes". Luego agarraron a mi hermanastra, que sólo tenía 10 años. El resto de nosotras echamos a correr y esperamos a corta distancia. Dos de ellos abusaron de mi hermanastra y después se marcharon. Cuando llegamos a su lado estaba muy mal y sangraba. Siguió desangrándose durante dos días y al final murió. Inmediatamente después de lo ocurrido regresamos a Goz Beida.
En Dog Doré, la esposa del jefe de un poblado atacado y abandonado describió un ataque que tuvo lugar a mediados de noviembre de 2006.
Hace dos semanas fui a recoger tomates a las tierras de mi esposo. Él tenía que buscar paja para reparar la casa y me dijo que vendría conmigo al día siguiente, pero yo le dije que iría sola. Salí por la mañana y había pasado la mitad del día cuando un hombre montado en un camello se me acercó. Me preguntó qué hacía y yo le respondí que estaba recogiendo tomates. Él dijo que quería algunos y yo le dije que podía vendérselos. Se bajó del camello y el animal se arrodilló. Luego me dijo que me acercase. Yo me negué. De nuevo me ordenó que me acercase. Yo volví a negarme diciendo que estaba allí para comprar tomates. Él dijo que no le interesaban los tomates, que quería yacer conmigo. Yo me negué, y le dije que podía matarme si quería, pero que no me movería. Entonces se me acercó y me pegó con un palo en un lado del cuello y en el brazo. Caí al suelo y él me ordenó que me sentara. Cuando me senté, me dio una patada en un lado de la cara y volví a caer. Me dijo que me sentara de nuevo y me dio una patada en el otro lado. Volví a caer y me dio patadas y me golpeó con la culata de su fusil y con el palo. Luego se marchó. Mientras me pegaba me llamaba perro y me decía que ya veríamos. Vestía un uniforme verde y un turbante negro. Creo que era un árabe de la zona. Lo reconocería si lo viese de nuevo. Yo no podía levantarme y permanecí tendida en el suelo. Por fortuna llegó una mujer con un burro, me subió a él y me llevó de vuelta al poblado. Estuve en cama 10 días. Cuando esto sucedió estaba embarazada de cuatro meses y estoy preocupada porque desde entonces no he sentido moverse al bebé. Todavía me duele el brazo. Y también el hombro.
Una joven de un asentamiento para personas desplazadas situado junto a la localidad de Maraina describió cómo la violación se había convertido en algo común y lo difícil que es hablar de ella.
Anteayer volví a las tierras con mi madre y dos niños; están a dos horas y media de marcha. Cuando estábamos allí vi a cinco hombres a caballo a lo lejos; corrí y me escondí entre la hierba alta. Agarraron a mi madre y la golpearon. […] He oído que han violado a muchachas y a mujeres. Nadie habla de ello directamente porque es una gran vergüenza, sobre todo para las muchachas que no están casadas. La última vez que oí a las mujeres hablar de esto fue en relación con un ataque, hace dos semanas, y que habían violado a dos muchachas. Es imposible pedir ayuda porque no puedes admitir que has sido violada, pero las mujeres de la familia ayudan y las lavarán con agua caliente o les ayudarán con la medicina tradicional, corteza de los árboles hervida. Oí que los atacantes les dicen que no se lo cuenten a sus esposos y que la próxima vez que las vean les pegarán para ver si se lo han contado.
4. Destrucción y desplazamiento
La destrucción de núcleos de población y cosechas parece tener como objetivo despoblar la región para que los yanyawid y sus aliados puedan hacerse con el control de las tierras abandonadas. Las personas desplazadas luchan por sobrevivir mientras patrullas de hombres armados les impiden volver a sus hogares.
Restos quemados de Djorlo. © AI
Muchas personas que huyeron de Djorlo viven en un asentamiento improvisado cerca de la pista de Goz Beida. © AI
Casa quemada en Djorlo. © AI
Los ataques de los yanyawid y sus aliados han destruido poblados enteros, partes sustanciales de poblados y viviendas. Numerosas personas han contado que los combatientes yanyawid utilizan armas incendiarias cuyos disparos hacen que las chozas estallen en llamas. Los atacantes han destruido o saqueado ganado, bienes domésticos y provisiones de mijo, judías y otros alimentos básicos. Con frecuencia los campos de los poblados y de sus alrededores también han sido incendiados y el fuego ha destruido cosechas que estaban a punto de ser recogidas.
Amnistía Internacional visitó la localidad de Djorlo, hoy completamente abandonada. Gran parte ardió durante el ataque del 7 de noviembre de 2006. En la actualidad sus habitantes viven en condiciones precarias en un asentamiento no oficial cerca de la pista de aterrizaje a las afueras de Goz Beida. Cuando huyeron se llevaron consigo algunas pertenencias, pero muchos de sus bienes fueron destruidos durante el ataque, quedaron abandonados en el pánico de la huida o fueron saqueados después.
Como en Darfur, los ataques de los yanyawid en el este de Chad van siempre acompañados del robo sistemático de ganado, como reses, cabras, caballos, burros y ovejas. La cantidad de animales robados es significativa y con frecuencia supone toda la cabaña del pueblo. Khamis Saleh, jefe del poblado de Khas-khasha, calculó que su poblado había perdido 30 caballos, 5.000 cabras y 2.000 burros en el ataque del 10 de octubre de 2006. Ibrahim Abdoulaye Ahmat, jefe del poblado de Dabkar, calculó que en un ataque que tuvo lugar el mismo día les habían robado 1.300 reses, 3.500 cabras, 170 burros y 50 caballos. Pérdidas de esta magnitud son inmensas para los poblados pequeños, ya que el ganado forma parte de su vida cotidiana y se utiliza tanto para la alimentación como para el transporte.
El efecto combinado de la destrucción de viviendas, la quema de campos de cultivo, el saqueo de bienes y la pérdida de reservas alimenticias y ganado despoja a los habitantes de los poblados de sus medios de subsistencia. Los ataques contra los bienes de carácter civil, incluida la destrucción gratuita de propiedades no justificada por la necesidad militar imperiosa, así como la destrucción o sustracción de cosechas y ganado indispensables para la supervivencia de la población civil están prohibidos en virtud del derecho internacional y constituyen crímenes de guerra.(9) El derecho internacional humanitario también prohíbe el saqueo y lo considera un crimen de guerra.(10)
Se está expulsando de sus hogares y de sus tierras a grupos étnicos seleccionados como los dajo y los mouro. Cada nueva oleada de ataques produce el desplazamiento de varios millares de personas. Se calcula que el año pasado 100.000 chadianos resultaron desplazados a consecuencia de los ataques, 30.000 de ellos durante los ataques de octubre y noviembre de 2006.(11)
Muchas personas han sido desplazadas dos o tres veces, teniendo que huir constantemente de nuevos ataques. Alrededor del pueblo de Koloy, por ejemplo, a finales de 2005 y principios de 2006 algunos poblados pequeños fueron atacados y sus habitantes huyeron a localidades vecinas. Cuando éstas fueron atacadas en octubre de 2006, la gente se refugió en el pueblo principal de Koloy. Cuando Koloy fue atacado, en abril y durante las dos primeras semanas de noviembre, estas personas tuvieron que huir de nuevo.
Isshak Mahamat describió a Amnistía Internacional cómo escapó de su poblado, Djedide, tras un ataque en febrero de 2006. Se dirigió a Damaré, al sur de Koloy, y huyó de nuevo cuando fue atacado en marzo. Entonces él y su familia se dirigieron al pueblo de Koloy, donde vivieron con otros miles de personas desplazadas de poblados de la zona. Permaneció en Koloy durante los primeros ataques contra esta localidad a principios de noviembre, pero huyó tras un ataque masivo lanzado por los yanyawid el 15 de noviembre. En la actualidad vive en un asentamiento para personas desplazadas a las afueras del pueblo de Adé, con su esposa y sus siete hijos.
Las amenazas proferidas contra aquellos que intentan volver a sus hogares muestran la clara intención de impedir que regresen a sus tierras. Algunas personas que han intentado volver a sus poblados, aunque sólo fuese para ver si quedaba algo de la cosecha, con frecuencia han sido víctimas de amenazas o ataques. Los 10 hijos de Adam Gamar regresaron a sus tierras a las afueras de la localidad de Matabono, cerca de Koloy, el 21 de noviembre de 2006. Inmediatamente fueron abordados por un grupo de yanyawid, formado en su mayoría por miembros de las etnias locales mimi y wadai. Una hija de Ada Gamar, Fatuma Daoud, de 17 años de edad, fue golpeada pero consiguió escapar con sus hermanos y hermanas. Sin embargo, no pudieron recoger sus cosechas.
Niños internamente desplazados en el asentamiento de Habilé. © AI
Las personas internamente desplazadas en Chad viven en condiciones muy difíciles, peligrosas y duras. Los asentamientos reconocidos oficialmente, como el de Habilé, a las afueras de Koukou Angarana, y el de Gouroukoun, a las afueras de Goz Beida, están situados cerca de los campos para personas refugiadas de Darfur. Sin embargo, muchos otros chadianos desplazados se han asentado en lugares elegidos por ellos, en algunos casos por temor a que el tamaño de los asentamientos mayores y su proximidad a centros de población acarreasen problemas sociales.
Por ejemplo, personas que huyeron de Djorlo se han asentado en un lugar a unos 45 kilómetros al norte, a las afueras del pueblo de Goz Beida, y han rechazado las demandas de funcionarios de la ONU y del gobierno para que se trasladaran a Gouroukoun, el lugar oficial para personas desplazadas en la zona. Al ser originarias de un pequeño poblado, relativamente aislado, tienen miedo de que en Gouroukoun sus hijos queden expuestos a influencias indeseables y a no poder mantener la existencia rural a la que están habituados. Sin embargo, se les ha dicho que sólo tendrán derecho a recibir alimentos de la ONU si se trasladan a un asentamiento mayor. Grupos de hombres han regresado a Djorlo para ver si pueden recuperar parte de la cosecha o provisiones, a pesar del riesgo que suponen las patrullas de combatientes yanyawid. Adeye Hassan y otros cinco jóvenes regresaron el 19 de noviembre de 2006, pero se vieron obligados a huir ante los disparos realizados por hombres apostados entre los árboles.
Las personas desplazadas de Chad que hablaron con Amnistía Internacional, en su inmensa mayoría, compartían dos preocupaciones: el acceso a los alimentos y la seguridad.
5. La ausencia de protección por parte del Estado
En prácticamente todas las entrevistas que Amnistía Internacional mantuvo con sobrevivientes de ataques recientes en la región de Dar Silah, en el este de Chad, el sentimiento que prevalecía era el de abandono y privación de derechos. En especial, los habitantes de la localidad de Djorlo tienen la sensación de que el gobierno chadiano no tiene interés en protegerlos de la oleada de ataques que asoló la región durante 2006 y que parece que va a continuar. En un momento de inseguridad extrema, enfrentados a ataques cada vez más frecuentes, han solicitado repetidamente protección a las autoridades locales y al ejército. Sin embargo, esa protección no se ha proporcionado en ningún caso.
A Amnistía Internacional le preocupa el modo sistemático y constante en que el gobierno ni siquiera ha intentado facilitar un nivel mínimo de seguridad a los habitantes de Dar Silah y de otros lugares del este de Chad, lo que puede indicar una política deliberada por parte del gobierno chadiano, que parece estar únicamente preocupado en defenderse de los grupos armados de oposición de Chad. Se ha abandonado a la población civil a su suerte. Frente al mortífero armamento de los yanyawid y sus aliados, un poblado tras otro han tenido que defenderse sólo con sus armas tradicionales.
Tienda de campaña familiar en el asentamiento para personas internamente desplazadas de Habilé. © AI
Esta constante es preocupante y constituye una clara violación de las obligaciones internacionales del gobierno chadiano de proteger a la población de Chad de los abusos contra los derechos humanos, como los perpetrados de forma sistemática y generalizada por los yanyawid y sus aliados desde hace bastante más de un año.(12) La dejación se ha producido en tres niveles críticos: disuasión, respuesta y consecuencias.
No hay indicios de que las autoridades chadianas hayan hecho ningún esfuerzo proactivo para mejorar la seguridad en los núcleos de población que han sufrido ataques y en sus alrededores. Los soldados están estacionados sólo en las ciudades principales de la región, y no parecen realizar patrullas regulares o misiones en las áreas donde existe riesgo. Una presencia militar constante en la zona serviría sin duda para evitar algunos de los ataques. El gobierno de Chad, al centrarse en la amenaza que suponen los grupos rebeldes chadianos para su propia supervivencia, ha incumplido su obligación de proteger a los habitantes del este de Chad de graves abusos contra los derechos humanos.(13)
Este motivo de preocupación es aún más evidente por la decisión adoptada recientemente por las autoridades chadianas de enviar una fuerza simbólica de 120 efectivos, para ayudar al gobierno de la vecina República Centroafricana a luchar contra la creciente actividad de los grupos rebeldes en ese país.(14) Este hecho vuelve a poner de relieve que la protección de la población civil en el este de Chad no se encuentra entre las prioridades del gobierno. Amnistía Internacional reconoce que el gobierno tiene el derecho y la obligación de adoptar medidas para evitar los ataques de los grupos rebeldes o responder a ellos. Sin embargo, debe adoptar una estrategia que garantice la satisfacción de las necesidades de protección de los ciudadanos chadianos, en todas las partes del país.
El ejército tampoco ha respondido cuando ha recibido peticiones urgentes de núcleos de población que estaban siendo atacados. Amnistía Internacional reunió indicios significativos de los esfuerzos realizados por los habitantes de los pueblos que estaban siendo atacados para enviar mensajes a las autoridades locales pidiendo el despliegue de soldados. Algunas veces el poblado envió un emisario a la ciudad más próxima con funcionarios del Estado. En otras ocasiones se informó del ataque inmediatamente mediante llamadas telefónicas vía satélite. En ningún caso el ejército emprendió acción alguna. Se dejó que los pueblos se enfrentaran solos a los yanyawid, lo que con frecuencia tuvo consecuencias funestas.
Abakar Ramadan, imán de Koloy, que ahora vive en un asentamiento para personas desplazadas situado cerca de Adé, declaró a Amnistía Internacional:
Cada vez que había un ataque suplicábamos y rogábamos al ejército que viniera a ayudarnos. Estaban sólo a dos kilómetros. Nunca lo hicieron. Otras veces nos decían buenas palabras, como "estamos con ustedes, los protegeremos". Pero las palabras no bastan. Cuando éramos atacados, nunca aparecían. Y luego llegó lo peor, el ataque del 15 de noviembre [de 2006]. Lo intentamos una vez más, pero cuando los yanyawid nos estaban exterminando el ejército no intervino. En este país no importamos. No se nos considera ciudadanos. Quieren que muramos.
La milicia yanyawid sabe muy bien que las autoridades chadianas no hacen ningún esfuerzo para proteger a los habitantes de la región. Entre los insultos que dirige a sus víctimas se encuentra la siguiente provocación: "¿por qué no hay nadie aquí para protegerlos?". Es razonable suponer que la pasividad por parte de las autoridades chadianas fomenta los ataques. Sencillamente, los yanyawid saben que sólo se les hará frente con arcos y flechas, lanzas y machetes. Asaltan los poblados confiados en que el ejército chadiano no intervendrá.
Las autoridades tampoco han realizado ningún esfuerzo para garantizar la seguridad de las personas desplazadas de Chad, ya sea en asentamientos oficiales, organizados, o en lugares improvisados, como el situado a las afueras de Goz Beida, donde se han instalado las personas desplazadas de Djorlo, o el de Adé, donde habita un grupo de desplazados de Koloy. Las personas internamente desplazadas en Chad están expuestas a abusos continuados, incluida la violación, y es comprensible que la seguridad sea una preocupación para ellas. Los gendarmes chadianos proporcionan un nivel mínimo de seguridad en los campos de Dar Silah, donde viven los refugiados de Darfur. En virtud de un protocolo firmado por el ACNUR y el gobierno chadiano, deben destinarse 315 gendarmes en 12 campos de refugiados en el este de Chad, cuyo coste será sufragado enteramente por el ACNUR.(15) Sin embargo, no existe un acuerdo parecido para las personas desplazadas de Chad. En sus asentamientos no hay gendarmes. Algunas personas que residen en estos lugares declararon a Amnistía Internacional que nunca, o casi nunca, ven un gendarme o un soldado.
Muchas personas desplazadas declararon a Amnistía Internacional que habían pedido protección a soldados y gendarmes para volver a sus poblados con el fin de ver el estado de las cosechas y verificar los daños. Pero sus peticiones fueron rechazadas. Saleh Mahamat, un anciano de la localidad de Tamadjour, fue entrevistado en el asentamiento para desplazados a las afueras de Goz Beida.
No tenemos nada, aquí no hay comida. En el poblado ahora empezaríamos a recoger la cosecha. Así que no había elección. Tuvimos que enviar a algunos hombres al poblado ayer para ver si los campos habían sido quemados y si queda algo que cosechar. Partió un grupo de 50 hombres. Sabíamos que podía ser muy peligroso y que podía haber combatientes yanyawid en la región. Pedimos a los gendarmes una escolta de seguridad, pero dijeron que no podían dárnosla. Entonces preguntamos si nos podían proporcionar cuatro fusiles Kalashnikov para defendernos. Son las mismas armas que usan los yanyawid. Pero de nuevo se negaron. De todos modos, nuestros hombres han partido. Tenían que hacerlo. Todavía no hemos sabido si están bien.
El derecho internacional establece con claridad que las autoridades chadianas tienen el deber concreto de facilitar protección y asistencia a las personas internamente desplazadas. Las autoridades de Chad, al no facilitar ninguna clase de protección a los asentamientos de desplazados internos, están incumpliendo claramente esta obligación(16).
6. Implicación de Sudán en el suministro de armas y en el entrenamiento de los yanyawid
La creciente crisis humanitaria y de derechos humanos en el este de Chad está estrechamente relacionada con la persistencia del conflicto y de las violaciones masivas de derechos humanos en Darfur. Desde junio de 2006, Amnistía Internacional viene denunciando que el gobierno sudanés, que apoya a la milicia yanyawid en Darfur, también está apoyando los ataques de los yanyawid en el este de Chad. Como parte de este apoyo, el ejército ha dejado de patrullar en la frontera entre Sudán y Chad, lo que permite a los yanyawid cruzar sin obstáculos. Amnistía Internacional ha pedido repetidamente al gobierno sudanés que impida nuevas incursiones a través de la frontera. Esto no ha sucedido.
Los testimonios recogidos por Amnistía Internacional en la región de Dar Silah, en el este de Chad, proporcionan indicios de que las autoridades sudanesas han respaldado a los grupos yanyawid responsables de la oleada de ataques de octubre y noviembre de 2006. Algunos sobrevivientes han declarado que, en la mayoría de los ataques, muchos combatientes vestían uniformes militares de color verde y boinas rojas, un atuendo que se suele asociar con el ejército sudanés. Durante una visita a la zona en mayo de 2006, la delegación de Amnistía Internacional fotografió tarjetas de identidad de grupos paramilitares sudaneses encontradas en los cadáveres de combatientes yanyawid, vestidos con uniformes verdes, que habían muerto durante los ataques. Los yanyawid salen de Sudán con armas y vuelven a Sudán con el producto de sus saqueos. El gobierno sudanés no intenta impedir las incursiones de los yanyawid en el este de Chad. Los supervivientes, que con frecuencia conocen los nombres de los aliados chadianos de los yanyawid que les atacan, rara vez reconocen a los sudaneses por su nombre.
Los grupos yanyawid actúan siempre fuertemente armados con material bélico diverso, que incluye fusiles de asalto Kalashnikov y M-14, así como fusiles G3 con marcado sudanés(17). Habitantes de los poblados han declarado que en algunos ataques vieron decenas y hasta centenares de armas. Parte de este armamento, como los fusiles G3, de ninguna manera está disponible fácilmente en el este de Chad. Los habitantes de la región siguen utilizando armas tradicionales como principal medio de defensa.
También son dignos de mención los informes reiterados que indican que en numerosos ataques se han utilizado tácticas militares variadas, incluyendo emboscadas bien planificadas y asaltos realizados por columnas de combatientes desde direcciones diferentes. Los atacantes también han mostrado una gran determinación en sus objetivos, por ejemplo, disparando sobre las chozas con la clara intención de incendiarlas. Esas tácticas parecen más sofisticadas que los ataques del pasado, peor organizados, y sugieren que al menos algunos de los combatientes han recibido cierto grado de instrucción.
Los habitantes de los poblados fueron muy claros al hablar sobre el armamento de que disponían sus atacantes y afirmaron que recibían armas y formación del ejército sudanés. Hassan Hassan Isshak, jefe del poblado de Agroutoulou, describió un ataque que tuvo lugar el 11 de noviembre de 2006.
Parecía que había cientos de yanyawid en el ataque, todos tan bien armados, con armas que no había visto jamás. Me han dicho que algunas armas son GEM [G3] y que son las que utiliza el ejército de Sudán. Muchos de ellos vestían uniformes sudaneses. Y combatían como un ejército, no como un grupo de aldeanos enloquecidos. ¿Quién les enseñó a combatir así? Esa es la pregunta que todo el mundo debería hacerse. Seguro que no fue nadie de aquí. Yo creo que sólo hay una respuesta. El ejército sudanés los entrenó, los vistió y les dio las armas. Por eso los yanyawid dicen que esta lucha es para crear un Nuevo Sudán.
La mayor parte de la información recabada por Amnistía Internacional indica que los atacantes suelen llegar a pie, a caballo o en camello. Sin embargo, los habitantes de los poblados también han mencionado el uso ocasional de vehículos de tracción a las cuatro ruedas en los ataques, según afirmaron, procedentes de la parte sudanesa de la frontera. Un superviviente del ataque a la localidad de Djimilasit declaró que la mayoría de los atacantes iba a caballo y en camello, pero que había visto también tres vehículos Toyota Land Cruiser, uno de ellos, aseguró, con matrícula sudanesa. Asimismo, un testigo presencial de los ataques a la localidad de Bediya declaró a Amnistía Internacional que había visto llegar un vehículo Land Cruiser blanco en mitad de un ataque para llevarse a los combatientes yanyawid heridos. También está seguro de que tenía matrícula sudanesa. Los atacantes dijeron:
Los hombres que levantan la mano perdieron a su familia durante el ataque contra Koloy. © AI
Escuchen, esclavos, no somos árabes, somos los yanyawid, bien armados y entrenados.
Diversas fuentes han informado a Amnistía Internacional de que, con anterioridad al comienzo de los ataques en el este de Chad en 2005, tuvieron lugar contactos con dirigentes de grupos étnicos locales no árabes de la región de Dar Silah, en los que se les invitó a unirse a la coalición yanyawid para luchar en el este de Chad. Los dirigentes dajo se negaron y, desde entonces, los dajo ha sido claramente objetivo de los ataques.
7. La necesidad de acción internacional urgente
La comunidad internacional tiene un papel clave que desempeñar en la mejora de la seguridad en el este de Chad, así como en abordar la impunidad que ha prevalecido para los autores de estos ataques recientes.
Seguridad
Los habitantes del este de Chad se sienten y han sido abandonados. El vacío en materia de seguridad ha exacerbado el conflicto entre etnias y comunidades. También ha permitido a los combatientes yanyawid, apoyados por el gobierno sudanés, y a sus aliados chadianos atacar sin restricciones a la población civil. Su propio gobierno no les ofrece ninguna protección frente a estos ataques. En casi todas las entrevistas realizadas por Amnistía Internacional en pueblos y asentamientos para personas internamente desplazadas, los chadianos expresaron su convicción de que su única esperanza es que la protección venga de otra fuente, como la Unión Africana o la ONU.
En junio de 2006, Amnistía Internacional pidió a la Unión Africana y al Consejo de Seguridad de la ONU que emprendiesen acciones para mejorar la seguridad en el este de Chad. La organización requirió a la Unión Africana que ampliase la presencia de la Misión de la Unión Africana en Sudán (AMIS) a lo largo de la frontera sudanesa con Chad, para impedir las incursiones transfronterizas de los yanyawid. Amnistía Internacional instó al Consejo de Seguridad a ayudar al gobierno de Chad a cumplir su responsabilidad de proteger a la población civil en el este de Chad, mediante el posible despliegue de una fuerza internacional en las áreas fronterizas.
Parece que la AMIS no puede o no quiere patrullar eficazmente la frontera entre Chad y Sudán. La persistencia de los ataques en octubre y noviembre de 2006 evidencia el hecho de que los combatientes yanyawid siguen siendo capaces de ir y venir a su antojo a través de la frontera.
El Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la resolución 1706 el 31 de agosto de 2006. En ella, el Consejo reconocía que la situación en Darfur había llevado al aumento de la inseguridad y la violencia en el este de Chad, decidía que la Misión de la ONU en Sudán (UNMIS) fuese desplegada en Darfur e instaba al gobierno sudanés a consentir el despliegue. La resolución también incluía que el mandato de la UNMIS en Darfur se ampliase para cubrir los aspectos de seguridad regional del conflicto de Darfur, incluso mediante el establecimiento de una "presencia multidimensional consistente en oficiales de enlace sobre asuntos políticos, humanitarios, militares y de policía civil, en lugares clave del Chad, en particular en los campamentos de desplazados internos y de refugiados". La resolución también solicitaba al secretario general de la ONU que informase al Consejo de Seguridad acerca de la protección de los civiles en los campamentos de refugiados y desplazados internos.
A principios de enero de 2007, la "presencia multidimensional" de la que hablaba la resolución 1706 no había sido establecida. Tres meses después de la adopción de esta resolución, una Misión Técnica de Evaluación de la ONU viajó a Chad y a la República Centroafricana. Debido a problemas de seguridad, la Misión no se trasladó al este de Chad. El secretario general remitió el informe de esta Misión al Consejo de Seguridad el 22 de diciembre de 2006. El informe pone de relieve la grave situación humanitaria y de derechos humanos en el este de Chad y el nordeste de la República Centroafricana y sugiere algunas alternativas preliminares en relación con el posible mandato de una misión multidimensional de la ONU en ambos países, incluido el despliegue de una "misión robusta de vigilancia y protección"(18) en el este de Chad y el nordeste de la República Centroafricana, que "trataría de desalentar los ataques de grupos armados y de reaccionar preventivamente para proteger a la población civil, incluidos los refugiados y desplazados internos".(19) El informe también traza planes para el despliegue de una fuerza policial híbrida internacional y de Chad en el este del país, incluidas las áreas donde se encuentran las personas internamente desplazadas y los refugiados, así como el despliegue de oficiales de derechos humanos en la zona.(20)
Otras agencias de la ONU han pedido el refuerzo de la presencia de las Naciones Unidas en el este de Chad. El 14 de noviembre de 2006, el Alto Comisionado de ONU para los Refugiados pidió a la comunidad internacional que movilizase con urgencia una presencia multidimensional en Chad para ayudar a proteger a los cientos de miles de civiles chadianos y refugiados sudaneses, así como al personal humanitario que está intentando ayudarlos.(21) El ACNUR repitió en dos ocasiones su llamamiento a la comunidad internacional para que actuase, el 22 de diciembre de 2006 y de nuevo el 5 de enero de 2007.(22)
El gobierno chadiano ha indicado que recibiría favorablemente una fuerza de protección de la ONU. El primer ministro, Pascal Yoadimnadji lo dejó claro en una reunión que mantuvo con una delegación de Amnistía Internacional el 29 de noviembre de 2006. El presidente de Chad, Idriss Déby, escribió al Consejo de Seguridad el 9 de diciembre de 2006 confirmando su conformidad con el despliegue de "una presencia internacional en la frontera con el Sudán" para reforzar la seguridad en la zona y garantizar la protección de refugiados y personas internamente desplazadas.(23)
Amnistía Internacional deplora que, desde que la resolución 1706 fue adoptada, el 31 de agosto de 2006, el Consejo de Seguridad de la ONU aún no ha decidido qué acción emprenderá en el este de Chad, especialmente a la vista de la reanudación e intensificación de los ataques contra la población civil en ese periodo.
Justicia
En Chad se están cometiendo delitos en virtud del derecho internacional. Las milicias yanyawid, con origen en Sudán y asistidas por sus aliados locales chadianos, como los grupos árabes de Chad, los wadai y los mimi, siguen siendo los principales responsables de estos delitos. Sin embargo, hay indicios de que existen otros autores, entre ellos grupos rebeldes y milicias étnicas que continúan cometiendo abusos contra los derechos humanos.
Amnistía Internacional insta al gobierno de Chad a que, además de proporcionar un nivel de seguridad adecuado a la población civil del este de Chad, incluidas las personas internamente desplazadas y los refugiados, investigue las denuncias de abusos y violaciones de los derechos humanos y del derecho humanitario cometidos en el este de Chad. Además, el gobierno debe garantizar que las personas de quienes se sospeche razonablemente que han cometido delitos en virtud del derecho internacional –incluidos los delitos de asesinato, tortura, malos tratos, violación, saqueo y destrucción de bienes– son juzgadas en procesos con las debidas garantías sin que sea posible imponerles la pena de muerte. Si en la actualidad el gobierno no es capaz de investigar las denuncias o hacer comparecer ante la justicia a los responsables de crímenes de guerra y de crímenes de lesa humanidad en el este de Chad, debe remitir esta situación a la Corte Penal Internacional, para garantizar que los responsables de crímenes de guerra y de crímenes de lesa humanidad en Chad comparecen ante la justicia y sus víctimas obtienen reparación.
Recomendaciones
Protección de la población civil
A todas las partes del conflicto:
Los gobiernos de Chad y Sudán, así como todos los grupos armados que operan en su territorio, deben cumplir las obligaciones contraídas en virtud del derecho internacional de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, en especial las relacionadas con la protección de la población civil.
El gobierno de Chad debe:
Adoptar todas las medidas efectivas que sean necesarias para proteger a la población civil, incluidas las personas internamente desplazadas y las personas refugiadas que viven en áreas cercanas a la frontera con Sudán y están expuestas a los ataques de los yanyawid y de otras fuerzas. El gobierno debe desplegar fuerzas de seguridad cuando sea necesario para proteger a la población civil, prestando especial atención a la situación en el sudeste de Chad.
Cooperar con la ONU con el fin de aumentar su capacidad de protección, por ejemplo, mediante el despliegue, en áreas próximas a la frontera con Sudán, de una fuerza internacional, en las condiciones que sean necesarias para la protección de la población civil, incluidas las personas refugiadas y las internamente desplazadas.
El gobierno de Sudán debe:
Desarmar a los yanyawid de conformidad con las resoluciones 1556, 1654 y 1591 del Consejo de Seguridad de la ONU, el Protocolo de Seguridad de 2004 y el Acuerdo de Paz de Darfur de 2006, y adoptar todas las medidas efectivas que sean necesarias para impedir nuevas incursiones transfronterizas de los yanyawid en Chad.
Establecer un proceso de examen efectivo, justo e independiente para los miembros de las fuerzas paramilitares –como las Fuerzas Populares de Defensa y la Guardia de Inteligencia de Fronteras–, para garantizar que las personas de las que se sospeche razonablemente que han cometido delitos en virtud del derecho internacional o abusos contra los derechos humanos no forman parte de estas fuerzas, en espera de que se realicen investigaciones independientes e imparciales.
Cooperar plenamente con la AMIS o con cualquier otra fuerza de mantenimiento de la paz, en especial para prevenir las incursiones transfronterizas en Chad.
Facilitar el despliegue de una fuerza efectiva de mantenimiento de la paz en Darfur con un mandato robusto para proteger a la población civil.
La Unión Africana debe:
Insistir ante el gobierno de Sudán en su responsabilidad esencial de proteger a la población civil de Sudán, incluidas todas las personas internamente desplazadas, de desarmar a los yanyawid de conformidad con las resoluciones 1556, 1654 y 1591 del Consejo de Seguridad de la ONU, el Protocolo de Seguridad de 2004, el Acuerdo de Paz de Darfur de 2006 y otros acuerdos internacionales, y de impedir los ataques transfronterizos contra la población civil de Chad por parte de los yanyawid.
Reforzar de inmediato la AMIS en coordinación con las Naciones Unidas y garantizar que actúa de manera proactiva y eficaz para proteger a la población civil.
Garantizar que la AMIS y cualquier otra fuerza internacional que se despliegue en el futuro en Darfur tengan la capacidad de patrullar el área fronteriza entre Chad y Sudán.
El Consejo de Seguridad de la ONU debe:
Autorizar el despliegue de una presencia internacional en Chad con un mandato que permita proteger eficazmente a la población civil, incluidas las personas refugiadas y las internamente desplazadas. Además de los componentes militares y de policía civil necesarios, esta presencia debe incluir fuertes componentes de derechos humanos, de género y de protección de la infancia y contar con recursos suficientes para llevar a cabo su mandato. El componente de derechos humanos debe incluir suficientes oficiales de derechos humanos con el mandato y la capacidad de vigilar, investigar y realizar informes públicos periódicos sobre la situación de derechos humanos. El personal desplegado debe atenerse al código de conducta de los miembros de las fuerzas de mantenimiento de la paz. El personal sospechoso de cometer violaciones del derecho internacional de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario deberá comparecer ante la justicia de conformidad con las normas internacionales.
Reforzar de inmediato las estructuras de mando y control de la AMIS, proporcionar logística suficiente a fin de garantizar su capacidad para proteger a la población civil y de patrullar el área fronteriza entre Chad y Sudán, y acometer sin demora el despliegue de una fuerza multidimensional de la ONU en Darfur, como parte del plan acordado para establecer una fuerza "híbrida" de la Unión Africana y de la ONU.
Poner fin a la impunidad de las violaciones de derechos humanos en Chad y Sudán
El gobierno de Chad debe:
Garantizar que las personas que han cometido delitos en virtud del derecho internacional, incluidos los delitos de asesinato, tortura y malos tratos, violación, saqueo y destrucción de bienes, son juzgadas en juicios justos y sin la posibilidad de que se les imponga la pena de muerte.
Invitar a expertos en derechos humanos de la ONU y de la Unión Africana –en partticular al relator especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, al representante del secretario general de la ONU sobre las personas internamente desplazadas y al relator especial de la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos para la cuestión de los refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos en África– a visitar Chad.
Poner en práctica sin demora el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.
En el caso de que el gobierno no sea capaz en la actualidad de hacer comparecer ante la justicia a los responsables de crímenes de guerra y de crímenes de lesa humanidad en el este de Chad, debe remitir estos delitos a la Corte Penal Internacional, para garantizar que los responsables comparecen ante la justicia y sus víctimas obtienen reparación.
El Consejo de Seguridad de la ONU debe:
Instar a Chad y al resto de los Estados a investigar y enjuiciar todos los delitos en virtud del derecho internacional que se están cometiendo en Chad y que la Corte Penal Internacional no puede investigar y enjuiciar.
Remitir la situación en Chad al Fiscal de la Corte Penal Internacional, en caso de que el gobierno de Chad no emprenda acciones prontas y efectivas para llevar ante la justicia a las personas sospechosas de haber cometido crímenes de guerra o crímenes de lesa humanidad, o remitir el caso a la Corte Penal Internacional.
El Fiscal de la Corte Penal Internacional debe:
Adoptar de inmediato medidas para investigar los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad cometidos por los yanyawid, dado que los crímenes cometidos por grupos armados que salen de Darfur para atacar a la población civil de Chad están incluidos en el mandato de la CPI como parte de la remisión del Consejo de Seguridad con arreglo a lo dispuesto en su resolución 1593 (2005).
Poner fin a la violencia contra las mujeres
El gobierno de Chad debe:
Formular un plan de acción detallado para proteger a las mujeres de la violencia de género. En su labor, el gobierno debe colaborar estrechamente con expertos de la ONU y contar con la participación de mujeres y de miembros de la sociedad civil.
Garantizar que este plan de acción está integrado en todas las medidas, incluido el despliegue de fuerzas, destinadas a proteger a la población civil, incluidas las personas internamente desplazadas y refugiadas.
Adoptar medidas para garantizar la seguridad y la protección de las personas internamente desplazadas de conformidad con las normas internacionales pertinentes, entre ellas los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos de la ONU; garantizar la libertad de circulación de la población civil; y adoptar las medidas necesarias para mantener el carácter civil y la índole humanitaria de los asentamientos para desplazados internos.
Garantizar que las denuncias de violaciones y actos de violencia sexual cometidos por cualquier grupo armado o por miembros de fuerzas gubernamentales son investigadas con prontitud y de forma exhaustiva e independiente; que los resultados de esas investigaciones deben hacerse públicos; que los responsables de perpetrar, ordenar o consentir violaciones y violencia sexual son juzgados en procesos que cumplan las normas internacionales de justicia. Se debe velar por la seguridad de las víctimas y de los testigos.
Adoptar medidas para facilitar a todas las víctimas de violencia sexual acceso a tratamiento médico, incluido apoyo psicológico, a los servicios de salud reproductiva y a tratamiento contra las enfermedades de transmisión sexual.
El Consejo de Seguridad de la ONU debe:
Garantizar que la futura presencia internacional en Chad tenga un fuerte componente de género y otorgue una prioridad elevada a la protección de las mujeres y las niñas. ********
(1) Véase el documento Chad/Sudán. El fruto de las semillas de Darfur. Ataques étnicos en Chad de las milicias yanyawid de Sudán, Índice AI: AFR 20/006/2006, 28 de junio de 2006.
(2) Entre ellos el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer. Chad también es una alta parte contratante en los Convenios de Ginebra y ha ratificado sus protocolos adicionales. El 1 de noviembre de 2006, Chad se adhirió al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.
(3) Dar Silah es la tierra de los dajo; Dar Masalit, al norte, la de los masalit. La hambruna de 1984 fue en gran medida la responsable de los desplazamientos en Darfur y el este de Chad. El asentamiento de las poblaciones desplazadas en las tierras de otros grupos étnicos ya establecidos ha sido una fuente de tensión a través de la cual los grupos se han movilizado.
(4) Entre otros grupos: los masalit al norte, los mouro, los kajaksa, los sinjar, los mobeh y otros menos numerosos.
(5) Los jefes de algunos poblados dajo y funcionarios locales declararon a los miembros de la delegación de Amnistía Internacional que una de las razones por las que los dajo eran atacados es que rechazaron la propuesta de los yanyawid de unirse a ellos para luchar contra otros grupos étnicos en Chad.
(6) Véase el informe de Amnistía Internacional y Human Rights Watch, Sudán/Chad. "Sin que nadie las socorriera". La violación sexual se extiende de Darfur al este de Chad, Índice AI: AFR 54/087/2006, diciembre de 2006.
(7) A diferencia de los refugiados, que reciben ayuda del ACNUR y son alojados en campos, la ONU no tiene el mandato de proporcionar ayuda a las personas internamente desplazadas a menos que el gobierno de Chad lo solicite. Las personas desplazadas de Chad que viven en asentamientos reconocidos reciben una asistencia limitada del ACNUR, el Comité Internacional de la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias; las que viven fuera de tales asentamientos reciben muy poca ayuda o nada. Véase infra, pp. 14-17.
(8) Que consiste en coser los labios mayores dejando sólo un pequeño orificio. Esta práctica está muy extendida en el norte de Sudán.
(9) Véanse los artículos 48, 52(2) y 54(2) del Protocolo Adicional I a los Convenios de Ginebra. Véase también el artículo 8(2)(ii) y (v) del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.
(10) Véase el artículo 33 del cuarto Convenio de Ginebra y el artículo 8(2)(b)(xvi) del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.
(11) Ya son 100.000 las personas desplazadas a causa del deterioro de la seguridad en el este de Chad, comunicado de prensa del ACNUR, 5 de enero, 2007.
(12) Entre estas obligaciones figuras las recogidas en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, que garantizan, entre otras cosas, el derecho a la vida y el derecho a no sufrir tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes.
(13) Amnistía Internacional ha instado al gobierno chadiano a cumplir estas obligaciones. Véase el documento Chad/Sudán. El fruto de las semillas de Darfur. Ataques étnicos en Chad de las milicias yanyawid de Sudán, Índice AI: AFR 20/006/2006, 28 de junio 2006.
(14) Desde 2003 se han desplegado varios centenares de soldados adicionales en la República Centraofricana, algunos como parte de una fuerza regional de mantenimiento de la paz.
(15) Informe del Secretario General sobre el Chad y la República Centroafricana presentado en cumplimiento del partado d) del párrafo 9 y el párrafo 13 de la resolución 1706 (2006) del Consejo de Seguridad, UN Doc. S/2006/1019, 22 de diciembre, 2006, párr. 36.
(16) Principios rectores de los desplazamientos internos, UN Doc. E/CN.4/1998/53/Add.2, 11 de febrero de 1998, Principio 3: "Las autoridades nacionales tienen la obligación y la responsabilidad primarias de proporcionar protección y asistencia humanitaria a los desplazados internos que se encuentren en el ámbito de su jurisdicción".
(17) El G3 es un tipo muy común de fusil de asalto semiautomático, fabricado originalmente por la compañía alemana Heckler y Koch. Numerosos países, entre ellos Irán, han obtenido licencia para fabricarlo.
(18) Informe del Secretario Seneral sobre el Chad y la República Centroafricana presentado en cumplimiento del partado d) del párrafo 9 y el párrafo 13 de la resolución 1706 (2006) del Consejo de Seguridad, UN Doc. S/2006/1019, 22 de diciembre, 2006, párr. 85.
(19) Ibíd., párr. 69.
(20) Ibíd., párrs. 70, 73.
(21) Notas informativas del ACNUR, Tema 1: Chad, 14 de noviembre, 2006.
(22) Alto Comisionado en Chad: Insiste en el compromiso del ACNUR, insta a reforzar la presencia internacional para mejorar la seguridad, Notas informativas del ACNUR, 22 de diciembre, 2006; Ya son 100.000 las personas desplazadas a causa del deterioro de la seguridad en el este de Chad, Comunicado de prensa del ACNUR, 5 de enero, 2007.
(23) Informe del Secretario Seneral sobre el Chad y la República Centroafricana presentado en cumplimiento del partado d) del párrafo 9 y el párrafo 13 de la resolución 1706 (2006) del Consejo de Seguridad, UN Doc. S/2006/1019, 22 de diciembre, 2006, párr.16.
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